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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-06-2009

Gran Bretaa lleva 300 aos exportando el malestar social, ahora lo tiene en casa

George Monbiot
The Guardian


Por qu ahora? No es la primera vez que los representantes britnicos son cogidos en falta. La historia de todos los gobiernos del mundo es una historia de escndalos. En ella, quienes llegan a la cumbre suelen ser los seres ms ambiciosos, inmisericordes e inescrupulosos que la poltica pueda producir. En su pertinaz tendencia a llevar sus intereses al lmite, caminan siempre al filo del descrdito, a menos que las cosas se les vayan de las manos Cmo se explica que, justo ahora, la revelacin de algunos escndalos parlamentarios amenacen con acabar no slo con el gobierno sino tambin con nuestro antediluviano sistema poltico?

En los ltimos 15 aos, hemos visto pasar escndalos de dinero a cambio de preguntas, de cargos o de votos, casos como los de Hinduja y Ecclestone, las mentiras y maquinaciones que condujeron a la invasin de Irak o el abandono forzoso de la trama de corrupcin vinculada a la empresa de armamentos BAE. En comparacin con la flagrante subversin de la funciones de gobierno que muchos de estos casos suponan, el actual escndalo de los gastos parlamentarios que afronta el gobierno Brown es pecata minuta. Cualquiera de los otros debera haber desencadenado las reformas polticas de fondo sobre las que hoy se est discutiendo. Pero no ocurri as.

El actual escndalo de los gastos parlamentarios, por el contrario, podra liquidar al Partido laborista. Y hasta podra forzar a los polticos de todos los partidos a abordar cuestiones como la de nuestro injusto sistema electoral, los Lores no electos, el excesivo poder del ejecutivo, el chantaje legalizdo que ejercen los "whips" en el parlamento1 y un sinnmero de anacronismos e injusticias A qu viene tanta diferencia?

Mi opinin es que la actual crisis poltica tiene poco que ver con el escndalo de los gastos, y menos an con el liderazgo de Gordon Brown. Si est teniendo lugar es sencillamente porque nuestro sistema econmico ya no puede extraer riqueza de otras naciones. Las revoluciones y reformas que tuvieron lugar en casi todos los pases desarrollados en los ltimos 300 aos slo han podido evitarse en Gran Bretaa gracias a las remesas provenientes del exterior.

El malestar social que podra haber tranformado nuestra vida poltica fue exportado a las colonias y a otros socios comerciales reticentes. Los levantamientos en Irlanda, India, China, el Caribe, Egipto, Sudfrica, Malasia, Kenia, Irn y otros lugares subyugados por Gran Bretaa fueron el precio poltico de nuestra paz. Tras la descolonizacin, nuestro saqueo de otras naciones se mantuvo gracias a los bancos. Ahora, por primera vez en tres siglos, stos no pueden cumplir con sus compromisos, lo que nos obliga a enfrentar nuestros problemas.

Es posible que la crnica acabada del saqueo organizado por este pas nunca vea la luz, pero podrn invocarse algunos pasajes. En su libro Capitalism and Colonial Production, Hamza Alavi calcula que el flujo de recursos de la India a Gran Bretaa entre 1793 y 1803 fue de alrededor de 2 millones de libras por ao, el equivalente a varios miles de millones de hoy. El drenaje econmico de la India, apunta, "no slo ha sido un factor clave de su empobrecimiento [...] tambin ha sido un factor significativo de la revolucin industrial en Gran Bretaa". Como observa Ralph Davis en The Industrial Revolution and British Overseas Trade, desde 1760 en adelante, la riqueza de la India "permiti comprar la deuda nacional de los holandeses y otros [...] lo cual permiti a Gran Bretaa quedar prcticamente libre de endeudamiento externo a la hora de afrontar las grandes guerras francesas de 1793".

En Francia, por el contrario, "los problemas financieros de la monarqua llevaron las cosas a un punto en el que haba que decidir s o s", como ha apuntado Eric Hobsbawm en The Age of Revolution (trad. cast. La era de la revolucin, Crtica, Barcelona, 2003). En 1788, la mitad del gasto nacional francs se destinaba a pagar la deuda. "La guerra norteamericana y la deuda [fueron las que] partieron la columna de la monarqua".

Mientras los franceses se deshacan del ancien rgime, las clases terratenientes britnicas todava podan reforzar su poder econmico, hacindose con la propiedad comn de los pobres rurales a travs de los cercamientos. En parte gracias a las remesas de la India y del Caribe, la economa creci y el Estado dispuso de los fondos necesarios para capear las crisis polticas. Ms tarde, tras aplastar la capacidad industrial de la India, Gran Bretaa la forz a convertirse en un gran mercado para la exportacin de nuestras manufacturas. Ello permiti sostener el empleo industrial aqu y evitar el maletar social- incluso cuando nuestros productos y nuestro proceso productivo haban dejado ya de ser competitivos.

