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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-08-2009

La derecha a paso de ganso hacia La Moneda

Editorial de Punto Final
Punto Final


 Ms intensa y apresurada se est poniendo la campaa electoral que en diciembre deber definir, en primera vuelta, quin ser el prximo presidente de la Repblica. Asimismo, mientras se acortan los tiempos para inscribir las listas de candidatos a parlamentarios, la lucha entre derecha y Concertacin est planteada en casi todos los mbitos, salvo en los negocios, donde las oportunidades siguen repartindose amigablemente, como corresponde a caballeros de la poltica que jams confundirn partidismos e ideologas con sus cuentas bancarias.

Al menos hasta ahora los ms seguros contrincantes presidenciales son Sebastin Piera Echenique y Eduardo Frei Ruiz-Tagle, que deberan obtener las dos primeras mayoras. Esto no slo por lo que indican las encuestas sino tambin por una proyeccin del comportamiento de un padrn electoral que no ha experimentado ningn cambio sustantivo. Las dificultades en la Concertacin de Partidos por la Democracia y en el comando de Frei no son, sin embargo, buen augurio para sus perspectivas. Por momentos da la impresin que se est ofreciendo en bandeja la Presidencia de la Repblica al empresario Sebastin Piera. Esto si se considera la suma de errores, vacilaciones y renuncios de la Concertacin y del propio candidato.

Sntomas de una decadencia aguda afectan a la Concertacin, que ha perdido la energa y entusiasmo electoral de que haca gala hasta hace poco tiempo. Tensionada por ambiciones personales, celos partidistas, corrupcin y, sobre todo, por la dificultad de fijar un rumbo poltico claro, deriva hacia el naufragio. No existe la decisin de cambiar las cosas porque los intereses que seran afectados son muy poderosos. Nadie se atreve a plantear que es necesario abandonar el capitalismo neoliberal para potenciar la accin del Estado, establecer impuestos reales a las grandes fortunas y a la utilidades desmesuradas, cautelar el patrimonio nacional que representan la minera, la explotacin forestal, la salmonicultura y otras grandes actividades exportadoras, ni un viraje que fortalezca el combate a la corrupcin y permita meter en cintura a los empresarios abusadores, como los que controlan las cadenas de farmacias, los grandes supermercados y tiendas que imponen intereses usurarios a los clientes, as como a los negociantes que lucran con la educacin que, definitivamente, debe dar paso a la educacin pblica. La Concertacin est paralizada por falta de horizontes y por un miedo cerval al avance de la derecha. Se est consolidando as el temor, que slo puede terminar en derrota como profeca autocumplida.

En este contexto, Marco Enrquez-Ominami aparece recibiendo las bendiciones de la derecha que lo necesita como instrumento para derrotar a Frei y provocar el desastre de la Concertacin. El candidato dscolo no habla de enfrentar a los grandes capitales ni a los magnates que controlan el pas. Prefiere andarse por las ramas y concentrarse en los llamados temas de sociedad, que llegan mejor a la opinin pblica, lo dejan a salvo de ataques y, sobre todo, le ayudan a conservar la privilegiada cobertura meditica que se le dispensa para inflar su postulacin.

Sin duda, es un panorama deprimente ver cmo se estn abriendo de par en par las puertas para que la derecha -golpista y terrorista de ayer- se instale en La Moneda. Es ms desolador an si esto se relaciona con sntomas preocupantes que aparecen en el plano regional. No slo hablamos de las dificultades que enrarecen las relaciones con Per, sino de temas ms generales que tienen que ver con un nuevo ciclo en las relaciones entre Amrica Latina y Estados Unidos y las posibilidades de golpes y conflictos en la regin. Sebastin Piera es un declarado admirador del presidente de Colombia, Alvaro Uribe, que lleva adelante una poltica represiva brutal y de exterminio contra las FARC. Uribe pretende convertir Colombia en una plaza fuerte de EE.UU., aceptando en su territorio bases militares norteamericanas que son rechazadas por los dems pases del continente. Ecuador, en un gesto de dignidad ejemplar, ha puesto fin a los diez aos de funcionamiento de la base que EE.UU. ocupaba en Manta. Pero, simultneamente, Uribe ha abierto su pas a la instalacin de cinco nuevas bases militares norteamericanas. A nadie escapa que la amenaza est dirigida en primer lugar a Venezuela, empeada en llevar adelante una revolucionaria transformacin social, y, en general, contra cualquier pas de la regin que intente seguir el ejemplo bolivariano para construir su propia versin del socialismo del siglo XXI. La desafiante actitud del gobierno colombiano ha puesto en dificultades a la Unasur -que en los prximos das se rene en Quito- y a la Alianza Bolivariana (Alba) que agrupa a nueve naciones.

