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(el Pueblo quiere la paz)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-06-2009

La prosa y la poltica

Alfonso Sastre
Gara


Una entradilla de urgencia. Apenas terminado este artculo, se ha producido el ltimo atentado -esta vez mortal- de ETA y las respuestas rituales del PSOE y el PP. Todo ello parece cerrar una vez ms un crculo vicioso y acreditar que la paz en este pas es definitivamente imposible. En tal situacin, angustiosa sin duda, yo no puedo por menos de mantener tozudamente mi esperanza y deseo remitir a las ideas que expuse en mis cinco artculos, en este mismo peridico (del 23 de septiembre al 18 de octubre de 2008), bajo el lema Si quieres la paz, prepara la paz.

En esta situacin, considero as mismo revalidado el pensar expuesto en el artculo escrito hoy como los grandes temores en l expresados. En tales circunstancias, todo parece ms fuerte -y hasta arrollador- que el pensamiento, pero las ideas claras tambin tienen su propia fuerza. Es en esta conviccin en la que yo deposito mi esperanza.

Alicia Strtze ha estado muy bien planteando, como ella lo ha hecho, el tema de la relacin, nunca analizada seriamente (que yo sepa, al menos) entre la poltica y la prosa como expresin literaria, tema sobre el que yo, modestamente, algo tengo dicho en alguno de mis artculos en la revista Artez

Sobre el tema de la prosa mis ideas pueden resumirse as, contra la postura burlesca de Molire: yo estimo que nosotros en la vida cotidiana no hablamos en prosa. Y cmo es eso? Pues eso es, sencillamente, porque cuando hablamos en nuestra vida corriente no ponemos el cuidado necesario -generalmente porque no se dan las condiciones para ello- para hablar bien, o sea, para hablar en prosa, siendo como es la prosa una forma elaborada, artstica, potica (que no quiere decir metafrica), del lenguaje corriente. (Nuestros amigos no torcern el gesto exclamando con desdn: Vaya! Cuestiones semnticas!, como se dice efectivamente en la vida para rebajar la importancia de ciertas cuestiones. Nuestros amigos saben que las cuestiones semnticas son muy importantes cuando se trata de algo tan serio como es comunicarnos entre nosotros, o sea, romper las barreras de nuestras soledades. Si no empezamos por ponernos de acuerdo sobre el significado que damos a las palabras que usamos, vanos sern nuestros intentos de entendernos).

Las hablas corrientes -que no son todava prosa propiamente dicha- son lenguajes incorrectos pero no necesariamente mentirosos, y algo anlogo, pero al revs, ocurre con la prosa, que es por lo menos un habla o una escritura correcta, y an muchas veces algo ms (pongamos, por ejemplo, brillante) si es una buena prosa, pero puede ser, y lo es tantas veces!, un vehculo de la mentira, una manera de engaar a quienes se dirige. A este tipo de prosa se refiere Alicia Strtze en la primera parte de su excelente artculo.

La prosa es ya un arte de hablar y de escribir, con sus reglas (y sus libertades, claro), y ese arte puede ponerse al servicio de las causas ms tica y polticamente impresentables, pero tambin puede y sobre todo debera hacerlo siempre al servicio de la verdad y de la belleza, que no es (la belleza, digo), como ya lo sabe la Filosofa desde tiempos remotos, sino el resplandor de la verdad.

Hay, pues, una prosa que, siendo buena como prosa, es mala en el nivel de la tica poltica? En nuestra opinin, la buena prosa es aquella que, adems de elevar el habla vulgar a los dominios del arte (de la poesa), no slo no se sirve de esa elevacin para alejar o incluso ocultar la verdad -empezando por desfigurar lo real-, sino que se sirve de esa elevacin para profundizar en la realidad y abrir en ella los caminos de la verdad y, en consecuencia, de la justicia.

Entre nosotros, deberamos hablar en buena prosa, y nunca -claro!- reducir nuestras expresiones (Alicia Strtze lo dice muy bien) a frases como esa de ha sido la hostia!, que no nos deja saber, si no se investiga el contexto, si lo que ha ocurrido es estupendo o lo contrario: horrible. Hablemos bien, hablemos bien; eso para empezar.

Pero hablemos no slo bien sino adems bueno (digmoslo as): o sea, en una prosa capaz de fundar y difundir las ideas de la justicia pendiente y de reclamar nuestras libertades, individuales y sociales. Rechacemos en suma la prosa poltica al servicio de la mentira y de la opresin. Sepamos que la mentira es tambin un arte -una de las bellas artes como el crimen lo era para el irnico y genial Thomas De Quincey- y que, as, hay un arte de mentir, en el que son duchos los polticos pegados a los poderes del capitalismo, que se desarrolla por y para el sistema, con sus propias metforas y toda clase de bellezas (adornos de su basura).

