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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-06-2009

Entrevista a Magaly Belalczar de la Federacin de Mujeres Campesinas de Nario (FEMUCAN) de Colombia
Nuestro pecado es estar en un territorio geoestratgico

David Carballo y Sonia Beltrn de Guevara
Diagonal


Tras sufrir la experiencia del desplazamiento forzado, Magaly Belalczar, representante de la Federacin de Mujeres Campesinas de Nario (sur de Colombia) pas por el Estado espaol en las ltimas semanas para compartir y establecer alianzas con este proceso de resistencia comunitaria. La Federacin aborda en las prximas semanas el Congreso Campesino para definir qu tipo de organizacin queremos y cmo podemos aportar en ese proceso de lucha y resistencia, reivindicando la identidad, los derechos y la dignidad de los campesinos e impulsa para noviembre la Marcha de Mujeres Campesinas, alrededor del da 25 da Internacional de la no violencia contra la mujer.

DIAGONAL: Cmo has llegado a nuestro pas?

MAGALY BELALCZAR: Vine al Estado espaol a visibilizar nuestra problemtica, a dar a conocer el contexto nuestro de guerra y persecucin permanente, y cmo en ese contexto tan fuerte y tan pesado, se da la violacin de todos nuestros derechos fundamentales. El artculo primero de la Constitucin es el Derecho Fundamental a la Vida, pero en Colombia se viola en cada segundo. Con mi visita quiero dar a conocer esta situacin, cmo esa violencia se ha hecho en el cuerpo de las mujeres: cuando usted quiere despojar la tierra, viola a la mujer y eso con las consecuencias que tiene. La guerra es un pretexto, una excusa para el despojo del territorio en Colombia; es una guerra por el territorio, por el control social y militar de nuestro territorio. No hay otra explicacin.

D.: Y cmo afecta a las mujeres esa guerra sucia por el control del territorio?

M.B.: Las mujeres no somos propietarias; no tenemos ttulos de las tierras. En Colombia, cuando las compaeras desplazadas ms tarde regresan, esas fincas ya estn entregadas a otras personas con ttulos legalizados por el Gobierno. En el caso de los indgenas existen unas legislaciones propias, pero no as en el caso de las campesinas. Esto ha sido una lucha porque las guardianas de la tierra, de la agricultura, quienes conservan la semilla, quienes plantan la soberana alimentaria para la resistencia, para la alimentacin de su familia y la subsistencia del ser humano, somos las mujeres. Los hombres han dirigido la produccin hacia la venta, para obtener recursos econmicos, pero nosotras no lo vemos de esta manera. En muchos casos, lo que sobra de la produccin se vende pero, casi siempre, es para el alimento o sustento de la familia.

D.: En qu momento surge la necesidad de organizarse como mujeres campesinas?

M.B.: Frente a toda la problemtica de violacin de nuestros derechos vimos necesario organizarnos, inicialmente en los diez municipios que tiene Nario. En ese sentido, miramos que era necesario organizar la Federacin de Mujeres Campesinas, porque la articulacin ha dado sentido a la resistencia por nuestros derechos. Muchas de las organizaciones no reconocen el trabajo poltico de las mujeres ni el impacto poltico que tiene su eje en las mismas. Una dificultad que se encuentra en el centro de las organizaciones, pero tambin entre los polticos, quines han creado las leyes?, quines han escrito los artculos de las mujeres? Los hombres! Porque las mujeres estamos hacinadas y se nos ha dicho que somos de lo privado y el hombre de lo pblico; y en ese sentido las mujeres no tenamos el derecho a organizarnos. Sin embargo, cuando el conflicto ha arremetido en en nuestras tierras nos afecta como mujeres campesinas, y como madres, hijas y esposas; aunque tambin como mujeres de la sociedad que hemos aportado y estamos aportando para un cambio estructural de la misma. Las organizaciones campesinas se negaban inicialmente al espacio de mujeres, pero hoy quien ha dado la dinmica del fortalecimiento somos nosotras. Queremos que en el Congreso Campesino que viene en agosto la mayor participacin sea de mujeres, porque somos las que nos hemos empoderado en este proceso de resistencia de las comunidades.

D.: Adems de las dinmicas de exclusin de las mujeres de los espacios de poder en las organizaciones del campo en Colombia, qu dificultades externas habis encontrado para trabajar?

M.B.: Yo creo que en el mismo momento en que nos hemos organizado, ah nos hemos encontrado con la persecucin y la represin del Estado, que es impresionante. Inmediatamente viene el sealamiento como guerrilleras, terroristas y comunistas y nos declaran como objetivo militar al no estar de acuerdo con las polticas paramilitaristas del Gobierno. Para ellos, no es posible que estemos organizadas porque si lo estamos, si conocemos nuestros derechos, vamos a hacer exigencia de ellos, y esto, obviamente, al Estado no le conviene. En ese sentido, vemos la arremetida paramilitar que nos seala, nos ubica, nos desplaza y nos mata. La FEMUCAN ya ha derramado sangre. Inevitablemente, los procesos de resistencia se han debilitado por la presencia de paramilitares y de informantes dentro de nuestras comunidades, y aparece el miedo a la hora de hacer denuncias: los propios organismos del Estado se encuentran en su gran mayora permeados por el paramilitarismo, y ms que defender nuestros derechos los vulneran.

D.: Qu intereses hay en la zona para que los paramilitares arremetan contra vuestra organizacin?

M.B.: Nario est ubicada al sur, en la frontera con el Ecuador, y su posicin geoestratgica la pone en el punto de mira de los intereses del Estado y de las transnacionales. Nosotras decimos que el peor pecado es estar sentados encima de las minas de oro y uranio, de tener los ros y caudales, la vegetacin, la fauna y flora y la biodiversidad que tiene Nario. Tenemos los tres tipos de clima y las tierras ms favorables para la agricultura. Venimos a ser una piedra en el zapato de los intereses del Estado, que tiene una estrategia de despojo de la tierra para entregrsela a las transnacionales, como ya se hizo en Guatemala con Starbucks, que hace poco lleg a Nario, junto a Nestl, La Quedada o Drumond. Los mecanismos para llevarlo a cabo son la persecucin poltica, el desplazamiento forzado, la desaparicin y el confinamiento (control de los movimientos en zonas de conflicto): existen retenes militares que controlan el paso de las personas a las comunidades. Todo (medicinas, alimentos, herramientas de trabajo, gasolina) es racionado a travs de esos controles militares. Las personas no se pueden movilizar por ello, pero tambin porque el territorio est minado. Este control del territorio se convierte finalmente en una recuperacin del territorio por el Estado, que tiene el inters de desplazar a las comunidades para que esas tierras, con una gran riqueza, sean vendidas por el Estado colombianos a las transnacionales. En este contexto encaja la reciente masacre al pueblo indgena Awa en Nario, en el que las FARC asesinaron entre diez y treinta personas segn las fuentes, pero donde cayeron a mano de los paramilitares y los actores legales armados ms de 200 indgenas en defensa del territorio. Este pueblo vive en el medio de la selva, a quince das a pie de la poblacin ms cercana, donde hay oro, uranio y una gran biodiversidad. Hay que decir tambin que Nario tiene una salida estratgica al mar; es una va por donde entran y salen armas, drogas, etc. A pesar del Plan Colombia, el narcotrfico y los cultivos de uso ilcito (como se conoce a los cultivos de coca en mi pas), se han incrementado en los ltimos aos. Los campesinos hoy da se han visto obligados a elegir el cultivo de la coca: un kilo de coca vale 2.400.000 pesos, mientras que un kilo de caf se paga sobre los 2.000. La gente mira esta rentabilidad, pero no las consecuencias, que han sido terribles: paramilitarismo, fumigaciones, desplazamiento forzado masivo y tambin, el desplazamiento gota a gota.

D.: Este auge del paramilitarismo, tiene consecuencias diferenciadas sobre vosotras?

M.B.: Las mujeres han sido violadas, torturadas, abusadas; especialmente las mujeres desplazadas, que son vctimas de una violencia psicosocial, fsica y tambin sexual. En los distintos informes que van surgiendo, se constata una aberracin: las violaciones contra las mujeres que estn en la defensa del territorio. Los paramilitares, por ejemplo, esperan a las nias a la salida de los colegios, las siguen y luego las violan en los caminos. Hay en el departamento un ndice muy alto de embarazos en jvenes como resultado de estas violaciones. Igualmente la militarizacin del territorio ha trado un incremento de la prostitucin. Las violaciones tambin se utilizan contra las organizaciones: cuando ubican a las lideresas, una forma de minimizar su trabajo es violndolas, como una estrategia de la guerra; somos botines de guerra.

D.: Cules son vuestras apuestas polticas y organizativas para la defensa de la soberana y del territorio frente a la vulneracin de los derechos humanos?

M.B.: Las polticas de Estado son lesivas para el campesinado y las comunidades, son polticas de muerte, de exterminio, de destierro, de despojo. Por esta razn planteamos desde la FEMUCAN diversos ejes de trabajo: la promocin y difusin de los derechos humanos (a travs del Observatorio de los Derechos Humanos de las Mujeres Campesinas y sus comunidades), el empoderamiento poltico de las mujeres y el eje de gnero, y un eje importantsimo en cuanto que somos las guardianas de la tierra y las semillas: la soberana alimentaria. Este eje se trabaja desde la conservacin del territorio y no slo de la tierra; para ello estamos creando un banco de semillas, trabajando en la recuperacin de abonos orgnicos, recuperacin de prcticas tradicionales y ancestrales de cultivo como la siembra con el sol y la luna Tambin tenemos un eje juvenil, porque debemos pensar en la renovacin a travs de la Escuela de Formacin Poltica de Cuadros. Sin olvidar la parte cultural, que la trabajamos desde el teatro, la msica, la danza, las msticas como agradecimiento y homenaje a la tierra y al territorio.





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