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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-06-2009

Las elecciones iranes: el timo del robo electoral

James Petras
Rebelin

Traducido para Rebelin por S. Segu


Para los pobres, el cambio significa alimento y empleo, no un cdigo ms permisivo en el vestir o el ocio La poltica en Irn tiene mucho ms que ver con la lucha de clases que con la religin. Financial Times, editorial (15.6.2009)


Introduccin

No hay prcticamente unas elecciones en las que la Casa Blanca tenga algo en juego, en las que la derrota electoral del candidato pro estadounidense no sea denunciada como ilegtima por toda la lite poltica y de los medios de comunicacin. ltimamente, la Casa Blanca y sus seguidores proclamaron que haba fraude en las elecciones libres (y supervisadas) celebradas en Venezuela y Gaza, a la vez que celebraban alegremente el xito electoral en Lbano, a pesar de que la coalicin liderada por Hezbol recibi ms del 53% de los votos.

Las elecciones iranes del pasado 12 de junio son un ejemplo clsico: el candidato nacionalista-populista, Mahmoud Ahmadineyad, recibi el 63,3% de los votos (24,5 millones), mientras que el candidato de la oposicin, apoyado por los pases occidentales, Hosein Musav reciba el 34,2% (3,2 millones). Estas elecciones alcanzaron una participacin rcord de ms del 80% del electorado, con un nmero de votos provenientes del extranjero de 234.812, de los que 111.792 fueron a parar a Musav y 78.300 a Ahmadineyad. La oposicin liderada por Musav no acept la derrota y organiz una serie de manifestaciones masivas que desembocaron en actos de violencia, como quema y destruccin de automviles, bancos, edificios pblicos y confrontaciones armadas con la polica y otras autoridades. Casi todo el espectro de comentaristas occidentales, entre otros los de los principales medios impresos y electrnicos, y los principales sitios Internet de tendencia liberal, izquierdista, libertaria y conservadora, se hicieron eco de la afirmacin de la oposicin de fraude electoral a gran escala. Los neoconservadores, los conservadores libertarios y los trotskistas se unieron a los sionistas para aclamar a los manifestantes de la oposicin como avanzadilla de una revolucin democrtica. Demcratas y republicanos condenaron al gobierno iran, se negaron a reconocer los resultados de la votacin y dieron respaldo a los esfuerzos de los manifestantes por revocar el resultado electoral. El New York Times, la CNN, el Washington Post, el ministerio de Asuntos Exteriores de Israel y todos los lderes de las principales organizaciones judas estadounidenses pidieron sanciones ms duras contra Irn y anunciaron la defuncin del dilogo propuesto por el presidente Obama con Irn.

El timo del fraude electoral

Los lderes occidentales rechazaron los resultados porque saban que su candidato reformista no poda perder Durante meses publicaron diariamente entrevistas, editoriales e informes desde el terreno detallando los fallos del gobierno de Mahmoud Ahmadineyad y citando el apoyo aportado por los clrigos, ex funcionarios, comerciantes y sobre todo mujeres y jvenes urbanos que hablan ingls, con el fin de probar que Hosein Musav iba a ganar con toda facilidad. La victoria de ste se describa como la de las voces de la moderacin, es decir, la versin de la Casa Blanca de este vaco tpico. Destacados acadmicos progresistas dedujeron que el recuento de los votos fue fraudulento porque el candidato de la oposicin, Musav, perdi en su propio enclave tnico azer. Otros acadmicos aseguraron que el voto joven basndose en entrevistas con jvenes universitarios de clase media y alta de los barrios del norte de Tehern estaban abrumadoramente a favor del candidato reformista.

Lo que resulta asombroso de la condena occidental general de los resultados electorales por fraude es que no hay ni asomo de pruebas sobre papel o fruto de la observacin presentadas antes o una semana despus del recuento. Durante toda la campaa electoral, no hubo ninguna acusacin creble (o incluso dudosa) de manipulacin de votos. Mientras los medios occidentales crean su propia propaganda de una inminente victoria de su candidato, describan un proceso electoral altamente competido, con encendidos debates pblicos y niveles sin precedentes de actividad pblica, sin ningn obstculo para el proselitismo. La creencia en una eleccin libre y abierta era tan fuerte que los lderes y los medios occidentales estaban convencidos de que ganara su candidato favorito.

Los medios occidentales confiaban en sus reporteros que cubran las grandes manifestaciones de los seguidores de la oposicin, a la vez que ignoraban o quitaban importancia a las favorables a Ahmadineyad. Peor an, los medios occidentales no prestaban atencin a la composicin de clase de las diferentes manifestaciones, sin percatarse de que el candidato presidente reciba el apoyo de la mucho ms numerosa clase trabajadora pobre, los campesinos, los artesanos y los funcionarios, mientras que el grueso de las manifestaciones de la oposicin estaba formado por estudiantes de clase media y alta y miembros de la clase profesional y de negocios.

