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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-07-2009

Izquierda social y abstencin

Carlos Taibo
Pblico


Transcurrido un mes y medio desde las elecciones al Parlamento de la UE, no parece amainar la discusin que, en lo que a la izquierda resistente se refiere, afecta a los resultados de aquellas. Al calor de esa discusin se olvida parece un hecho importante: dados los porcentajes, muy altos, de abstencin, es obligado concluir que las elecciones configuran un termmetro poco adecuado para evaluar lo que ocurre en el mundo que ahora nos ocupa.
La abstencin electoral, en cualquier caso, tiene mala prensa. De siempre se ha dicho que quienes se inclinan por no votar ofrecen un mal ejemplo y de siempre se ha dado por supuesto que no hay razones que justifiquen su conducta. Desde bastante tiempo atrs sabemos, aun as, que existe una bolsa, importante, de abstencionistas de izquierda. Parece servida la conclusin de que los partidos o listas emplazados a la izquierda del PSOE no han sido capaces de seducir a muchas de estas gentes, que se abstienen, claro, por algo. Digmoslo de otra manera: aunque antes de las elecciones del 7 de junio se apunt, con un argumento respetable, que no era saludable que a aquellas concurriese media docena de listas diferentes en el terreno que nos interesa, mayor peso corresponde, sin duda, al hecho de que ninguna de esas listas acababa de convencer a la mayora de las gentes de las que hablo.

Procuremos alguna explicacin para lo anterior y anotemos, por lo pronto, que a menudo las opciones que concurren a las elecciones lo hacen, en franca renuncia de muchas de las convicciones que dicen ser suyas, de tal manera que acaban templando su discurso para no daar eventuales expectativas. Se ha dicho, y vaya un ejemplo sonoro, que el gran fracaso de Izquierda Unida en esas elecciones fue su incapacidad para arrebatar votos que tradicionalmente han ido al PSOE. Sospecho que el anlisis yerra y que, pese las apariencias, IU s ara votos socialistas. Ojo que la conclusin es delicada: Izquierda Unida sigue perdiendo apoyos entre su electorado leal y ello de resultas, en buena medida, de la anmala condicin que la coalicin exhibe. Receptora de votos socialdemcratas desencantados con la inanidad de las polticas del Gobierno central, IU pretende estar a todas, y unas veces lanza seales a ese electorado ah est su lamentable negativa a entrar en confrontacin con las cpulas de los sindicatos mayoritarios y otras asume proyectos que, emplazados inequvocamente en la contestacin del desorden existente, siguen yendo por detrs de lo que reclaman las redes sociales ms activas.

Al final, dentro de IU como fuera de ella, las componendas no faltan. Si unos rehuyen promover lo que muchos entendemos que es una exigencia en el momento presente el decrecimiento, acaso por temor a una lapidacin electoral que al final se produce igual, otros ah estn algunos de los nacionalismos de izquierda no dudan en mostrar su arrobo por la alta velocidad ferroviaria y el plan Bolonia. Claro que en algn caso el remedio es tan malo como la enfermedad, en la forma entonces de apuestas por cosmovisiones ideolgicas la centralidad abusiva de la cuestin nacional, el trotskismo o una suerte de tardoestalinismo que al parecer el elector tiene que aceptar como normales y saludables.

Otro de los lastres que provocan el recelo ante partidos y listas es la frecuente presencia, en unos y otras, de liberados, burcratas y profesionales de la poltica, casi siempre alejados, desde los despachos de las sedes, desde los ayuntamientos o desde los parlamentos, de las luchas reales. Semejante separacin, dramtica, obliga a concluir que muchas de esas gentes slo se representan a s mismas, al tiempo que, no sin paradoja, mueven el carro de un singularsimo voto til: reciben votos no porque quienes entregan el suyo, con la nariz tapada, se sientan representados, sino, simplemente, porque, emplazados ante el pecado de la abstencin, muchos ciudadanos interpretan que no hay otra alternativa. En la trastienda salta a la vista que las opciones que se nos ofrecen siguen a menudo apegadas a los profesionales de la poltica, y con ellos, al control abrumador de los partidos, en detrimento de activistas y movimientos que, plurales y omnipresentes, son permanentemente ignorados.

No est de ms agregar que una queja frecuente en la izquierda que concurre a las elecciones es la que subraya el maltrato que las opciones correspondientes reciben de los medios de incomunicacin del sistema. Aunque no hay motivo mayor para negar que ello es as, lo hay en cambio para preguntarse si la queja no es, sibilinamente, un reconocimiento dramtico de carencias propias: cuando una opcin que se precia de su condicin emancipadora y transformadora depende de otros para llegar a los ciudadanos, algo nos est diciendo en lo que respecta a su presencia, liviana y alicada, en la realidad cotidiana de las gentes. Por cierto que, para que nada falte, la asuncin de las reglas del juego imperantes es tan slida en las iniciativas que me ocupan que, a manera de lo que hacen los grandes partidos, no hay lugar para autocrtica alguna. Todos han hecho lo que deban al calor de las elecciones nadie ha encarado estas, como se merecen, con una irnica distancia y todos han obtenido resultados ms que aceptables

Con mimbres como los descritos, parece claro por qu tantas personas abstencionistas por respetable conviccin o por coyuntural decepcin que mantienen una actitud de digna repulsa ante el orden existente, y a menudo una venturosa vocacin de rebelda, se quedaron en casa el 7 de junio. Las disonancias cognitivas y emocionales entre la izquierda social y la izquierda poltica siguen siendo, en otras palabras, muy grandes. Y eso que antes de que alguien me lo reproche en la primera de esas izquierdas tampoco hay motivo para lanzar cohetes.

Carlos Taibo es Profesor de Ciencias Polticas en la Universidad Autnoma de Madrid

http://blogs.publico.es/dominiopublico/1424/izquierda-social-y-abstencion/



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