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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-07-2009

La revista El Viejo Topo analiz as sus treinta aos de existencia (I de III)
Resurreccin en el desconcierto

Miguel Riera
El Viejo Topo


Al llegar a este texto, el lector que no haya conocido la primera etapa de El Viejo Topo se habr hecho ya una idea cabal de lo que quiso ser esta revista. No abundar, por tanto, en ello; s, en cambio, me referir a su crisis, su desaparicin y su posterior reaparicin.

A mediados de 1978 era evidente que las cosas haban cambiado: la esperanza de una ruptura democrtica que condujera al socialismo se desvaneca por momentos. Aprobada a finales de octubre de ese ao, la Constitucin reflejaba ese desvanecimiento: reinstauraba la monarqua, mantena la bandera heredada del franquismo sustituyendo, eso s, el aguilucho imperial y sealaba al ejrcito como garante de las esencias patrias.

Era ya evidente en ese momento que el PSOE, un partido prcticamente inexistente cuatro aos antes, iba a ser quien iba a disputarle el poder a la derecha en el futuro, y no el PCE, a pesar de que haban sido los comunistas, en el PCE, PSUC y en otras formaciones ms a su izquierda, los que haban sostenido durante dcadas la lucha contra la dictadura, arrostrando sacas y fusilamientos primero, y miles de aos de crcel despus. La izquierda entraba en crisis; una crisis que se desboc en lo terico (crisis del marxismo) y en lo prctico (crisis de la militancia). Una crisis que llev al PSOE, hbilmente chantajeado por Felipe Gonzlez, a suprimir la palabra marxismo de sus estatutos en mayo de 1979.

Una crisis de tal envergadura forzosamente tena que repercutir en el seno de El Viejo Topo . Hasta entonces, la decisin de publicar o no determinado artculo por parte de los tres co-directores, Josep Sarret, Miguel Barroso (incorporado a la direccin tras el suicidio del querido y aorado Claudi Monta) y yo mismo, se haca en un clima de tolerancia y amistad. Rpidamente se llegaba al consenso. Pero, repentinamente, ese clima se esfum. Las reuniones se tornaron crispadas, desagradables. La razn? En mi opinin, porque se perfilaba ya en el horizonte la llegada al poder del PSOE, y la oportunidad de una importante proyeccin personal de las personas que estaban alrededor de la revista, que poda constituirse en una eficaz plataforma para la promocin personal. El asunto estall a finales de 1979, cuando Miguel Barroso intent hacerse con el control total de El Viejo Topo utilizando mtodos que avergonzaran a cualquiera. Una asamblea de urgencia impidi la operacin y Barroso desapareci de la revista, pero las heridas fueron profundas: Sarret se refugi en la empresa privada, tras un periodo en que ejerci la direccin del semanario El mon , y yo abandon el proyecto, en 1980, para fundar una revista literaria, Quimera , que an hoy sobrevive. A Pep Subirs le cay el marrn de seguir publicando El Viejo Topo , en una situacin econmica difcil y difcil tambin desde el punto de vista poltico, con el PSOE cooptando como un potente agujero negro a la mayor parte de la izquierda de este pas. Los esfuerzos de Subirs fueron infructuosos, y ste decidi cerrar la revista en 1982, fundamentalmente por razones econmicas, para pasar a la rbita del PSC de la mano de Xavier Rubert de Vents y acabar como asesor de Pasqual Maragall.

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No estar de ms darle aqu un par de vueltas a lo que signific entonces la imparable ascensin del PSOE hacia el poder, que efectivamente alcanzara a nivel nacional en 1981, tras obtener una importante cuota del poder municipal en 1979.

El PSOE apareci de la nada y con claras perspectivas de llegar al gobierno, por lo que su necesidad de contar con cuadros preparados era imperiosa, as que abri sus puertas y se produjo una fuga masiva de cuadros desde el PCE, el PSUC y la extrema izquierda hacia sus filas. Algunos de ellos acabaron,incluso, siendo ministros.

Ahora resulta fcil interpretar y criticar ese enorme corrimiento, pero en la poca las cosas no estaban tan claras. Por una parte, muchos cremos ingenuamente, por lo menos inicialmente, que, a pesar de todos los pesares, el PSOE estaba por una transformacin profunda de la sociedad. Una transformacin que se ha producido desde el punto de vista civil (divorcio, aborto, paridad, homosexualidad, etc.) pero que por desgracia no ha abordado en absoluto los aspectos econmicos, o como decamos antes, el asunto de la base material y de la propiedad. La palabra socioliberalismo no se utilizaba, ni sabamos nada de la Tercera Va, enfrascados como estbamos en tratar de vislumbrar los caminos que conducan a la revolucin mundial. Por otra parte, el PC de Carrillo estaba desactivando todo lo que haba de movilizado en la sociedad civil, y haba firmado los Pactos de la Moncloa, adems de haber renunciado a la ruptura. Para rematar el cuadro, la izquierda de la izquierda estaba en plena descomposicin.

No es extrao, pues, que en medio de ese terremoto de rapidsimos cambios polticos hubiera quien pensara, tambin ingenuamente, que lo que no se poda hacer desde fuera podra hacerse desde dentro. Es decir, que incorporndose al PSOE y desde un cargo pblico podra ayudarse a la emancipacin y la transformacin de la sociedad. Por supuesto haba tambin, como sucede ahora con algunas incorporaciones a la vida poltica, quien en ese trnsito al PSOE vea slo una salida personal, profesional, a su vida, una forma de adquirir prestigio, poder o simplemente un buen sueldo.

Fuera como fuese, lo cierto es que la inmensa mayora de las personas que participaron en el primer proyecto de El Viejo Topo fueron a parar a las filas del PSOE; algunas, como Miguel Barroso o Miguel Gil, en puestos de gran responsabilidad. Por si fuera poco, la maquinaria de PRISA tom cartas en el asunto, y gentes que fueron muy importantes en el Topo , como los propios Barroso y Gil, o Joaqun Estefana, acabaron incrustados en la cpula de la gran empresa meditica. Slo unos pocos permanecimos al margen.

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Y as, como canta el bolero, as pasan los aos. No existe ya el Topo , ni ninguna otra revista que pudiera sustituirlo. No existe Triunfo , ni Cuadernos para el dilogo ; sobrevive a duras penas alguna revista terica, como mientras tanto , y poco ms. Estamos a mitad de los ochenta, en plena movida madrilea , una fantasmada que se pretende al tiempo contracultural y cultural, y unas cuantas cosas ms, pero que en realidad est completamente vaca. Y llegan los tiempos del posmodernismo, del pensamiento dbil , de minimalismo (rebautizado como realismo sucio). Es una poca en la que el ministro de Hacienda Carlos Solchaga (socialista) se permite decir que en Espaa cualquiera puede enriquecerse, defendiendo los sbitos pelotazos que empiezan a proliferar. Hay lo que hay, ser el lema socialista. Gestionar lo que hay, la buena gobernanza. Hay que enterrar las utopas, hemos llegado al fin de la historia.

Pero est el GAL. Y la corrupcin. Al principio nos negamos a creerlo. El partido de Pablo Iglesias, metido en terrorismo de Estado? Embolsndose los dineros de los fondos reservados? Creando empresas ficticias para financiarse a travs del erario pblico? No poda creerse. Pero poco a poco se impuso la evidencia: haba terrorismo de Estado. Y haba corrupcin. Los nuestros ya no eran de los nuestros, si es que alguna vez lo haban sido.

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Ante ese panorama, al que haba que agregar las distintas tragedias allende nuestras fronteras (primera guerra del golfo, inicio de la desintegracin de Yugoslavia, siempre Palestina...) qu hacer? En situaciones de crisis, cada uno debe hacer lo que pueda, lo que sabe. Lo nico que podamos hacer nosotros, los que nos habamos quedado al margen, era resucitar al Viejo Topo . Habamos acumulado suficiente bilis como para intentar reemprender la aventura. Contbamos con la indignacin, con la energa, con las ganas. Pero no contbamos con dinero. As que nos pusimos a buscarlo.

Y no fue fcil. Recurrimos a personas de izquierda que sabamos adineradas. Obtuvimos promesas firmes, que se evaporaron justo el da anterior a la firma ante notario de los compromisos adquiridos. Tambin rechazos: qu pretendamos con querer resucitar ese viejo espectro, ahora que la revolucin no era ya objetivamente ms que una entelequia? Desanimados, abandonamos la idea de seguir llamando a las puertas de la izquierda acomodada.

De modo que unos cuantos (Esther Ma, Elisa Nuria Cabot, Jordi Dauder, Jos Sanchs Sinisterra, Ernesto Fontecilla, Enrique Helguera y Santiago Palacios) aportaron lo que buenamente pudieron y, en 1993, en aquel invierno de nuestro desconcierto, resucit El Viejo Topo .

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Pero, qu hacer? Cmo satisfacer, desde una revista previsiblemente minoritaria, la necesidad de ofrecer una informacin alternativa? Hay que tener en cuenta que, en ese momento, Internet no era ni la sombra de lo que es hoy, y que la opinin dominante se corresponda casi exactamente con la opinin publicada. Cmo abrir brecha en los quioscos, desde una revista con un nico redactor, Xavier Gir, por mucho entusiasmo que ste pusiera en su tarea y puso mucho? Si los tiempos han cambiado, deberan cambiar los contenidos, pensarse una revista diferente , aun con una intencionalidad que no objetivo semejante? Preguntas vanas: como siempre, es finalmente la realidad la que impone objetivos, diseos, contenidos, estructura, posibilidades.

As, dos meses despus de la resurreccin de la revista, la realidad converta nuestras pesadillas en nuevos sueos: en unas remotas montaas del sur de Mxico surga el zapatismo, y lo haca con un discurso nuevo, sugerente, esperanzador. No era verdad que la historia hubiera llegado a su fin, por lo menos no en aquellas tierras. Y tampoco en estas.

Siempre con una aplastante precariedad de medios, la revista fue abrindose paso entre los lectores, recuperando a algunos ya canosos y tratando de interesar a otros mucho ms jvenes. Ya sin Gir, sin redaccin, siempre sin medios, el Topo ha seguido estando cada mes en los quioscos, tratando de proporcionar elementos para pensar la realidad desde un punto de vista diferente. Una realidad en la que no han dejado de pasar cosas: cuando pareca que la derrota de la izquierda, en su versin eurocntrica, era definitiva, surgi Seattle, y despus el Foro Social Mundial. La contrainformacin est ahora al alcance de cualquiera, y conceptos y entidades que antes obtenan un respeto universal (globalizacin, Banco Mundial, Fondo Monetario, OMC, etc.) han sido desenmascaradas y ya no hay nadie, en la izquierda, que pueda llamarse a engao. Tampoco en la derecha, claro: son los autores del engao.

Me gusta pensar que El Viejo Topo ha contribuido un poquito a ese desenmascaramiento. Humildemente, entre otros muchos agentes de la contrainformacin. Haciendo cada uno lo que puede. Entre todos hemos hecho que reaparecieran en los grandes medios palabras antes prohibidas: capitalismo , por ejemplo. La historia, definitivamente, no haba llegado a su fin.

Hemos cubierto una etapa. Pero no es suficiente. Como alguien dijo en Porto Alegre: debemos pasar de la protesta a la propuesta. Debemos ayudar a convertir en poltica esa reaccin rebelde que irrumpe de uvas a peras, mostrndose a veces en toda su magnitud, como ante la invasin de Iraq.

Claro que no es fcil formular propuestas. Ni es fcil transformar en poltica el desasosiego de tantos. Probablemente estamos en un cambio de poca del que no podemos ser totalmente conscientes. Probablemente el sujeto poltico capaz de afrontar ese cambio desde la izquierda y con posibilidades reales de transformar el sistema, est por inventar. Probablemente.

Se puede, desde una revista, ayudar a que se formulen esas propuestas, a que se construya ese sujeto? S, en la medida en que se ayude a develar la realidad, en sentido profundo. S, en la medida en que ah se levante el velo de las razones ltimas (polticas, geoestratgicas, econmicas...) que suelen estar ocultas tras la demagogia y la mentira. S, en la medida en que la revista, que no es ms que la suma de las opiniones y propuestas de los que colaboran en ella, intente seleccionar, obviamente dentro de sus posibilidades, lo ms novedoso, lo ms creativo, lo ms radical (es decir, yendo a la raz del asunto) que la sociedad produzca.

Eso ha hecho, en esta segunda etapa de su historia, El Viejo Topo . Lo que, con mayor o menor xito, ha intentado. Lo que pretende, mes a mes, desde sus pginas. Con toda la modestia del mundo, y tambin con toda la impertinencia. Mirando lo que pasa en casa y lo que pasa fuera. Siguiendo los surcos que trazan los nuevos movimientos sociales. Denunciando una y otra vez los imperialismos (pues no hay uno slo, por ms que ese uno que todos tenemos en la cabeza sea ultrapotente). Observando con esperanza los cambios que irrumpen a Amrica Latina. Preocupndose por el dolor y la muerte, all donde acontezcan. Incorporndose a las nuevas tecnologas (en la web www.elviejotopo.com el lector hallar un buen puado de artculo). Profundizando lo tratado en la revista a travs de una creciente labor editorial.

El viejo topo cava y cava. Hoza y hoza . El Viejo Topo trata de imitarlo. El viejo topo cualquier da, en el lugar menos pensado, asomar la cabeza. El Viejo Topo trata de hacerlo cada mes.

Aunque hace ya treinta aos que se produjo la primera cita, el compromiso contina.



Este texto procede de:

EL VIEJO TOPO. TREINTA AOS DESPUS, Antologa facsmil a cargo de Jordi Mir de textos publicados entre 1976 y 1982.
Prlogo de Francisco Fernndez Buey. Eplogo de Miguel Riera, 320 pginas, 35 (2007).


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