Portada :: Mundo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-07-2009

La estrategia de retroceso de Obama
Honduras, Iran, Pakistan, Afganistn (y el efecto boomerang)

James Petras
Rebelin

Traducido del ingls para Rebelin por Beatriz Morales Bastos y Loles Olivn


Los recientes acontecimientos en Honduras e Irn, que enfrentan a regmenes elegidos democrticamente con actores civiles y militares pro-estadounidenses decididos a derrocarlos, se pueden entender mejor como parte de una estrategia ms amplia de la Casa Blanca designada para hacer retroceder* los logros de los gobiernos y movimientos de oposicin durante los aos Bush.

De una manera que recuerda las polticas de la Nueva Guerra Fra de Ronald Reagan, Obama ha aumentado enormemente el presupuesto militar, el nmero de tropas de combate, ha marcado nuevas regiones como objetivo de la intervencin militar y respaldado golpes militares en regiones tradicionalmente controladas por Estados Unidos. Sin embargo, la estrategia de retroceso de Obama tiene lugar en un contexto interno e internacional muy diferente. A diferencia de Reagan, Obama se enfrenta a una profunda y prolongada recesin/depresin, a dficits fiscales y comerciales generalizados, a un papel cada vez menor en la economa mundial y a una prdida de dominio poltico en Amrica Latina, Oriente Prximo, este de Asia y otros lugares. Mientras que Reagan se enfrent a un decadente rgimen comunista sovitico, Obama se enfrenta a una creciente oposicin a escala mundial desde una variedad de regmenes electorales independientes laicos, clericales, nacionalistas, democrtico liberales y socialistas, y de movimientos sociales anclados en luchas locales.

La estrategia de retroceso de Obama es evidente desde sus primeras declaraciones en las que prometa reafirmar el dominio (liderazgo) estadounidense en Oriente Prximo, su proyeccin de potencia militar generalizada en Afganistn y de expansin militar a Pakistn, y la desestabilizacin de regmenes a travs una profunda intervencin por medio de terceros, como en Irn y Honduras.

El hecho de que Obama persiga la estrategia de retroceso opera en una multifactica poltica de abierta intervencin militar, de operaciones encubiertas a travs de la sociedad civil , de una retrica diplomtica aparentemente benigna de sutil persuasin que depende en mucho de la propaganda meditica. Los importantes acontecimientos que se estn desarrollando actualmente ilustran las polticas de retroceso puestas en marcha.

En Afganistn Obama ha ms que duplicado el nmero de fuerzas militares estadounidenses que han pasado de 32.000 a 68.000. Durante la primera semana de julio sus comandantes militares emprendieron la mayor ofensiva militar nica desde hace dcadas en la provincia del sur afgano de Helmand para desplazar a la resistencia y al gobierno indgena.

En Pakistn el rgimen Obama-Clinton-Holbrooke ejerci con xito la mximo presin sobre el recin instalado rgimen cliente de Zedari para emprender una ofensiva militar masiva y hacer retroceder a las fuerzas de la resistencia islmica operativas desde hace mucho tiempo en las regiones fronterizas del noroeste, mientras los drones [aviones teledirigidos] y los comandos de las fuerzas especiales estadounidenses bombardean y asaltan rutinariamente los pueblos y a los dirigentes locales pastn sospechosos de apoyar a la resistencia.

En Iraq, el rgimen de Obama emprende el ridculo complot de reconfigurar el mapa urbano de Bagdad para incluir bases militares y operaciones estadounidenses, y hacer pasar el resultado por retirar las tropas a sus barracas. La multimilmillonaria inversin a largo plazo de Obama, su infraestructura militar a larga escala, incluyendo bases, campos de aviacin e instalaciones, habla de una presencia imperial permanente, no de sus promesas de campaa de una retirada programada. Mientras que la puesta en escena de elecciones fijas entre candidatos que son clientes certificados por Estados Unidos es la norma en Iraq y Afganistn, donde la presencia de tropas estadounidenses garantiza una victoria colonial, en Irn y Honduras Washington recurre a operaciones encubiertas para desestabilizar o derrocar a los presidentes en ejercicio que no apoyan las polticas de retroceso de Obama.

