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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-07-2009

Catarata de alaridos

Jos Cueli
La Jornada


Las palabras, como los pjaros, cuando pasan junto a nosotros en bandada bulliciosa no excitan nuestra sensibilidad. Nos envuelven la cabeza y hasta parece que nos dan golpes en las mejillas, pero no nos entran por los odos ni rebullen en nuestra conciencia. Suelen sobrecogernos y seducirnos las palabras lentas y graves, las que vienen solas entre el silencio. stas son las qu, unas veces, nos encienden e iluminan y otras proyectan sombras apacibles sobre nuestros desiertos interiores.

Las fotografas nos hablan, nos llaman, son lenguaje que incendia nuestras pupilas. A veces proceden de mundos desconocidos, que sin embargo estn al alcance de nuestra voz. Esas fotos de la violencia en el mundo, esas imgenes de personas que vemos desfilar como grupos de gente extraa o como rumor de trfago callejero. Cada persona es apenas una slaba y todas juntas una frase sin sentido. Pero tambin las hay como palabras en cinta. Absorbentes y vidos nuestros ojos se ponen a resonar hasta soliviantar sonoridades que resultan tumultuosas a nuestra conciencia.

As, de un discurso espumoso de voces, no se puede esperar una revolucin, sino, a lo ms, una catarata de alaridos. La revolucin en su tenor ms noble, esa generosa revolucin que todos queremos hacer dentro de nosotros mismos, puede esperarse de un grito solo, de una sola voz, como ruido de muchas aguas...

Al que escribe, le impresionan las elecciones llenas de alaridos, en que todos hablan, en el mismo da, a la misma hora y a final de cuentas nada se entiende. Mientras tanto, se suceden esas escenas campiranas que se resumen en la palabra quietud, pero quietud nuestra, que no es inercia ni reposo ni sosiego, sino un marasmo final. Espectrales aparecen las imgenes de campesinos abatidos, tronchados sobre una piedra, hombres y mujeres transidos de estupor que han recibido ya el soplo lgido de la muerte. Y as, la vida pasa como deletrea sombra de un recuerdo. Hambre sentiran si el hambre no fuese tan piadosa que anestesia a sus vctimas.

La agona de un pueblo es algo terrible. De sus resoplidos se forma el trueno social. Un da estos hlitos estertorosos llenarn e incendiarn la atmsfera que todos respiramos. Campesinos rencorosos a los que les valen madre las elecciones, permanecen, gravitan sobre nosotros y forman esas nubes tempestuosas que no saben perdonar. Gobernantes van y vienen mientras el campesino en el campo o en la ciudad sigue muriendo de hambre.



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