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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-06-2009

Marxismo y Ecologismo

Carlos X. Blanco
Rebelin

La visin evolucionista y dialctica de la Naturaleza y la Historia ha de ser el marco para una visin y una praxis Ecosocialista: la respuesta de hoy al Imperialismo Ecolgico


La teora y la praxis marxistas se inscriben dentro de una Filosofa Natural Materialista, que coincide en gran medida con nuestra actual visin de la Naturaleza y la Sociedad. La visin evolucionista y dialctica de la Naturaleza y la Historia ha de ser el marco para una visin y una praxis Ecosocialista: la respuesta de hoy al Imperialismo Ecolgico.

Ha costado mucho esfuerzo y tiempo devolver a Marx su faz verdaderamente materialista. Este rostro autntico del marxismo incluye la rehabilitacin de un naturalismo dialctico (vide: J. Castillo, La verdadera cuestin terrenal, El Bho, http://aafi.filosofia.net/revista/el_buho/elbuho2/buho3/castillo.htm). La socialdemocracia de la II Internacional, as como el sovietismo de la III, coincidieron en el culto a la tcnica como una especie de panacea universal a los males que el Capitalismo acarreaba a la clase obrera en particular y al mundo en su totalidad. El productivismo del mundo capitalista conducira a otro productivismo, esta vez socialista. Una tcnica ms o menos neutra se pondra al fin al servicio de la sociedad, de la humanidad trabajadora, ya fuere por una gradual aproximacin al estado socialista (enfoque reformista) ya hubiese que implantar ese giro por medio de un acto revolucionario (enfoque revolucionario). La tcnica se entender al servicio del Progreso. La tcnica aparece pues, como instrumento de dominacin de la naturaleza, disponible polticamente y sin cambios sustanciales- para la burguesa o para el proletariado.


1. El Materialismo de Marx: un nuevo humanismo ecolgico.

Tard mucho el marxismo, como decimos, en despojarse del progresismo y de la concepcin neutral de la tcnica. La deuda de Marx y Engels con el darwinismo (no con el darwinismo social), tanto o ms que con una tradicin materialista contemplativa que arranca de Epicuro hasta Feuerbach) es algo digno de ser rescatado del olvido, y entendido en sus justos trminos (J. Bellamy Foster, 2004). La visin materialista y dialctica del mundo y de la sociedad constituy una ciencia alternativa a la reaccin teolgica (y teleolgica) de los sabios del Barroco (p.e. Newton). La continuacin de stos a travs del Positivismo sirvi para orillar al materialismo dialctico, para dejarlo en manos de epgonos escolsticos del marxismo, filosficamente retrasados ante el avance autnomo de las ms diversas disciplinas cientficas. Tuvo que ser la Escuela de Frankfurt, con su crtica a la tecnologa y a la alienacin que el hombre cosificado experimenta respecto a la naturaleza, la corriente que devolvi al marxismo a las preocupaciones verdaderamente humansticas de sus fundadores, entre las que se encuentran, de fijo, aquella que vena referida en los mismos textos de Marx como la cuestin del metabolismo hombre-naturaleza y la problemtica planteada por la industrializacin, creadora de una fractura de dicho metabolismo bsico (vide: M. Lowy: 'Aviso de incendio: la crtica de la tecnologa en Walter Benjamin, http://fundanin.org/lowy3.htm). Marx, lejos de caer en un primitivismo reaccionario o romntico, supo ver el cariz dialctico de la tecnologa. Su cariz irrenunciable, sin embargo, no la convierte en un instrumento ticamente neutro, disponible sin ms en manos de quien polticamente la domine. En concreto, el mismo uso dominador (de la naturaleza, de los obreros) habla de un cierto tipo de tecnologa, que es la que hemos venido conociendo bajo el capitalismo, pero que no es, sin ms la tecnologa. En un contexto de optimismo socialista creciente, de veneracin por los poderes emancipatorios de la tecnologa, figuras como la de W. Benjamin se alzan con precursoras de la crtica ecologista y antimilitarista de la tecnologa, ya habituales hoy sin necesidad de vincularse las mismas al marxismo, pero muy raras en aquellos marxistas del primer tercio del siglo XX, cientifistas y progresistas la mayor parte de ellos, y de entre quienes Benjamin, o Adorno y Horkheimer, constituan una excepcin. La alienacin de la naturaleza expresa perfectamente la alienacin del hombre bajo una sociedad industrial y tecnocrtica, ya fuera esta de signo capitalista, ya lo fuera bajo signo supuestamente socialista (sovitico, o socialismo real, es decir, capitalismo de Estado). Ambas, no eran ms que prolongaciones del programa baconiano de dominar e incluso vejar y violar (sic) la naturaleza, en palabras del filsofo ingls, profeta del capitalismo cientifista y de la dictadura tecnocrtica que ste acaba imponiendo. Como recuerda Lowy (ibd.), la tecnocracia acaba siendo idntica al fascismo.


2. Explotacin de cuerpos y explotacin de suelos. Imperialismo de tipo mediterrneo.

Hoy en da asistimos a una gestin tecnocrtica del mundo, incluida la naturaleza entera. En rigor, este es un proceso que tuvo como punto de arranque el neoltico y el comienzo de la agricultura y ganadera. Hace ms de 10.000 aos comienza una nueva fase de la historia de la humanidad que, pomposamente, ha dado en llamarse Origen de la Civilizacin pero que, sin embargo, consiste ms bien en el Origen de la Explotacin masiva de la Naturaleza, que coincide exactamente con la Explotacin del Hombre sobre el Hombre, a travs de la Esclavitud (Coincido muchsimo con la interesante sntesis que realiza Santiago Gmez Crespo: El Ecologismo Burgus y el Ecologismo Socialista, Rebelin, 07-09-2006, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=37175). En concreto, la aparicin de la Agricultura supone la reduccin drstica de la biodiversidad y el paso previo para una ineluctable desaparicin del arbolado, el agotamiento de los suelos, el espaciamiento de las lluvias y, finalmente, la desertificacin de regiones enteras. El prximo y medio Oriente fueron cunas de la Agricultura y, como se dice, cunas de la Civilizacin. Hoy son desiertos. El relevo lo tomaron, ya en la Antigedad, diversos pases ribereos del Mediterrneo, cuna de las civilizaciones clsicas occidentales (Grecia y Roma). Hasta hoy, la persistencia de viejas prcticas agrcolas va camino de crear nuevos desiertos en aquellas que fueron campias todava frtiles en poca imperial romana. Buena prueba de ello es el sur y el levante de la Pennsula Ibrica. Santiago Gmez recalca la importancia del natalismo en aquellas viejas civilizaciones agrcolas, que yo entiendo a modo de superestructura activa y coadyuvante de una base econmica ultraexplotadora del medio y de los cuerpos humanos. En una economa agrcola al estilo antiguo y mediterrneo no solo se deben esquilmar los recursos naturales (el agua, los nutrientes del suelo, el arbolado) sino tambin las energas humanas puestas a trabajar. Cuando hacen falta brazos, stos han de importarse o criarse. Desde hace dos mil aos se estn criando esclavos, siervos o jornaleros de algn tipo en el sur peninsular, como en otras partes del Mediterrneo. Si estos escasean o huyen a horizontes ms favorables, los terratenientes adoptan polticas esclavistas de tipo importador, creando la ideologa segn la cual Espaa es una tierra de oportunidades, mediante la cual se recluta una mano de obra pauprrima que hunde los salarios habituales de los nativos y encima se hace creer al desinformado pblico que, adems, con ello se le conceden magnnimamente ocasiones para salir adelante.

En efecto, en el mbito global, el natalismo es una ideologa desastrosa para el planeta, por ms que se pueda defender localmente para promover comarcas abandonadas. La presin demogrfica del ser humano es el frente arrasador de la biodiversidad, la verdadera plaga para todas las dems especies de animales y plantas, as como para los factores sustentadores de la vida, como el agua, la atmsfera, el suelo. Las zonas del planeta ecolgicamente viejas, como es por ejemplo el Mediterrneo a cuyo mbito climtico y ecolgico corresponde aproximadamente un 80% de la Pennsula Ibrica- slo aumentan la presin demogrfica por medio de la llamada y reclutamiento de extranjeros (de muy diversa procedencia, africanos, europeos del este, sudamericanos) en atencin a una bsqueda de beneficios privados a corto plazo, en un sector como es el de la agricultura que se basa en el privilegio artificial (puramente poltico) de los pases de la Unin Europea sobre aquellos otros que, poltica y financieramente hundidos, no pueden salir de su postracin agrcola e industrial, con el consiguiente exceso de brazos y falta de oportunidades. Los terratenientes y empresarios agrcolas (pero no slo agrcolas) del Mediterrneo gozan de la ventaja comparativa de adoptar tcticas tercermundistas en un mbito jurdico-laboral que las consiente con buena manga ancha, al tiempo que se benefician de unas tcticas primermundistas al estar ubicados en un Estado como el espaol, miembro de la U.E. que colabora activamente en el subdesarrollo planificado de esos pases americanos, africanos u orientales, con vistas a que su agricultura no se desarrolle suficientemente, pues sus productos no pueden venderse a un precio comparable al de las mercancas muy subvencionadas europeas. Con ello, el primer mundo consigue esclavos muy baratos que acceden a Almera, Huelva, Murcia, Alicante, etc costeando ellos mismos su viaje, llamando por su cuenta a las puertas del empleador. Con ello, el primer mundo consigue reintroducir el esclavismo tercermundista y natalista dentro de sus bien blindadas fronteras, ponindose muy estricto en el aspecto policial-burocrtico (represivo) del problema de la emigracin, pero haciendo al tiempo de su propia capa un sayo en todo lo referente a la inspeccin laboral, seguridad, higiene, dignidad del trabajo, tasa de explotacin, transparencia tributaria, formalidad contractual de los empleos, etc. Es decir, un tercer mundo metido en el primero. Y ello, en una de las regiones de Europa ms desertificadas, ms esquilmadas en cuanto a recursos naturales (que se viene a juntar con las epidemias del Turismo, los Campos de Golf y el urbanismo desbocado), por su ya larga trayectoria agrario-esclavista. La Espaa Mediterrnea es un autntico sumidero ecolgico. La creacin de beneficios privados en pro de unos pocos empresarios negreros y especuladores, que adems son muy malos contribuyentes dadas sus tendencias pirticas nunca exterminadas por la inspeccin estatal, es posible gracias a su condicin sine qua non: la explotacin de la fuerza de trabajo aportada por masas humanas procedentes de otras regiones devastadas precisamente por el proteccionismo agrcola que el Estado Espaol -junto con los dems socios de la Unin ejerce de forma desptica sobre esos pases emisores de mano de obra barata, cuasiesclava. Se repite la misma historia de los tiempos imperiales en la antigedad. Grandes centros de poder y civilizacin con fronteras militarmente bien guarnecidas, reclutan grandes contingentes de brbaros extraliminares cuya explotacin garantiza el mantenimiento de cuotas de ganancia en un medio natural cada vez ms viejo, esquilmado, y dotado de una poblacin ciudadana cada vez ms parasitaria, dependiente del trabajo-basura del extranjero. La Unin Europea es la nueva Roma, pero tambin decadente.


3. Ecologa es materialismo (y viceversa).

Para comprender este tipo de procesos de explotacin simultnea de cuerpos y de suelos. Esta degradacin del trabajador a esclavo, y del ecosistema frtil a un desierto agotado, hay que tomar unas nociones de dialctica. De dialctica materialista.En efecto, creo que deberamos volver a Marx y beber en sus textos, como si de la fuente de un ecologismo verdaderamente revolucionario se tratara.

Habra que enmarcar otra vez la obra de Marx en el contexto del materialismo, pero de un materialismo no contemplativo ni esttico (J. Bellamy Foster, 2004). El materialismo de esa clase arranc con Demcrito y Leucipo y llegara hasta los ilustrados dieciochescos en Francia. El materialismo marxiano (y tambin el de Engels) se inicia con Epicuro, y fue transmitido a la posterioridad por Lucrecio. Es esta base filosfica la que se dialectiza, segn John Bellamy Foster, a travs de Darwin, Engels y el propio Marx. Un concepto central en el enfoque materialista y dialctico acerca de la Naturaleza consisti en la idea de Metabolismo (Stoffwechsel)..

Este concepto, an hoy central en las ciencias biolgicas, ya fue conocido desde comienzos del siglo XIX, en el sentido de intercambio material. Al principio se us slo en un sentido meramente organsmico (a escala bioqumica y fisiolgica), pero al ser ampliado al nivel ecolgico pas a constituirse en la mdula misma de la ciencia del medio ambiente, bajo ropajes y terminologas ms recientes, como son los de la Teora de Sistemas, haciendo referencia a flujos y balances de materia y energa. Por su lado, Marx, como materialista, nunca haba dejado de insertar su concepcin dialctica de la historia dentro de una ms amplia Historia Natural, y supo ver como nadie que las sociedades histricamente dadas deban ser entendidas precisamente en trminos de intercambio material (hoy incluiramos el intercambio energtico bajo esa rbrica general) a mltiples niveles, pero todos ellos subsumibles bajo la dialctica entre estos dos polos: hombre y naturaleza.

Con el capitalismo se agudiza la explotacin que el hombre ejerce sobre la naturaleza, que a su vez es con-causa de la explotacin del hombre sobre el hombre. Esta tendencia ya haba tenido su origen en ciertas regiones del planeta durante el Neoltico, provocando desertizacin y esclavitud. Pero el modo de produccin capitalista aument con creces la fractura metablica, pasando a convertirse la naturaleza (en sus diferentes mbitos, suelo, aire, aguas, etc...) y el propio ser humano, junto con el espacio social que su vida ocupa (las ciudades, los campos) en meras mercancas. El capitalismo valoriza todo lo que puede, incluso aquello que de por s no fue producido como mercanca, y que solamente por obra de las ficciones tpicas del Capital entra a formar parte de su contabilidad (J. OConnor, 1998).

Las condiciones de produccin son aquellos elementos que entran en el proceso de produccin capitalista sin que ellos mismos hayan sido producidos como mercancas. Antes bien, la naturaleza y/o la sociedad los da, por lo que el sistema capitalista los considera elementos gratitos. Tambin ocurre que este sistema les asigna un valor ficticio. Un valor de cambio real no poseen en cuanto que no se ha depositado trabajo en ellos. El sistema hace uso de ellos como si se tratara de recursos ilimitados y no fueran susceptibles de degradacin pero, de hecho, si en su uso no se espera a que los ciclos naturales realicen una reposicin de los mismos, la degradacin (factor cualitativo) y el agotamiento (factor cuantitativo) van poco a poco entrelazndose al sufrir, a la fuerza, una entrada de tales elementos en la economa capitalista. Esta es una economa productora de mercancas que todo cuanto cuantifica (todo cuanto conoce) es mercanca.

El capitalismo es ciego a las no-mercancas. Obligatoriamente, en su propia lgica, no ve y no entiende los objetos no-mercantiles, y para intentarlo, su nica salida es atraparlos en sus crculos viciosos, los del Mercado, los de la mercantilizacin forzosa y artificial. Para ello emplea las ficciones jurdicas y las aberraciones ticas pertinentes pata que tales elementos extraos a la mercantilizacin de la vida puedan penetrar y visibilizarse. Tal es lo que ocurre con el propio ser humano como mercanca. Ya fuere como cuerpo coleccionable y disponible, bajo el rgimen de Esclavitud, ya fuere como cuerpo explotable, esto es, como dispositivo de fuerza de trabajo a activar por horas, bajo el capitalismo, el ser humano entr hace miles de aos en una dinmica de valorizacin, de cosificacin cuantificada.