La operacin encubierta y no tan visible en Irn encontr su expresin en un fracasado desafo electoral seguido de manifestaciones masivas en las calles centradas en la afirmacin de que la victoria electoral del anti-imperialista presidente en ejercicio Mahmoud Ahmadinejad fue el resultado de un fraude electoral. Los medios de comunicacin de masas occidentales desempearon un papel fundamental durante la campaa electoral al proporcionar una cobertura favorable exclusivamente de la oposicin y aspectos negativos del rgimen en ejercicio. Los medios de comunicacin de masas recubrieron las noticias con propaganda a favor de los manifestantes al presentar selectivamente la cobertura para deslegitimar las elecciones y a los altos cargos electos, y hacerse eco de las acusaciones de fraude. El xito de propaganda de la campaa de desestabilizacin orquestada por Estados Unidos incluso encontr un eco entre amplias secciones de lo que pasa por la izquierda estadounidense la cual ignora la enorme financiacin coordinada por Estados Unidos de grupos y polticos iranes clave involucrados en las protestas en las calles. Periodistas free-lance neo-conservadores, liberales e izquierdistas itinerantes, como Reese Erlich, defendieron la campaa de desestabilizacin desde su propio punto de vistas estratgico particular como un movimiento democrtico popular contra el fraude electoral.

Los animadores de derecha/izquierda de los proyectos de desestabilizacin estadounidenses no consideraron varios factores explicativos clave:

1. Por ejemplo, ninguno de ellos habl del hecho de que varias semanas antes de las elecciones un riguroso estudio dirigido por dos encuestadores estadounidenses haba revelado unos resultados electorales muy cercanos al resultado real de las elecciones, incluidas las provincias tnicas en las que la oposicin afirm que haba habido fraude.

2. Ninguno de los crticos habl de los 400 millones de dlares concedidos por la administracin Bush para financiar el cambio de rgimen, la desestabilizacin interna y las operaciones terroristas transfronterizas. Muchos de los estudiantes y de las ONG de la sociedad civil en las manifestaciones recibieron fondos de fundaciones y ONG extranjeras, financiadas a su vez por el gobierno estadounidense.

3. Las acusaciones de fraude electoral se elaboraron despus de que se anunciaran los resultados de las elecciones. Durante todo el periodo previo a las elecciones, especialmente cuando las oposicin crean que iba a ganarlas, ni los estudiantes que luego se manifestaron ni los medios de comunicacin de masas occidentales ni los periodistas freelance hablaron de un fraude inminente. Durante todo el da de las elecciones, con observadores de la oposicin en cada colegio electoral, ni los medios de comunicacin ni los observadores internacionales y los izquierdistas que apoyaban a la oposicin sealaron que se hubiera intimidado a los votantes o hubiera habido fraude. Los observadores de los partidos de la oposicin estuvieron presentes para controlar todo el proceso de recuento de votos y, sin embargo, slo con raras excepciones, no hubo entonces afirmaciones de pucherazo. De hecho, excepto una dudosa afirmacin del periodista free-lance Reese Erlich, ninguno de los medios de comunicacin del mundo afirm que hubiera habido ms votos de los censados. E incluso se admiti que las afirmaciones de Erlich se basaban en relatos anecdticos de fuentes annimas entre sus contactos en la oposicin.

4. Durante la primera semana de protestas en Tehern los dirigentes estadounidenses, los de la Unin Europea y los israeles no cuestionaron la validez del resultado de las elecciones. En cambio condenaron la represin de los manifestantes por parte del rgimen. Evidentemente, sus bien informados operativos de inteligencia y embajadas proporcionaron una valoracin ms acertada y sistemtica de las preferencias de los votantes iranes que la propaganda urdida por los medios de comunicacin de masas occidentales y los tontos tiles entre la izquierda anglo-estadounidense.

La oposicin electoral y en las calles respaldada por Estados Unidos en Irn fue diseada para llevar al lmite una campaa de desestabilizacin, con la intencin de hacer retroceder la influencia iran en Oriente Prximo, minar la oposicin de Tehern a la intervencin militar estadounidense en el Golfo, a su ocupacin de Iraq y, sobre todo, el desafo por parte de Irn a la proyeccin de poder militar de Israel en la regin. Durante aos la poltica y la propaganda anti-iran ha estado fuertemente influenciada a diario por toda la configuracin de poder en favor de Israel existente en Estados Unidos. Esto incluye a 51 presidentes de las principales organizaciones judas de Estados Unidos con ms de un milln de miembros y varios miles de funcionarios a tiempo completo, multitud de escritores y comentaristas que dominan las pginas de opinin tanto de los influyentes Washington Post, Wall Street Journal, New York Times como de la prensa amarilla.

La poltica de Obama de hacer retroceder la influencia iran se bas en un proceso en dos etapas: apoyar a una coalicin de disidentes del clero, liberales pro-occidentales, disidentes demcratas y derechistas vicarios de Estados Unidos. Una vez que llegaran el poder, Washington empujara a los clrigos disidentes a alianzas con sus aliados estratgicos entre los liberales y derechistas pro-occidentales, que entonces cambiaran la poltica de acuerdo con los intereses imperialistas estadounidenses y coloniales israeles cortando el apoyo a Siria, Hizbola, Hams, Venezuela, la resistencia iraqu y abrazando a los clientes saud-iraqu-jordanos pro-estadounidenses. En otras palabras, la poltica de retroceso de Obama est diseada para volver a situar a Irn en su alineamiento poltico anterior a 1979.

La [estrategia] por parte de Obama de hacer retroceder a regmenes electos crticos para imponer clientes acomodaticios encuentra otra expresin en el reciente golpe militar en Honduras. El uso del alto mando del ejrcito de Honduras y de los viejos vnculos de Washington con la oligarqua local, que controla el Congreso y el Tribunal Supremo, facilit el proceso y obvi la necesidad de una intervencin directa estadounidense como fue el caso en otras recientes campaas golpistas. A diferencia de Hait donde hace slo una dcada intervinieron los marines estadounidenses para derrocar al democrticamente elegido Bertrand Aristide y respaldaron abiertamente el fallido golpe contra el presidente Chvez en 2002 y, ms recientemente, financiaron el chapucero golpe contra el presidente electo Evo Morales en septiembre de 2008, las circunstancias de la implicacin estadounidense en Honduras fueron ms discretas para posibilitar un desmentido creble.

La presencia estructural y los motivos de Estados Unidos en relacin al derrocado presidente Zelaya son fcilmente identificables. Histricamente Estados Unidos ha adiestrado y ha tratado con prcticamente todo el cuerpo de oficiales de Honduras y ha mantenido una profunda penetracin en todos los altos niveles gracias a consultas diarias y a una planificacin estratgica comn. A travs de su base militar en Honduras los agentes de la inteligencia militar del Pentgono mantienen estrechos contactos tanto para llevar a cabo las polticas como para seguir la pista de todos los movimientos polticos por parte de todos los actores polticos. Como Honduras est tan fuertemente militarizada ha servido de importante base para la intervencin militar estadounidense en la regin: en 1954 se lanz desde Honduras el golpe con xito respaldado por Estados Unidos contra el presidente guatemalteco elegido democrticamente. En 1960 se lanz desde Honduras la invasin del exilio cubano orquestada por Estados Unidos. Desde 1981 a 1989 Estados Unidos financi y adiestr a ms de 20.000 mercenarios de la contra en Honduras que integraban el ejrcito de escuadrones de la muerte para atacar al gobierno sandinista nicaragense elegido democrticamente. Durante los primeros siete aos del gobierno de Chvez los regmenes hondureos se aliaron incondicionalmente a Washington en contra del regimen popular de Caracas.

Obviamente, nunca ha habido o podra haber un golpe militar contra ningn rgimen ttere de Estados Unidos en Honduras. La clave del cambio de la poltica estadounidense en relacin a Honduras se produjo en 2007-2008 cuando el presidente liberal Zelaya decidi mejorara las relaciones con Venezuela para asegurar el generoso subsidio de petrleo y la ayuda exterior de Caracas. Posteriormente Zelaya entr en Petro-Caribe, una asociacin del Caribe y Centroamrica organizada por Venezuela para suministrar petrleo y gas a largo plazo y bajo coste para satisfacer las necesidades de los pases miembro. Ms recientemente, Zelaya se uni al ALBA, una organizacin de integracin regional patrocinada por el presidente Chvez para promocionar ms intercambios comerciales e inversiones entre sus pases miembro en oposicin al pacto de libre mercado promovido por Estados Unidos conocido como el ALCA.

Dado que Washington considera a Venezuela una amenaza y una alternativa a su hegemona en Amrica Latina, el alineamiento de Zelaya con Chvez en cuestiones econmicas y su postura crtica respecto a la intervencin estadounidense lo convirtieron en un objetivo probable de los planificadores de golpes estadounidenses deseosos de convertir a Zelaya en un ejemplo y preocupados por su acceso a las bases militares hondureas, tradicional punto de lanzamiento de su intervencin en la regin.

Washington asumi equivocadamente que un golpe en una pequea repblica bananera (de hecho, la repblica bananera original) en Centroamrica no provocara ninguna protesta importante. Creyeron que el retroceso centroamericano servira de advertencia a otros regmenes con mentalidad independiente en la regin del Caribe y Centroamrica de lo que les espera si se alienan con Venezuela.

La mecnica del golpe es bien conocida y pblica: el ejrcito hondureo secuestr al presidente Zelaya y lo exili a Costa Rica, los oligarcas nombraron presidente a uno de los suyos en el Congreso, mientras sus colegas del Tribunal Superior de Justicia proporcionaban un falaz argumento legal.

Los gobiernos de Amrica Latina, desde la izquierda a la derecha, condenaron el golpe y reclamaron el restablecimiento del presidente legalmente elegido. El presidente Obama y la secretaria de Estado Clinton, que no estaban dispuestos a renegar de sus clientes, condenaron la violencia sin ms especificaciones y pidieron negociaciones entre los poderosos usurpadores y el debilitado presidente en el exilio un claro reconocimiento del papel legtimo de los generales hondureos como interlocutores.

Una vez que la Asamblea General de Naciones Unidas conden el golpe y que la Organizacin de Estados Americanos (OEA) exigi la restitucin de Zelaya, Obama y la secretaria Clinton condenaron finalmente el derrocamiento de Zelaya, aunque se negaron a llamarlo golpe, lo que de acuerdo con la legislacin de EEUU habra dado lugar automticamente a una suspensin total de su paquete anual de ayuda militar y econmica (80 millones de dlares) a Honduras. Mientras que Zelaya se reuni con todos los jefes de Estado latinoamericanos, el presidente Obama y la secretaria Clinton le remitieron a un funcionario de rango menor a fin de no debilitar a sus aliados de la Junta de Honduras. Todos los pases de la OEA retiraron a sus embajadores, salvo Estados Unidos, cuya embajada comenz a negociar con la Junta para ver cmo se podra salvar la situacin en la que ambos se encontraban cada vez ms aislados especialmente ante el hecho de la expulsin de Honduras de la OEA.

Que Zelaya regrese finalmente a su puesto o que la Junta respaldada por Estados Unidos contine en el cargo durante un periodo prolongado de tiempo mientras Obama y Clinton sabotean su regreso inmediato a travs de prolongadas negociaciones, la cuestin clave de la estrategia de retroceso promovida por Estados Unidos ha sido extremadamente costosa desde el punto de vista diplomtico y poltico.

El golpe en Honduras respaldado por Estados Unidos demuestra que, a diferencia de la dcada de 1980, cuando el presidente Ronald Reagan invadi Granada y el presidente George Bush (padre) invadi Panam, la situacin y el perfil poltico de Amrica Latina (y del resto del mundo) han cambiado drsticamente. Entonces los militares y los regmenes pro-estadounidenses de la regin aprobaron en general las intervenciones de Estados Unidos y colaboraron; algunos protestaron ligeramente. Hoy en da, el centro-izquierda, e incluso los regmenes electorales de la derecha, se oponen a los golpes militares en cualquier parte [porque los ven] como una amenaza potencial para su propio futuro.

Es igualmente importante que, habida cuenta de la grave crisis econmica y del aumento de la polarizacin social, lo ltimo que quieren los correspondientes regmenes es un sangrante malestar interno estimulado por crudas intervenciones imperiales de Estados Unidos. Por ltimo, las clases capitalistas de los pases latinoamericanos de centro-izquierda quieren estabilidad porque pueden cambiar el equilibrio de poder a travs de las elecciones (como en los recientes casos de Panam y Argentina) y los regmenes militares favorables a Estados Unidos pueden alterar sus crecientes lazos comerciales con China, Oriente Prximo y Venezuela/Bolivia.

La estrategia de retroceso global de Obama incluye la construccin de bases de misiles en Polonia y la Repblica Checa, no muy lejos de la frontera con Rusia. Obama est empujando fuerte para incorporar a Ucrania y a Georgia en la OTAN, lo que aumentar la presin militar de Estados Unidos en el flanco sur de Rusia. Aprovechando la plasticidad del presidente ruso Dimitry Medvedev (siguiendo las huellas de Mikail Gorbechov), Washington se ha asegurado el libre paso de tropas y armamento estadounidenses a travs de Rusia hasta el frente afgano; la aprobacin de Mosc de nuevas sanciones contra Irn, y reconocimiento y apoyo al rgimen tutelado de EEUU en Bagdad. Los responsables de Defensa rusos cuestionarn probablemente el obsequioso comportamiento de Medvedev en cuanto Obama avance en su proyecto de estacionar misiles nucleares a cinco minutos de Mosc.

Hacer retroceder: fallos predecibles y efecto boomerang

La estrategia de retroceso de Obama cuenta con un renacimiento de polticas derechistas de masas para legitimar la reafirmacin del dominio estadounidense. A lo largo de 2008 en Argentina cientos de miles de manifestantes de clase media y baja salieron a las calles en el interior del pas bajo la direccin de las asociaciones de grandes terratenientes pro-estadounidenses para desestabilizar el rgimen de centro-izquierda de Fernndez. En Bolivia, cientos de miles de estudiantes de clase media, empresarios, propietarios y afiliados a ONG, tomaron Santa Cruz y otras cuatro provincias ricas y, bien financiados por el embajador Goldberg, por la Agencia para el Desarrollo Internacional y la Donacin Nacional para la Democracia se lanzaron a las calles, generando el caos y asesinando a 30 indgenas seguidores del presidente Morales en un intento de expulsarle del poder. Similares manifestaciones masivas de derechas han tenido lugar en el pasado en Venezuela y ms recientemente en Honduras y en Irn.

La idea de que las manifestaciones masivas de sectores acomodados gritando democracia da legitimidad a los intentos deslegitimadores de EEUU contra sus adversarios democrticamente elegidos es una idea promulgada por cnicos propagandistas en los medios de comunicacin y repetida como loros por crdulos y progresistas periodistas free-lance que nunca han entendido los fundamentos de clase en la poltica de masas.

El golpe hondureo de Obama y el esfuerzo de desestabilizacin financiado por Estados Unidos en Irn tienen mucho en comn. Ambos tienen lugar en contra de los procesos electorales en los que los crticos de las polticas de Estados Unidos derrotaron a las fuerzas sociales favorables a Washington. Habiendo perdido la opcin electoral, la estrategia de retroceso de Obama trata de que la poltica extraparlamentaria de masas legitime los intentos de la elite para hacerse con el poder: en Irn a travs de clrigos disidentes, y en Honduras por los generales y oligarcas.

Tanto en Honduras como en Irn, los objetivos de la poltica exterior de Washington eran los mismos: hacer retroceder a los regmenes cuyos dirigentes rechazaron la tutela de Estados Unidos. En Honduras, el golpe sirve de leccin para intimidar a otros pases centroamericanos y del Caribe que se han salido de la rbita de Estados Unidos y se han unido a los programas de integracin econmica encabezados por Venezuela. El mensaje de Obama es claro: esos movimientos tendrn como resultado el sabotaje orquestado de Estados Unidos y sus represalias.

