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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-07-2009

Cronopiando
No creo en Obama

Koldo Campos Sagaseta
Rebelin


Deca Perich, un extraordinario filsofo cataln al que algunos tenan por humorista, que la prueba de que en Estados Unidos cualquiera puede ser presidente, la tenemos en su presidente.

La ltima vez, sin embargo, en la que el pueblo estadounidense no slo vot sino que, incluso, eligi, no eligi a cualquiera, sino al candidato ms elegante, en su porte y sus maneras, negro y demcrata para ms seas, sorprendentemente culto, aunque nunca hubiese ledo a Galeano, y con un programa de gobierno que prometa poner fin a la barbarie que le haba precedido. Un candidato que, entre otras virtudes, haba despertado en muchsimos sectores de la sociedad estadounidense el entusiasmo y la confianza perdida en la vida poltica.

Si comparamos a Obama con cualquiera de sus antecesores, no habra nada que deliberar. No slo era el mejor de los posibles, su talante, su pulcritud, sus gestos, su tono, su palabra, generaban simpatas, tambin, fuera de los Estados Unidos. Podramos igualmente contrastar la imagen de Obama con cualquiera de los lderes europeos que, tampoco en ese caso habra debate.

Pero yo no creo en Obama, aunque reconozco que me cautiva su personalidad cada vez que lo veo en la televisin, sea saludando adhesiones o matando moscas.

Sigo pensando que se trata del mejor anuncio realizado nunca en la historia de la publicidad, y que cont, obviamente, con un extraordinario modelo, fruto de un casting inmejorable. Un anuncio que se renueva todos los das aunque siga ofreciendo el mismo producto y con las mismas caractersticas.

Cierto es que algunos de los proyectos sociales que el presidente estadounidense est tratando de implementar en su pas son progresistas y que para todos ha dispuesto de muy buenas palabras, pero frente a la histrica oportunidad que la crisis pona en sus manos para haber llamado, siquiera, la atencin sobre la necesidad de reinventar la vida, de un imprescindible cambio de rumbo, prefiri acudir en rescate de la banca y de la industria del automvil y de cualquier fuga de aire que importune el orden y el mercado.

Cierto es que prometi cerrar el campo de exterminio de Guantnamo, pero ah siguen, todava, penando sus culpas a la espera de una justa reparacin, los cientos de presos secuestrados a los que ahora se propone repartir por el resto del mundo.

Cierto es que conden la tortura en los trminos ms concluyentes, pero concluyente fue, tambin, cuando desisti de llevar a la justicia a los responsables de la execrable tortura que tanto le haba conmovido.

Cierto que habla constantemente de dilogo y de paz, pero no ha dejado de hacer la guerra; que habla de la necesidad de respetar las soberanas ajenas, pero no aclara cuales son las propias; que habla de la urgencia de reconducir sus relaciones con Cuba, pero no levanta el embargo y sigue manteniendo presos a los cinco patriotas cubanos; que habla de respetar la constitucionalidad de cada pas, pero su gobierno y sus administrados persisten en alentar golpes de Estado o destituciones y renuncias forzadas, que como eufemismo ni siquiera es original.

Cierto que habla de nuevos tiempos, pero al frente de la administracin estadounidense siguen estando viejos conocidos de todos y no, precisamente, para bien.

Obama lleva muchos meses hablando y an no encuentra el da para hacer.

Por eso yo no creo en Obama. Aunque no le retiro el beneficio de la duda, y ojal me equivoque, yo no creo en l por la simple razn de que Obama slo es el presidente de los Estados Unidos, el funcionario que mantienen al frente de la Casa Blanca los que nunca pasan por las urnas pero siempre detentan el poder. Obama slo es el relacionador pblico, con rango y sueldo de presidente, de la empresa que tiene asiento detrs del trono. Obama slo es eso, el hombre del anuncio, y lo seguir siendo hasta que, si me equivoco, la coherencia lo lleve a la tumba, posiblemente a manos de un perturbado que actuaba solo y al servicio de nadie, o el descrdito lo termine sacando de la Casa Blanca.



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