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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-06-2009

Crisis capitalista: la racionalidad del abismo

Santiago Alba Rico
Sodepaz


El pasado 20 de enero, un joven y brillante millonario irlands, Patrick Rocca, lanzado al firmamento empresarial por el globo inmobiliario, sucumbi al vrtigo de la cada irremediable. Propietario de la Accorp Properties, amigo de Blair y Clinton, dueo de mansiones en Dubln y Marbella, socio de los ms exclusivos clubs privados de Inglaterra, buen jugador de tenis, buen degustador de vinos, no pudo soportar la ruina del Anglo-Irish Bank y se quit la vida de un disparo en la cabeza.

Quince das antes, el 5 de enero, uno de los 100 hombres ms ricos del mundo, el alemn Adolf Merckle, 75 aos, propietario de un holding empresarial para el que trabajaban 100.000 personas, sinti el repentino desvalimiento de un jubilado, renunci a seguir negociando su imperio con 20 bancos y se arroj a la va del tren. El mismo gesto haba acabado un mes antes con la vida del millonario neozelands Kirk Stephenson, director de operaciones de una compaa de inversiones afectada por la quiebra de Lehman Brothers.

Tambin el 5 de enero, el da en que Adolf Merckle imitaba a Ana Karenina, se suicid dentro de su lujoso Jaguar el presidente de una de las inmobiliarias ms importantes de EEUU, Steven Good, desesperado ante la idea de no poder seguir construyendo y vendiendo casas. Dos semanas antes, el financiero francs, Ren-Thierry Magon de la Villehuchet, cofundador de Access Internacional Advisor y gestor de 1.000 millones de euros arrojados a las arenas movedizas de Madoff, se haba cortado las venas en su despacho en Nueva York. Al menos otros cuatro analistas e inversores estadounidenses, Eric von der Porten, Barry Fox, Edwin Rachleff y Scott Coles, todos ellos ricos y felices hasta pocos das antes, decidieron a finales del ao 2008 interrumpir una existencia despojada de pronto de todo sentido.

Los ricos se suicidan: es que hay una crisis del capitalismo.

El 31 de julio del ao 2002, Pedda Narsamna, campesina india de 50 aos, se ahorc en la aldea de Pandi Parthi abrumada por las deudas, dejando a los ocho miembros de su familia sumidos en la ms negra desolacin. En noviembre de 2008, Anil Khondwa Shinde, un pequeo agricultor del distrito de Vidarba, en el Estado indio de Maharashtra, se suicid a los 31 aos ingiriendo el potente pesticida que le haban proporcionado los mismos proveedores a los que no poda pagar los prstamos adelantados para comprarlo. Shankara Mandaukar, otro campesino de Napgur, en la India Central, haba hecho lo mismo pocos das antes: viendo amenazadas sus pobres tierras por el impago de deudas, se bebi un tazn del insecticida qumico que haba contribuido a su ruina.

Segn datos oficiales, entre los aos 1997 y 2005, ms de 150.000 campesinos se han suicidado en la India, despojados de sus tierras o arruinados por las grandes multinacionales de la alimentacin, con Monsanto a la cabeza, que controlan el negocio de las semillas y los pesticidas. En los ltimos seis meses, se han suicidado 9 millonarios en todo el mundo; es decir, una media de 1 millonario cada 20 das. Desde el ao 1997, slo en la India se ha suicidado un campesino cada 32 minutos; 1 cada 30 minutos a partir del ao 2002.

Los pobres se suicidan: es que hay sencillamente capitalismo1.

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El ao 29 fij para siempre la imagen del apocalipsis econmico: la de los edificios de Wall Street vomitando por todas sus ventanas a los millonarios de Nueva York. En realidad, slo fueron dos los que saltaron al vaco, pero la caricatura es certera, porque expresa -junto al deseo fabuloso de una purga igualitaria- la desigualdad fascinante del capitalismo2. El hambre, la miseria, el paro, la enfermedad, el dolor de 4.000 millones de seres humanos no merecen la intervencin de los expertos, la atencin de los periodistas, la reunin del G-20: demuestran ms bien la salud del sistema. Ni siquiera dan para una tragedia griega o una peripecia hollywoodiense. El drama empieza all donde la riqueza ha producido previamente una personalidad ; la crisis adquiere rango sistmico, universal, csmico, cuando alcanza la lista Forbes. 900 millones de hambrientos? Nos los podemos permitir. La mitad de la poblacin del planeta sin agua potable? Esto funciona. 16.000 especies en peligro de extincin? Trillones de dlares giran sin descanso en los circuitos financieros. El nmero de milmillonarios pasa de 1125 a 793? Es la crisis. Al capitalismo le es indiferente si entre los diez hombres ms ricos del mundo est Amancio Ortega, pero le es indispensable jerarquizar la riqueza; no le importa quines forman parte de la lista, a condicin de que la lista exista, sume crecientes fortunas y promueva rivalidades deportivas. Desgraciadamente no es una ilusin alienante ni una manipulacin propagandstica: si los campesinos indios se quitan la vida, las empresas mejoran sus balances; si los millonarios se suicidan, si pierden dinero, si ven reducido su patrimonio en un 23%, todos estamos en peligro. Dependemos de ellos. La racionalidad econmica del sistema es inseparable de su irracionalidad general: si funciona, el capitalismo condena a la pobreza y la marginacin a la mitad del planeta; si deja de funcionar, se lleva por delante tambin a la otra mitad. La nica especie que la humanidad debe proteger, la nica a la que no podemos renunciar -ni osos ni elefantes ni rboles- est incluida, no en la clasificacin de Linneo, no, sino en el ranking plutocrtico de la revista Forbes.

Nadie puede negar la superioridad del capitalismo. Funciona: ha producido ms riqueza, ms bienestar, ms soluciones que ningn otro modo de produccin histrico. Funciona: ha producido ms pobreza, ms malestar, ms problemas que ningn otro modo de produccin histrico. En trminos econmicos no slo es superior; es tambin insuperable. Lleva dentro, como su motor y su maldicin, la necesidad de revolucionar ininterrumpidamente las fuerzas productivas, moldear las sociedades, reorganizar los territorios, saturar el espacio, colonizar el tiempo, multiplicando en su camino, con fertilidad taumatrgica, como en un cuento de hadas, los alimentos, las mquinas, los edificios, las medicinas, los libros, los placeres; y tambin, y al mismo tiempo, el hambre, las ruinas, las enfermedades, la ignorancia, los dolores. Al contrario que al socialismo, nadie puede reprochar al capitalismo sus muertos, sus marginados, sus represaliados, sus perseguidos, porque su objetivo declarado no es el hombre y sus necesidades bioculturales sino la reproduccin ampliada de su delirio y a ese propsito sirven por igual un automvil y un cadver, un granero y una guerra, la bulimia y la indigencia. Bajo el capitalismo, las crisis no se producen por una acumulacin de cadveres, epidemias o hambrunas -como en la visin de nuestros antepasados- sino por una acumulacin destructiva de riqueza; sobreviene no cuando la humanidad sufre demasiado sino cuando sus sufrimientos no generan ya suficientes beneficios. Cuando estalla, el aumento del nmero de los cadveres, las epidemias y las hambrunas no es tampoco -como lo era para nuestros antepasados- una consecuencia de la crisis: es ms bien una solucin.

Desde el punto de vista humano, el capitalismo ha consistido siempre en una crisis ininterrumpida; desde su racionalidad inmanente, lleva 35 aos tratando de sustraerse a sus propios lmites mediante expansiones centrfugas que han ido acompaadas, como recuerda el economista argentino Mario Rapoport, de una traca de crisis parciales y sucesivas: la crisis monetaria en EE.UU. y la ruptura del patrn oro en 1971; el alza de los precios del petrleo en 1973 y 1979; la crisis de la deuda externa latinoamericana en 1982; el crac burstil de Wall Street en 1987; las crisis de las cajas de ahorro estadounidenses en 1989; el crac japons en 1990. Luego vienen las crisis perifricas de fin de siglo: la mexicana (1994), la del sudeste asitico (1997), la rusa (1998) y la brasilea (1999). Y a partir del nuevo siglo otro encadenamiento: el derrumbe de las punto.com en el 2000; las crisis en Turqua y en la Argentina (2001); la quiebras de Enron y World Com (2001 y 2002); las repercusiones financieras del atentando a las Torres Gemelas y de la invasin a Irak. Para culminar con la actual crisis de las subprime, que estalla en 2007 y a la cual se suman en 2008 las cadas de Lehman Brothers, las compaas hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac y la aseguradora AIG, ms las de unos cuantos bancos europeos y norteamericanos3. Cada una de estas crisis, espasmdica cornucopia de pompas de jabn, expresaba y exiga nuevas medidas de eso que con lapidaria precisin Atilio Born ha llamado contrarreformas neoliberales, con un retorno a las condiciones laborales, polticas y antropolgicas de la Revolucin Industrial4. Cada una de estas crisis retrasaba y anunciaba la Crisis que se abate ahora sobre un mundo sobrepoblado, rebaado hasta los huesos y armado hasta los dientes. Cualesquiera sean las discrepancias acerca del pronstico, ni los ms desvergonzados defensores del libre-mercado -los que siguen golpendose el pecho en pblico- se atreveran a desmentir en privado el diagnstico: lo que ocurre es la desintegracin del capitalismo como sistema-mundo, no porque no pueda garantizar el bienestar de la vasta mayora (nunca ha podido hacer eso) sino porque ya no puede asegurar que los capitalistas tengan la incesante acumulacin de capital que es su raison dtre5. Cualesquiera sean las discrepancias sobre el desenlace, todos los pronsticos coinciden en que todas las soluciones -dentro o fuera del sistema- pasan por un aumento de los cadveres, las epidemias y las hambrunas. La lista Forbes huele las yeguas del apocalipsis: unos, muy pocos, se suicidan; otros se reparten las ayudas de los gobiernos (o celebran cenas millonarias6); los dems afilan las tijeras para recortar puestos de trabajo, rebajar salarios y, llegado el caso, segar vidas. Los Estados del Bienestar (all donde los haba) suministran billones de dlares a los bancos, las aseguradoras y las empresas y psicoterapeutas a los despedidos y los parados7.