A travs de su apoyo al golpe militar, Washington recuerda a todos los pases de Amrica Latina que Estados Unidos todava tiene capacidad para aplicar sus polticas a travs de las elites militares latinoamericanas, a pesar de que sus propias fuerzas armadas estn atadas de pies y manos en guerras y ocupaciones en Asia y Oriente Prximo, y de que su presencia econmica est disminuyendo. Del mismo modo, en Oriente Prximo, la desestabilizacin del rgimen iran por parte de Obama est destinada a intimidar a Siria y a otros crticos de la poltica imperial de Estados Unidos, y a tranquilizar a Israel (y a quienes configuran el poder sionista en Estados Unidos) respecto a que Irn sigue ocupando un lugar importante en su agenda de retrocesos.

La poltica de Obama de hacer retroceder sigue los pasos, en muchos sentidos cruciales, del presidente Ronald Reagan (1981-1989). Al igual que Reagan, la presidencia de Obama tiene lugar en un momento de retirada estadounidense, de disminucin de poder y de avance de la poltica anti-imperialista. Reagan hizo frente a las secuelas de la derrota de Estados Unidos en Indochina, al xito de la difusin de las revoluciones anti-coloniales en el sur de frica (especialmente Angola y Mozambique), al xito de la rebelin democrtica en Afganistn, a una victoriosa revolucin social en Nicaragua y a grandes movimientos revolucionarios en El Salvador y Guatemala. Al igual que hoy Obama, Reagan puso en marcha una estrategia militar asesina para hacer retroceder estos cambios a fin de socavar, desestabilizar y destruir a los adversarios del imperio de Estados Unidos.

Obama se enfrenta a un conjunto similar de condiciones adversas en la actual era post-Bush: avances democrticos en toda Amrica Latina con nuevos proyectos de integracin regional que excluyen a Estados Unidos; derrotas y estancamientos en Oriente Prximo y en Asia meridional; una proyeccin de poder ruso reactivado y fortalecido en las repblicas exsoviticas; la disminucin de la influencia de Estados Unidos en los compromisos militares de la OTAN; una prdida de credibilidad poltica, econmica, militar y diplomtica como resultado de la depresin econmica mundial inducida por Wall Street y la prolongacin sin xito de guerras regionales.

Al contrario que la de Obama, la estrategia de retroceso de Ronald Reagan tuvo lugar bajo circunstancias favorables. En Afganistn, Reagan consigui el apoyo de todo el mundo musulmn conservador y oper a travs de los feudales dirigentes tribales afganos, que resultaron ser clave, contra un rgimen reformista, de base urbana y respaldado por los soviticos en Kabul. Obama est en la posicin inversa en Afganistn. La vasta mayora de los afganos y la inmensa mayora de la poblacin musulmana en Asia se oponen a su ocupacin militar.

La estrategia de retroceso de Reagan en Centroamrica, especialmente su invasin mercenaria de la Contra en Nicaragua, cont con el apoyo de Honduras y de todas las dictaduras militares pro-estadounidenses en Argentina, Chile, Bolivia y Brasil, as como de los gobiernos civiles de derechas de la regin. En contraste, el golpe de reversin de Obama en Honduras y en el exterior se enfrenta con regmenes electorales democrticos en toda la regin, una alianza de regmenes nacionalistas de izquierda encabezada por Venezuela y organizaciones regionales econmicas y diplomticas firmemente opuestas a cualquier retroceso a la dominacin y a la intervencin de Estados Unidos. La estrategia de retroceso de Obama se halla ante un absoluto aislamiento poltico en toda la regin.

La poltica de hacer retroceder de Obama no puede ejercer la mano dura econmica para obligar a los regmenes en Oriente Prximo y Asia a que apoyen sus polticas. Ahora existen mercados asiticos alternativos, inversiones extranjeras de China, la profundizacin de la depresin estadounidense y la desinversin en el exterior de bancos y multinacionales de Estados Unidos. A diferencia de Reagan, Obama no puede combinar la zanahoria econmica con el palo militar. Obama tiene que recurrir a la opcin militar menos eficaz y menos costosa en un momento en que el resto del mundo no tiene ningn inters ni voluntad de proyectar poder militar en regiones de escasa importancia econmica o a cuyos mercados se puede acceder a travs de acuerdos econmicos.

El lanzamiento de la estrategia global de retroceso de Obama ha tenido un efecto boomerang incluso en su fase inicial. En Afganistn, la gran acumulacin de tropas y la ofensiva masiva contra las plazas fuertes de los talibn no ha dado lugar a grandes victorias militares, ni siquiera a enfrentamientos. La resistencia se ha retirado, mezclada con la poblacin local, y probablemente recurra a una guerra de desgaste prolongada, descentralizada y a pequea escala, diseada para comprometer a varios miles de efectivos militares en un mar hostil de afganos, sangrando la economa de Estados Unidos, aumentando sus bajas sin resolver nada y, eventualmente, probando la paciencia de la opinin pblica estadounidense profundamente inmersa en la actualidad en las prdidas de puestos de trabajo y en la rpida disminucin del nivel de vida.

El golpe llevado a cabo por los militares hondureos y respaldado por Estados Unidos ya ha reafirmado el aislamiento poltico y diplomtico estadounidense en el Hemisferio. El rgimen de Obama es el nico de los pases importantes que ha mantenido a su embajador en Honduras, el nico pas que se niega a considerar el golpe militar como un golpe, y el nico que mantiene la ayuda econmica y militar. Ms que establecer un ejemplo del poder de Estados Unidos para intimidar a los pases vecinos, el golpe ha reforzado la conviccin entre todos los pases de Sudamrica y Centroamrica de que Washington est tratando de volver a los viejos malos tiempos de regmenes militares pro-estadounidenses, al saqueo econmico y a los mercados monopolizados.

Lo que los asesores de poltica exterior de Obama no han logrado entender es que no pueden poner a sus Humpty Dumpty** juntos de nuevo; que no pueden volver a la poca de [la estrategia de] retroceso de Reagan, de los bombardeos unilaterales contra Iraq, Yugoslavia y Somalia, de Clinton, ni a su saqueo de Amrica Latina.

Ninguna regin, pas o alianza de importancia seguir a Estados Unidos en su ocupacin colonial armada en pases de la periferia (Afganistn/Pakistn) o incluso centrales (Irn) aunque se unan a Estados Unidos en las sanciones econmicas, las guerras y los esfuerzos de desestabilizacin electoral en contra de Irn.

Ningn pas latinoamericano tolerar otro golpe militar de Estados Unidos contra un presidente democrticamente elegido, incluso los regmenes nacionales populistas que divergen de la poltica econmica y diplomtica estadounidense. El gran temor y el horror ante el golpe respaldado por Estados Unidos se deriva del recuerdo por parte de toda la clase poltica latinoamericana de la pesadilla de los aos de dictaduras militares apoyadas por Estados Unidos.

La ofensiva militar de Obama, su estrategia de hacer retroceder para recuperar el poder imperial, est acelerando el declive de la Repblica Estadounidense. El aislamiento de su administracin se pone cada vez ms de manifiesto por su dependencia de los Israel primero que ocupan su administracin y el Congreso, as como los influyentes expertos pro-israeles en los medios de comunicacin que identifican el retroceso con la propia confiscacin de tierras palestinas por parte de Israel y las amenazas militares a Irn.

El retroceso tiene efecto boomerang. En vez de recuperar la presencia imperial, Obama ha sumergido la Repblica y, con ella, al pueblo estadounidense en una mayor miseria e inestabilidad.

Los libros ms recientes de lames Petras son Whats Left in Latin America, del que es co-autor junto con Henry Veltmeyer (Ashgate press 2009) y Global Depression and Regional Wars (Clarity press 2009 agosto).

--------------------------

(*) N de las t.: El ttulo en ingles reza: Obama's Rollback Strategy: Honduras, Iran, Pakistan, Afghanistan (and the Boomerang Effect) en el que rollback se utiliza con el significado que adquiri durante el periodo de la Guerra Fra y, segn el autor, en el sentido de hacer retroceder, revertir o volver a una situacin previa para recuperar espacios polticos perdidos a partir de la derrota de los que previamente ganaron.

(**) N. de las t.: Humpty Dumpty es una famosa cancin infantil en el mundo anglosajn. La cita hace referencia a lo que el autor dice a continuacin, que Obama no puede reconstruir el pasado.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter