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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-07-2009

Canes muti

Mikel Arizaleta
Rebelin


"Purificar la memoria. Servir a la verdad. Pedir perdn'', los prelados de Bilbo, Gasteiz y Donostia 74 aos despus de su asesinato celebran en la nueva catedral de Gasteiz un funeral por los 14 curas vascos fusilados por los franquistas en el transcurso de la guerra de 1936. Los prelados no ocultan que su decisin de honrar a quienes fueron pasados por las armas -en algunos casos torturados previamente, y sin juicio ni defensa-, llega tarde; cerca de dos aos despus de que el Papa beatificara a religiosos fieles al fascismo muertos en la contienda y ms de siete dcadas del final de la guerra. El perdn de la Iglesia a otros siempre se hace esperar aunque, como en este caso, sean sus curas. No deja de ser una prueba ms de la catadura moral de quienes una y otra vez quieren mostrarse como moralistas y guas de una sociedad confundida y sin valores!

Los obispos de las tres dicesis han escrito una carta colectiva. Hace exactamente 72 aos otro triunvirato formado por Gom, cardenal primado, Pla i Deniel, asesorando en lo doctrinal, y Eijo Garay, obispo de Madrid-Alcal, que hizo algunos retoques estilsticos redactaron otra carta, la Carta colectiva de los Obispos Espaoles a los de todo el Mundo con motivo de la Guerra de Espaa, que vera la luz en agosto-septiembre de 1937. El escrito original llevaba fecha de julio, pero su publicacin se retras para convencer a aquellos prelados que todava no se haban plegado a firmarla.

Como nos recuerda Luisa Marco Sola en su bello libro Sangre de cruzada: Para entonces el episcopado ya estaba ms que alineado con el bando franquista.. Y aunque todos los prelados se haban sumado para entonces con sus proclamas a la Cruzada a Franco le traa de cabeza el que por parte del catolicismo internacional se condenara en duros trminos los abusos cometidos por las tropas insurrectas. La prensa catlica internacional se opuso frontalmente al levantamiento.

Franco consciente de la importancia internacional- requiri al cardenal primado, Gom, que tomara cartas en el asunto, aunque ste nunca reconoci que la iniciativa parti no de la Iglesia sino del dictador. La Carta colectiva de los Obispos Espaoles se escribi a instancias del generalsimo Franco. El historiador Hilari Raguer dir: Posteriormente, ante el obvio reparo a un documento publicado a instancia de la autoridad civil, Gom trat de explicar su origen atribuyendo la iniciativa a otros obispos o aun al mismo Papa, y as es como algunos historiadores filofranquistas lo han querido presentar.

El hecho de que en el frente vasco los catlicos se hubieran alineado con la causa nacionalista y, por lo tanto, con la Repblica, supona un mazazo a esa lucha contra el laicismo, que deca sostener la Iglesia. Consciente de ello Franco instaba a Gom, en diciembre de 1936, en entrevista personal a obtener una condena firme por parte de la Santa Sede de la resistencia vasca: una desautorizacin de la conducta de los vascos por parte de la autoridad eclesistica podra ser decisiva para hacerles desistir de la lucha. El papado se negara a tal condena mientras los rebeldes no aseguraran unas garantas mnimas a los nacionalistas y al Pas Vasco en general. Y el tema qued en agua de borrajas al negarse en generalsimo a aceptar nada que no fuera una rendicin incondicional de los vascos.

En este contexto se escribi aquella carta a iniciativa del poder civil: El general Franco me pide que el episcopado espaol redacte un documento. Carta que la subscribieron todos menos cuatro. Dos destacaran por encima de todos: el arzobispo de Tarragona, cardenal Vidal i Barraquer, y el obispo de Gasteiz, monseor Mateo Mgica Urrestarazu, por motivos distintos.

A Vidal i Barraquer nunca se lo perdon Franco el no haber firmado la carta, no pudiendo regresar jams al estado espaol.

En otoo de 1936 el ejrcito franquista ejecut a catorce religiosos por sus convicciones nacionalistas. Tras la cada de la regin varios cientos seran encarcelados o deportados a otras comunidades por idntica razn, en gran parte con la colaboracin sumisa de sus superiores, como Gumersindo de Estella y otros. El obispo de Vitoria, Mateo Mgica, nacionalista tambin, haba sido obligado por la Junta de Defensa, tras sufrir varios escarnios pblicos, a exiliarse a Italia, donde denunciara sin paliativos ante el Vaticano el bombardeo de Gernika. Despus de lo que haba visto no poda firmar una carta en la que se elogiaban los mtodos de los sublevados.

La carta tampoco la firmaron el donostiarra Javier de Irastorza Loinaz, obispo de Orihuela-Alicante, ni Torres Riba, obispo de Menorca, que se encontraba incomunicado en una isla dominada por el bando republicano. Quien s firm la carta fue el religioso salesiano barakalds Marcelino Olaechea, obispo de Irua.

Y traigo a colacin estas notas, recogidas de Luisa Marco Sola, en alabanza y loa de todos aquellos valientes, que supieron hablar a tiempo, y no como estos prelados, que slo son capaces de escribir una carta de perdn 74 aos despus. Y en agradecimiento a esos historiadores modernos y gentes de bien, que han trabajado y siguen trabajando por recuperar la memoria y los cuerpos de aquellas gentes, que fueron enterradas en caminos y acequias. Tiene razn Isaas al llamarles a estos obispos canes muti, perros silentes. 



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