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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-07-2009

"El sentido comunitario de la vida es la expresin ms entraable del sentido comn"
Los mapas del alma no tienen fronteras

Eduardo Galeano

Palabras dichas por Eduardo Galeano en Montevideo, anoche, al ser condecorado con la Orden de Mayo de la Repblica Argentina


 
Permtanme agradecer esta ofrenda que estoy recibiendo, que para m es un smbolo de la tercera orilla del ro. En esa tercera orilla, nacida del encuentro de las otras dos, florecen y se multiplican, juntas, nuestras mejores energas, que nos salvan del rencor, la mezquindad, la envidia y otros venenos que abundan en el mercado.

Aqu estamos, pues, en la tercera orilla del ro, argentinos y uruguayos, uruguayos y argentinos, rindiendo homenaje a nuestra vida compartida, y por lo tanto estamos celebrando el sentido comunitario de la vida, que es la expresin ms entraable del sentido comn.

Al fin y al cabo, y perdn por irme tan lejos, cuando la historia todava no se llamaba as, all en el remoto tiempo de las cavernas, cmo se las arreglaron para sobrevivir aquellos indefensos, intiles, desamparados abuelos de la humanidad? Quiz sobrevivieron, contra toda evidencia, porque fueron capaces de compartir la comida y supieron defenderse juntos. Y pasaron los aos, miles y miles de aos, y a la vista est que el mundo raras veces recuerda esa leccin de sentido comn, la ms elemental de todas y la que ms falta nos hace.

Yo tuve la suerte de vivir en Buenos Aires, en los aos setenta. Llegu corrido por la dictadura militar uruguaya, y me fui corrido por la dictadura militar argentina.

No me fui: me fueron. Pero en esos aos comprob, una vez ms, que aquella prehistrica leccin de sentido comn no haba sido olvidada del todo. La energa solidaria creca y crece al vaivn de las olas que nos llevan y nos traen, argentinos que vienen y van, uruguayos que vamos y venimos. Y en el tiempo de las dictaduras, supimos compartir la comida y supimos defendernos juntos, y nadie se senta hroe ni mrtir por dar abrigo a los perseguidos que cruzaban el ro, yendo para all o desde all viniendo. La solidaridad era, y sigue siendo, un asunto de sentido comn y por lo tanto era, y sigue siendo, la cosa ms natural del mundo. Quiz por eso su energa, la siempreviva, fue ms viva que nunca en los aos del terror, alimentada por las prohibiciones que queran matarla. Como el buen toro de lidia, la solidaridad se crece en el castigo.

Y quiero dar un testimonio personal de mi exilio en la Argentina. Quiero rendir homenaje a una aventura llamada Crisis, una revista cultural que algunos escritores y artistas fundamos con el generoso apoyo de Federico Vogelius, donde yo pude aportar algo de lo mucho que me haba enseado Carlos Quijano en mis tiempos del semanario Marcha.

La revista Crisis tena un nombre ms bien deprimente, pero era una jubilosa celebracin de la cultura vivida como comunin colectiva, una fiesta del vnculo humano encarnado en la palabra compartida. Queramos compartir la palabra, como si fuera pan.

Los sobrevivientes de aquella experiencia creadora, que muri ahogada por la dictadura militar, seguimos creyendo lo que entonces creamos. Creamos, creemos, que para no ser mudo hay que empezar por no ser sordo, y que el punto de partida de una cultura solidaria est en las bocas de quienes hacen cultura sin saber que la hacen, annimos conquistadores de los soles que las noches esconden, y ellos, y ellas, son tambin quienes hacen historia sin saber que la hacen. Porque la cultura, cuando es verdadera, crece desde el pie, como alguna vez cant Alfredo Zitarrosa, y desde el pie crece la historia. Lo nico que se hace desde arriba son los pozos.

La dictadura militar acab con la revista y extermin muchas otras expresiones de fecundidad social. Los fabricantes de pozos castigaron el imperdonable pecado del vnculo, la solidaridad cometida en sus mltiples formas posibles, y la mquina del desvnculo continu trabajando al servicio de una tradicin colonial, impuesta por los imperios que nos han dividido para reinar y que nos obligan a aceptar la soledad como destino.

A primera vista, el mundo parece una multitud de soledades amuchadas, todos contra todos, slvese quien pueda, pero el sentido comn, el sentido comunitario, es un bichito duro de matar. La esperanza todava tiene quien la espera, alentada por las voces que resuenan desde nuestro origen comn y nuestros asombrosos espacios de encuentro.

Yo no conozco dicha ms alta que la alegra de reconocerme en los dems. Quizs sa es, para m, la nica inmortalidad digna de fe. Reconocerme en los dems, reconocerme en mi patria y en mi tiempo, y tambin reconocerme en mujeres y hombres que son compatriotas mos, nacidos en otras tierras, y reconocerme en mujeres y hombres que son contemporneos mos, vividos en otros tiempos.

Los mapas del alma no tienen fronteras.


http://www.jornada.unam.mx/2009/07/10/index.php?section=cultura&article=a44n1cul





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