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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-07-2009

Comentario a un artculo de Daniel Iraberri Prez, Carlos Fernndez Liria y Luis Alegre Zahonero
La cultura como poltica

Joaqun Miras
Rebelin


El artculo conjunto de Daniel Iraberri Prez, Carlos Fernndez Liria y Luis Alegre Zahonero (Hecho y derecho, ciudadana y revolucin) hace una atinada defensa de la tradicin republicana. Esto es del acervo cultural, conceptual e institucional, del republicanismo clsico, moderno e ilustrado, nacido en el Mediterrneo de la Antigedad y desarrollado por la tradicin iusnaturalista, posteriormente: el legado de valores axiolgicos y medios formales, todos normativos, que por imperativo de razn deben ser el fin de una sociedad libre y democrtica o sociedad de ciudadanos, sociedad civil.

Entre los mencionados se incluyen el Estado de derecho, Sociedad civil o Estado civil, repblica. La Ley como consecuencia de la voluntad mayoritaria. Libertad como no dominacin o no sometimiento al arbitrio ajeno allieni iuri-, para expresarlo con Luis de Len. Rechazo de las especulaciones sobre el hombre nuevo y la moral nueva en tanto que moral y hombre a estatuir en lo futuro mediante el uso de los poderes nuevos establecidos, usados como medio para obtener, posteriormente, ese fin es un matiz a tener en cuenta, al menos en lo que a m respecta, como podr ver el lector- . Estatuir un orden legal universal. Que la ley legisle y ejerza su imperio sobre la economa, y que la ley pueda ser removida a partir de la propia legalidad. Propiedad para todos de forma que nadie sea dominado por nadie. Es el proyecto . Estado republicano. Es La Ilustracin y es el legado tico.

Pero es un contrafctico, un proyecto de carcter eminentemente normativo, que tiene la vocacin de dejar de serlo. Y escribo esto aceptando que Venezuela es ya un estado republicano; tambin que es una excepcin a consolidar, dados los ataques que recibe. En Europa es un contrafctico. Es un imperativo moral racional. No una realidad, sino una meta

El proyecto resumido con gran inteligencia analtica en el texto es, pues un proyecto que resume toda la sabidura de lo mejor de nuestra civilizacin, y es a la vez un desideratum por el que vale la pena luchar. Hasta aqu, el bagaje intelectual normativo no cumplido

La realidad resumida por el propio artculo es:

Que los explotados son sometidos por el capitalismo. Que los parlamentos y las leyes no se hacen sino a su favor. Violencia etc. Las leyes no se pueden cambiar. No estamos en repblicas, o estados civiles, no somos ciudadanos, no somos libres. No existe derecho, no existe justicia. En resumidas cuentas, no existe la ley si consideramos el conjunto legal desde el punto de vista normativo aportado por esta tradicin y no desde el kelseniano, neopositivista, para el que, desde un punto de vista analtico, ley es toda legalidad vigente un error de Kelsen es rechazar y atacar los viejos proyectos normativos republicanos, a toda la tradicin iusnaturalista, a la que critica despectivamente, precisamente por poseer criterio normativo; es lstima, porque resulta muy aguda la otra parte analtica (analtica) segn la cual la ley, la unidad legal, es el estado. O sea que estado es otro nombre de la ley- Esto es lo que dice el historiador

A partir del resumen de las ideas matriciales de la tradicin poltica republicana, los autores del artculo hacen una acertada crtica de una peligrosa debilidad del marxismo mayoritario: es mala cosa la desesperacin que llevara a decir que se debe negar la posibilidad de la libertad, de la ley, de la justicia, del estado de derecho. Que lleva a considerar que toda ley es burguesa y todo estado moyen de duperie. Que los principios son trampas tendidas a los explotados. Este final de su texto debe ser muy tenido en cuenta

Si se puede aceptar como vlido el resumen que he hecho de este artculo de debate entre posiciones kantianas y hegelianas, ahora trato de referirme a un nuevo aspecto que, creo, no choca con la tradicin terica defendida por los articulistas.

Ahora se trata de pensar cmo se puede organizar una praxis que nos saque del marasmo explicado por la historiografa y nos lleve a ese otro mundo, esto es a lograr instaurar un verdadero estado republicano de derecho. Cmo se puede desarrollar un pensar que sirva a la construccin de la causa eficiente capaz de instaurar el reino de la razn, el Reino de la Libertad, la sociedad republicana de los ciudadanos libres. Un pensar que reflexione, en concreto pero no se puede confundir con tcnicas, con el refinamiento de un recetario tcnico, que sera abundar en la sutileza normativa del bagaje contrafctico - sobre cmo lograr que la gente tenga confianza en s misma, y en los dems, cmo lograr que la gente, que es muy sensata y sabe de las persecuciones, que es muy realista y por eso es pesimista, confe en el modelo propuesto como modelo regulativo, como idea reguladora kantianamente; esto es, confe en que le es posible organizar un orden nuevo -Ordine Nuovo- y se proponga instaurarlo. Cmo ir creando la fuerza subjetiva de la razn prctica; la concreta, histricamente concreta, cultura demorepublicana nueva a partir de los precipicios actuales enfrentados. Cmo generar una praxis poltica. Y el reflexionar sobre el hacer: la praxeologa

En el lmite se abre el debate sobre si la democracia, si la civilizacin es solo un rgimen poltico bien ordenado en el que la ley obedezca a los ciudadanos y sea universal en la defensa de la libertad de cada cual o, si la democracia es una CULTURA material de vida. Si es una forma de vivir, esto es , un ETHOS, una forma de ordenar la vida cotidiana de forma republicana, esto es haciendo que los ciudadanos se preocupen, participen, deliberen ejerzan como ciudadanos y como soberano, y apliquen la ley, controlen sus necesidades, instauren la fylia sean virtuosos esto es, sencillamente, autoelectores de s mismos como sujetos libres e iguales, para atenernos a Robespierre- no solo con sus seres queridos, con quienes s lo son, sino que tengan la confianza en que eso es posible y se pongan a construirlo, a crear la cultura civil nueva que aboque en la nueva republica: PRAXEOLOGA. No estoy defendiendo el hombre nuevo, ni el hombre perfecto. Sino el tratar de vivir desde ahora mismo los valores republicanos como medio no es un medio instrumental, desde luego- para crear la nueva cultura material de vida res publicana. Espero que el lector me haga mucho favor, ponga esfuerzo imaginativo de su parte y lo interprete as