El pillaje colonial tambin le permiti al Estado britnico equilibrar sus dficits en materia de recursos. Durante ms o menos 200 aos un ro de alimentos fluy hacia este pas desde lugares como Irlanda, la India o el Caribe. En The Blood Never Dried, John Newsinger revela que en 1748, Jamaica sola provey a Gran Bretaa de 17.400 toneladas de azcar. Hacia 1815, esta cantidad se elev a 73.800. Todo fue producido con trabajo robado.

De la misma manera que se benefici del grano de Irlanda en el momento ms agudo de su gran hambruna, Gran Bretaa continu privando a la India de alimentos cuando fue asolada por el hambre. En Late Victorian Holocausts (trad. cast. Los Holcaustos de la era victoriana tarda, PUV, Valencia, 2006), Mike Davis muestra cmo entre 1876 y 1877 las exportaciones de trigo de la India al Reino Unido se duplicaron, al tiempo que en el pas asitico se desplomaban las condiciones de subsistencia y millones de personas moran de hambre. En las provincias del noroeste, la poltica britnica condujo claramente al hambre, mientras las cosechas buenas se exportaban para paliar la pobre produccin inglesa de 1876 y 1877.

Gran Bretaa, en otras palabras, export el hambre tanto como el malestar social. Experiment situaciones duras de pobreza en la segunda mitad del siglo XIX, pero no hambrunas masivas. La mala cosecha de 1788 contribuy a precipitar la Revolucin francesa. El Estado britnico, en cambio, consigui sortear esos escollos. Otros murieron por nosotros.

Como bien muestra Davis, a finales del siglo XIX, el enorme dficit britnico con los Estados Unidos, Alemania y sus dominios blancos fueron contrarrestados por los cuantiosos supervit anuales con India y (como resultado del comercio del opio) con China. A lo largo de toda una generacin, "el hambriento campesinado chino e indio [...] aliment a todo el sistema de acuerdos internacionales, permitendo que la ininterrumpida supremaca financiera de Inglaterra coexistiera temporalmente con su relativo declive industrial". Los supervits comerciales de Gran Bretaa con la India permitieron a la City convertirse en la capital del mundo financiero.

El papel de los bancos en la colonizacin britnica no fue pasivo. La bancarrota, y el consiguiente asalto britnico sobre Egipto se vio acelerado por un crdito del banco Rothschild, cuya ejecucin supuso, segn Newsingers, "un fraude a gran escala". Jardine Matheson, uno de los grupos de narcotrfico ms grandes de la historia (dominaba el comercio chino del opio) acab conformando un importante banco de inversiones, Jardine Fleming. Finalmente, fue adquirido por JP Morgan Chase en 2000.

Perdimos nuestras colonias, pero el saqueo ha continuado por otras vas. Como Joseph Stiglitz muestra en Globalisation and its Discontents (trad. cast. El malestar en la globalizacin, Santillana, Madrid, 2003), la liberalizacin de capitales impuesta por el FMI en las economa asiticas permiti a los empresarios del norte rapiar cientos de miles de millones de dlares, precipitando la crisis financiera asitica de 1997-1998. Las naciones ms pobres fueron igualmente forzadas a suscribir tratados y compromisos increblemente unilaterales, como las Medidas relativas a los Acuerdos de Comercio e Inversiones, los acuerdos de inversiones bilaterales o los acuerdos de la UE sobre partenariados econmicos. Si alguna vez se han preguntado cmo un pas pequeo, densamente poblado, y que produce poco, se mantiene a s mismo, les recomendara vivamente que estudiaran estos acuerdos asimtricos.

Ahora, en todo caso, como ha demostrado John Lanchester en un fascinante ensayo publicado en la London Review of Books, la City podra estar herida de muerte. A una nacin cuyo funcionamiento descans en los servicios financieros, puede llevarle una generacin recuperarse de su colapso. La gran aventura britnica tres siglos de pillaje de trabajo, riqueza y recursos ajenos- ha tocado a su fin. Como somos incapaces de aceptarlo, nos deleitamos en vengarnos de un gobierno que ya no puede aislarnos de la realidad.

George Monbiot es el autor de algunos libros muy vendidos, como The Age of Consent: A Manifesto for a New World Order y Captive State: The Corporate Takeover of Britain. Escribe habitualmente en The Guardian.

Traduccin para www.sinpermiso.info: Xavier Layret


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