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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-07-2009

La mentira de las huelgas racistas en Gran Bretaa

Seumas Milne
Le Monde Diplomathique


A fines del mes de mayo estallaron huelgas salvajes en el sector energtico del Reino Unido. Los manifestantes denunciaban la contratacin de trabajadores no calificados importados de otros pases europeos en detrimento de trabajadores locales calificados, infringiendo acuerdos sindicales. Una movilizacin similar se haba producido en febrero. Medios de comunicacin y dirigentes polticos alzaron entonces la voz de alarma ante el nacionalismo y la xenofobia de las protestas. Una interpretacin desmentida por los hechos.

Este intento de discriminacin es inaceptable!, exclam el 2 de febrero de 2009 el ministro de Relaciones Exteriores de Portugal, Luis Amado. Los gobiernos deben evitar una deriva proteccionista, xenfoba y nacionalista que () puede llevarnos a una crisis aun mayor (1). Una clera de igual intensidad anima a su homlogo italiano Franco Frattini contra un movimiento social indefendible que se desarrolla en Gran Bretaa.

Todo comenz el pasado 28 de enero, cuando un contrato de 200 millones de libras (231 millones de euros) concerniente a la instalacin de una unidad de desulfuracin en la refinera Total de Lindsey, en Lincolnshire, fue subcontratado a una empresa siciliana, IREM. sta reemplaz de inmediato la mano de obra britnica por 200 trabajadores italianos y portugueses a quienes en poco tiempo deberan unrseles otros 100 no sindicados. Alojados en un pontn amarrado a orillas del ro Humber, esos obreros fueron mantenidos escrupulosamente alejados de los otros asalariados, quienes no tardaron en sospechar que el empleador haba conseguido su grandioso contrato burlando las convenciones sindicales sobre remuneraciones y condiciones laborales. Estall una huelga salvaje, muy mal recibida.

Dirigentes y expertos occidentales no dieron el brazo a torcer: slo la prosecucin de una competencia basada en el libre comercio, es decir, en la explotacin de las desigualdades entre los sistemas productivos, podra restablecer el crecimiento y contener las pasiones nacionalistas. Los medios de comunicacin y el Gobierno britnicos machacaron ese argumento ante la huelga que se extendi desde Gales al noreste de Escocia, abarcando a miles de personas a menudo empleadas por subcontratistas para construir refineras y centrales elctricas. En pocos das, el movimiento provoc el cese de unas veinte centrales y refineras en todo el pas.

El clich del proteccionismo

El hecho de que algunos huelguistas hayan enarbolado pancartas que reivindicaban empleos britnicos para los trabajadores britnicos pareca confirmar las ms funestas previsiones: sin duda, se trataba de un espasmo de chovinismo agudo contra trabajadores inmigrados; prueba (si se necesitaba una) de que el rechazo de las reglas del mercado desemboca fatalmente en el rechazo del otro. Un viento de indignacin sacudi entonces a las elites britnicas. Al tiempo que el primer ministro Gordon Brown tambin consideraba las huelgas indefendibles, su ministro de Comercio Peter Mandelson ex comisario europeo previno contra los perjuicios de la xenofobia. Sacando provecho del asunto, la prensa amarilla ms reaccionaria se puso a hablar de comprensin para los huelguistas, a quienes en poca normal trata de vndalos y egostas.

Esta agitacin altamente moral se propag rpidamente por toda Europa. En Italia, Emma Marcegaglia, presidenta de la confederacin patronal Confindustria, cit a Margaret Thatcher para incitar a Gran Bretaa a no aflojar sobre el libre comercio y mantenerse firme ante los bajos instintos nacionalistas. En Francia, el diario Le Figaro (3-2-09) titul: Gran Bretaa: huelga contra los extranjeros. Incluso aquellos que de costumbre apoyan las reivindicaciones de los asalariados entraron en el juego, como el portavoz del Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) Olivier Besancenot, que se mostr preocupado ante esos movimientos xenfobos suscitados por la crisis, en especial en Inglaterra.

Teniendo en cuenta la manera en que el conflicto fue presentado a la opinin pblica, tanto en el Reino Unido como en otras partes, esas reacciones no sorprenden (2). No dejan de reflejar un profundo error de apreciacin sobre lo que sucedi realmente y que podra muy bien repetirse. Testimonian tambin de un discurso sobre la crisis que, lejos de conjurar en Europa los reflejos anti-inmigrados, por el contrario corre el riesgo de alimentarlos.

Como seal Derek Simpson, uno de los responsables de Unite, el mayor sindicato britnico, las huelgas en la construccin no tenan nada que ver con la inmigracin: se trataba nada ms ni nada menos que de un conflicto de clases.

El grupo italiano IREM subcontratista del estadounidense Jacobs que origin el escndalo, niega haber eludido los acuerdos sindicales. Pero en la central elctrica de Staythorpe, en Nottinghamshire, construida por la francesa Alstom, o en la planta de la isla de Grain, en Kent, propiedad del grupo alemn E.ON donde fueron enviados obreros polacos y espaoles las pruebas de salarios rebajados y de exclusin de trabajadores locales se acumulan.

Cuando iniciaron su movimiento, los huelguistas de esas empresas saban que estaban fuera de la ley. En efecto, en virtud de la legislacin antisindical adoptada bajo Margaret Thatcher y continuada por los Nuevos Laboristas, las acciones de solidaridad se consideran un delito. Fue necesario todo el poder de fuego industrial de los huelguistas y la eficacia de su organizacin para disuadir a los empleadores de denunciar ante la justicia a las dos confederaciones implicadas, Unite y GMB. Sin embargo, stas no podan aceptar pblicamente la responsabilidad de las huelgas sin exponerse a fuertes multas o al embargo de parte de sus bienes. Esta indecisin llev a un puado de huelguistas a adoptar la consigna empleos britnicos para los trabajadores britnicos, con la intencin de burlarse del Primer Ministro, quien en el Congreso Laborista de 2007 se haba apropiado de esa consigna de la extrema derecha.

En realidad, ese eslogan nunca form parte de las reivindicaciones del comit de huelga, que por lo contrario reclamaba que en Gran Bretaa el empleo obedeciese a las mismas reglas para todos los asalariados, cualquiera fuese su nacionalidad, as como la estricta aplicacin de las convenciones sindicales en todas las obras de construccin. Tan solo dos o tres das despus de su aparicin, las consignas nacionalistas desaparecieron de Lindsey para ceder lugar a afiches redactados en italiano que invitaban a los inmigrados a unirse al movimiento. Trabajadores de todos los pases, unmonos fue una consigna que floreci en los piquetes de huelga. En resumen, se evit claramente el muy real riesgo de que el conflicto se tiese de xenofobia. Los militantes sindicales se mostraron prudentes.

Su vigilancia redujo a la nada los intentos de infiltracin de la extrema derecha, en especial los del British National Party (Partido Nacional Britnico, BNP), que se fue con las manos vacas. Los huelguistas nunca eligieron como blanco a los trabajadores extranjeros: slo apuntaron a los empleadores y al gobierno. Por otra parte, la verdadera naturaleza del movimiento no se les escap a los cientos de obreros polacos que se unieron a la huelga de la central de Lange, en Plymouth.

Comprendieron que no se trataba de defender los pretendidos privilegios de los autctonos, sino de denunciar el uso de una categora de obreros para excluir a otra.

Sin embargo, los medios de comunicacin dominantes fueron seducidos por el clich de la amenaza proteccionista y del racismo obrero hasta el punto de ajustar la realidad a su visin del mundo. El 2 de febrero, en el telediario nocturno News At Ten de la British Broadcasting Corporation (BBC), se pudo ver a un huelguista que declaraba, a propsito de los trabajadores italianos y portugueses: No podemos trabajar con ellos. La segunda parte de la frase debido a la segregacin que nos separa fue cortada en el montaje, como para crear la impresin de que los obreros locales se negaban a frecuentar a sus colegas inmigrados. Al mismo tiempo, los periodistas que los tabloides enviaron al lugar intentaban convencer a huelguistas de posar para la foto con la bandera inglesa detrs.

Finalmente, el movimiento huelguista en la refinera de Lindsey termin el 4 de febrero con un acuerdo que prevea la reparticin de empleos con los obreros locales sin efectos nefastos para los trabajadores italianos y portugueses as como el reconocimiento del derecho de los sindicatos a controlar las condiciones laborales y remunerativas de unos y otros. Esta salida victoriosa puso fin asimismo a la cuarentena infligida a los inmigrados. Lejos de avivar las tensiones entre obreros britnicos y extranjeros, la huelga permiti por el contrario que se conocieran. De ahora en ms los empleadores tendrn ms dificultades para enfrentar a un grupo contra otro.

Asalariados descartables

En Lindsey surgen pruebas de que IREM contrat trabajadores no calificados (y mal pagados) en lugar de obreros calificados, infringiendo acuerdos sindicales. El 19 de mayo estallaron varios paros salvajes acompaados por huelgas solidarias en varios sitios. La movilizacin podra propagarse a las obras de la ciudad olmpica en el este de Londres. No es nicamente el alza del desempleo lo que inquieta a los huelguistas, sino la continua erosin del tan aclamado y famoso modelo social europeo. Denuncian la porosidad de la directiva de Bruselas sobre los trabajadores migrantes (3), que se supone protege a la mano de obra extranjera contra el dumping social esas mismas prcticas que encendieron el polvorn en Lindsey, Staythorpe y Grain.

En muchos otros casos en el Reino Unido, esta directiva se aplic de la forma ms restrictiva posible, para otorgar slo derechos rudimentarios a los trabajadores inmigrados originarios de otros pases de la Unin Europea. Tanto ms cuando tres sentencias recientes del Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas casos Laval, Viking y Rffert debilitaron aun ms el alcance del texto y el derecho laboral de los pases miembro, autorizando a las empresas a sustraerse, en algunos casos, a sus obligaciones salariales y sociales (4). Por ms que Brown jure que le dio la espalda al mercado no regulado, su gobierno se opuso estos ltimos meses a cualquier intento de amortizar el impacto de la jurisprudencia europea.

La persistencia del tropismo neoliberal heredado del thatcherismo y el consecuente mercado del asalariado descartable explican en parte por qu las reacciones de clera fueron ms violentas en el Reino Unido que en otros pases europeos. Alentar a las multinacionales del continente a desplazar a grupos de trabajadores y estacionarlos en pontones u hogares miserables a cientos de kilmetros de su residencia habitual mientras que otros son arrojados a la calle, con el noble propsito de reanudar el crecimiento y de extirpar la recesin de Europa: una idea cada vez ms difcil de admitir cuando las colas se alargan frente a las ventanillas de ayuda social y se desencadena una crisis que se imputa a la desregulacin.

Esto es lo que est en el corazn de las huelgas de enero y febrero, no la xenofobia o el racismo. En un pas donde cada mes desaparecen ms de cien mil empleos, una mano de obra desesperada vio hacerse humo la garanta de un trabajo seguro y decente. Comprendi que la progresin del desempleo y de la inseguridad social permita a los patrones sacar provecho de las reglas de competencia europea y de las opacas modalidades de la subcontratacin para reducir aun ms los costos.

Estos ltimos aos, la incapacidad de los gobiernos europeos de centroizquierda para representar a la clase obrera abri un amplio camino a una derecha desacomplejada. De la misma manera, la insistencia de las elites mediticas y polticas en rebajar a los trabajadores que defienden sus empleos al rango de xenfobos podra terminar por transformar la ficcin en realidad.

Fuente: http://www.eldiplo.com.pe/content/la-mentira-de-las-huelgas-%E2%80%9Cracistas%E2%80%9D-en-gran-breta%C3%B1


REFERENCIAS

(1) Le Monde, Pars, 4-2-09.

(2) A ttulo de ejemplo: Los extranjeros como chivos expiatorios, anuncia La Repubblica (Roma), retomado en Courrier international, n 953, Pars, 5-2-09; Huelga contra el empleo de trabajadores extranjeros: los lderes sindicales desvan el descontento, titula Lutte ouvrire (n 2.114, Pars, 4-2-09), que denuncia el hecho de que () los lderes de los sindicatos Unite y GMB han optado por colocarlo (al movimiento) en el terreno del chovinismo. Segn Marianne2.fr, La preferencia nacional se invita a la crisis (3-2-09) y corren rumores segn los cuales algunos extremistas iran a la caza de italianos en los bares de la ciudad.

(3) Directiva 96/71/CE del Parlamento y del Consejo del 16-12-1996, Journal officiel de lUnion europenne, serie L, Luxemburgo, 21-1-1997.

(4) Anne-Ccile Robert, Et la crise sociale a rattrap le Parlement europen, Le Monde diplomatique, Pars, marzo de 2009.

Seumas Milne es periodista de The Guardian, Londres.


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