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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-06-2009

La crisis electoral oculta una soterrada pero dursima pugna en la cpula del poder en Irn

Dabid Lazkanoiturburu
Gara

La crisis tras la publicacin de los resultados de las presidenciales del 12 de junio es en realidad un juego de espejos que oculta una pugna descarnada en la cspide del poder en la Repblica Islmica. Cada actor, local o extranjero, mueve sus fichas mientras el pueblo iran paga su precio en sangre y en una desestabilizacin que tendr sus consecuencias, en Irn y en el mbito internacional.


Frente a lo que estn propagando los grandes medios de comunicacin occidentales y seguro que contra la voluntad de parte de los que han protagonizado las protestas en las calles de Tehern en los ltimos das, Irn es escenario de un tour de force en la cspide de las instituciones de la Repblica Islmica instaurada hace 30 aos tras el triunfo de la revolucin de 1979.

Una pugna descarnada por el poder entre antiguas personalidades surgidas de aquella poca pero trasladada a un escenario en el que han hecho irrupcin agentes y situaciones nuevas y que obliga a una recomposicin del escenario, en el que se enfrentan dos visiones diferenciadas, aunque no necesariamente contrapuestas, sobre el rumbo, interior y exterior, que debe tomar el populoso y complejo pas.

Entre los nuevos agentes, destaca el actual presidente, ratificado en el puesto segn los resultados oficiales, Mahmud Ahmedinejad. Alcalde en su da de la megalpolis de Tehern, Ahmedinejad venci en segunda vuelta en las elecciones presidenciales de 2005.

Su agenda poltica en los ltimos cuatro aos ha estado marcada por el islamismo poltico en el plano interno y por una posicin contundente en el plano internacional.

Paradjicamente se convirti en el primer presidente secular (no clrigo) en el Irn moderno. Ahmedinejad defiende, en clave populista, una visin igualitarista del islam que le otorga crdito entre las clases ms desfavorecidas y en el Irn rural, pero a la vez le granjea la animadversin de los sectores y las personalidades que se han enriquecido -o han seguido hacindolo- desde la revolucin de 1979.

Muchos datos, tanto durante la campaa electoral como en los crticos das posteriores a la publicacin de los resultados, apuntan a que Ahmedinejad sera el objetivo a batir por un sector del rgimen, que no dud en apoyar a un candidato poco carismtico como Mir-Hussein Musavi.

Frente a lo que se ha querido trasladar, una victoria de Musavi, siquiera por la mnima, hubiera sido ms sospechosa que el triunfo por goleada y en primera vuelta logrado -oficialmente- por Ahmedinejad.

Prcticamente un desconocido para la mayora de la poblacin, la candidatura de Musavi trataba de reunir en su seno a reformistas y conservadores con una nica consigna: acabar con Ahmedinejad. Pese a que recibi el apoyo del ex presidente reformista Mohamed Jatami, su biografa (primer ministro durante la guerra) le converta, a lo sumo, en el candidato menos malo para la oposicin iran. Escasas credenciales para que la aireada marea verde de los das que precedieron a los comicios se pudiera convertir en realidad en las urnas.

Musavi no ha dudado en desafiar reiteradamente la autoridad del gua supremo y del Consejo de Guardianes convocando manifestaciones diarias y exigiendo la repeticin de los comicios. Y es en esta determinacin en la que se ve la mano del ex presidente Hachemir Rafsanyani.

Enemigo jurado de Ali Jamenei, Rafsanyani perdi contra el actual gua supremo la batalla por la sucesin del lder de la revolucin, el ayatolah Jomeini.

Pero las heridas siguen abiertas y la pugna persiste en la cpula del poder iran.

Rafsanyani volvi a moder el polvo de la derrota en las presidenciales de 2005 frente a Ahmedinejad. No extraa, por tanto, que se la tenga jurada.

El hombre ms rico de Irn

Eso explica, en parte, que el actual presidente del Consejo del Discernimiento insuflara millones de dlares de su inmensa fortuna personal a la campaa de Musavi. Porque Rafsanyani tiene mucho poder y ms dinero. Las malas lenguas lo sealan como el hombre ms rico del pas, con un vasto imperio financiero-inmobiliario, sin olvidar la primera aerolnea privada del pas.

Una fortuna amasada en sus dos presidencias del pas en la dcada de los 90 y que le ha granjeado merecida fama de corrupto, tal y como se encarg de recordar Ahmedinejad durante el debate televisado de final de campaa.