El individuo se mercantiliza como reservorio de fuerzas, energas, de horas que durante su vida til- pueden ir desplegndose, mucho ms all de su valor amortizable (igual que se objetiva el valor de una mquina, como capital invertido que promete a su dueo un valor extra, una plusvala ms all de su amortizacin). El individuo trabajador, cosificado como esclavo, iba ms all de su condicin de mquina, de fuerza de trabajo esperable y, por ende, ms all del valor extra que ser capaz de producir previsiblemente en su vida til. Su condicin es comn y compartida con la del trabajador asalariado (el esclavo moderno). La diferencia es que en lugar de ser comprado en ste ltimo caso todo su ciclo vital (no ya su cuerpo, sino la vida y la accin de su cuerpo hasta la muerte), por el contrario, va siendo adquirido por el amo (del Capital) por plazos, por entregas fraccionables (de tiempo medido en horas, p.e.). Al aspecto laboral de esta absurda pero real compraventa de seres humanos, hemos de aadir su condicin forzada, obligatoria, de prestador de servicios al amo. Los servicios extra-laborales, como son ofrecer placer, diversin y atencin domstica al amo, slo con gran dificultad terica pueden ser catalogados como trabajos en el sentido estricto, productivo, del trmino. No obstante implicaban e implican- un grado considerable de penosidad, cansancio, dolor y humillacin para los prestadores forzados de tales servicios.

Como Marx destac en El Capital (Marx, 2000), con independencia de cualquier justicia y generosidad del patrn en materia de salarios, el trabajador humano desplegando en la prctica sus fuerzas de trabajo, es capaz de crear valor nuevo en las mercancas producidas, por lo que su amortizacin trasciende completamente a la de una mquina, que es energa muerta que exige ser vivificada por el trabajo vivo. El hecho de que su vida til sea valorizable ms all del mbito de la produccin de objetos con valor de cambio, y se la compre el Capital en tanto que prestador de servicios que la sociedad entiende tambin como dotados de un valor de cambio, difumina a los ojos empricos la distincin entre trabajos productivos y dems servicios. Con ello, las distinciones entre esclavitud y trabajo asalariado se difuminan, pues los servicios (entretenimiento, placer sexual, enseanza) involucran a la persona entera que los presta, aunque se paguen por horas u otro tipo de fracciones. Es la persona en su integridad la que se vende en esa hora de prestacin, sea o no directamente productiva la misma. En cambio, el obrero fordista, en su hora de trabajo inoculaba valor a un producto p.e. el auto- que, a su vez deba realizarse como mercanca, dentro de un mercado en el que el valor de cambio debe contrastarse con otras mercancas (incluido el dinero) que tambin lo debe poseer. Por ello, en una sociedad como la nuestra, donde el sector de los trabajadores improductivos o, por mejor decir, ms alejados de la produccin directa, esto es, de la transformacin de materias primas y energas brindadas por la naturaleza, es donde se puede contemplar un mayor grado de alienacin del hombre, reducido a ser mercanca, y la alienacin del hombre respecto de la naturaleza, obrando como si no la necesitara y las meras relaciones-alienadas- entre humanos crearan riqueza y dieran satisfaccin a necesidades exclusivamente sociales.


4. Marx Ecologista y Filsofo Natural.

El estudio atento que Marx dedic a las obras de Justus von Liebig y a otros expertos en economa agrcola de la poca (p.e. el anti-mathusiano James Anderson) revela la importancia de los asuntos del equilibrio ecolgico en la dialctica materialista de la Naturaleza, de la que todo materialismo histrico forma parte. En contra de las ideas de Malthus y sus seguidores, la ecologa primitiva de esta poca, iniciada realmente por Liebig, Anderson, Engels, Darwin y Marx, era una ciencia dialctica, que slo por su enfoque global (no reduccionista, no mecanicista) y por su nfasis en las contradicciones, revelaba que la fertilidad de la tierra distaba de ser una propiedad absoluta, con unos lmites fijados de antemano e inamovibles. Ms bien la economa natural, vale decir, ecologa, mostraba ya entonces que esa propiedad de la tierra era relativa al trabajo invertido en ella (abonos, drenajes, alternancias, cuidados de toda ndole) que a su vez est condicionada por el nivel de desarrollo tcnico y cientfico que puede serle aplicado en sus mejoras. De hecho, contra Malthus, se deba advertir que la tierra puede aumentar ms su productividad si las mejoras tecnocientficas son correctamente administradas. La renta extra de las tierras frtiles, por tanto, no significaba una suerte de prima o pago por el privilegio que tales tierras favorecidas por la Providencia merecan frente a las menos favorecidas (que tan slo daran, dada su esterilidad, para cubrir gastos). Esta teora malthusiana y ricardiana quedaba desbancada por obras como la de Liebig, Anderson y la crtica marxiana. Obras crticas ya contra un capitalismo depredador, centradas en la idea de sustentabilidad de la tierra, esto es, en buscar la manera de evitar que se rompa el equilibrio fundamental entre hombre y naturaleza. Un equilibrio que se habra roto en la Inglaterra decimonnica al haber desaparecido el ganado, y por ende, el abono que ste poda aportar a los cultivos in situ, sin recurrir a la importacin o al abono producido industrialmente. Para empeorar las cosas, la sobreabundancia de desperdicios que Londres u otras grandes concentraciones industriales y poblacionales generaban, sin el ms mnimo reciclado de los mismos, no haca ms que deteriorar los ros, las costas, y la salud de los propios moradores de este ambiente industrial. Una tierra cuidada debidamente no tendra por qu ejecutar su venganza contra el hombre. Pero la tierra sobre-explotada se vengaba de hecho, disminuyendo su fertilidad, y trayendo enfermedad y muerte al gnero humano. Lo importante era ni fracturar el ciclo biolgico y qumico de su existencia.

En tiempos de Marx, las bases de esta economa natural o Ecologa ya estaban pues, establecidas, y como refuerda J.B. Foster, nada tiene de extrao que fuera en la U.R.S.S. entre 1920-1930 que la Ecologa floreciera, en un contexto intelectualmente abierto a un marxismo todava no dogmtico. La cerrazn estalinista en cuanto a ideas, y el propio productivismo de este estado, bloquearon por completo una Ecologa materialista. Con todo, entre finales del XIX y principios del XX la creencia en los recursos ilimitados era an muy fuerte entre marxistas tanto como entre capitalistas. Ya se conocan destrozos medioambientales considerables, pero circunscritos a comarcas, regiones, a lo sumo, pero apenas se rebasaban los marcos nacionales de anlisis de los mismos. La mentalidad colonialista era la preponderante incluso entre la izquierda, y con ello debemos indicar que muchos lderes e intelectuales pensaban que la extincin local o nacional de ciertos recursos naturales podra compensarse fcilmente con la adquisicin (barata o gratuita) de los mismos en las colonias o neocolonias. Esta mentalidad, que con muy apropiados trminos ha denominado Renn Vega Racismo Ecolgico, no slo no se ha erradicado, como abominacin moral, sino que se ha difundido mucho ms hasta llegar a hoy. [Renn Vega: Las nuevas expresiones del imperialismo en el mundo actual, http://www.nodo50.org/cubasigloXXIcongres004/vega_060404.pdf, y tambin, del mismo autor, El imperialismo ecolgico. El interminable saqueo de la naturaleza y de los parias del mundo, La Haine, 28.05.06, ]http://lahaine.org/skins/basic/lhart_imp.php?p=14920].

En efecto, el Racismo Ecolgico de hoy ha tomado la forma de un Imperialismo Ecolgico que sobrepasa ampliamente la simple y llana depredacin de territorios, culturas, continentes enteros. Esquilmar la tierra y la fuerza de trabajo de los pases colonizados fue el colonialismo clsico que complement la industrializacin interior de los imperios. Ahora, lo que se ha consumado es la divisin del planeta en dos polos, uno rico y depredador, que se cree con todo el derecho a agotar las posibilidades de supervivencia del otro polo, que no slo sufre el esquilmado de sus recursos sino que debe resignarse a quedar convertido en vertedero de los residuos contaminantes en alto grado- que los opulentos no desean. Se ha llegado a producir, en este sentido, incluso un trueque desvergonzado, como seala Renn Vega, consistente en condonar deuda externa a cambio de la aceptacin de residuos.

El imperialismo ecolgico es, en suma, el Imperialismo a secas, la fase imperialista del Capitalismo que corresponde a nuestro tiempo.

La lucha ecologista es, y debe ser, una lucha de clases. En un principio, los marxistas ortodoxos no supieron ver en el movimiento verde un verdadero movimiento con potencial revolucionario, una alternativa al sistema capitalista. Se quiso ver en l un nuevo romanticismo, una utopa generada por pequeo-burgueses de orientacin inicialmente anarquista, nostlgica y contraria al sacrosanto Progreso. Estos marxistas recelosos del ecologismo ignoraban que su propia orientacin, en sus orgenes, tambin haba recibido tales etiquetas por parte de sus enemigos? Hoy, tras la mala experiencia de un ecologismo reformista, pactista, burocrtico e integrado, resulta evidente que sus preocupaciones entran de lleno en la agenda de cuentas urgentes que el proletariado debe pedir al Capital en su proceso revolucionario. Pues es la clase trabajadora, obrera y campesina, la primera vctima del Imperialismo, doblemente sacrificada no ya slo en cuanto que explotada laboralmente, sino en cuanto desahuciada en sus posibilidades mismas de supervivencia y autosuficiencia.


5. Ecosocialismo Revolucionario.

El Ecosocialismo debera ser, pues, un movimiento revolucionario, no una mera marca verde en un programa rojo, o a la inversa. Se tratar, ms bien, de una impugnacin general del Capitalismo. La explotacin del hombre y la explotacin de la naturaleza son dos procesos que se identifican esencialmente. En el mismo frente de batalla hay que plantar cara, como dice Lowy, al ecologismo metafsico y reformista, basados en la propaganda asctica, la llamada a la autocontencin. Escribe Lowy:

...algunos idelogos de la ecologa plantean falsos problemas. Por ejemplo, que la degradacin del medio ambiente es culpa de nuestro consumismo, que cada uno de nosotros consume demasiado, que es necesario reducir el consumo para proteger al medio ambiente. Eso responsabiliza a los individuos y redime al sistema. Es verdad que el consumo de los individuos es un problema, pero el consumo del sistema capitalista, del militarismo capitalista, de la lgica de la acumulacin de capital es mucho mayor. Entonces, en lugar de pregonar la auto-limitacin individual, es necesario llamar a la organizacin para luchar contra el sistema capitalista; esa debe ser nuestra respuesta. (http://www.fundanin.org/lowy.htm).

Vivimos en un ecosistema planetario frgil. Cualquier prediccin realista, ajena a la posibilidad de milagros, nos conduce directamente al suicidio ecolgico. Un crecimiento ilimitado de las fuerzas productivas nos va a llevar a la destruccin de los parmetros fundamentales de toda posible y mnima calidad de vida en el mundo entero. Adems, la imprevisibilidad de los factores superestructurales en un contexto tecnoeconmico (la base material, en el lenguaje marxista) sin frenos, no va a generar otra cosa salvo incertidumbres y agravamientos al ya de por s alocado crecimiento de las fuerzas productivas.

Con este panorama, el marxismo revolucionario debe actuar, y ya. En el contexto decadente del marxismo tradicional, lastrado por el sovietismo y su estrepitosa cada, bien simbolizada por el derrumbe del Muro Berlins, pareca que otras teoras vendran tomando la delantera al programa del socialismo. Desde la dcada de 1970 el ecologismo, al menos en los pases europeos ms avanzados de Occidente, iba imponiendo su tonalidad verde sobre la roja. Pero este verde movimiento bien pronto mostr su cariz reformista, abandonando su radicalismo inicial a cambio de una mayor participacin de sus lderes en los gobiernos y en las nuevas burocracias de la llamada Gestin Medioambiental. Tan solo recientemente, desde el propio marxismo, hemos asistido a tentativas de apartarse del reformismo ecologista (curiosamente, tambin muy cientifista y gradualista, como lo fuera antes el pseudo-marxismo de la II Internacional). Se trata ahora de crear un socialismo marxista que incorpore el cuestionamiento radical de nuestro alocado modo de vida y produccin, depredador y ecocida, dentro de un discurso socialista y revolucionario que detecte en el Capital y en las oligarquas dominantes el responsable verdadero del desastre. Exponente de esa incorporacin de un planteamiento verde radical dentro del enfoque (rojo) socialista, es el Manifiesto Ecosocialista de Michael Lwy y Joel Kovel [http://www.una.ac.cr./ambi/Ambien-Tico/102/ecosocialista.htm].

En el Ecosocialismo se sealan como autnticos responsables de la Catstrofe Medioambiental (y, en el lmite, responsables de la negacin de nuestra supervivencia humana misma, al menos como especie civilizada) al Capital y al Imperialismo depredador que, en esta fase de mundializacin, une la vieja codicia de acumulacin de plusvala a unas inusitadas expectativas de control, dominacin y sometimiento total (que hemos denominado por nuestra parte, Fascismo Global).

En el Ecosocialismo no se quieren hacer concesiones a las tpicas cortinas de humo que, de forma idealista, anhelan una nueva jerarqua de valores o un abandono de nuestro supuesto antropocentrismo aborrecible. Desde el marxismo, la verdadera alienacin humana radica en la explotacin suicida del hombre a cargo del hombre, practicada de un modo tal que supone a su vez su propia alienacin respecto al propio suelo que pisa, a la atmsfera, al agua, en suma, a la Naturaleza entera. En tal sentido, el Ecosocialismo, creemos, debera significar una lucha poltica a brazo partido a favor de las comunidades campesinas del mundo entero, y en particular, del mundo en desarrollo para as proteger solidariamente su soberana como productores-consumidores. Es decir, una lucha poltica orientada a garantizar su autosuficiencia en condiciones dignas as como sus posibilidades de desarrollo humano por medio de la creacin de vas de venta solidaria de sus excedentes, venta directa al margen de las manos asfixiantes de unos intermediarios monopolistas.

Resulta de todo punto esencial que el Ecosocialismo no se transforme en una nueva marca propagandstica, en una nueva mixtura de dos sensibilidades, como ahora se dice, creada con el nimo exclusivo de captar votos a favor de partidos verdes tirando a rojos, o rojos teidos de verde. Para que sea un movimiento de veras revolucionario hace falta, como subraya Lwy, que represente a ojos vista de todo el mundo, una Nueva tica, y por ende, una Economa Poltica de marcado acento tico [Vase A. Lund Medina: Ecosocialismo o neobarbarie, Rebelin, 10-02-07, ]http://www.rebelion.org/noticia.php?id=46712].

Para los partidos obreros, y dems fuerzas populares, la integracin de las problemticas medioambientales, as como las que conciernen a la soberana alimentaria y la autosuficiencia productiva (inseparables recprocamente) resulta una prioridad no ya factible, sino cada vez ms imprescindible, vistas las tendencias que el Capitalismo en esta nueva fase llamada Globalizacin est exhibiendo da tras da. Difcilmente vamos a salvar el mundo si no sabemos apoyar las luchas locales, regionales, campesinas, etc. , que consisten en salvar el propio suelo que los seres humanos pisan. Salvar el suelo y el entorno como parte de su concreta resistencia tenaz contra el proceso de la Mundializacin, promovido por el Capital.

Porque hay que reconocer que el Capital no puede ejercer su imperio sin realizar un colonialismo de nuevo cuo, consistente en una mayor y ms profunda subordinacin de pases y regiones continentales enteras a sus centros de acumulacin de plusvala, que suelen coincidir con los centros de consumo megalmano y despilfarrador. De este modo, la mayor parte de la humanidad, as como la inmensa mayor parte del territorio planetario van cayendo ms y ms, en picado, bajo las garras de los monopolistas de la produccin. Estas pocas empresas reducen de forma brbara y artificial toda oportunidad de desarrollo endgeno de pases y regiones continentales, para lo cual hacen uso del terrorismo puro y duro. Un terrorismo realizado a travs de medidas de presin y represin, que pasan desde la accin financiera-punitiva de organismos internacionales como FMI, OMC, BM, hasta derrocamientos de gobiernos, financiacin de dictadores y (para)militares, y creacin artificial de grupos opositores a los gobiernos progresistas y socialistas. Los estados empobrecidos, reducidos a ser colonias, nuevamente, no ya de un estado europeo concreto, o de los EEUU, sino de su personificacin colegiada y abstracta, el crudo Capital, no pueden hacer otra cosa que ir reduciendo sus posibilidades de vida civilizada. Su poblacin, por debajo del nivel de la proletarizacin, se ve reducida a la ms indigente esclavitud. Su naturaleza, en cuanto objeto de la ultraexplotacin y depredacin, va desapareciendo por medio de la deforestacin, la desertificacin, la reduccin drstica de su biodiversidad, la contaminacin y, en todo caso, la incapacitacin de aires, suelos y aguas para una vida humana de sus respectivos pobladores autctonos en lo sucesivo.

Si ya los mtodos tradicionales de los imperialistas y colonialistas del siglo XIX y XX fueron brutales, basados en la concepcin militarista de la vida, as como en el etnocentrismo racista de la supremaca civilizadora del hombre blanco sobre los dems pueblos de la tierra, ahora en el siglo XXI el neocolonialismo y el neoimperialismo del Capital toma al planeta entero como un bien fungible de entera disposicin para unos escasos y selectos centros acumuladores y al tiempo, despilfarradores de plusvala sobrante. El resto del mundo, descapitalizado, se ve en la tesitura de existir cada vez ms des-naturalizado. Es decir, que adems no recibir devuelta en forma de capital redistribuido una parte de esa plusvala excedentaria, cosechada gracias a la baratura del trabajo tercermundista y a la casi gratuidad de los recursos naturales esquilmados por y para el Capital, esos pueblos van perdiendo los valores de uso fundamentales que hacen posible la continuidad de la vida, la salud, la dignidad: el agua, el aire, el suelo, el arbolado, etc. Que lo debe permitir una masa humana, que as se deja explotar, as como robar y exterminar, slo es explicable por medio de la creacin ao tras ao- de un rgimen de terrorismo de estado, de imperio, que gracias al perfeccionamiento de sus medios tcnicos de control, va ganando en lo que constituye la quintaesencia del control asimtrico, desigual, de una pequea parte sobre el todo: el sometimiento y la dominacin tendencialmente absolutos. Esto es lo que constituye el fenmeno del Fascismo Global.

Lwy propone el Ecosocialismo como convergencia de dos posiciones radicales, cada una por derecho propio. El marxismo no productivista, por un lado, y el ecologismo radical, por el otro. El cuestionamiento de un modelo productivista ha de ser aplicado tanto al Capitalismo triunfante de hoy en da como a su supuesta alternativa, el ya desaparecido socialismo real. El progresismo compartido por estos dos modelos lleva a la perdicin misma de los parmetros de la posibilidad de existencia de la vida, o al menos de una vida civilizada, a corto plazo. Los gestores de la economa planificada, en rigor, de un Capitalismo de Estado, no menos que los economistas del supuesto mundo del Libre Mercado (no menos Planificado que en el comunismo, por cierto) compartan ms ideas en torno al desarrollo, de lo que se quera reconocer. A partir de los 70, fueron tanto los marxistas no dogmticos y antisoviticos, como los ecologistas ms radicales, con importantes precedentes en la Escuela de Frankfurt, cuando se empez a ver esa afinidad entre los dos bloques. El cariz ecocida de ambos. El crecimiento era el objetivo por el cual en ambos bloques deban darse los mayores sufrimientos y sacrificios de cuerpos y vidas humanas as como de ecosistemas. Medioambiente, calidad de vida, felicidad todo se sacrifica por el crecimiento. La tica asctica prevaleciente era en el fondo la misma, tanto si miramos al bloque occidental como al sistema que se dio en el oriental. Nos parece muy interesante que Lwy haga mencin expresa de una tica Ecosocialista. Deberamos entenderla como una alternativa y una impugnacin radical de todo el ascetismo desarrollista. Se tratar, como afirma este autor en el escrito Por una tica Ecosocialista [http://www.geocities.com/Athens/Bridge/8651/ecosocialista.html], de una tica social, no de una moralidad individualista (vale decir, autoinculpatoria, y por ende, igualmente asctica). El problema del ecologismo metafsico, no socialista, consiste en que sigue prisionero del ascetismo de nuestro mundo burgus. En lugar de tomar como objeto el ahorro de dinero, esta vez el ecologismo metafsico es decir, individualista- elige como objeto a ahorrar los recursos naturales y el propio consumo.

El capitalismo clsico experiment, de fijo, una transformacin en cuanto a la tica asctica predominante. El siglo XIX, en lneas generales, se podra definir por la asctica ahorrativa de una burguesa auto-contenida en el consumo. Era una burguesa austera en el consumo y expansiva en su inversin productiva, una clase vida por acumular capital reinvertible en nuevas empresas de negocios. Con todo, ya Marx, y posteriormente Th. Veblen, se haban encargado de matizar ese mito, subrayando la necesidad de que una clase ociosa agotase una parte no desdeable de la plusvala excedente (no reinvertible en la produccin), aplicndola a todo un aparato suntuario que, funcionalmente, nunca deja de resultar rentable ms all del beneficio psicolgico hedonista. Lujo suntuario rentable en trminos polticos y etolgicos: consolidacin del Poder, intimidacin, deseos de emulacin, majestuosidad y distancia. Esos y otros efectos se ejercen sobre las clases inferiores. Si adems aadimos que el Aparato Suntuario (palacios, criados, coches, fiestas, objetos de arte...) lo desarrolla una burguesa siempre proclive a las manas aristocrticas que incluyen un gradual abandono de sus funciones productivas, siquiera sea en la forma de inspectores y gestores polticos de la produccin sobre la que poseen derechos en virtud de su condicin de titulares jurdicos de la propiedad privada industrial, nos iremos acercando a una visin ms realista de la burguesa consumista -hasta extremos despilfarradores en trminos medioambientales- de la actualidad. Esta burguesa, ms numerosa hoy, y ms parasitaria en cuanto a su detentacin del control directo de los mecanismos de produccin, lleva la voz cantante en cuanto a consumo alocado y despilfarrador, del que estn siendo vctimas las masas populares de todos los continentes.

