Portada :: Amrica Latina y Caribe :: Masacre en Per. Junio 2009
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-07-2009

Crnica desde Bagua, Per
Atacaron como si fuera una guerra

Carlos Noriega
Pgina 12

Los indgenas tienen miedo de hablar, pero cuando lo hacen cuentan que cuando el ejrcito atac ellos estaban desarmando el piquete y que despus de la matanza, un helicptero hizo varios viajes para recoger los cadveres.


Para llegar a la comunidad aguaruna de Yamayaca, un poblado de 300 personas, hay que viajar tres horas en camioneta por una pista de tierra mal afirmada que parte de la ciudad de Bagua y se interna en la selva y luego cruzar el ro Maran, afluente del Amazonas, en una canoa o en un pequeo bote de madera, llamado peque peque por el ruido que hace su lento motor. Los aguarunas pertenecen a la familia tnica de los jbaros. Su territorio tiene 22,700 kilmetros cuadrados y 60 mil pobladores. Las comunidades ms alejadas estn a cinco das de viaje desde Bagua, ciudad de 75 mil habitantes que est a mil kilmetros al noroeste de Lima. En la calle de tierra que cruza Yamayaca, donde dos nios juegan al ftbol pateando una lata, encontramos a Bacilio Dekentai. Nos dice que tiene 40 aos y cuatro hijos y que vive de su chacra. Como en todas las comunidades aguarunas, lo que se siembra ah es pltano y yuca, los dos alimentos bsicos de la dieta de los nativos, y un poco de cacao y caf. La lluvia ha convertido la calle en un lodazal. Los nios que jugaban han desaparecido.

Despus de muchas dudas, Bacilio accede a contarnos lo que vio durante el cruento operativo policial para desalojar a los indgenas que bloqueaban una carretera en las afueras de Bagua, en la zona llamada la Curva del Diablo, exigiendo se derogue una serie de leyes que facilitan el ingreso de las transnacionales a su territorio. Nos atacaron como si estuviramos en la guerra. El ataque comenz antes de las seis de la maana. Los primeros disparos vinieron de un cerro. Como mil subimos al cerro pidiendo que no disparen, pero no nos hicieron caso. Estbamos desarmados porque nuestro paro era pacfico. Disparaban a matar. Haba muchos muertos. Yo vi cuando mataron a dos heridos que estaban en el suelo. En medio de la balacera, Bacilio se escondi en la parte alta del cerro. Asegura que desde ah vio a un helicptero recogiendo cadveres. Vi dos viajes del helicptero. En cada viaje recogi como treinta muertos. Nadie sabe dnde los han llevado. Con mis propios ojos lo he visto. Las cifras oficiales registran diez civiles y veinticuatro policas muertos.

A una hora de Yamayaca est la comunidad de Wawas. Mientras camina entre las pequeas casas de caa, madera y techo de hojas de palmera en las que viven los 600 pobladores de Wawas, el apu (jefe) de la comunidad, Heriberto Tiwijan, nos relata su historia sobre lo ocurrido en la Curva del Diablo. Yo estaba dirigiendo un grupo de 50 pobladores de mi comunidad. En total, ramos como tres mil. Nos atacaron por tierra y aire. Desde un helicptero disparaban bombas lacrimgenas y balas. En la pista la polica avanzaba hacia nosotros disparando al cuerpo. Tambin nos atacaban desde un cerro. Yo vi tres cuerpos quemados. Esos no estn entre los diez cadveres que hemos recuperado.

Tiwijan nos lleva hasta la casa de uno de los heridos. Grimaniel Csar, que tiene 26 aos y un hijo, est echado sobre el piso de tierra de su casa. Recibi un balazo en la pierna y no se puede parar. Apenas puede hablar por el dolor. La bala me cay en la parte de arriba de la pierna. Me entr por delante y sali por atrs. El dolor es muy fuerte. Siento que me quema por dentro. No tengo ninguna medicina para tomar. Grimaniel respira profundo, hace un esfuerzo para aguantar el dolor, que se refleja con intensidad en su rostro, y contina: Sub al cerro cuando nos comenzaron a disparar desde ah para pedir que no disparen. Los policas disparaban al cuerpo, a matar. Nunca pensamos que eso poda pasar. Las balas volaban por todos lados. Vi a diez hermanos caer muertos ah en el cerro (el gobierno asegura que en el cerro murieron tres nativos). Los heridos en el cerro eran tantos que no se podan contar. Todos corran para salvar su vida. Me impact una bala en la pierna y ca al suelo. Un amigo tuvo valor y me carg hasta la pista, donde haba una ambulancia. Si la polica me encontraba herido seguro me mataba.

Sekut Daz, una mujer aguaruna de 36 aos, tambin estuvo en la Curva del Diablo. Con el dolor marcado en el rostro y sacndose el temor de encima Tenemos mucho miedo de hablar y decir la verdad de lo que pas porque despus vienen las represalias, pero alguien debe hablar porque si nadie hace or su voz nunca se sabr la verdad denuncia que ella vio a la polica rematar a los heridos que haban quedado atrs porque nadie pudo ayudarlos a escapar. Nos atacaron sin compasin, como si furamos el peor enemigo. Yo me escond cerca de la pista y desde ah he visto cmo la polica mataba a unos hermanos que estaban heridos; les dispararon cuando estaban en el piso. Tambin vi cmo quemaron a otro hermano. Vi cmo arda su cuerpo; mova los brazos y sus piernas.

Huyendo de la Curva del Diablo los nativos llegaron hasta Bagua. Ah la poblacin mestiza de la ciudad se haba levantado al escuchar de la represin contra los indgenas y la polica los estaba reprimiendo. En Bagua vi a una mujer y a una nia heridas de bala, no s qu pas despus con ellas, y tambin vi dos muertos: un mestizo gordo que tena un balazo en el pecho y un hermano awajn (aguaruna), Felipe Sabio, al que la polica le dispar desde un techo. El hermano cay por un balazo en la pierna y cuando estaba en el suelo los francotiradores lo remataron, revela Salomn Awananch, apu de la comunidad de Nazareth.

En su casa de un ambiente en Wawas, la joven viuda de Felipe Sabio llora la muerte de su esposo con su pequeo hijo de pocos das de nacido en brazos. Es el cuarto de sus hijos y naci el 11 de junio, seis das despus de que mataron a su padre. Mis hijos se han quedado sin padre, sin nadie que vea por ellos. Dicen que las esposas y los hijos de los policas muertos estn sufriendo y por eso el gobierno les va a dar una indemnizacin, pero a nosotros no nos reconocen nada. Tambin exigimos una indemnizacin... o acaso nosotros no estamos sufriendo, acaso mi esposo es un perro que ha muerto, acaso nosotros no somos tambin seres humanos?, reclama, con la voz entrecortada y lgrimas de dolor, pero tambin de indignacin y rabia por la manera como mataron a su esposo, y por la forma como el gobierno le hace sentir el olvido y marginacin en que viven los pueblos indgenas.

http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-127705-2009-07-04.html



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter