Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-06-2009

La necesidad del boicot cultural a Israel

Ilan Pappe
The Electronic Intifada

Traducido del ingls para Rebelin por Beatriz Morales Bastos


Si hay algo nuevo en la interminable historia de Palestina es el claro cambio que se han producido en la opinin pblica en el Reino Unido. Recuerdo que vine a estas islas en 1980, cuando el apoyo a la causa palestina estaba confinado al izquierda y, dentro de ella, a una seccin y a una corriente ideolgica muy particular. El trauma post-Holocausto y el complejo de culpabilidad, los intereses econmicos y militares, y la farsa de Israel como la nica democracia en Oriente Medio contribuy todo ello a proporcionar inmunidad al Estado de Israel. Muy pocas personas cambiaron de idea, segn parece, ante un Estado que haba desposedo a la mitad de la poblacin palestina originaria, demolido la mitad de sus ciudades y pueblos, discriminado a la minora de esta poblacin originaria que viva dentro de los lmites de sus fronteras por medio de un sistema de apartheid y dividido en enclaves a dos millones y medio de ellos en una dura y opresiva ocupacin militar.

Casi 30 aos despus parece que se han eliminado todos estos filtros y cataratas en los ojos. La magnitud de la limpieza tnica de 1948 es bien conocida, se deja constancia del sufrimiento de los palestinos en los territorios ocupados e incluso el presidente de Estados Unidos lo describe como insoportable e inhumano. De forma similar, se observa diariamente la destruccin y despoblacin de la zona del gran Jerusaln y se reprende y condena frecuentemente la naturaleza racista de las polticas respecto a los palestinos en Israel.

Naciones Unidas describe la realidad de hoy, en 2009, como una catstrofe humana. Los sectores conscientes y concienciados de la sociedad britnica saben muy bien quin causa y quin produce esta catstrofe. Ya no se relaciona con circunstancias ambiguas o con el conflicto, sino que es claramente considera el resultado de las polticas israeles a los largo de los aos. Cuando se le pregunt al Arzobispo Desmond Tutu qu reaccin haba tenido cuando visit los territorios ocupados, seal con tristeza que era peor que la de la del apartheid. Saba de qu hablaba.

Como en el caso de Sudfrica, estas personas decentes, ya sea individualmente o como miembros de organizaciones, expresan su indignacin ante la opresin, colonizacin, limpieza tnica y hambruna continuas en Palestina. Buscan maneras de demostrar su protesta y algunos incluso esperan convencer a su gobierno de que cambie su vieja poltica de indiferencia e inaccin ante la continua destruccin de Palestina y de los y las palestinas. Muchos de ellos son judos, ya que muchas de estas atrocidades se han hecho en su nombre de acuerdo con la lgica de la ideologa sionista, y unos pocos de ellos son veteranos de luchas civiles anteriores en su pas por causas similares a lo largo y ancho de este mundo. Ya no estn confinados a un partido poltico y provienen de todos los mbitos de la vida.

Por el momento, el gobierno britnico no ha cambiado. Tambin fue pasivo cuando el movimiento anti-apartheid en este pas le pidi que impusiera sanciones a Sudfrica. Fueron necesarias varias dcadas para que este activismo desde abajo llegara al ms alto nivel poltico. En el caso de Palestina cuesta ms tiempo: la culpa por el Holocausto, los relatos histricos y las distorsiones contemporneas de Israel como una democracia que busca la paz y de los palestinos como los eternos terroristas islmicos bloquearon el flujo del impulso popular. Pero est empezando a encontrar su lugar y su presencia, a pesar de la acusacin hecha a toda demanda de este tipo de ser anti-semtica y a pesar de la demonizacin del Islam y de los rabes. El tercer sector, este vnculo importante entre los civiles y las agencias gubernamentales, nos ha mostrado el camino: un sindicato tras otro, un grupo profesional tras otro han enviado todos ellos recientemente un mensaje claro: ya est bien. Se ha hecho en nombre de la decencia, de la moralidad humana y del compromiso civil bsico de no permanecer de brazos cruzados ante las atrocidades del tipo de las que Israel ha cometido y sigue cometiendo contra el pueblo palestino.

En los ltimos ocho aos la poltica criminal israel se intensific y los activistas palestinos buscaban nuevas maneras de hacerle frente. Las probaron todas, la lucha armada, la guerra de guerrilla, el terrorismo y la diplomacia: no funcion ninguna. Y, sin embargo, no se rinden y ahora proponen una estrategia no violenta, la del boicot, desinversin y sanciones. Con estos medios quieren persuadir a los gobiernos occidentales de salvar de una catstrofe y de un bao de sangre inminentes no slo a ellos sino, irnicamente, tambin a los judos en Israel. Esta estrategia gener el llamamiento al boicot cultural a Israel. Cualquier mbito de la existencia palestina expresa esta peticin: la sociedad civil bajo la ocupacin y los palestinos bajo Israel. La apoyan los refugiados palestinos y la encabezan miembros de las comunidades de los palestinos en el exilio. Llega en el momento preciso y ofrece a individuos y organizaciones en el Reino Unido una manera de expresar su indignacin ante las polticas israeles y, al mismo tiempo, una va de participacin en la presin global al gobierno para que cambie su poltica de proporcionar inmunidad a la impunidad.

Es desconcertante que, por el momento, este cambio en la opinin pblica no haya tenido impacto en la poltica, pero de nuevo tenemos que recordar los tortuosos caminos que tuvo que recorrer la campaa contra el apartheid [sudafricano] antes de convertirse en poltica. Tambin merece la pena recordar que dos valientes mujeres de Dubln, que tenan el duro trabajo de cajeras de supermercado, fueron las nicas que se negaron a vender productos sudafricanos. Veintinueve aos despus, los britnicos se unieron a los dems en la imposicin de sanciones a Sudfrica. As, mientras los gobiernos dudan por razones cnicas, por temor a ser acusados de anti-semitismo o quiz debido a inhibiciones islamofbicas, los ciudadanos y los activistas hace cuanto est en su mano, simblica y fsicamente, para informar, protestar y denunciar. Tienen una campaa ms organizada, la del boicot cultural, o pueden unirse a sus sindicatos en la poltica coordinada de presin. Tambin puede utilizar su nombre o su prestigio para indicarnos a todos nosotros que las personas decentes de este mundo no pueden apoyar lo que hace y significa Israel. No saben si su accin producir un cambio inmediato ni si tendrn la suerte de ver el cambio en el lapso de sus vidas. Pero en su propio libro personal de quines son y de qu hicieron en sus vidas, y ante el severo ojo de la valoracin histrica se les incluir junto con todos aquellos que no permanecieron indiferentes cuando la inhumanidad bramaba disfrazada de democracia en sus propios pases o en cualquier otro lugar.

Por otra parte, los ciudadanos de este pas, especialmente los famosos, que continan difundiendo, con bastante frecuencia por ignorancia o por razones bastante ms siniestras, la fbula de Israel como una sociedad culta occidental o como la nica democracia en Oriente Medio no slo estn equivocados en relacin a los hechos. Proporcionan inmunidad a una de las mayores atrocidades de nuestro tiempo. Algunos de ellos nos piden que dejemos la cultura fuera de nuestras acciones polticas. Este enfoque de la cultura y la vida acadmica israel como entidades diferentes del ejrcito, la ocupacin y la destruccin es moralmente corrupta y lgicamente caduca. Un da, finalmente, la indignacin desde abajo, incluyendo en el propio Israel, producir una nueva poltica; la actual administracin estadounidense ya est dando las primeras muestras de ello. La historia no vio con buenos ojos a los directores de cine que colaboraron con el senador estadounidense Joseph McCarthy en los aos cincuenta o apoyaron el apartheid. Adoptar una actitud similar con aquellos que ahora callan acerca de Palestina.

Un excelente caso al respecto se revel el mes pasado en Edimburgo. El director de cine Ken Loach dirigi una campaa contra las relaciones oficiales y financieras que tena el festival de cine de la ciudad con la embajada israel. El sentido de esta postura era transmitir el mensaje de que esta embajada no slo representa a los directores de cine de Israel, sino tambin a sus generales que haban masacrado al pueblo de Gaza, a sus torturadores que torturaran a los palestinos y las palestinas en las crceles, a sus jueces que envan sin juicio a la crcel a 10.000 palestinos (la mitad de los cuales son menores), a sus racistas alcaldes que quieren expulsar a los rabes de sus ciudades, a sus arquitectos que construyen muros para encerrar a las personas e impedirles que acudan a sus campos, escuelas, cines y oficinas, y a sus polticos que crean una y otra vez estrategias para completar la limpieza tnica de Palestina que iniciaron en 1948. Ken Loach consider que la nica manera de boicotear el festival en su conjunto sera situar a sus directores en un sentido y perspectiva moral. Tena razn, as que lo hizo porque el caso est ntidamente definido y la accin es tan simple y tan pura.

No es sorprendente que se oyeran voces en contra. sta es una batalla que est en curso y no se ganar fcilmente. Mientras escribo estas lneas conmemoramos 42 aos de ocupacin israel, la ms larga y una de las ms crueles de los tiempos modernos. Pero el tiempo tambin ha generado la lucidez necesaria para tomar estas decisiones. Esta es la razn por la que la accin de Ken Loach fue efectiva inmediatamente; la prxima vez ni siquiera ser necesaria. Uno de sus crticos trat de sealar el hecho de que hay personas en Israel a las que les gustan las pelculas de Ken Loach, por lo tanto, lo que l haca era un tanto ingrato. Puedo asegurar que aquellos de nosotros en Israel que vemos las pelcula de Loach tambin somos quienes aplaudimos su valenta y, a diferencia de este crtico, no creemos que esto sea un acto similar a pedir la destruccin de Israel sino, ms bien, la nica manera de salvar a los judos y a los rabes que viven ah. Pero, en todo caso, es difcil tomar estas crticas en serio cuando van acompaadas de la descripcin de Palestina como una entidad terrorista y de Israel como una democracia como Gran Bretaa. La mayora de nosotros en el Reino Unido estamos lejos de esta necedad propagandsticas y estamos preparados para el cambio. Ahora estamos esperando a que el gobierno de estas islas haga lo mismo.

Ilan Pappe es [un historiador israel exilado en Reino Unido y] director del Departamento de Historia de la Universidad de Exeter. Este artculo se public originalmente en pulsemedia.org y se publica con permiso del autor.

Enlace con el original: http://electronicintifada.net/v2/article10614.shtml



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter