Portada :: Amrica Latina y Caribe :: Golpe militar y resistencia popular en Honduras
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-07-2009

Un golpe que no es precisamente una caricia

Milson Salgado
Rebelin


Miles y miles de manifestantes se han volcado en Tegucigalpa a las calles para apoyar al usurpador presidente Roberto Micheletti, y a las fuerzas armadas de Honduras y de paso repudiar el esfuerzo de la comunidad internacional por devolver al poder al presidente legitimo Jos Manuel Zelaya Rosales.

Es normal que salgan a las calles, y es hasta cierto punto comprensible, porque durante la administracin del presidente Zelaya, los miembros de la elite que organizan la marcha se tuvieron que tragar con rostros compungidos y lagrimas de magdalena el incremento al salario mnimo que el gobierno aprob en favor de los trabajadores, que si no rest sustancialmente a sus bolsillos por lo menos cre la posibilidad nada incierta de que si la justicia social llega la ganancia personal mengua.

Es lgico que no acepten a un presidente que envi un proyecto de decreto para que las trabajadoras domsticas tuvieran acceso al seguro social, el que si hasta la fecha no ha sido aprobado fue por la accin heroica del que antes era presidente del poder legislativo, y hoy por hoy es el presidente usurpador de Honduras. Es normal que se lo agradezcan.

Porque, como aceptar a un Presidente que se uni con los pases pobres y harapientos del Alba y abjur de su amistad con Estados Unidos el pas mas rico del mundo de donde vienen las modas! Como tolerar a un presidente que rebaj la tasa de inters a las usureras instituciones bancarias! y finalmente, como aceptar a un presidente que sin el ms mnimo sentido de urbanismo se reuna con gente pobre, y reciba en el despacho presidencial a las etnias ms olvidadas de Honduras para preguntarles sin intermediaciones protocolarias cuales eran sus necesidades.

Hay razn de que salgan a las calles, y hay suficientes motivos de que se quejen de este presidente que soslay sin ningn escrpulo los intereses econmicos de su clase. Por eso es aceptable que llamen al usurpador y a las fuerzas armadas sus hroes nacionales y al golpe una insignificante caricia.

Paradjicamente en estas marchas, el ejrcito va a la par, quizs para envanecerse de aplausos y de lisonjas. La televisin al servicio del golpe trasmite a tiempo completo hasta los ademanes ms intrascendentes. En el otro frente, menguado por los golpes, acorralado por las amenazas y por toques de queda el pueblo organizado clama el retorno de presidente Zelaya. Aqu las fuerzas armadas y la polica no marchan a la par, reprimen, y asestan golpes al estado fsico de los manifestantes, porque advierten con inaudito asombro y pedantera como los stos los llaman /golpistas/ cuando ellos se reconocen como hroes nacionales. Aqu nadie transmite. Aqu nadie acompaa, porque es una mal ejemplo para la gente del interior de pas, y sobre todo porque se quiere enfatizar con fusiles y tanques el golpe fontico de la palabra /calma/ al tiempo que la palabra /crisis/ se apodera de las escuelas y colegios vacos, de radioemisoras cerradas, de canales censurados y nerviosismo generalizado que incita a la compra en las farmacias de turno de calmantes y ansiolticos.

El mundo puede apreciar la oscuridad de esta pequea provincia en manos de una generacin senil de cabezas cuadradas, los que en una accin muy parecida al comportamiento en las leyes fsicas de las estrellas fugaces, est lanzando al mundo su postrer brillo despampanante para que se conozca por ltima vez sus paranoias gerreristas, que dcadas atrs se incubaron genticamente en el golpe de Estado a Arbenz en Guatemala, donde prestaron nuestro territorio para que despegaran aviones estadounidenses, que llamaron a la guerra con nuestros hermanos Salvadoreos emborrachando de patriotismo al pueblo, y que prestaron vergonzosamente el suelo nacional para que tropas mercenarias combatieran a la Nicaragua de los Sandinistas.

El pulso est echado. Es el mundo contra la senilidad generacional y paranoica de unos cuantos hombres de sta pequea y amada provincia de Amrica. Si gana el mundo ganar Honduras y la Democracia. Si ganan estos soldados de plomo perder Honduras, la Democracia y el mundo, pero sobre todo perder el grito ahogado de tantos hondureos reducidos al silencio, que en el anonimato clamamos por la libertad y la justicia. Y el golpe asestado a las instituciones pblicas se convertir en una caricia lisonjera, que impunemente puede emocionar el fervor gerrerista de otros ejrcitos, los que hibernando en el hielo constitucional forzoso de sus obediencias debidas, buscarn conquistar por los golpes vueltos romances y caricias el corazn sangrante de otras naciones.



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