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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-07-2009

Al diablo la clase obrera

Umberto Eco
LEspresso

Traducido para Rebelin por Liliana Piastra


Cmo se le puede pedir que se reconozca como clase, con problemas comunes, a quien, si es que an trabaja, lo hace cada vez menos junto con otros, durante periodos cada vez ms cortos y ve el trabajo no ya como algo que se respeta sino que se soporta?


Los de mi generacin, que encararon el Sesenta y Ocho entre los treinta y cinco y los cuarenta aos, demasiado mayores ya para ser estudiantes en revuelta y demasiado jvenes para ser venerables ancianos que rehuan el enfrentamiento, se han visto durante largo tiempo chantajeados por la clase obrera. Mejor dicho, no por la propia clase, los pobres, con todos los problemas que tenan, sino por sus adoradores burgueses de izquierdas que, apelando al nacimiento de una ciencia proletaria, te preguntaban qu sentido tena seguir ocupndose de Dante, de Kant o de Joyce. Y como, de una u otra forma, lo que se quera era seguir hablando de ello incluso en una facultad ocupada (bastaba con quererlo y era perfectamente posible) nos esforzbamos por demostrar cmo, a la larga, conocer a Dante o a Joyce tambin poda contribuir a la redencin de la clase obrera.

Ni que decir tiene el alivio que muchos de nosotros sentimos al descubrir que haba acabado el tiempo en que los obreros no tenan nada que perder, excepto sus cadenas, porque, pudiendo perder el televisor, la nevera, la pequea cilindrada y el poder ver a muchas velinas todas las noches, ya votaban a Berlusconi y a Bossi -desviando su propia indignacin de los capitalistas a los extracomunitarios. El comportamiento de los proletarios de antao se haba convertido en el tpico del subproletariado. Por fin se exclam-, ya no tenemos que hacernos cargo de la clase obrera! Que son ms pobres ahora que hace algunos aos? Ellos son los que han preferido las rondas a los sindicatos. Libres del chantaje de la clase obrera, ahora escribiremos no slo sobre Dante, sino inclusive sobre Burchiello y, como el protagonista de 'A rebours', pondremos sobre nuestra alfombra persa una tortuga con el caparazn incrustado de rubes, turquesas, aguamarinas y crisoberilos verde esprrago.

Malhumores aparte, la clase obrera se ha vuelto invisible: los obreros, como ha dicho Ilvo Diamanti, ya no constituyen una masa crtica y slo nos damos cuenta de que existen cuando mueren en algn accidente laboral. Encuentro esta cita casi al principio de un panfleto, muy irritado y muy amargo, de Furio Colombo, 'La paga' (Saggiatore, 14). Por el ttulo y por una imagen ms bien estajanovista que hay en la cubierta podra pensarse en un discurso distinto sobre la clase obrera, pero en este libelo no se nombra a la clase obrera, como si ya, con la descalificacin de los sindicatos, el fin de las ideologas, el nacimiento de nuevos partidos que han absorbido desde la derecha los descontentos que en tiempos se ubicaban a la izquierda, esas denominaciones hubiesen perdido todo su inters. En ese libro no se habla de la desaparicin de la clase de los trabajadores, sino de la desaparicin del trabajo.

La idea puede parecer rara, pero, pensndolo bien, entre la desregulacin, el hundimiento de los imperios financieros, la cada de las Bolsas, gerentes que dejan su despacho con una caja de cartn debajo del brazo y un bonus estratosfrico en la cartera, el desprecio del trabajo se difunde por doquier, en las declaraciones oficiales y en la poltica de tres al cuarto. A la Confindustria [la Confederacin de los Empresarios] le sigue pareciendo siempre excesivo el coste del trabajo, las empresas hacen todo lo posible por disolver los grandes centros de produccin entre una pluralidad de personas que no se conocen entre s, se sientan ante un ordenador lejos de la capital y trabajan proyectos sin ninguna garanta de continuidad; la transformacin de las grandes compaas de lugares en los que se produca (y por lo tanto se necesitaba mano de obra especializada) en paquetes que se venden y revenden y que, por consiguiente, resultan ms atractivos en el mercado financiero cuanto ms se hayan aligerado de los costes laborales, ha llevado a aceptar sin indignacin ni estupor las campaas contra los sindicatos (que ya se consideran sanguijuelas parasitarias) e incluso contra los propios trabajadores. Y he aqu, puede que hasta demasiado fiel al programa de un libelo, la descripcin de un ministro [de Administracin Pblica, Brunetta], cuyo verdadero objetivo "no es llevar justicia y meritocracia a la administracin pblica " sino "denigrar el trabajo, humillarlo, ridiculizarlo y desmentirlo, mostrar el flanco poco fiable y un poco innoble de los funcionarios".

Pero, aparte las intenciones de Brunetta, se perfila otro fenmeno: si antes el problema era proporcionarle suficiente tiempo libre a quien trabaja, hoy se nos regala a todos un 'tiempo vaco', el de la espera de un primer trabajo, entre un despido y la firma de un nuevo contrato eventual, entre el principio y el final de una cassa integrazione [similar al ERE]. En fin, cmo se le puede pedir que se reconozca como clase, con problemas comunes, a quien, si es que an trabaja, lo hace cada vez menos junto con otros, durante periodos cada vez ms cortos y ve el trabajo no ya como algo que se respeta sino que se soporta, come un accidente cuya vida es cada vez ms breve, si una milagrosa automatizacin que ni siquiera requiere operadores en la consola resolver los problemas econmicos y todos gozaremos de una libre e infinita circulacin de 'subprimes'?

http://espresso.repubblica.it/dettaglio/al-diavolo-la-classe-operaia/2104138/18



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