Adems, la mayor parte de las proyecciones de los lderes de opinin y reporteros occidentales basados en Tehern eran extrapolaciones de sus observaciones en la capital, y pocos fueron los que se aventuraron en las provincias, las poblaciones pequeas y medias y los pueblos, donde Mahmoud Ahmadineyad tiene su base de apoyo. Asimismo, los seguidores de la oposicin eran una minora de estudiantes fcilmente movilizables para realizar actividades de calle, mientras que el apoyo de Mahmoud Ahmadineyad contaba con la mayora de los jvenes trabajadores, hombres y mujeres, y amas de casa, que expresaron su opinin ante las urnas y no tenan tiempo o ganas de participar en la poltica de la calle.

Una serie de expertos periodsticos, entre otros Gideon Rachman del Financial Times, afirma como evidencia del fraude electoral el hecho de que Mahmoud Ahmadineyad consiguiera el 63% de los votos en una provincia de lengua azer, contra su oponente Musav, de la etnia azer. La suposicin simplista es que la identidad tnica o la pertenencia a un grupo lingstico es la nica explicacin posible del comportamiento electoral, y no otros intereses sociales o de clase. Una mirada ms atenta al comportamiento electoral en la regin de Azerbayn oriental iran revela que Musav gan slo en la ciudad de Shabestar entre las clases alta y media (y solo por un estrecho margen), mientras que fue derrotado estrepitosamente en las zonas rurales, en las que las polticas redistributivas del gobierno han contribuido a que los azeres se librasen de las deudas, obtuviesen crditos asequibles y prstamos para los campesinos. Musav gan, es cierto, en la regin de Azerbayn occidental, donde utiliz sus vnculos tnicos para conseguir el voto urbano. En la provincia de Tehern, densamente poblada, Musav gan a Mahmoud Ahmadineyad en los centros urbanos de Tehern y Shemiranat gracias a los votos de los distritos de clase media y alta, mientras que perdi por mucha diferencia en los suburbios cercanos de clase trabajadora, las pequeas ciudades y las zonas rurales.

El nfasis en el voto tnico, superficial y distorsionado, que aportan los colaboradores del Financial Times y del New York Times para justificar que la victoria de Ahmadineyad se debe al robo de votos es equiparable a la negativa deliberada de los medios de comunicacin a reconocer una encuesta de opinin, rigurosa y de mbito nacional, llevada a cabo por dos expertos estadounidenses tres semanas antes de las elecciones, que mostr que Mahmoud Ahmadineyad tena a su favor un porcentaje de votos de dos a uno, ms incluso que el obtenido en su victoria electoral del 12 de junio. La encuesta revel que entre los azeres Ahmadineyad superaba en una proporcin de dos a uno a Musav, demostrando as cmo los intereses de clase representados por uno de los candidatos pueden vencer la identificacin tnica del otro candidato (Washington Post 15.6.2009). El nico grupo que apoy decididamente a Musav fue el de los estudiantes y licenciados universitarios, los comerciantes propietarios y la clase media alta. El voto de los jvenes, que los medios occidentales presentaron como pro reformistas, fueron una clara minora inferior al 30%, pero venan de un grupo privilegiado, conocedor de la lengua inglesa y con capacidad para hacerse or, que goz del monopolio de los medios occidentales. Su presencia abrumadora en las noticias de prensa occidentales cre lo que se ha calificado de sndrome del norte de Tehern, en referencia al confortable enclave de la clase alta de donde vienen muchos de estos estudiantes. Aunque sepan expresarse, vistan bien y hablen ingls correctamente, fueron vencidos con claridad en el secreto de la cabina de voto.

En general, Ahmadineyad obtuvo buenos resultados en las provincias petroleras y de la industria petroqumica, lo que podra ser un reflejo de la oposicin de los trabajadores de esta industria al programa reformista, que incluye la privatizacin de empresas pblicas. Del mismo modo, el presidente tuvo buenos resultados en las provincias fronterizas con su nfasis en el reforzamiento de la seguridad nacional ante las amenazas estadounidenses e israeles, a la vista de una escalada de ataques terroristas patrocinados por Estados Unidos a partir de Pakistn, y de incursiones israeles desde el Kurdistn iraqu, que han matado a docenas de ciudadanos iranes. El patrocinio y la financiacin masiva de los grupos que realizan estos ataques forma parte de la poltica oficial de EE UU desde el gobierno Bush, que no ha sido repudiada por el presidente Obama, al contrario, se han incrementado en el periodo previo a los comicios.

Lo que los comentadores occidentales y sus protegidos iranes han ignorado es el fuerte impacto que las devastadoras guerras y ocupacin de Iraq y Afganistn han tenido en la opinin pblica iran. La decidida postura de Mahmoud Ahmadineyad en materia de defensa contrasta con las adoptadas por muchos de los propagandistas de campaa de la ocupacin, dbiles y pro occidentales.

