Portada :: Espaa :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-07-2009

De capitanes y barcos

Miguel Riera
El Viejo Topo


Cuando jovencito, me impresionaban los relatos de naufragios en los que el capitn, salvados pasajeros y tripulacin, se hunda con su barco. Recuerdo uno, aunque no a su autor, en el que el barbado capitn, en un gesto supuestamente heroico, se haca atar las muecas a la rueda del timn para evitar la tentacin de huir o impedir que un golpe de mar lo arrebatara del puente y lo abismara en las glidas y oscuras aguas del ocano antes de que su venerable cascajo se precipitara dignamente al fondo.

Esas imgenes me vienen ahora con frecuencia a la mente, slo que el lugar de los curtidos marineros lo ocupan nuestros polticos de hoy, y lo que se hunde no son sus navos, sino su pas.

Tomemos, por ejemplo, el caso del gobierno de Espaa y de su capitn, Jos Luis Rodrguez Zapatero. Ah est, sobre el puente, manejando una nave que hace aguas, mandando clavar tablas, poner parches y remedios, intentando cerrar las vas de agua que se abren por doquier, escuchando a los que le han estado rodeando en sus ltimas travesas y que no parecen ponerse de acuerdo en lo que hay que hacer para escapar a la tormenta. Le aterra dar un golpe de timn, hacer lo contrario de lo que ha estado haciendo hasta ahora. Escucha y trata de contentar a todos con sus decisiones. Ahora iza la mayor, ahora la destensa. Grita tierra hoy, y maana descubre que era un espejismo sobre el mar. Sabe que lo que proponen los que querran estar en su lugar acabara por echar el barco a pique, pero en vez de tomar un rumbo radicalmente distinto se inclina por buscar uno intermedio, esperando que amaine el tiempo y se duerma el mar. Casi todas las voces le piden que gire a estribor las pocas que chillan a babor casi no se oyen y sabe que no debe hacerlo, pero an as tuerce un poco el rumbo. Pretende llegar a puerto aunque el lastre es mucho y la travesa larga. Absurdamente, confa en la suerte. Tiene a su favor que el capitn que podra reemplazarlo, con seguridad iba a someter a pasajeros y tripulantes a sacrificios an mayores en beneficio de los armadores. Pero los vientos soplan con fuerza en contra, y todo hace presagiar el naufragio.

Ms pattica todava es la imagen que desprende el tripartito cataln, cuyo presidente, vicepresidente y otros miembros del gobierno vociferan mientras se hunden culpando a otros de la magnitud de la tormenta. Sealan con firmeza al que creen enemigo, y que siempre est afuera, en otros barcos. El enemigo son los dems, parecen pensar. Por no mirar, ni siquiera comprueban sus bodegas, en las que el agua est penetrando a chorro. La culpa es de los otros, y eso les exime de hacer nada. El presidente Montilla busca el paraguas del dinero, y asiente ante las pretensiones de quienes lo tienen. Como l no se ve capaz de marcar un rumbo distinto quiralo o no, es parte de una flota, y no puede alejarse demasiado de la formacin le pide al almirante que lo haga, reprochndole adems que no atienda sus peticiones. Bajo la bandera de su nacin enarbola la neoliberal, aunque otrora, cuando grumete, izara una roja. Capitn impertrrito, deja hundir la proa en las olas y comprueba impvido cmo el mar barre la cubierta.

A algn miembro de su gobierno tal vez le gustara virar algo a babor, aunque slo fuera un par de grados. Pero calla y resiste. Resistir es vencer, deca Cela. Olvida que no hay victoria bajo el agua. No son, eso es evidente, capitanes intrpidos. Ni disponen de tripulaciones aguerridas. Sus cartas de navegacin no sirven. Las flotas amigas, extranjeras, se hallan lejos y sufren sus propias tempestades. Quizs por eso los capitanes han decidido atar sus muecas a la rueda del timn y esperar pacientemente a que Neptuno aparezca y los conduzca, sobre sus caballos blancos, entre algas y corales, a las blancas arenas del olvido.


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter