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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-07-2009

Carta dentro de la campaa Ruido con Cultura de la plataforma Salvem el Cabanyal
En la vida real

Beln Gopegui
Rebelin


Estimada Ministra de Cultura:

Las pelculas de especulacin urbanstica son casi un gnero. Un edificio, una casa, o un barrio construido y habitado con dignidad va a ser arrollado por la codicia de unos cuantos personajes sombros que apenas aparecen a lo largo de la historia. Pongamos una de los aos ochenta: Nuestros maravillosos aliados. Los inquilinos de una casa en ruinas dan cobijo y cuidan a unas criaturas extraas, pequeas, especie de platillos volantes con vida y con cualidades que les permiten enderezar un hierro viejo o arreglar una tostadora. Entretanto el inmueble est amenazado y sus habitantes, con vidas rotas como todas las nuestras -pues quin, desde estos rdenes no anglicos, podra responder honesta y afirmativamente a la pregunta va todo bien?-, no tienen contactos, capital, nada con que enfrentarse al abuso y expolio.

Un da, los pequeos platillos llegados de otro mundo aprenden a volar y dejan el inmueble. Los inquilinos les ven partir mientras se adaptan al derrumbe, se dispersan, ceden sueos que haban mantenido contra viento y marea en un rincn. Todo parece perdido, todo est en realidad completamente perdido sin que nos hayamos ido dando cuenta de hasta qu punto la derrota era inminente. Vencen los plazos, llegan las mquinas, van a demoler la casa en cuanto amanezca. Pero entonces, como debe ocurrir en las pelculas, poco a poco aparecen en el cielo no slo tres o cuatro pequeos platillos sino decenas y luego centenares de ellos, arreglan la casa, los vecinos que se haban dispersado acuden y, entre todos, logran impedir la demolicin.

Ya s, es una pelcula, en la vida real no hay platillos que pasen un haz de electrones por los hierros retorcidos y los enderecen, o que puedan reconstruir una casa en una noche. En la vida real, sobre todo, hay presiones, llamadas telefnicas, inversiones, pactos, y una inercia que busca no acumular problemas, que todo siga su curso, que nada cause perturbacin.

Los habitantes del barrio del Cabanyal llevan aos aprendiendo a causar perturbacin y a hacerlo sin poder, sin infraestructuras, sin empresas detrs. Los habitantes del Cabanyal tratan de igualar a los dos contendientes de la partida para que no parezca que slo contrariar a un lado causar problemas. Para que no de igual que se acabe con las comunidades formadas por gentes y casas de las que, se dira, no que tienen historia sino que estn viejas, no que tienen belleza sino que son poco rentables a corto plazo. Los habitantes del Cabanyal tienen ganada la partida de una de esas pelculas de antes pero lo que necesitan es la pelcula de ahora, la que se escribe en medio del cinismo, la crisis y el slvese quin pueda.

Los habitantes del Cabanyal han sabido unir el arte, la resistencia y la participacin ciudadana. Y tienen muchos aliados y aliadas que tal vez no sean maravillosos pero que contarn all donde vayan que hay un barrio, uno ms, que resiste, que pregunta, que quiere saber "por qu los ciudadanos tenemos que consentir que se tomen decisiones polticas que nos afectan directamente sin contar con nosotros". Ahora, despus de muchos recursos, despus de la insistencia, una sentencia del Tribunal Supremo afirma que el Ministerio de Cultura debe pronunciarse, debe decidir si entiende o no que el Proyecto del Ayuntamiento de Valencia que afecta al Cabanyal, declarado Bien de Inters Cultural en 1993, es o no un expolio del Patrimonio Histrico Espaol. A veces las cosas pueden ser como en las pelculas. A veces deben serlo. No slo por justicia ni por sentido comn. No slo porque si el poder de un ministerio no logra parar la destruccin, entonces qu sentido tiene. No slo por eso. Tambin porque son malos tiempos y, en ellos, el que esta historia acabara bien sera un comienzo, sera contar que los gobiernos no estn a verlas venir, no est para hacer lo menos malo, no estn para excusarse en que los otros lo habran hecho peor. Estn, o podran, o deberan estar para apostar y decidir, para invertir una tendencia, para que cuando todo se desmorona y lo desmoronan, alguien diga: aqu hay expolio, y lo vamos a parar. Se trata de aprender, se trata, al fin, de establecer relaciones diferentes.

Quienes apoyamos al Cabanyal sabemos, como tambin sus vecinos lo saben, que hay muchos ms casos de especulacin urbanstica donde se han puesto los beneficios a corto plazo de unos pocos, por encima de la respiracin de un territorio que debe sobrevivir para las generaciones venideras. Pero apoyar al Cabanyal, apoyarse, en formulacin de Santiago Alba, en el Cabanyal, es pensar, todava, que la resignacin no es un valor, que la poltica tiene sentido. Es confiar en que hay un momento -y nunca nadie ha sabido decir cul es exactamente, ni por qu se produce, qu lo determina-, en el que quienes iban a marcharse se quedan quietos, y luego dan la vuelta, y avanzan y se apoyan los unos en los otros, y el espectador se emociona; entonces, puede ser en el Cabanyal o en cualquier otro sitio, aparece un campamento base, un pequeo lugar inexpugnable donde empezar a agruparse otra vez.

http://www.cabanyal.com/homecastellano.html


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