Sebastin Piera llevado por su admiracin por las polticas represivas de Alvaro Uribe, omite que el presidente colombiano est ligado a los grupos paramilitares, al narcotrfico y a los escuadrones de la muerte. Si Piera llegara a ser presidente de Chile, no vacilara en aplicar mtodos policiales fascistoides similares a los de Colombia, para imponer los conceptos de seguridad pblica que propugna la derecha de raigambre pinochetista. Pero adems, pondra a Chile en la ruta de los gobiernos que intentan repetir el ciclo militarista en Amrica Latina, esta vez disfrazados de regmenes civiles. Lo que ha ocurrido en Honduras es ilustrativo. Presenta los perfiles de una nueva poltica diseada por EE.UU. para el continente, basada en la utilizacin de mecanismos formalmente democrticos que levanten un muro infranqueable al cambio social estructural.

El presidente Barack Obama no es, evidentemente, igual a su antecesor, George W. Bush. Pero tampoco es un benefactor de la Humanidad ni est dispuesto a romper los vnculos de dominacin e influencia poltica, econmica y militar de su pas sobre Amrica Latina, reservorio de inmensas riquezas naturales, desde petrleo hasta agua. Honduras muestra que no basta que un presidente como Manuel Zelaya gane las elecciones con amplia mayora. Un oportuno golpe de Estado, maquillado como pugna institucional de poderes, termina imponiendo una negociacin cuya finalidad es atar las manos del presidente e impedir cambios institucionales que permitan la legtima expresin de la voluntad popular. Una receta que puede aplicarse en otras partes si fuera preciso.

En el caso de Chile hay sectores de la Concertacin que piensan que no sera tan grave un triunfo electoral de la derecha. Si hasta ahora han funcionado -en el gobierno y en los negocios- en buena armona, la derrota de Frei no sera algo terrible. Estn, sin embargo, equivocados. La derecha los barrer de la Administracin Pblica porque necesita espacio para su propia clientela electoral. En los negocios privados posiblemente tambin sufran perjuicios porque ya no sern necesarios sus oficios para hacer valer influencias ante el gobierno. Hasta ahora, los personeros de la derecha econmica hacen negocios con ayuda de la Concertacin. Con Piera harn negocios solos, sin intermediarios. Tampoco tendrn que pagarle a los lobbystas de la Concertacin dndoles cabida en los directorios o en las cpulas de las grandes empresas. Y los sectores medios y populares sufrirn polticas que sern an ms restrictivas de los derechos sociales y del respeto a las minoras. Sin embargo, las lneas divisorias entre derecha y Concertacin se han desdibujado al extremo. No es fcil distinguir la frontera entre ambos bloques, e incluso el lmite entre derecha e Izquierda. Hasta parece normal, por ejemplo, que el alcalde de Providencia, el coronel (r) Cristin Labb, ex agente de la Dina y guardaespaldas de Pinochet, sea galardonado por la Sociedad de Escritores de Chile, muchos de cuyos afiliados sufrieron persecuciones durante la dictadura militar, y sea agasajado por la directiva comunista-socialista de la Sech como un amigo que merece cordialidad y reconocimiento. Gestos como este no deben verse como muestras de reconciliacin sincera entre chilenos, sino como una expresin de debilidad y del espritu de cambalache que impera en todos los planos. Esa conducta temblequeante hace perder la ms elemental orientacin en materia de respeto por la memoria y la causa de los derechos humanos, y, adems, el sentido de la dignidad, altivez e independencia que son vitales en el comportamiento de la gente de Izquierda.

Impera tambin la penumbra en la Izquierda extraparlamentaria. Golpeada por divisiones, oportunismos y polmicas irrelevantes, sigue empecinada en un camino electoralista que la encajona y subordina a estrategias de clase antagnicas a los intereses que dice representar y que la aisla del pueblo. Pierde una energa que debera emplear en la movilizacin de masas para romper las restricciones y cortapisas impuestas por la dictadura y que han sido prolongadas por la Concertacin.

Los sectores electoralistas de la Izquierda han amarrado su suerte a proyectos ajenos a los intereses populares. Y por su parte, el archipilago izquierdista que incurre en el error inverso de rechazar en forma absoluta el instrumento electoral, dando la espalda a experiencias latinoamericanas recientes, no atina a abrir un camino que pueda atraer a sectores importantes del pueblo trabajador, condenndose a una presencia insignificante en esta coyuntura poltico-electoral.

Las insuficiencias y la reiteracin de errores que han costado sangre, sudor y lgrimas a un pueblo decepcionado de la participacin poltica y de la lucha social, constituyen el extravagante e inslito aporte que la Izquierda har a la muy probable victoria de la derecha en las elecciones de diciembre.

Editorial de Punto Final, edicin N 691, 7 de agosto, 2009.
 


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