En consecuencia, no se trata solo de diferenciar entre cuestin tcnica o debate tcnico y debate terico. Falta la pata de la reflexin que empuja a la praxis, esto es, a la construccin de la causa eficiente que tiene como causa final la repblica. Del nuevo sujeto civil en conato, cuyo fin es instaurar la societas civilis La PRAXIS civilizatoria. Las ideas que la empujen, la construyan, la organicen, la reflexin sobre la praxis la filosofa de la praxis, la praxeologa-.Creo que es el tesoro de experiencia que me ha dado la prctica poltica. Una huelga se gana sobre confianza en personas. El peor enemigo de la huelga, de la poltica en general, la inmoralidad ms devastadora es la que crea la desconfianza en nosotros mismos Lo peor de los polticos en activo es que nos destruyen, con sus tcnicas, con su cultura poltica, con su forma de comportarse a nuestra espaldas, al utilizarnos, nuestra confianza en nosotros mismos y en la realizabilidad de nuestras ideas: se venden, se pelean entre ellospor eso deben ser eliminados de nuestro futuro, ellos y sus cultura del hacer. El comportamiento ocultador determina la pasividad y el no saber polticos de la gente que reproduce el no sapere aude mayoritario y les garantiza a los profesionales de la poltica su indispensabilidad. Su falta de respeto a los compromisos asumidos ante nosotros, sus corrupciones, favorecen el descrdito de la poltica: todos son iguales -acaso no lo son?, tres eran tres las candidaturas que las nclitas masas ubrrimas habamos pedido?-. La inmoralidad, la astucia, la deslealtad, la mentira la traicin- el latrocinio, con los propios, de nuestros polticos destruye lo que no puede doblegar ni aniquilar la represin y la crcel. Recuerdo una vez un mitin en Barcelona, con Carrillo, y a mi lado un viejo militante annimo, ya mayor como yo ahora- con quien me sent por azar era del Baix LLobregat-. para esto he pasado lo que he pasado?para que me engaen?:este recuerdo es una leccin viva en la memoria, una quemada imborrable: la gente arriesga su capacidad de creer, de confiar. En su pozo terrible de vida, la sombra de dos mil aos acepta una vez la invitacin al aire a pesar de las horas de trabajo, de la precariedad de vida, del sometimiento obligado a la carencia de recursos intelectuales si se les engaa, si se les hace sentir que se les ha tomado el pelo, que los que son los nuestros se han burlado y prevalido de ellos para sus fines, si se aniquila el sacrificio hecho por ellos y ven que todo lo mejor de s mismos, su fe en otro futuro, su amor a la humanidad, su ansia de justicia e igualdad, sus horas y horas empleadas de balde en la lucha por el bien comnha sido, no vanos el militante no espera el beneficio personal, ya tiene el beneficio de ser miembro de un movimiento comunidad moral real- sino conscientemente utilizados por los suyos para hacer lo que no estaba acordado, para velar por los mezquinos propios intereses personales y por el provecho propio del poltico, el individuo annimo comprometido en la lucha alcanza el mayor grado de percepcin de desprecio, y se autodesprecia; es la desesperacin sin alharacas : tenan razn, l ha sido el imbcil idealista, el infeliz visionario, el iluso refitolero que se mete donde no debe, en vez de velar por sus intereses como hace la gente sensata. No me volver a pasar jams en la vida.Tenan razn los egostas, los insolidarios. Carrillo aquella direccin poltica , aquella poltica, esto es, aquella cultura poltica basada en la teora positivista de elites, segn la cual la direccin, unos pocos, s saben lo que hay que hacer y que todo se cifra en acertar en las directrices polticas adoptadas- destruy el movimiento al destruir la confianza moral del mismo; no solo destruy el partido. Destruy aos de esfuerzo por crear confianza, moralidad. Nos aniquil como fuerza social emergente

pero, llegados aqu estamos ya, no en una debate sobre poltica en el sentido anodino, actual, de la palabra, ni sobre proyecto civil de futuro, ni en una reflexin sobre tcnicas plausibles e igualmente contrafcticas- de democracia, sino en una enumeracin de criterios de ethos, al estilo, por ejemplo, de la Magna Moral de Aristteles (por citar la ms enumerativa y detallista de sus morales en la que se prescriben y tabulan multitud de valores). Ms all y ms ac del incumplimiento de tales o cuales objetivos polticos definidos por las plataformas unitarias de lucha o de los documentos congresuales de partido, el valor, cuya corrosin mediante pactos y acuerdos, hundi el sujeto social emergente, era la confianza, la fe en el propio proyecto social emergente (esto es, algo semejante a prudentia, fortaleza, fylia, y dems valores definidos en las viejas morales).Valores. Principios orientadores de la praxis, sin los que la praxis no es concebible, ideas para ser vividas. Una cultura.