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Hay que estar muy loco para hacer un mnimo ejercicio de razn. Como estamos cuerdos, corremos a socorrer a un sistema irracional. En el orden inmanente del mercado, la lista del INEM depende de la lista Forbes. Aunque el efecto derrame no haya producido ni siquiera un goteo, aunque el poder adquisitivo de los asalariados descendiera durante las dcadas prodigiosas de las pompas de jabn, es verdad que a los trabajadores -al menos en algunas regiones del planeta- les puede ir an peor si el Estado no utiliza sus ahorros para sostener a los bancos y las empresas. Despus de todo, los banqueros y empresarios son los donadores de crditos y salarios como los propietarios esclavistas eran donadores de casa, alimento y proteccin y los seores feudales eran donadores de tierra y seguridad. Si uno era esclavo, era mejor tener un amo, incluso uno severo, que morir de fro en la montaa perseguido por los perros; si uno era vasallo, era mejor tener un seor, aunque esquilmase las hijas y las cosechas, que verlas secuestradas o incendiadas por invasores sin piedad; si uno es un asalariado o aspira a serlo, es mejor tener un banquero y un empresario, por muy exigentes que sean, que buscar comida en la basura y dormir sobre cartones. Los tres -esclavismo, feudalismo y capitalismo- constituyen dispositivos funcionales de dependencia recproca entre desiguales. El esclavismo era relativamente eficaz; el feudalismo era bastante eficaz; el capitalismo es eficacsimo. Pero al capitalismo, como al esclavismo y al feudalismo, no hay que reprocharles su ineficacia; hay que reprocharles su existencia.

La palabra crisis deriva del griego y pertenece originalmente al campo de la nosologa: con ella se nombraba ese momento liminar en el que se decide el desenlace de una dolencia, en el que el cuerpo escenifica, por as decirlo, el juicio final a partir del cual se impone definitivamente la enfermedad o la salud. Krisis -decisin- procede de Krio -yo separo, decido, juzgo- y de ambos se desprende crtica, en el sentido en que usa Kant este trmino en el ttulo de algunas de sus obras ms conocidas. Una crisis, pues, es esa situacin en la que se dirime el destino y se revelan los lmites de un organismo vivo o una estructura compleja. Estamos en crisis. Estamos -es decir- en una coyuntura crtica en la que se decide la suerte, no de unos cuantos millones de seres humanos arrojados al fuego como combustible vivo, sino del sistema mismo que los sacrifica; y en la que ese sistema revela adems los lmites exteriores, absolutos, que su inmanencia viciosa ya no puede rebasar. Cules son esos dos lmites? El dolor y la naturaleza; el planeta cuerpo y el planeta tierra. El capitalismo, que ha producido ms riqueza que ningn otro modo de produccin anterior, sera perfecto y no slo eficaz si, como Dios, crease sus propios recursos de la nada y si ser robado, golpeado, privado de alimentos, desnudado, humillado, despreciado y asesinado fuese placentero o, por lo menos, justo.

Hay un cupo de dolor, una prorrata de injusticia que ningn sistema puede sobrepasar sin generar resistencia. La propia eficacia del capitalismo lo transforma en el sistema ms injusto de la historia. Que sea capaz de producir alimentos para alimentar tres veces a la poblacin de la tierra, convierte el hambre de 965 millones de personas en un genocidio voluntario; que sea capaz de prolongar la vida hasta los 80 aos en determinadas franjas geogrficas y sociales, convierte en un crimen imputable la media de edad de Sierra Leona, Haiti o Bangladesh; que sea capaz de trasplantar rganos, fabricar prtesis, modificar genes, convierte la disentera, el dengue y la malaria, que matan a millones de personas y podran curarse con un puadito de pldoras, en una pualada intencionadamente mortal. El dolor es doblemente dolor en un mundo con televisin; la injusticia es doblemente injusticia en un mundo globalizado y transparente. La resistencia es inevitable; nada garantiza, en cambio, que haya de ser inteligente, ordenada, razonable, socialista. La mstica, filsofa y obrera Simone Weil escriba: El que tiene los miembros desechos por una jornada de trabajo lleva en su carne como una espina la realidad del Universo. Para l la dificultad es mirarlo y amarlo8. Cuando se lleva clavada la espina de la realidad en el cuerpo y en el alma, uno no se para a mirar -a razonar- la zarza en la que est atrapado. La resistencia puede parecerse -se parece ya- al mundo que quiere sacudirse de encima: subpoltica, biolgica, espasmdica, individual.

El capitalismo no saca sus recursos de un sombrero sino del mundo, donde hay un poquito de agua, un poquito de viento, un poquito de aire y un poquito de tierra. Por mucho que se trate de huir hacia las pompas de jabn, ah est el lmite exterior que detiene todos los delirios de beneficios sin freno. Podemos imaginar quizs una civilizacin que con la formidable riqueza capitalista hubiese hecho algo mejor que Hollywoods, McDonalds y centros comerciales, pero lo que ya no podemos imaginar es una sociedad viable con esos niveles de riqueza, ni bien ni mal repartida. La crisis revela el veneno mortal inscrito en el concepto central, irrenunciable, de la economa capitalista: el crecimiento. Dependemos irracionalmente de una racionalidad inmanente que impone como natural la explotacin entre desiguales; dependemos irracionalmente de una racionalidad inmanente que exige como la nica salida posible la destruccin del planeta. No crecer empequeece; decrecer mata; salvar las condiciones mismas de toda supervivencia precipita el apocalipsis. La crisis, que es de sobreproduccin, slo puede superarse, o al menos contenerse, con sobreconsumo, que es como decir que la nica solucin frente a la escasez de petrleo es utilizar ms el coche o la nica solucin frente a la sequa es dejar el grifo abierto las 24 horas del da. La responsabilidad ltima de la crisis -nos dicen los gobiernos y los economistas- no la tienen los bancos ni las aseguradoras ni las financieras ni las empresas sino los consumidores, que compran menos casas y menos coches, gastan menos luz y menos telfono y van menos al supermercado. Mientras militantes de todo el mundo insisten en el carcter social y ecolgicamente destructivo del consumo irresponsable, EEUU suministrar una ayuda adicional de un billn de dlares a los bancos para crditos al consumo; e incluso el secretario general de CCOO en Castilla y Len, ngel Hernndez , ha pedido el aumento del consumo como una de las medidas voluntaristas, casi militantes tambin, destinadas a amortiguar las consecuencias de la crisis econmica: Hernndez -dice El Mundo- se dirigi a aquellos trabajadores y trabajadoras que tienen "su empleo asegurado" para que "muevan el dinero"9. La crisis obliga a acelerar la cabalgada hacia el abismo y habra que estar loco para no ceder a esta locura. En Espaa hay 3.000.000 de casas vacas y la relatora especial de NNUU, Raquel Rotnik, ha sealado la hybris de la construccin como causa directa de la crisis y paradjica suspensin del derecho bsico a la vivienda en nuestro pas, pero se insiste, como solucin, en que hay suelo municipal y autonmico para construir 625.000 viviendas sociales y salvar as al mismo sector inmobiliario privado que nos ha llevado a la ruina10. En el mundo hay 1.000 millones de automviles, responsables de la mayor parte de la contaminacin ambiental; el rtico se derrite, el cambio climtico mata todos los aos a 13 millones de personas y los agrocombustibles agravan la crisis alimentaria en grandes zonas del planeta, pero no podemos dejar de recibir como una psima noticia -una tragedia dantesca que requiere una intervencin de emergencia- el descenso vertiginoso de la venta de coches en Europa y EEUU (casi un 47% al cierre del ao 2008 en Espaa). Esa es la racionalidad inmanente del capitalismo: sera un suicidio no apoyar una economa que acabar matndonos. Esa es la leccin paradjica de la crisis: sera una irresponsabilidad, una inmoralidad, un crimen, no serrar la rama en la que estamos precariamente sentados. Y todos -como deca Brecht- nos ponemos a inventar sierras.

