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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-07-2009

Berlusconi pretende amordazar a la prensa prohibiendo la publicacin de documentos judiciales
El enemigo de la prensa

Umberto Eco
Espresso

Traducido para Rebelin por Liliana Piastra


El jefe del gobierno quiere amordazar la informacin. Y en nuestra sociedad enferma parece que la mayora de los italianos tambin est dispuesta a aceptar esta infraccin. Pero el famoso intelectual dice: 'Yo no estoy de acuerdo'.


No s si ser el pesimismo de la edad avanzada, si ser la lucidez que trae consigo la edad, pero tengo mis dudas, no exentas de escepticismo, en cuanto a intervenir, a instancias de la redaccin, en defensa de la libertad de prensa. Lo que quiero decir es que, cuando alguien tiene que intervenir en defensa de la libertad de prensa, es porque la sociedad, y con ella una gran parte de la prensa, ya est enferma. En las democracias que llamaremos fuertes' no es necesario defender la libertad de prensa, porque a nadie se le ocurre limitarla.

Esa es la primera razn de mi escepticismo, de la que se deriva todo un corolario. El problema italiano no es Silvio Berlusconi. La historia (yo dira que desde Catilina en adelante) est plagada de aventureros, no carentes de carisma, con muy poco sentido del Estado pero con un sentido muy acusado de sus propios intereses, que han deseado instaurar un poder personal, pasando por encima de parlamentos, magistraturas y constituciones, repartiendo favores a sus cortesanos y (a veces) a sus cortesanas e identificando su propio placer con el inters de la comunidad. Lo que pasa es que esos hombres no siempre han conquistado el poder al que aspiraban, porque la sociedad no se lo ha permitido. Cuando la sociedad se lo ha permitido, por qu tomrselo a mal con esos hombres y no con la sociedad que les ha dejado hacer lo que han querido?

Siempre recordar una historia que contaba mi madre que, a sus veinte aos, haba conseguido un buen trabajo como secretaria y mecangrafa de un diputado liberal y he dicho liberal. Al da siguiente de que Mussolini subiera al poder el diputado en cuestin dijo: "Pero en el fondo, con la situacin en la que se encontraba Italia, a lo mejor ese Hombre sabe cmo poner un poco de orden". Pues bien, si se instaur el fascismo no fue gracias a la personalidad enrgica de Mussolini (oportunidad y pretexto), sino a la indulgencia y a la relajacin de aquel diputado liberal (representante ejemplar de un pas en crisis).

Por consiguiente, es intil tomrsela con Berlusconi que, digmoslo as, hace su oficio. La que ha aceptado el conflicto de intereses, la que acepta las rondas, la que acepta el laudo Alfano, y la que ahora habra aceptado sin demasiadas cuitas - si el presidente de la Repblica no hubiese levantado una ceja - la mordaza que se le ha puesto a la prensa (por ahora de forma experimental) es la mayora de los italianos. Si una cauta censura de la Iglesia no estuviera turbando en estos momentos la conciencia pblica, esa misma nacin aceptara sin vacilar, e incluso con una cierta complicidad maliciosa, que Berlusconi se fuera de velinas pero eso pronto estar superado, porque los italianos, y en general los buenos cristianos, se han ido de putas desde siempre, por mucho que el prroco diga que no est bien.

Por qu dedicar, entonces, a esas alarmas un nmero de 'L'espresso', si sabemos que el peridico llegar a manos de quien ya est convencido de esos riesgos de la democracia, pero en cambio no lo leer quien est dispuesto a aceptarlos con tal de que no le falte su racin de Gran Hermano y de muchos casos poltico-sexuales en el fondo sabe bien poco; porque una informacin, en gran parte sometida a control, ni siquiera se lo cuenta?

A ver por qu hacerlo? El porqu es muy sencillo. En 1931 el fascismo impuso a los profesores universitarios, que entonces eran 1.200, un juramento de fidelidad al rgimen. Slo se negaron 12 (el 1 por ciento), que perdieron su puesto. Hay quien dice que 14, pero eso no hace ms que confirmar hasta qu punto pas el hecho desapercibido entonces, dejando un recuerdo un tanto vago. Muchos otros, que luego seran personajes eminentes del antifascismo posblico, incluso aconsejados por Palmiro Togliatti o Benedetto Croce, juraron, para poder seguir difundiendo sus enseanzas. Puede que los 1.188 que permanecieron tuvieran razn, por distintas razones y todas ellas honorables. Pero los 12 que dijeron que no salvaron el honor de la Universidad y, en definitiva, el honor del pas.

Esa es la razn de que a veces haya que decir que no, aunque se sea pesimista y se sepa que no servir para nada.

Por lo menos que pueda uno decir un da que lo dijo.


Fuente: L'Espresso, 9 de julio de 2009
http://espresso.repubblica.it/dettaglio/il-nemico-della-stampa/2104060&ref=hpsp



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