Retornemos al presente poltico. Sin una nueva cultura res publicana de sobriedad de consumo imprescindible para salvar a la humanidad de la catstrofe-, sin una cultura nueva de respeto por el bien comn, de admiracin por el esfuerzo y por el esfuerzo intelectual, de admiracin por el compartir y por el compartir pblico, por el ser ya libres y tratar de serlo an ms (Plutarco, Rousseau Robespierre, contra el lujo, a favor de la actividad poltica como forma de llenar el tiempo de vida que sea alternativa a la del consumo inviable) podremos crear, tener creado un sujeto colectivo capaz de imponer la civilidad, la libertad republicana, la ley?Se puede considerar que defiendo con esto al hombre nuevo? Creo que no en el sentido de que esta cultura no existente hoy da no es un fin a crear tras la constitucin del nuevo orden, un fin que, en consecuencia, puede imponer una lite de forma desptica, sino que, precisamente por ser una cultura, es algo tan vasto, tan capilar, tan unido al vivir cotidiano de la gente que solo puede ser creado democrticamente entre todos. Creo tambin que sin esa cultura no se puede alcanzar la repblica; que la cultura es la causa eficiente, la mediacin indispensable para la constitucin de los muchos pobres en ciudadana, para la articulacin de los explotados en sujeto social: para la conquista de la democracia. Sin republicanos no hay repblica; sin cultura republicana que responda a los retos tremendos de nuestros das, no a los de la poca de Catn, Plutarco o Kant, no habr repblica- Si denominamos sensatamente reino de naturaleza este actual cosmos sin orden valga el oxmoron- capitalista, podremos alcanzar un orden nuevo, un orden ordenado valga la tautologa- sin antes construir, constituirnos en el sujeto movimiento que lo construya o lo establezca? Ese sujeto se constituye o crea en trminos de cultura. Una vez constituido en un grado u otro - el proletariado de 1848, p.e.- lo leemos en trminos de organizacin, pero lo que organiza y moviliza son las ideas que orientan el hacer, la praxis.

Vuelvo a recordar que nuestra traditio ha defendido siempre el ethos, la normatividad para el vivir segn principios. Principios difcilmente atacables como organicistas o comunitaristas: la democracia ateniense impona la libertad de vida y la lucha normativa, esforzada, por defender la libertad de vida. Para ese libre vivir vivere libero- propona y elogiaba los principios, el ethos , las caractersticas o mores el habitus si se quiere con palabra ms moderna y de Bourdieu, que le parece bien a E. P. Thompson, el historiador de la economa moral de la multitud y, tambin, de la construccin de la clase obrera en Inglaterra a partir de tradiciones culturales, entre ellas el jacobinismo o painismo ,- que lo preservaban, que orientaban en su hacer y su valorar a las gentes en la defensa de la libertad: valor ciudadano -fortaleza-, inteligencia poltica prudentia/frnesis-, justicia principios de justicia-, sobriedad o tomar menos de lo que la ley nos permite templanza-Esta normatividad praxeolgica es, no se puede ocultar, la virtud. Pero es una virtud ethologica, cultural, de normas internas a la praxis y para la praxis sin la cual no existir el sujeto colectivo, y sin la cual el sujeto individual sigue en estado de naturaleza, sigue sin ser conativamente ciudadano. Sin la cual no hay condiciones de repblica.

Creo que el hegelianismo precisamente llenaba este hueco. Y no es, desde luego, una propuesta de realizar, esto es, de dar realidad a lo racional del proyecto republicano clsico a base de dotarlo de especificacin tcnica detallada sobre mtodos para desarrollar la democracia. Ese darle entidad a la cosa sin salir de la propia especulacin intelectual, es decir, de la propia mente, a base de actividad imaginativa simplemente representativa, es lo propio de Fichte, no de Hegel, y as lo podr corroborar el lector si se asoma las pginas de Nicolai Hartmann, -La Filosofa del idealismo alemn, que me permito citar aqu para autorizar esta interpretacin ma convocando como testimonio de parte a alguien ms solvente que yo sobre estos asuntos-. La crtica que, en este sentido, los articulistas hacen a quien les ha criticado est totalmente puesta en razn. Eso sigue siendo normativo. Lo que se requiere es un pensamiento inherentemente abocado a la actividad cultural -a no confundir con el activismo politicista habitual-, que parte de la subjetividad de los individuos, y apela a su experiencia de vida, y les recuerda que el mundo en el que viven no es natural, sino fruto de la objetivacin de la praxis humana, y que pueden/podemos en consecuencia cambiarlo. Que podemos hacerlo, negando la positividad objetiva o civilizacin objetiva en la que vivimos, creando una nueva positividad, un nuevo orden al cual se accede mediante la reforma intelectual y moral moral de mores- desarrollada por el sujeto, que construye , en la medida en que se da, la nueva cultura material de vida, cultura que es la que constituye al sujeto en sujeto y le permite llegar a constituirse en sociedad civil republicana -algo que ver con el hombre nuevo de mrmol, estajanovista, creado por una elite positivista, impuesto desde la direccin poltica, ya sea el secretario general o el secretariado de la 4?-. Estamos ante el cumplimiento de las Tesis sobre Feuerbach, de Marx: el educador ha de ser educado. Estamos ante una poltica muy singular .Que solo puede desarrollarse por la deliberacin de los muchos. Que no puede desempearse segn racionalidades estratgicas o instrumentales, que trata de construir un sujeto inmensamente mayoritario mediante deliberacin pblica y praxis, que objetive as nuevas formas de vida, de hacer que anen a la mayora social dejando al enemigo desamparado dado que la sociedad da suma 0-