La gran mayora de votantes de Ahmadineyad probablemente pensaron que los intereses de seguridad nacional, la integridad del pas y el sistema de seguridad social, con todos sus defectos y excesos, estaran mejor defendidos y mejoraran con ste que con unos tecncratas de clase alta apoyados por una juventud privilegiada pro occidental que anteponen los estilos de vida individuales a los valores comunitarios y la solidaridad.

La demografa de la votacin revela una autntica polarizacin de clase que ha enfrentado a un grupo de individualistas capitalistas de alto nivel de ingreso y orientacin librecambista con una clase trabajadora de bajos ingresos, defensores de base de la economa moral en la que la usura y el beneficio estn limitados por preceptos religiosos. Los abiertos ataques por parte de economistas de la oposicin a los gastos sociales del gobierno, el crdito fcil y las altas subvenciones para los productos bsicos de alimentacin no han contribuido a congraciarlos con la mayora de los iranes que se benefician de dichos programas. Del Estado persiste la imagen de protector y benefactor de los trabajadores pobres contra el mercado, que representa la riqueza, el poder, el privilegio y la corrupcin. Los ataques de la oposicin contra la intransigente poltica exterior y posiciones que alienan a Occidente slo fueron bien acogidos entre los estudiantes universitarios liberales y los grupos de negocios de importacin y exportacin. Para muchos iranes, el rearme militar del rgimen es visto como lo que impide un ataque estadounidense o israel.

La escala del dficit electoral de la oposicin debera indicarnos hasta qu punto est fuera de contacto con las preocupaciones vitales de su propia gente. Debera recordarles tambin que al acercarse a la opinin occidental se han alejado de los intereses cotidianos de seguridad, alojamiento, empleo y alimentos subvencionados que hacen la vida tolerable a los que viven por debajo del nivel de la clase media y fuera de las privilegiadas puertas de la Universidad de Tehern.

El xito electoral de Ahmadineyad, visto en una perspectiva histrica comparada, no debera ser una sorpresa. En competiciones electorales similares en que se han enfrentado nacionalistas-populistas contra liberales pro occidentales, los populistas han ganado. Ejemplos del pasado seran Juan Domingo Pern, en Argentina, y, ms recientemente, Hugo Chvez, en Venezuela, Evo Morales, en Bolivia, e incluso Lula da Silva, en Brasil, todos los cuales han demostrado su capacidad para conseguirse en torno o por encima del 60% de los votos en elecciones libres. Las mayoras votantes de estos pases prefieren la seguridad social a los mercados sin trabas y la seguridad nacional al alineamiento con los imperios militares.

Las consecuencias de la victoria electoral de Mahmoud Ahmadineyad estn abiertas a discusin. Estados Unidos puede sacar en conclusin que seguir apoyando a una minora dotada de voz pero duramente derrotada tiene pocas perspectivas de conseguir concesiones en materia de enriquecimiento nuclear o de abandono del apoyo de Irn a Hezbol y Hams. Un enfoque realista sera abrir unas conversaciones amplias con Irn, y reconocer, tal como el senador John Kerry destac recientemente, que el enriquecimiento de uranio no constituye una amenaza existencial para nadie. Este enfoque sera radicalmente diferente del de los sionistas estadounidenses instalados en el gobierno de Obama, que siguen la lnea de Israel de promover una guerra preventiva con Irn y utilizar el espreo argumento de que no hay negociacin posible con un gobierno ilegtimo en Tehern, que ha robado las elecciones.

Acontecimientos recientes sugieren que los lderes polticos europeos, y algunos de Washington, no aceptan la argumentacin de los medios sionistas de que ha habido elecciones robadas. La Casa Blanca no ha suspendido su oferta de negociaciones con el gobierno recin reelegido, pero se ha centrado en cambio en la represin de los opositores (y no en el recuento de votos). Del mismo modo, los 27 pases que forman la Unin Europea han expresado su seria preocupacin por la violencia y han instado a que las aspiraciones del pueblo iran se cumplan por medios pacficos y se respete la libertad de expresin. (Financial Times, 16.6.2009, p.4). Excepto Nicolas Sarkozy, ningn lder de la UE ha puesto en cuestin el resultado de los comicios.

El comodn en este eplogo de las elecciones es la respuesta israel: Netanyahu ha indicado a sus seguidores sionistas estadounidenses que deben utilizar el timo del fraude electoral para ejercer una presin mxima sobre el gobierno de Obama para que ponga fin a todos sus planes de reunirse con el gobierno reelegido de Ahmadineyad.

Paradjicamente, los comentadores de Estados Unidos de izquierda, derecha y centro que se han tragado el timo del fraude electoral proporcionan, sin proponrselo, a Netanyahu y sus seguidores estadounidenses argumentos y mentiras: donde ven guerras religiosas, nosotros vemos lucha de clases; donde ven fraude electoral, vemos desestabilizacin imperial.



James Petras es especialista de la poltica sionista estadounidense y analista de la prensa juda israel y estadounidense. Es tambin autor de Zionism, Militarism and the Decline of US Power, Clarity Press 2008

S. Segu es miembro de Rebelin y Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingstica. Esta traduccin se puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y la fuente.



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