El comunismo, es decir, el triunfo de las masas explotadas y vctimas del expolio de un mundo habitable, es el nico sistema capaz de pararle los pies al Fascismo Global y depredador, ecocida.


6. Etica y Ecofilosofa no cientifistas. La dialctica materialista.

Una Ecologa no cientifista, no es otra cosa que una Filosofa Natural Materialista, acorde con los conocimientos cientficos de nuestra poca. Estos conocimientos atestiguan la precaria posicin que los seres humanos ocupan en el planeta mientras siga vigente el modo de produccin dominante, el Capitalismo. La Ecologa, desde los fundamentos estudiados por John Bellamy Foster (Darwin, Marx, Engels, Haeckel, los eclogos soviticos...) en rigor es una Biologa General o una Filosofa Natural. La historia de la especie humana se ha de entender como una evolucin social, histrica, que se injerta plenamente en la evolucin natural de las especies, del planeta, del cosmos. Marx lo supo ver perfectamente. La Historia social y la Historia natural tienden a unificarse tanto en el mbito ontolgico como en el epistemolgico. En el mbito ontolgico, debido a que una especie en particular, la humana, lleg a alcanzar el mximo poder causal de modificacin de las condiciones envolventes de su propia evolucin natural. De esa manera la propia evolucin de la vida terrestre llega a quedar condicionada por la evolucin reciente de una de sus especies (especialmente es as en los ltimos 10.000 aos). En el mbito epistemolgico, debido a que esta misma especie humana, precisamente, ha unido su capacidad de control (y, crecientemente, de sometimiento y dominacin) de la naturaleza a una capacidad de conocimiento de las relaciones legales que se da en la misma. En el fondo es indisociable el control de la naturaleza y el conocimiento para la eficaz actuacin sobre la misma. Lejos de darse un dualismo entre la dialctica de la naturaleza y la dialctica de la historia, hay que constatar que ambos planos son histricos, se tratada de procesos dialcticos histricos ambos, cada uno tomado en si mismo, y adems, procesos entrelazados mutuamente, una trabazn tambin histrica. Vemoslo por medio del siguiente esquema.

Dialctica de la naturaleza = Historia natural, de la que naturalmente surge la Historia humana.(N). Se trata de un proceso internamente histrico, evolutivo.
Dialctica de la historia = Historia natural de los modos de produccin en el ser humano.(H). Se trata de un proceso que no deja de ser natural e internamente histrico, evolutivo.
Entrelazamiento entre H y N = l mismo es Histrico, es decir, se trata del proceso de surgimiento de H a partir de N.

De cierto, siguiendo a J. Bellamy Foster, no hay para Marx resquicios de espiritualismo (en el fondo, dualismo) entre ambas formas de dialctica, que se subsumen en una, ms general y de fondo, que constituye el objeto para el Materialismo Filosfico. La mala dialctica es aquella que pretende ser establecida entre la materia y la cultura (o espritu, las ideas, los valores), como por ejemplo entre una base y una superestructura, entendida sta de forma idealista. La dialctica marxista consiste en una evolucin o surgimiento de y a partir de trminos, relaciones y operaciones intrnsecamente materiales. Los sujetos son los verdaderos agentes productivos de nuevos estratos de materialidad cuando ellos poseen capacidad operatoria, como ya acontece con muchas especies animales y el hombre.

Se tratar de adoptar una visin tica inmanente a una concepcin materialista de la naturaleza y de la historia. En efecto, si le Ecologa es el materialismo filosfico centrado en la Biologa General, la Filosofa Natural en la que se inscribe la praxis revolucionaria, el Ecosocialismo es el enfoque tico que se extrae de esa filosofa. Como escribe Gustavo Fernndez Coln (Ecosocialismo: devastacin capitalista o nueva civilizacin, Rebelin, 17-11-2005, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=22838): Es en este trance donde el Ecosocialismo emerge como expresin poltica de una tica global, centrada en la responsabilidad compartida de preservar la continuidad de la vida sobre la Tierra, mediante la seleccin de patrones tecnolgicos y energticos respetuosos de la salud del hombre y la naturaleza. Una tica que salvaguarde el derecho inalienable de los pueblos a escoger su propia senda de desarrollo en concordancia con los saberes ancestrales y las identidades culturales autctonas. Una tica que haga posible la construccin de un nuevo orden econmico internacional equitativo y solidario, donde la pobreza, la exclusin y la guerra fratricida se conviertan, ms temprano que tarde, en vestigios de una etapa histrica superada por la humanidad.

La tica materialista, inscrita en y deducida del proyecto general de una Historia Natural en clave dialctica y materialista, como la barruntaron Marx, Engels y Darwin, es ante todo ante la gravedad de los acontecimientos- una tica de la supervivencia de la especie humana y de las dems formas de vida planetarias. Hoy, ms que nunca, la lucha revolucionaria no es slo una lucha por la emancipacin. Es una lucha por la supervivencia.

Bibliografa:

BELLAMY FOSTER, J. (2004): La Ecologa de Marx. Materialismo y Naturaleza, El Viejo Topo, Barcelona.
MARX, K. (2000): El Capital. Crtica de la Economa Poltica. (3 vols.) Fondo de Cultura Econmica, Mxico, D.F.
OCONNOR, J. (1998): Is sustainable capitalism possible?, en Natural Causes. Essays on ecological marxism. The Guilford Press, Nueva York, Londres.
POLANYI, K. (1944): The Great Transformation, Farrar y Rinehart, Nueva York.



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