Portada :: Amrica Latina y Caribe :: Golpe militar y resistencia popular en Honduras
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-07-2009

Honduras en Golpe: Por qu el garrote?

Felipe de J. Prez Cruz
Rebelin



Honduras se encuentra entre los pases ms pobres de Amrica Latina y el mundo. La pobreza alcanza al 62.9 por ciento de la poblacin y ms del 55 por ciento est desempleada. El 63 por ciento de las familias hondureas sufren de desnutricin y miles de chicos viven en la calle. Por primera vez en la historia contempornea del hermano pas, un gobernante, el Presidente Jos Manuel Zelaya Rosales, estaba empeado en un grupo de importantes acciones para cortar en sus races esa herencia de explotacin y subdesarrollo.

Zelaya Rosales no se planteaba un proyecto personal. Haba llegado a la conviccin de la necesidad de incentivar la participacin popular en la toma de las decisiones fundamentales del Estado. Precisamente, el domingo 28 de junio los hondureos iran a las urnas con el propsito de participar en una consulta popular. Pero en horas de la madrugada se inicia el Golpe de Estado. El Presidente Zelaya Rosales es secuestrado por efectivos del Ejrcito y expulsado a Costa Rica. Desde las primeras horas del Golpe, el escenario qued bien establecido: de una parte la oligarqua apoya en bloque la accin de los militares; de la otra, el pueblo expresa su protesta. Los principales medios de comunicacin masiva ejecutaron una vasta operacin de silencio con el propsito de desconcertar al pueblo, confundir a la opinin pblica internacional y permitir el avance y consolidacin de la asonada militar

El funcionariado del Estado oligrquico -Tribunales, Fiscala y Polica-, y la jerarqua de la Iglesia catlica se manifestaron como parte del esquema golpista. El Congreso hondureo nombr como presidente del pas a Roberto Micheletti -Presidente del rgano legislativo y ex candidato a la presidencia por el propio Partido de Zelaya Rosales- tras esgrimir una supuesta carta de renuncia del Presidente. El Consejo Hondureo de la Empresa Privada (COHEP) respald la decisin legislativa: No se est cambiando un Presidente por otro. Se ha logrado en un marco de unidad nacional, mantener la institucionalidad y el respeto a la Constitucin y las leyes, afirmaron los empresarios.

Desde los primeros momentos el pueblo hondureo rechaz el Golpe de Estado. Aunque parte de las garantas constitucionales fueron suspendidas, y se vivi en el pas una especie de estado de sitio, decenas de miles de hondureos en Tegucigalpa y otras ciudades del pas, salieron a las calles y plazas para respaldar el retorno del Presidente Constitucional. Las masas, con la armadura de su indignacin y vergenza, comenzaron a enfrentarse a las fuerzas conjuntas del Ejrcito y la Polica. Caen las primeras vctimas de la nueva represin fascista. Las detenciones se multiplicaron y en respuesta, las organizaciones populares convocaron a un paro nacional hasta el regreso del legtimo Presidente, medida que se mantiene hasta hoy.

Para justificar el Golpe de Estado las fuerzas de la oligarqua y el imperialismo apelan a un grueso expediente de acusaciones contra el Presidente Jos Manuel Zelaya Rosales. Se trata de un expediente espurio, fabricado a ltima hora, pero tales argumentos, an si tuvieran una cuota de credibilidad, resultaran falsos para explicar las razones del cruento asalto militar. Realmente con la salida de Zelaya Rosales de la presidencia, se intenta cortar el curso histrico de un interesante proceso de cambios que se haba iniciado en el hermano pas.

Jos Manuel Zelaya Rosales

Jos Manuel Zelaya Rosales (1952), es un rico terrateniente que fue directivo del Consejo Hondureo de la Empresa Privada (COHEP) y presidente de uno de sus gremios ms importantes, la Asociacin Nacional de Empresas Transformadoras de la Madera (ANETRAMA). Afiliado al Partido Liberal desde 1970, empez a desarrollar en las filas liberales labores orgnicas y representativas, hasta llegar a ocupar un escao como congresista. En el ejercicio de sus funciones pblicas se caracteriz por su entrega y honradez. La prensa burguesa de Honduras lo mostraba adems como un buen padre de familia catlica, con el don del hacendado campechano, aficionado a tocar la guitarra y montar caballos. Bajo este perfil Zelaya Rosales triunfa en las elecciones presidenciales del 27 de noviembre de 2005. Nada haca suponer que fuera portador de una propuesta distinta a la de sus correligionarios de la oligarqua hondurea, ni que tuviera la valenta de trascender los marcos previamente fijados por el sistema de dominacin

El accionar del Presidente Zelaya Rosales para revertir la crtica situacin nacional y comenzar aunque fuera tmidamente- a favorecer las necesidades e intereses de los sectores populares result, para el imperio y la oligarqua, una desagradable sorpresa. Comprometido con las necesidades de su pueblo, el Presidente hondureo se percat de que era imposible combatir la pobreza y la exclusin sin afectar los intereses de las corporaciones transnacionales y la clase oligrquica y capitalista. Entonces la gestin gubernamental del Presidente establecera un punto de giro [1], un rompimiento con la historia de sumisin al imperio norteamericano y al servicio a los intereses de las transnacionales y la oligarqua nativa.

El nuevo presidente se propuso la reduccin del costo del petrleo, as como frenar el control expoliador de las transnacionales petroleras Esso (ExxonMobil), Texaco (Chevron) y Shell-, que desde haca dcadas operaban en Honduras. As mismo puso coto a la indiscriminada explotacin de los bosques, que afectaba a las comunidades indgenas. Y aqu comenzaron los primeros cuestionamientos a un presidente de la clase maderero por dems- que sin embargo afecta la libertad de empresa.
Zelaya Rosales comenz por enfrentar el grave problema de las maras. Pero a diferencia del enfoque represivo prevaleciente, dise para la lucha contra el pandillerismo y el crimen organizado un enfoque ms social, dirigido a resolver -en su raz de pobreza y exclusin- esas y otras problemticas de la marginalidad capitalista. Decret el estado de emergencia en el sistema de salud, y realiz la liberacin de una millonaria partida de recursos para iniciar la recuperacin de tan vital servicio. Redujo la tasa de inters de los crditos para las viviendas y aument el salario mnimo de los ciudadanos.
Las medidas puestas en marcha por Zelaya Rosales mejoraron la situacin econmica del pas. A pesar de que el dficit en la balanza comercial con Estados Unidos se duplic en el ao 2006 como resultante directa del TLC, el pas registr el ms bajo nivel de inflacin de los ltimos 16 aos. La poltica gubernamental comenz a dar frutos en la lucha contra la pobreza reducida en un 6,5 por ciento-lo que en nmeros absolutos signific que 500 mil hondureos salieran de la pobreza durante su mandato.

Autodeterminacin y soberana

La prctica consecuente de la autodeterminacin y soberana, en un pas donde estas categoras slo adornaban los discursos, constituy una osada del Presidente Zelaya Rosales.

El 1 de abril del 2006 entr en vigencia el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos (CAFTA por su siglo en ingls). Zelaya Rosales asume un hecho consumado, pero en sus declaraciones al respecto alert sobre la real situacin que se avena una lucha de David contra Goliat, dada la debilidad de la economa hondurea. Urga, en criterio de Zelaya Rosales, aprovechar las oportunidades que el CAFTA pudiera ofrecer, y a la par trabajar en otros acuerdos compensatorios.

Recin estrenado como Presidente Zelaya Rosales, en marzo del 2006, enva su primera misin a Venezuela para explorar posibles espacios de cooperacin. As, en su lucha por alcanzar la soberana energtica frente a las transnacionales, el presidente hondureo se acerc a Petrocaribe, iniciativa subregional perteneciente a Petroamrica, uno de los instrumentos de integracin continental creados por la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra Amrica (ALBA). As mismo Zelaya Rosales busc la asesora de Brasil para desarrollar la produccin local de biocarburantes, particularmente etanol.

El 25 de agosto del 2008, Zelaya Rosales firm en la Casa de Gobierno de Tegucigalpa el documento que converta a su pas de manera oficial en el sexto miembro del ALBA, en una ceremonia que cont con la presencia de los presidentes Hugo Chvez, Daniel Ortega y Evo Morales y el entonces vicepresidente cubano Carlos Lage. Tras elevar un llamado al pueblo hondureo para que respaldara un proyecto social de solidaridad entre pases de Amrica que representaba beneficios para los pobres, declar superado el modelo neoliberal y se pronunci por un liberalismo socialista, para que los beneficios del sistema vayan a los que ms lo necesitan.

El 15 de septiembre, en su discurso institucional con motivo del 187 aniversario de la emancipacin nacional de la Corona espaola, Zelaya Rosales present la entrada en el bloque bolivariano del ALBA como la segunda independencia de Honduras. Das despus, en la Asamblea General de la ONU, el mandatario dijo basta a ms recetas y lecciones del mundo desarrollado, porque no haban servido para eliminar la pobreza, y afirm que el sistema capitalista estaba devorando a los seres humanos. Un mes ms tarde, a ltimos de octubre, en su intervencin en la XVIII Cumbre Iberoamericana, en San Salvador, pidi a los participantes una condena al capitalismo insaciable.

La entrada al ALBA y la firma de acuerdos de libre comercio con Taiwn, Chile Panam, y -en perspectiva- con Cuba, Per, Brasil y Ecuador, expresaron con hechos la voluntad del Presidente Zelaya Rosales de diversificar las fuentes de intercambio comercial, econmico y tecnolgico, y liberarse de la prevaleciente dependencia del mercado y los compradores estadounidenses.

A escala regional Zelaya Rosales gan respeto por su desempeo como presidente pro-tmpore del Sistema de Integracin Centroamericana en el segundo semestre de 2008. Bajo su direccin el bloque istmeo lleg a importantes acuerdos, atravesados por la lgica del enfrentamiento con los viejos lazos de sujecin a los intereses imperialistas, la superacin de las barreras y prejuicios regionalistas, y la urgencia de frenar la incidencia de la crisis estructural del capitalismo en los pases del rea.

La poltica de Zelaya Rosales logr que cerca de 4.000 millones de dlares de deuda externa fueran condonados, y la llegada de combustible barato de Venezuela se tradujo en un mayor desahogo financiero del Estado y en una mejora de la calidad de vida de la poblacin.

Frente al imperio

La decisin del Presidente Zelaya Rosales de buscar su soberana energtica lo coloc de inmediato frente al gobierno de George W. Bush, empeado en defender a ultranza los intereses de sus transnacionales petroleras. La respuesta inicial del imperio va a ir por el camino de las presiones y crticas sobre elementos de corrupcin, el tema migratorio y la ampliacin del perodo de trabajo de los hondureos inscritos en el Estatus de Proteccin Temporal (TPS). Era el trato tpico aplicado para corregir los escrpulos de los gobernantes de turno; para ello, el Embajador norteamericano Charles Ford desarroll el perfil interventor que tena asignado, pero en el caso de Zelaya Rosales estas medidas no surtiran efecto.

El Emperador Bush, ante las denuncias del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz sobre la presencia del terrorista Luis Posada Carriles en los Estados Unidos y los pedidos de extradicin del terrorista prfugo que realiza Venezuela, intenta salir del problema enviando al asesino a un tercer pas. El Embajador estadounidense le hace la solicitud a Zelaya Rosales, pero ste la rechaza de plano. Ya en marzo del 2008, el Presidente hondureo anunci la apertura de las relaciones con Cuba.

Los crecientes vnculos del presidente centroamericano con los gobiernos de izquierda en Suramrica y Nicaragua, la entrada a Petrocaribe y el ALBA, la fraternal amistad que comenz a consolidarse con el Presidente Hugo Chvez y la visita que realiz el Presidente hondureo a Cuba en marzo del 2008, su intercambio con el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, las declaraciones de respeto para con el gobierno de La Habana, y sus crticas al bloqueo estadounidense contra el pas antillano, fueron vistas con visible enojo por los oligarcas hondureos y convencieron al imperio de la necesidad de trabajar para aislar y destruir polticamente al lder hondureo. Frente a tales decisiones, sin dudas el Presidente Bush coloc a Zelaya Rosales bajo estricta observacin.

Zelaya Rosales causa una nueva sorpresa con las declaraciones del 31 de mayo de 2008, en las que anuncia a los militares estadounidenses su prximo abandono de la base Soto Cano (la tristemente clebre base Palmerola de la guerra secreta contra Nicaragua y el movimiento de liberacin centroamericano) pues esta sera en un futuro prximo utilizada para vuelos comerciales internacionales, y que la construccin de la terminal civil contara con fondos del ALBA. Es muy posible que despus de estas declaraciones el Gobierno de Bush acelerara sus planes desestabilizadores. Para coordinar los planes contra Zelaya Rosales se escoge a un hombre de toda la confianza del Presidente yanqui: Bush nombra Embajador en Tegucigalpa al cubano [norte]americano de extrema derecha Hugo Llorens. El flamante representante del imperio haba sido el asesor principal de Bush -era director de Asuntos Andinos del Consejo Nacional de Seguridad en Washington-, cuando sucede el Golpe de Estado contra el Presidente Hugo Chvez. Llorens llega a Honduras en mal momento. El 12 de septiembre del 2008, el Presidente Evo Morales expulsa al representante de Estados Unidos en La Paz, por sus actividades de injerencia y Zelaya Rosales, en solidaridad, se neg a recibir las credenciales de Llorens. Ocho das despus, el Presidente hondureo recibi al nuevo Embajador estadounidense y le expres el malestar de su pas con lo que sucede con el pas ms pobre de Sudamrica.

En noviembre 2008, el Presidente Zelaya Rosales felicit a Barack Obama por su victoria electoral, clasificndola como una esperanza para el mundo. Pero dos meses despus, Zelaya Rosales envi una carta personal al mandatario estadounidense acusando a Estados Unidos de intervencionismo y llamando al nuevo gobierno a respetar a los principios de la no injerencia en los asuntos polticos de otras naciones. Zelaya Rosales tambin solicit revisar a los procedimientos de inmigracin y la otorgacin de visas como un mecanismo de presin. As mismo se pronunci porque la lucha legtima contra el narcotrfico no fuera utilizada como una excusa para imponer a polticas intervencionista en otros pases.

De la alarma al Golpe Tcnico

Al impredecible presidente Jos Manuel Zelaya Rosales, ya le quedaba muy poco frente al gobierno del pas. Para noviembre de este 2009 estaban previstas las elecciones y en enero del 2010 abandonara la presidencia. En un pas donde la izquierda haba sido exterminada y el movimiento popular recin comenzaba a rearticularse y ganar fuerza, nada haca sospechar que las maquinarias de los partidos oligrquicos no fueran capaces de restablecieran su equilibrio de poder. As la marcha de los acontecimientos polticos hondureos, pareca indicar que para los imperialistas y oligarcas las soluciones vendran tras el fin del mandato de Zelaya Rosales. En estas circunstancias, el 22 de noviembre del 2008 Presidente anuncio una consulta popular, que puso en alarma al imperio norteamericano y a sus secuaces nativos.

Zelaya Rosales trataba de dar un primer paso para una futura convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente y a la reforma de la Constitucin. La propuesta consista en realizar una encuesta no vinculante que podra proponer, o no, un referndum sobre la creacin de una Constituyente, en lo que sera una cuarta urna de votacin, en las prximas elecciones. De aprobarse, la consulta se realizara posterior a la salida de Zelaya Rosales de la presidencia, por lo tanto no habra posibilidad alguna de reeleccin.

La sola mencin a una posible constituyente aterroriz a los oligarcas hondureos y puso en grave preocupacin al imperio. La actual correlacin de fuerzas en la regin latinoamericana y caribea, y en particular los triunfos de las fuerzas de izquierda en Nicaragua y El Salvador, y el alejamiento de las tradicionales posiciones oligrquicas del gobierno guatemalteco, hacan sumamente peligroso para la hegemona imperialista cualquier intento en Honduras, de cambiar a travs de una Constitucin las bases institucionales del status quo conservador. Este era un camino ya transitado por Venezuela, Ecuador y Bolivia como parte sustantiva de sus procesos emancipadores. En este criterio desde los primeros momentos, las fuerzas de la reaccin, orquestadas por la Embajada estadounidense, se empearon en sabotear la consulta, con el empleo de todos los mtodos posibles, incluida la dinmica golpista.

Contra Zelaya Rosales se intensifica una fortsima campaa de descrdito y crtica ideolgica, que polariza en su contra a la mayora de la clase poltica hondurea, incluida la de su propio partido. Un ingrediente no despreciable es la actitud beligerante del poderoso Consejo Hondureo de la Empresa Privada (COHEP), que se niega a cumplir el decreto de alza del salario mnimo. Si para lograr la aprobacin en Congreso Nacional de medidas trascendentales como la entrada al ALBA, el Presidente haba logrado el apoyo de la bancada liberal y al menos la abstencin de parte de los nacionalistas, ahora el aislamiento llega a ser prcticamente total.

El 23 de junio el Congreso Nacional aprueba una legislacin de ltima hora que prohbe la celebracin de referendos y plebiscitos 180 das antes y despus de las elecciones. Amparado en esta normativa, el Tribunal Supremo Electoral (TSE) y la Corte Suprema de Justicia declaran ilegal la consulta del 28 de junio, y se amenaza con penas de entre 10 y 15 aos de prisin para quienes la apoyen.

Zelaya Rosales destituye al jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, general Romeo Vsquez Velsquez, por negarse a distribuir el material para la encuesta. Como respuesta, el Ministro de Defensa y los Jefes de las tres ramas de las Fuerzas Armadas renunciaron, y la Corte Suprema de Justicia desconoce la autoridad del Presidente de comandar las Fuerzas Armadas y restituye en el cargo al general Vsquez. A su vez, en el Congreso comenzaron las maniobras para un juicio poltico, que declarara no apto al Presidente sobre la base de acusaciones de violacin de la Constitucin y el ordenamiento jurdico del pas

El Plan B

Zelaya Rosales se percat de la gravedad de las maniobras que contra su gobierno se desarrollaban por parte del Tribunal y el Congreso, y con claridad denunci que estaba en curso un Golpe de Estado Tcnico. Llam a los presidentes latinoamericanos a solidarizarse con su gobierno, y solicit el acompaamiento de la OEA. Fue en estos momentos cuando ocurre el hecho ms audaz y trascendental de toda la presidencia de Zelaya Rosales: El Presidente convoc al pueblo a acompaarlo a la base area Hernn Acosta Meja para sacar de ah el material electoral decomisado por magistrados del TSE y fiscales del Ministerio Pblico.

Junto a una multitud popular Zelaya Rosales penetra en la instalacin militar y recupera las urnas y boletas. De ah manos populares se encargaran de llevar este material hasta los ltimos rincones del pas.

El sbado 27 de junio la directora ejecutiva del Proceso de Encuesta de Opinin, Fedra Tibot, informa que las 15 mil urnas instaladas en el pas estn listas para la consulta; en su distribucin y cuidado han participado de forma voluntaria ms de 45 mil hondureos. Por disposicin presidencial las urnas sern custodiadas por organizaciones populares y la polica y no por el ejrcito.

La accin de las masas desconcierta y paraliza la maquinaria opositora. Zelaya Rosales considera conjurado el golpe de Estado tcnico y llama al pueblo a participar en la consulta del domingo. Se equivocaba el Presidente Hondureo. Es evidente que no posea todos los hilos del complot que s manejaba el Embajador estadounidense en Tegucigalpa.

Con el pueblo defendiendo la consulta y Zelaya Rosales en movimiento dentro del pas, el juicio poltico que preparaba el Congreso para destituirlo el Golpe tcnico institucional-, careca de todas las posibilidades de victoria. Un escenario probable le indicaba a los conspiradores la radicalizacin de Zelaya Rosales, el aumento de su popularidad, y la profundizacin del protagonismo de los movimientos sociales y las organizaciones de izquierda. La dinmica golpista tuvo que optar por el Plan B y ste no poda ser otro que el de la abierta y desembozada asonada fascista. Se ve muy claro entonces como en el plan de tareas de los golpistas, la primera misin era la de secuestrar y sacar del pas al Presidente Zelaya Rosales.

Jos Manuel Zelaya Rosales no es un marxista, ni un socialista revolucionario. En los Estatutos del Partido Liberal, en el apartado de Principios ideolgicos, el artculo 6 postula como principio fundamental la inclusin social y, por ende, se reconoce el crecimiento econmico con equidad social como regla que debe regir la economa nacional; y debe presidir el ejercicio de las libertades econmicas, de iniciativa, de inversin, de comercio, de competitividad, de contratacin y de empresa, de modo que la produccin econmica responda a los conceptos de desarrollo sostenible, asegurando la distribucin equitativa de la riqueza. En buena ley, Zelaya Rosales quiso poner en prctica los principios ideolgicos de su Partido, pero ms all de la letra, los burgueses liberales y la oligarqua hondurea no pueden ni quieren pasar. Saben adems que el imperio no los perdonara.

En pases como Honduras la honestidad y consecuencia de los gobernantes puede llegar a ser para el imperio un indeseable disparador de la Revolucin. Zelaya Rosales se convirti en un Presidente dispuesto a emprender la ruta de la transformacin social. En mucho, la conversin de Zelaya Rosales en un obstculo para el status quo, es tambin un producto de los nuevos tiempos que recorren Nuestra Amrica, de la presin popular en el marco de un renacer del movimiento emancipador continental.

ste, por supuesto, que es un espacio en disputa: los intereses expoliadores no estn dispuestos a ceder. Ah est el porqu del garrote.

[1] Sheyla Valladares Quevedo: Honduras: De pretextos y verdades, Rebelin



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