Nuestra prosa no falsea la realidad para ocultar la verdad, como hace la prosa enemiga, sino que nosotros hallamos nuestras verdades en el corazn mismo de las realidades que se suceden en nuestro mundo, revelando lo que ocurre ciertamente (la realidad de verdad) y que se nos oculta por todos los medios al servicio de la perpetuacin de estos horrores que estamos viviendo da tras da. El nuestro es precisamente el lugar en el que la poesa, la tica y la poltica (revolucionaria) se dan y se estrechan fraternalmente las manos.

Por lo dems, la batalla de las ideas se expresa en una guerra de las prosas que, tal como hoy se practica en Amrica Latina, bajo el prestigio de grandes dirigentes como Fidel Castro y Hugo Chvez, a quienes Alicia Strtze cita muy justamente, tiene un origen martiano y es el correlato ideolgico o, mejor, filosfico, de una batalla de las prosas o, ms bien, stas son la expresin literaria de esa batalla dialctica que es el pensamiento. Pues bien, entre las prosas latinoamericanas, tan abundantes en grandes glorias literarias, yo estoy convencido de que se halla en uno de los ms destacados lugares la Segunda Declaracin de La Habana de Fidel Castro. Tambin Chvez es un gran prosista de la justicia y de la verdad, que se expresa en un habla muy brillante que ya quisieran para s quienes lo tachan despectivamente de populista.

Volviendo a nuestro continente, hemos de decir que Europa es uno de los espacios culturales donde hoy se dan las mayores perversiones y usos mentirosos de la prosa -una prosa al servicio de la mentira- en los mbitos poltico, tico e ideolgico, y ello pone en evidencia una base cultural muy pobre que a veces roza el analfabetismo y otras directamente la infamia moral, como ha sido ahora el caso de un dirigente del PP, Iturgaiz (de quien me han dicho gentes que lo conocieron de mozo que entre sus vecinos era considerado como el tonto del pueblo), el cual ha expresado en una prosa maloliente, propia de una defecacin, su deseo de que los miles de personas que hemos votado a Iniciativa Internacionalista-La Solidaridad entre los Pueblos para las elecciones al Parlamento Europeo, seamos fumigados. En sus sucias palabras se advierte una miserable nostalgia histrica de las cmaras de gas nazis. Qu barbaridad! Y no es perseguible de oficio esta amenaza de que una buena parte de la poblacin que habita en los territorios del Estado espaol y que, precisamente, aboga por la paz y por una negociacin como la nica va que podra conducir a ella, sea encerrada en una cmara gigante y que se abra la espita de un gas letal? Qu se estara diciendo ahora de nosotros si a alguien de nuestra parte, en un mal momento, se le hubiera ocurrido decir una barbaridad semejante referida al seor Iturgaiz y sus correligionarios? Cmo nos habran puesto de violentos y peligrosos asesinos y predicadores de la muerte?

Pero, yendo al fondo de la cuestin, y dirigindome ahora al PSOE, partido al que me gustara ver recuperando al menos una parte de su honor perdido, es verdad -es incluso posible- que ustedes no vean que el problema no es que haya una pequea banda (pero adems enorme) (!) de asesinos de largos colmillos y sedientos de sangre que, como ustedes y sus amigos dicen, slo saben y desean matar? Es verdad, pues, que ustedes no ven algo tan visible como esto: que aqu hay un serio conflicto poltico que slo podr resolverse en trminos polticos? Es verdad, en fin, que ustedes no se han dado cuenta todava de que la solucin de este conflicto, que tantos dolores acarrea, est en la posibilidad de una negociacin? A qu medios ms contundentes se refiere usted, seor Lpez? Va a seguir detrs de las ideas gasgenas de ese pobre tipo del PP al que antes he citado?

De ser as, Dios nos coja confesados, porque nos esperaran y amenazaran tiempos de mucho dolor en lugar de la paz, que nunca se conseguir, evidentemente, si lo que deciden ustedes es aniquilar a una parte mayor o menor de nosotros en esas nuevas cmaras de gas inspiradas por ese personajillo, Iturgaiz. Entonces, pobres de nosotros, pero tambin de ustedes!

Anexo- Las referencias citadas:

Iturgaiz cree que Iniciativa ha dejado con el culo al aire al Constitucional y pide fumigar a los aclitos de la banda. (El Correo Digital, 25 de mayo).

Patxi Lpez: Desde luego, tenemos que ser, desde la poltica, mucho ms contundentes a la hora de intentar que no haya ni un solo espacio pblico para los que no asumen las herramientas de la democracia (?). Desgraciadamente, ese mundo del abertzalismo radical sigue teniendo su fuerza. (GARA, 11 de junio de 2009).

Alfonso Sastre. Dramaturgo



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