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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-07-2009

Los primeros pasos de Obama

Serge Halimi
Le Monde diplomatique

Traducido para Rebelin por Caty R.


Para enfrentarse al legado de sus predecesores, el nuevo presidente de Estados Unidos ha rechazado muchas de sus ideas. Es cierto que Barack Obama no ha acelerado la retirada de las tropas estadounidenses de Iraq y ha enviado ms soldados a Afganistn, a una mortfera guerra sin fin. En el plano interno, su poltica en relacin con la industria automovilstica, los bancos o las remuneraciones de los dirigentes, no rompe con el indestructible liberalismo que slo socializa las prdidas de las empresas. Pero Obama representa, sin duda, lo ms progresista que puede producir el sistema estadounidense en este momento. Hasta el punto de que, a veces, las decisiones de los dirigentes de Washington parecen preferibles a las de sus homlogos de Pars, Bruselas, Mosc, Pekn o... Tehern. Si la determinacin de la Casa Blanca no flaquea y ciertos lobbies que planean sobre el Congreso no lo impiden, Estados Unidos dispondr pronto de una legislacin protectora de los derechos sindicales y se cubrirn las necesidades sanitarias de cuarenta y seis millones de estadounidenses que carecen de cualquier proteccin. No es moco de pavo.

Se puede argumentar que Obama, despus de todo, es demcrata. Eso sera ignorar cuarenta aos de historia. Porque desde la llegada del republicano Richard Nixon a la Casa Blanca , en 1969, los dos presidentes demcratas que le sucedieron hablaron mucho de ruptura, pero... dentro de la ortodoxia, segn ellos muy progresista, de su partido. As, tanto uno como el otro, prepararon el terreno a los republicanos que les sucedieron (Ronald Reagan y George W Bush). James Carter abri el baile de la desregulacin, propici una poltica ultramonetarista y, con el pretexto de la defensa de los derechos humanos, reactiv la Guerra Fra. Con William Clinton fue mucho peor: endurecimiento de las sanciones penales, generalizacin de la pena de muerte, abolicin de la ayuda federal a los pobres, lanzamiento de operaciones de guerra en Afganistn, Irn, Sudn y Kosovo, sin mandato de las Naciones Unidas. Tambin a la luz de estos precedentes debemos hacer el balance de los primeros tiempos de Obama.

Su discurso en El Cairo, el pasado 4 de junio, no aporta nada nuevo en cuanto al fondo: George W. Bush ya haba aceptado la idea de un Estado palestino y, desde Carter, todos los inquilinos de la Casa Blanca reclamaron con el resultado que conocemos- la congelacin de la colonizacin israel. Sin embargo, el tono ha cambiado totalmente. Deseoso de romper el ciclo de sospechas y discordias entre Estados Unidos y los pueblos de Oriente Prximo, Obama ha evitado cuidadosamente la utilizacin del adjetivo terrorista, tan apreciado por su predecesor. Refirindose a Hams, el presidente de Estados Unidos incluso reconoci que esta organizacin tiene el apoyo de algunos palestinos. Finalmente, al sugerir a estos ltimos que se inspiren en las luchas (no violentas) de los afroestadounidenses, implcitamente equipar la colonizacin israel con la humillacin de la segregacin que vivieron los negros en Estados Unidos.

Sin embargo, aadi, Estados Unidos no pretende saber qu es lo mejor para todo el mundo. Tambin un sabio principio que debera aplicar a Irn sobre el terreno. En su discurso de El Cairo, Obama lament el golpe de Estado orquestado contra Mohammad Mossadegh por los servicios secretos estadounidenses en 1953: En medio de la Guerra Fra , Estados Unidos jug un papel en el derrocamiento de un gobierno iran elegido democrticamente. Esto ya sugiere que Estados Unidos no est en una posicin ideal para amonestar a los rellenadores de urnas, sobre todo cuando estos ltimos es lo que estn esperando para acusar a sus desgraciados opositores, ayer pilares del rgimen teocrtico, de haberse convertido en mercenarios del Gran Satn. Pero cuanto ms se endurezca la situacin iran, ms expuesta estar la disposicin inicial de la Casa Blanca a negociar con Tehern a las burlas de una derecha neoconservadora a la que no desarmar nunca.

Los intereses estratgicos estadounidenses siguen siendo totalmente obligatorios para cualquier presidente de Estados Unidos, sea quien sea, y tributario, lo quiera o no, del papel de jefe del imperio. A pesar de todo, los primeros pasos de Obama sugieren que todava no ha olvidado su pasado progresista en los suburbios de Chicago.

Texto original en francs:

http://www.monde-diplomatique.fr/2009/07/HALIMI/17440



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