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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-06-2009

Irn
El triunfo de los desheredados

Mahmud Senadji
Oumma

Traducido para Rebelin por Caty R.


Este mes de junio ha estado marcado por dos discursos y dos convocatorias electorales principales cuyas consecuencias pueden dibujar la orientacin del futuro mundial con respecto al problema central de nuestra poca: Dilogo o guerra de civilizaciones? El lugar geogrfico del conjunto de esos acontecimientos es Oriente, y en el corazn de dichos acontecimientos la relacin del Islam y Occidente, de la cual el conflicto entre Israel y Palestina es el smbolo ms elocuente.

El primer acontecimiento fue el discurso programtico de Obama en El Cairo, lugar simblico, cuna de las civilizaciones, del cruce de religiones y de la simbiosis entre la tradicin y la modernidad. En su alocucin dirigida a los musulmanes, el presidente estadounidense record el alcance espiritual, el mensaje pacifista del Islam y la aportacin de esa civilizacin a la cultura mundial, sealando que los musulmanes de hoy se han alejado del espritu de ese mensaje. El aspecto cultural de su discurso tena una finalidad poltica cuya idea central es la reconciliacin de los musulmanes con el Islam, una reconciliacin que tenga como modelo poltico a los pases moderados, como el caso de Egipto, y la no violencia como filosofa de combate, puntos de referencia para una refundacin de la relacin de Estados Unidos con los pases musulmanes.

Esta filosofa reduce el conflicto israel-palestino a un conflicto de derechos cvicos y pasa por alto su naturaleza colonial. Dicho conflicto, de esencial colonial, sobrepasa a sus nicos protagonistas (israeles y palestinos) para poner en evidencia la relacin en la que se engloba: Occidente-Islam. El alcance programtico del discurso de Obama en El Cairo se diriga sobre todo a influir en la orientacin de las elecciones en Lbano e Irn, una orientacin que se comprueba conforme con la estrategia estadounidense en la regin. El discurso de Obama dirigido esencialmente a los musulmanes una semana antes de las elecciones libanesas e iranes, pretenda influir con toda su fuerza para conseguir el fracaso de la oposicin en Lbano, con Hezbol a la cabeza, y el triunfo de los reformistas en Irn.

Con la ayuda de los pases rabes moderados, el dinero de Arabia Saud, un sistema electoral arcaico y una presin internacional sin precedentes, en Lbano se consigui el objetivo. Por su configuracin tnica y su constitucin histrica, Lbano es receptivo a los aires de Occidente. Hezbol, por medio de su lder Hassan Nasral, acept la va de la legalidad y se someti a la voluntad popular expresada por las urnas, demostrando que el espritu democrtico y poltico de Hezbol tiene como nico axioma que ninguna voluntad puede prevalecer sobre la eleccin del pueblo. Se ha escrito mucho sobre la fuerza militar de Hezbol y su capacidad de imponer un orden poltico en Lbano, pero la realidad demuestra que la organizacin est profundamente anclada en el tejido sociopoltico del pas y que la fuerza victoriosa que derrot a Israel acepta su justo lugar de oposicin en el tablero poltico interno.

Los movimientos islamistas, que se considera que poseen una esencia dictatorial, aceptan legalidad de las urnas, reconocen su derrota y mantienen toda su confianza en la administracin del pas que proyectaban gobernar. El guin libans no se ha reproducido en Irn. Lo que era previsible. Ahmadinejad era el candidato favorito y todo le destinaba a un segundo mandato. Lo importante era transformar su victoria cierta en un autntico proceso del rgimen. Mucho antes de las elecciones ya se lanz la idea de que una probable victoria de Ahmadinejad slo poda ser producto de un rellenado de las urnas. Una campaa meditica orquestada con esmero daba la impresin de que Tehern estaba ms cerca de Occidente que de la Revolucin y sus dirigentes.

No ignoramos la dinmica social de la sociedad iran, de la que una parte, principalmente la juventud de las ciudades, aspira a un cambio; y no es una parte pequea, ya que representa el 33% de los sufragios emitidos. Pero esa dinmica no puede prescindir de otra verdad: Irn no se reduce a una parte de la juventud de Tehern. Las elecciones iranes, al contrario de lo que se dice aqu y all, principalmente sobre el fracaso y la condena de la Repblica Islmica, se inscriben en el espritu de la Revolucin de 1979, porque marcan la victoria definitiva de los desheredados.

Las personas que votaron a Ahmadinejad no tienen acceso a Internet, no se miran en la vida de las estrellas, no poseen mviles multifuncin, no lucen brazaletes y no padecen la falta de libertad, sino la falta de justicia social. No tienen el espritu vuelto hacia Occidente, sino hacia ese hijo del pueblo y esa Revolucin que ha convertido al hijo de un herrero en el servidor de un pueblo, un pueblo determinado a transformar la historia del mundo.

Por lo tanto, la reeleccin de Ahmadinejad se inscribe en la fidelidad a la Revolucin Islmica de 1979. Los hijos de los desheredados de 1979 quieren seguir los ideales de sus padres. Lo que les faltaba a los iranes, y al mundo, en la poca del sha no era la idea de libertad, sino la de justicia. En nombre de la Ilustracin y la filosofa liberal, occidente ha hundido al mundo durante ms de tres siglos (la esclavitud y la colonizacin) en un mar de injusticia. La victoria de Ahmadinejad es la victoria del pueblo. El triunfo definitivo de la Revolucin Islmica. De la soberana popular. De la idea de la justicia.

Como en una gran parte del mundo musulmn, particularmente en el mundo rabe, la juventud de Tehern vive, segn la expresin de Marc Cte, en un espacio que mira hacia Occidente (1). As, al contrario que en el universo rabe, el modelo del pueblo iran no est en la refinada juventud con sus aspiraciones a la modernidad, sino en el Irn profundo y su cultura musulmana. Lo que se critica de Ahmadinejad se sita ms en su condicin social y en su promesa de luchar contra la corrupcin, que en sus elecciones polticas.

Fue bajo el reinado de Khatami, el promotor de la idea del dilogo de las civilizaciones, cuando se clasific a Irn en el centro del eje del mal. Y es la determinacin de Ahmadinejad en su enfrentamiento con el orden injusto del mundo la que ha aumentado su popularidad y ha inculcado en los iranes el sentimiento de que deben traducir su fuerza en una misin para un mundo ms justo.

Ahmadinejad era casi un desconocido en 2005. Como tal gan las elecciones presidenciales contra Khatami. Rafsandjani, repudiado por las elecciones legislativas y presidenciales, slo pretenda defender sus intereses. Entonces, cmo se explica la alianza del conjunto de los candidatos presidenciales y del campo reformista contra Ahmadinejad? Desde 1979, Irn nos tiene acostumbrados a elecciones limpias y la administracin ha demostrado, a lo largo de todas las elecciones que se han celebrado en Irn, que nunca ha estado al servicio del gobierno, sino al servicio del pueblo.

Ahmadinejad siempre ha ejercido sus funciones polticas desde la legitimidad popular. Podemos admitir que una persona, frente a los desafos que esperan a Irn, se pueda seguir considerando servidora del pueblo a sabiendas de que ha robado su victoria? Podemos comparar a la administracin iran con la de un pas rabe cercano (Egipto) o lejano (Argelia), que sin ninguna duda han hecho y deshecho las elecciones al gusto de los prncipes y con la bendicin de las capitales occidentales?

La vieja guardia, la nobleza del rgimen, de alguna forma se niega a admitir que el hijo de un herrero, el pueblo sin ms, los desheredados, la representen. El pueblo necesita su representacin y slo llega a la conciencia de s mismo bajo la gida de una lite ilustrada. Segn esa corriente de pensamiento y su vinculacin con Occidente, con Ahmadinejad y el gua de la Revolucin Islmica, Irn est condenado al fracaso.

En esa oposicin tambin se disea la orientacin filosfica asignada a la Revolucin. Los reformistas, al crear la ilusin de una victoria en las elecciones, puesto que ya las haban ganado en el terreno meditico despus de lanzar el descrdito sobre el rgimen (sin que el resultado estuviese a su favor), quieren reapropiarse de la Revolucin, aburguesarla y confinarla en el marco del Estado-nacin. Iranizar la Revolucin Islmica y convertir a Irn en el alfa y omega de la accin poltica.

La pretensin de aburguesar la Revolucin tiene como teln de fondo el espritu de la Revolucin Francesa. La tendencia estaba presente en el movimiento revolucionario, pero relegada a un segundo plano por la grandeza de Jomeini y el aliento de espiritualidad poltica de la Revolucin. La occidentalizacin contra la que se sublev el pueblo iran en 1979 ha acabado ganndose a una franja de la poblacin por medio de la globalizacin.

La occidentalizacin del mundo durante los dos ltimos siglos se asocia con la modernidad. La modernidad en el mundo musulmn ha dado lugar a una dominacin del Estado contra la sociedad y de esa forma se ha convertido en un obstculo mayor para la emancipacin del pueblo y la llegada de la democracia. La modernidad poltica en el mundo musulmn se ha revelado antipopular en la prctica. Tratado como un siervo, el pueblo slo puede optar por la resignacin, el servilismo, el exilio, el suicidio o la clera asesina.

Esta ecuacin occidentalizacin-modernidad es la que Irn desdea y rechaza. El triunfo de Ahmadinejad marca la victoria definitiva de la llegada de la espiritualidad poltica (2) como factor determinante de la globalizacin. As, constituye el cumplimiento de la Revolucin Islmica de 1979. Contra la modernidad poltica surge el Islam poltico. Si el Islam poltico es incapaz de responder al desafo de la modernidad poltica (3) es porque en l est la negacin. La modernidad poltica entendida como secularizacin de la poltica y separacin de las esferas engendra inevitablemente la exclusin del pueblo como actor poltico y apa a una minora occidentalizada, dominadora y arrogante, a la vanguardia depredadora de las riquezas de la nacin.

La globalizacin es un mazazo al do occidentalizacin-modernidad. La victoria de los desheredados en las elecciones iranes tiene la tarea filosfica de liberar al mundo de las garras ideolgicas de la modernidad poltica. La globalizacin, por la eleccin de Ahmadinejad, es una salida definitiva de la teora filosfica de la historia entendida como el futuro mundo de Occidente.

El mundo, ahora ms que nunca, padece una escandalosa falta de justicia. El mundo necesita a Irn. Al Irn de Ahmadinejad, que otorga a los desheredados del mundo la voz de la que carecen. La reeleccin de Ahmadinejad marca el cambio mundial y el desplazamiento hacia un horizonte social donde la justicia es el bien supremo. La libertad, tal como se despliega en la filosofa occidental, ha terminado convirtiendo el mundo en una selva. El ltimo de los acontecimientos sealados es el discurso de Netanyahu, que muestra descarnadamente el rostro de Occidente rebosante de suficiencia, dominador y arrogante.

Dicho discurso podra haber reconciliado a los dos campos polticos contrarios en el mundo rabe. Occidente no ha expresado ninguna crtica al citado discurso. La reaccin de Occidente y el mundo rabe a las palabras de Netanyahu desplaza el asunto israel-palestino de un conflicto poltico regional hacia su verdadera naturaleza: Oriente-Occidente. A la imagen de la antigua Grecia, se enfrentan dos verdades. El conflicto no da lugar a ninguna revelacin filosfica. La escena es trgica.

La modernidad poltica ha causado estragos durante siglos al considerar como un credo la cita de Pascal: Verdad a este lado de los Pirineos, error al otro lado. Un representante de ese dogma, Alexandre Adler, en la presentacin de su libro Le monde est un enfant qui joue, el mircoles 17 de junio en la librera Kleber de Estrasburgo, interrumpi mi intervencin y me impidi exponer mi pensamiento. Despus de escucharle durante hora y media, no se dign concederme dos minutos. Bast con que entendiera que las elecciones iranes representan el triunfo de los desheredados para dictar sentencia: yo no tena derecho a la palabra.

La modernidad poltica, donde quiera que se manifieste, nunca admite ms reinado que el de su verdad. Ayer Gaza, hoy Irn: se repite el mismo guin. El universo orwelliano extiende su dominio sobre la escena meditica. Con el objetivo de estudiar la realidad occidental, el libro 1984 de Orwell se aplica sobre la concepcin de la verdad en el pensamiento occidental. Tanto en la forma marxista como en la liberal, el totalitarismo es consustancial a la verdad occidental. Los partidarios de la modernidad poltica siempre se oponen, bien con golpes, elecciones amaadas o detencin de los procesos electorales, a la soberana popular. Irn no es Ucrania, ni un pas rabe ni el Irn de 1953.

Ya es hora de que Occidente aprenda a considerar sus verdades como productos de su historia. Y la historia de Occidente no es la historia del mundo. La victoria de Ahmadinejad tiene como objetivo filosfico el advenimiento de otra verdad en el escenario mundial. La que Alexandre Adler no me permiti decir en Estrasburgo y Oumma me permite escribir.

Notas

(1) Marc Cte, lAlgrie ou lespace retorn, Flammarion, 1988.

(2) Remito al lector a mi artculo: lIran, une menace? La lecon de Foucalt, Oumma, 11 y 24 de marzo de 2009.

(3) Yann Richard, La rpublique islamique sest condamne a lchec, Le Monde, 17 de junio de 2009.

Texto original en francs: http://oumma.com/Iran-la-victoire-des-defavorises

Mahmoud Senadji es Doctor en Filosofa y ex profesor de la Escuela Superior de Bellas Artes de Argel.


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