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La decisin (crisis) del capitalismo es tambin una decisin nuestra. Cualquier proyecto alternativo debe aceptar esos lmites que el socialismo estalinista -productivista y desarrollista- tampoco acept nunca y que obligan a cuestionar radicalmente el vnculo ideolgico fraudulento entre supervivencia y crecimiento y, ms all, entre bienestar y crecimiento. Sin duda cabe imaginar, como decamos, una civilizacin injusta ms elegante que hubiera utilizado los enormes recursos del capitalismo para producir obras esttica y culturalmente superiores, pero lo que la crisis revela asimismo es toda la potencia destructiva de la bsqueda capitalista de esa triada platnica inscrita en la tradicin intelectual occidental: lo bueno, lo bello, lo verdadero. Nos olvidamos de que la naturaleza es una limitada chapuza, de que nuestros cuerpos estn sujetos con alfileres, de que la historia ha retrocedido muchas veces. Lo bueno, si no es generalizable, es malo; lo bello, si cuesta la vida a mucha gente, es feo; lo verdadero, si es injusto, es falso. Frente a esa triada histricamente irrealizable, debemos reivindicar lo regular, lo bonito, lo aproximado, como lo nico realmente compatible con la supervivencia de la naturaleza y de la civilizacin humana. Por eso lo regular es ms bueno que lo bueno; lo bonito es ms bello que lo bello; y lo aproximado es ms verdadero que lo verdadero.

Lo contrario de krisis es kairos , que en la filosofa griega y romana era la oportunidad, el momento justo, la grieta temporal de la intervencin divina. La krisis es tambin nuestro kairos . Sabremos aprovecharlo? Si exceptuamos esa luz embrionaria que se forma lenta y vacilante en Amrica Latina, la situacin del mundo no invita a la esperanza. La resistencia, decamos, se parece al mundo contra el que se levanta. Lo bueno, lo bello, lo verdadero, conceptos asociados a la publicidad y el consumo de mercancas y, por lo tanto, al espasmo individual -doloroso o placentero-, constituyen ya, en un mundo globalizado y transparente, la ideologa dominante de las clases dominadas. De lo regular, lo bonito y lo aproximado, condiciones de toda salvacin poltica, nos separa no slo la lista Forbes sino el propio deseo subjetivo de los seres humanos, atrapado en la racionalidad inmanente del capitalismo y en sus dependencias suicidas: buscar slo mi supervivencia, aunque para ello tenga que matarme tambin a m mismo.

Ser el kairos del fascismo? El de la barbarie? El de la extincin, al mismo tiempo, de la especie Forbes y de la especie humana? Nunca hemos estado peor preparados para una decisin y nunca ha hecho tanta falta una intervencin. El planeta cuerpo y el planeta tierra crujen bajo nuestros pies, crujen con nuestros pies. Dejemos al menos de inventar sierras.

NOTAS

1Sobre la intervencin de Monsanto en la India y en otros lugares del mundo: Marie-Monique Robin, El mundo segn Monsanto , Editorial Pennsula, Madrid 2008. Particularmente el captulo India: las semillas del suicidio , pag. 425-444.

2Sobre la leyenda urbana de los suicidios en la crisis del 29, ver Nina Shen Rastogi, Por qu no se arrojan por las ventanas los ejecutivos? , State Magazine (versin espaola en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=73271)

3Mario Rapoport, Diez razones de la crisis internacional, Diario Pgina 12, (http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-120749-2009-03-01.html).

4Atilio Born, Estado, capitalismo y democracia en Amrica Latina , editorial Hiru, Hondarribia 2008.

5 Inmanuel Wallerstein, Enseanzas de Brasil , Diario La Jornada ( http://www.jornada.unam.mx/2009/03/15/index.php?section=opinion&article=026a1mun )

6http://www.rebelion.org/noticia.php?id=74139

7http://www.elmundo.es/elmundo/2009/03/08/internacional/1236518113.html

8Simone Weil Oeuvres , Quarto Gallimard, Pars 1999.

9 ( http://www.elmundo.es/elmundo/2009/02/13/castillayleon/1234555196.html )

10http://www.elmundo.es/elmundo/2008/10/09/suvivienda/1223575875.html

Enlace al original: http://sodepaz.es/index.php?option=com_content&task=view&id=1025&Itemid=1



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