Precisamente esta consciencia hegeliana de que el mundo tal cual est objetivado, esto es, tal cual lo hacemos y reproducimos nosotros diariamente en nuestros actos, nosotros mismos, los ms, los subalternos, al actuar hegemona-, en tanto actuamos conforme al ethos cultural hegemnico, y la parnesis a tomar conciencia de ello y la amonestatio a que lo cambiemos, nos la transmite Gramsci reelaborando la vieja mxima de la sapiencia republicana de Delfos, en el venero de Hegel: El comienzo de la elaboracin crtica es la conciencia de aquello que realmente es, a saber, un concete a ti mismo como producto del proceso histrico desarrollado hasta hoy, que ha dejado en ti infinidad de huellas recibidas sin beneficio de inventario[Introduccin al estudio de la filosofa, p. 41].Como vemos la mxima deja de referirse ahora slo al necesario conocimiento de uno mismo como portador de vicios o defectos aunque sea tan solo el de desconocer las propias virtudes- que pueden daar a la res publica si no somos dueos de nosotros mismos y nos conocemos y controlamos haciendo que el ethos de la polis se cumpla en nosotros. Se trata de que veamos qu ethos , qu cultura, fruto de una positividad dada, histrica, nos constituye y nos liberemos de ella.

Crear una gran cultura, nueva, republicana, inspirada en el legado, es la condicin de la existencia de sujetos individuales republicanos y de una sociedad civil o republicana. Pero creo que Gramsci lo explica mucho mejor. Para ello basta conectar con los microfundamentos, esto es, con la experiencia de vida de la gente y con los valores ntimamente vividos en privado, por la gente, y que se manifiesta en la accin de la gente, aunque solo sea con los suyos, la bondad, la generosidad, la solidaridad. Y construir desde ah, desde la experiencia de explotacin y de no ser nada, desde los valores compartidos, y vividos, esto es desde el pensamiento vivido, una nueva cultura, una nueva forma de vivir y por tanto de pensar, radicalizando as a Gramsci..Forma nueva de vida, cultura nueva que ahora, previamente nadie conocemos ni practicamos.

La cultura como poltica, no solamente la poltica como cultura; si bien para que la poltica sea parte de nuestra cultura, la cultura, la creacin de una forma de vida republicano democrtica ha de ser la condicin previa. S podemos decir pero es una abstracta generalidad, un nuevo condicional contrafctico- que si queremos crear una alternativa a la cultura de masas existente, una cultura de vida que no nos aboque al cataclismo de la destruccin de los equilibrios ecosistmicos que permiten la vida humana en el planeta, la aniquilacin por despilfarro de los recursos materiales necesarios y la sobrepoblacin, esa nueva cultura, que debe pasar por la sobriedad, por el combate contra el lujo segn la traditio-, debe ser capaz de llenar la vida de la gente de forma alternativa, y la praxis poltica puede ser uno de los mejores recursos el recurso por excelencia, si se es res publicano-.



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