Pero el odio del ayatolah Rafsanyani (este ltimo s es clrigo) hacia Ahmedinejad va ms all de lo personal. Independientemente del acierto de sus polticas econmicas, el presidente ha tratado de introducir medidas correctoras (en clave social) en un sistema que no pocos analistas han llegado a calificar como capitalismo de estado mafioso y en el que una minora se benefici durante aos de un proceso de privatizacin -mejor dicho, de saldo- de la economa iran. Esos intentos por parte de Ahmedinejad entrocan adems con la visin igualitarista que ha caracterizado al islamismo militante chi, y que tiene sus ejemplos en el Lbano de Hizbulah e incluso en la -aunque sun- Palestina de Hamas.

Al hilo de esta ltima referencia, la contundencia -adornada a veces con desafortunadas diatribas negacionistas- de Ahmedinejad contra Israel y su alineamiento claro contra EEUU son interpretados por parte del stablishment iran como inoportunos desde la llegada de Barack Obama al poder.

Un Obama que ha sorprendido a muchos manteniendo una posicin tibia y equidistante respecto a los protagonistas de la crisis en Irn -lo que le ha valido duras crticas en Washington-. Quien crea que los EEUU de Obama han descubierto como por arte de ensalmo las virtudes de la no injerencia puede, tranquilamente, concluir que Ahmedinejad no recibi ni un slo voto en las presidenciales y quedarse tan ancho. La actitud de Obama responde ms a una tctica de silencio inteligente en un intento de no condicionar el resultado de la lucha posicionndose a favor de una de las partes.

Que las principales potencias occidentales estn participando en la crisis no es una simple sospecha. Basta con observar, con ojos alucinados, cmo Londres y Pars se permiten el lujo de exigir a Tehern que anule las elecciones y convoque nuevas. Toda una muestra del respeto -plagado de viejos tics coloniales- que les merece el pas y, en conjunto, el mundo musulmn.

Esta injerencia fue denunciada expresamente el pasado viernes por el gua supremo, el ayatolah Ali Jamenei, quien tras varios das lanzando mensajes y seales apaciguadoras, no dud en posicionarse claramente a favor de Ahmedinejad y en amenazar con la represin pura y dura contra la persistencia de las manifestaciones.

Su advertencia tuvo su reflejo en las calles de Tehern. Como ocurriera el lunes anterior, una decena de personas muri en los enfrentamientos del sbado. La presencia policial y de las milicias en las calles desde entonces ha frenado en seco las protestas, convirtindolas en testimoniales.

Anuncia el brusco final de las multitudinarias protestas el fin de la lucha que se est dirimiendo en Irn? No necesariamente. Como ha ocurrido en anteriores y similares experiencias de revoluciones de terciopelo -y todo apunta a que esta lo es o lo ha sido, siquiera en grado de intentona-, la razn de los muertos en la represin de los disturbios a que suelen dar lugar no coincide nunca con los intereses de los que mueven los hilos entre bambalinas.

Las apuestas son fuertes y los principales pesos pesados en la poltica iran luchan por la primaca en el poder. Pese a su popularidad, Ahmedinejad podra ser sacrificado en el altar de los altos intereses de la nacin. Pero Jamenei es una pieza mayor, a todas luces excesiva pese a que su autoridad ha sido contestada y cuestionada desde el mismo momento en que sucedi a Jomeini en 1989.

Los prximos das sern decisivos para conocer el desenlace de la batalla. El Consejo de Guardianes anunci ayer irregularidades en medio centenar de circunscripciones en las que votaron 3 millones de personas. En ellas se han detectado unos ndices de participacin que van desde el 95 al 140% del censo.

Se espera que este organismo haga pblicos a ms tardar maana los resultados del recuento parcial y aleatorio del 10% de los votos, un sistema que, en teora y bien aplicado -aseguran los expertos- debera poder revelar la existencia o no de un fraude masivo.

Pero todo apunta a que la cuestin del supuesto pucherazo no es ms que la escenificacin de un juego de espejos en la que se trataba de ocultar lo esencial: la lucha por el control y el destino de la revolucin islamista iran. Y eso son palabras mayores.

http://www.gara.net/paperezkoa/20090623/143643/es/La-crisis-electoral-oculta-una-soterrada-pero-durisima-pugna-cupula-poder-Iran



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