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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-07-2009

Una guerra colonial de conquista en Afganistn

James Cogan
WSWS

Traducido del ingls para Rebelin por Beatriz Morales Bastos


La mayor operacin militar desde que la administracin Obama lleg al poder se encuentra actualmente en marcha en la provincia de Helmand al sur de Afganistn. Unos 4.000 marines junto con cientos de soldados britnicos estn tratando de imponer el control sobre una una poblacin de etnia pastn que se ha opuesto a la ocupacin dirigida por Estados Unidos desde que la invasin de 2001 derroc al rgimen talibn e instal un rgimen ttere.

Al mismo tiempo, debido principalmente a la coaccin financiera y poltica de Washington, el gobierno pakistan ha lanzado a su ejrcito a una brutal ofensiva contra el pueblo pastn al noroeste de Pakistn. Su crimen es que comparten una historia, un lenguaje y una cultura comunes con los pastunes de Afganistn y proporciona apoyo a la insurgencia talibn a travs de la poco definida frontera entre ambos pases.

El coste humano ya ha sido descomunal. En un salvaje acto de castigo colectivo el ejrcito pakistan ha obligado al menos a dos millones y medio de personas a salir de sus casa en organizaciones tribales como Bajaur y Mohmand, y del distrito del valle Swat en la provincia de la frontera noroeste. Estados Unidos est completando el ataque con ataques areos casi diarios contra las casas de supuestos dirigentes insurgentes paquistanes, particularmente en las tribus de Waziristan del norte y del sur. Slo esta semana los misiles estadounidenses han masacrado al menos a 80 hombres, mujeres y nios.

Tras casi ocho aos de combates en Asia Central, Obama ha intensificado el conflicto hasta un nivel nuevo y sangriento, la guerra AfPak [Afganistn-Pakistn] que se est emprendiendo a ambos lados de la frontera. No hay indicios de que vaya a acabar. David Kilcullen, ex-consejero del general David Petraeus, el general que contribuy a planear la oleada de tropas tanto a Iraq como a Afganistn, cont esta semana al diario britnico The Independent lo que se est discutiendo abiertamente en la Casa Blanca y Downing Street: Estamos pensando en al menos 10 aos de guerra en Afganistn y ste es el mejor escenario posible y al menos la mitad de lo que ser un combate bastante mayor. ste es el compromiso que se necesita y esto es lo que se le debera decir al pueblo estadounidense y britnico, y se le debera decir que esto implicar un coste.

La verdad es que los gobiernos de Estados Unidos, Gran Bretaa y de otros pases que participan en la guerra se lo estn diciendo a sus pueblos lo menos posible. Estn siendo ayudados por unos medios de comunicacin corruptos se permiten a s mismos ser censores y slo ofrecen las noticias ms aspticas.

Periodistas britnicos que haban estado empotrados con las fuerzas de la OTAN en Afganistn dijeron a The Guardian el mes pasado que la cobertura de la guerra era lamentable, indignante e indefendible. Thomas Harding del Telegraph admiti: Se nos ha estado diciendo constantemente que todo vas estupendamente y est bien, y se nos ha mentido a nosotros y al pblico (vase: A lack of cover, http://www.guardian.co.uk/media/2009/jun/15/afghanistan-embedded-journalists-mod).

Tpico de las mentiras oficiales era la declaracin que citaba USA Today del comandante estadounidense en Afganistn, el general Stanley McChrystal, de que las tropas estadounidenses estaban en Helmand para crear una nueva atmsfera en la que la gente rechazara a los talibn y su cultura de miedo e intimidacin.

Como reconoci la semana pasada el New York Times, a decir verdad los talibn estn ganando apoyo debido al odio que existe hacia los ocupantes estadounidenses y de la OTAN, y hacia su gobierno ttere en Kabul. En 3 de julio la corresponsal Carlotta Gall seal que el humor del pueblo afgano se ha inclinado hacia una revuelta popular en algunas partes del sur de Afganistn y que la gente haba tomado las armas contra las tropas extranjeras para proteger sus casas o en un momento de ira por la perdida de familiares en ataques areos.

Para acabar con la resistencia el cuerpo de marines est imponiendo un rgimen de miedo e intimidacin a los 250.000 habitantes del valle del ro Helmand. Las tcticas dirigidas por el general McChrystal estn inspiradas en mtodos de contra-insurgencia que aplic en zonas rebeldes de Iraq. Las principales ciudades ya han sido puestas bajo control militar. El movimiento de la poblacin hacia los mercados, tiendas y hospitales se controlar y seguir por medio de toques de queda, checkpoints y constantes registros e interrogatorios en la calle. Se presionar a los dirigentes locales para que identifiquen a los insurgentes, que entonces sern asesinados o capturados por los escuadrones de la muerte de las fuerzas especiales, a los que los medios de comunicacin llaman diligentemente patrullas de combate de reconocimiento.

Resulta sorprendente que en el momento en que la administracin Obama ha intensificado la guerra, prcticamente haya abandonado el pretexto original que se utiliz para justificarla.

Qu ha pasado con Osama ben Laden? Apenas se le menciona, si es que se hace, y al Qaeda cada vez est ms relegada al fondo en la propaganda oficial y en los relatos de los medios.

Esta no es una cuestin balad. La aparente base legal por la cual las tropas estadounidenses estn en Afganistn es la Autorizacin para el uso de la fuerzas militar, la resolucin conjunta aprobada por el Congreso estadounidense el 18 de septiembre de 2001, una semana despus del 11 de septiembre. La resolucin autorizaba la fuerza militar con el propsito de capturar o destruir a los dirigentes de al Qaeda, empezando por ben Laden, para prevenir futuros ataques terroristas.

Casi nueve aos despus, apenas se finge que las tropas estadounidenses estn en Afganistn para cazar a al Qaeda. En vez de ello, se ha declarado que la guerra es contra los talibn, una etiqueta que se aplica indiscriminadamente a cualquier afgano que se resista a la ocupacin dirigida por Estados Unidos. Sin embargo, en ningn momento se haba acusado a los talibn de haber estado implicados en el 11 de septiembre. La justificacin de la administracin Bush para atacar al gobierno islamista de Kabul era que haban rechazado un ultimatum para entregar a Estados Unidos a los dirigentes de al Qaeda.

El abandono del pretexto original para la invasin plantea la cuestin de con qu supuesta justificacin legal el gobierno estadounidense y sus aliados han continuado e intensificado la guerra. La verdad es que no tienen ninguna. Nada sino la realidad de una guerra imperialista de saqueo y dominacin.

La ocupacin de Afganistn dirigida por Estados Unidos y la terrible violencia que envuelve a Pakistn es la culminacin de 30 aos de intrigas imperialista estadounidenses en Asia Central para establecer un dominio estratgico y econmico en la regin rica en recursos.

Desde 1979 los gobiernos estadounidenses financiaron y proporcionaron suministros a una insurgencia islamista para derrocar a un gobierno afgano respaldado por la Unin Sovitica. En los noventa la Casa Blanca de Clinton anim a su aliado paquistan a ayudar a instalar a los talibn en Kabul en la creencia de que sera beneficioso para las aspiraciones de las compaas estadounidenses ganar el control de los principales proyectos petrolferos y de gas en Kazajastn u otros Estados de Asia Central y construir oleoductos a travs de Afganistn. Cuando la guerra civil y la inestabilidad impidieron realizar estos planes, se explot la presencia de al Qaeda, al menos hacia 2000, para empezar a preparar una conquista directa del pas por parte de Estados Unidos.

Los ataques del 11 de septiembre proporcionaron el pretexto para poner en marcha el plan. Al igual que un acceso potencial a los recursos en los pases vecinos, la ocupacin de Afganistn proporciona a Estados Unidos y sus aliados de la OTAN una base estratgica para proyectar fuerza contra rivales que pretenden una influencia regional como Rusia, China, India e Irn.

La guerra AfPak no es una guerra contra el terrorismo o por la democracia o para ayudar al pueblo afgano que sufre desde hace mucho tiempo. Es una guerra colonial e indefinida cuyo objetivo principal es convertir a Afganistn en un Estado cliente de Estados Unidos y asegurar que Pakistn sigue estn firmemente anclado bajo la influencia geopoltica de Washington.

La clase trabajadora debe exigir la retirada inmediata e incondicional de todas las tropas estadounidenses y extrajeras, el final de las operaciones militares imperialistas en Asia Central y el derecho de los pueblos afgano y paquistan a determinar su propio futuro.

Enlace con el original: http://www.wsws.org/articles/2009/jul2009/pers-j10.shtml



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