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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-08-2009

Productividad y eficiencia: mito o realidad?

Marcelo Colussi
Rebelin


"El trabajo es cosa buena, es lo mejor de la vida;

pero la vida es perdida trabajando en campo ajeno.

Unos cinchan como trueno y es de otros la llovida" .

Atahualpa Yupanqui

El ojo del amo engorda el ganado, suele decirse desde una posicin conservadora, de derecha, pensando slo en la ganancia empresarial. Solidaria con ello marcha la creencia respecto a que la empresa privada es eficiente, tiene una relacin costo/beneficio positiva, jams dilapida ni pierde tiempo (el tiempo es oro, puede llegar a afirmar esta lgica del capital), en tanto los emprendimientos pblicos son siempre deficitarios, paquidrmicos e ineficientes, intrnsecamente corruptos y torpes.

Todos estos no son temas econmicos. O, al menos, no deben ser temas solamente econmicos, sino que deben abordarse con la complejidad del caso como cuestiones polticas y sociales donde todos estamos convocados a participar, opinar e incidir. Es decir: no son temas del dominio exclusivo de los economistas profesionales. Para un planteo socialista puede decirse que es uno de sus temas claves, porque de ello depende la posibilidad de construir la ansiada sociedad nueva. En ese sentido, es una cuestin de la ms relevante importancia a la que todos los sectores estn convocados a aportar. En otros trminos, la pregunta de fondo es: cmo trabajamos?, es cierto que estamos condenados a que el ojo del amo sea el garante de la productividad? Qu significa parir el hombre nuevo, responsable y dueo de sus actos? Contrariamente a lo que hoy podemos sentir en muy buena medida respecto al trabajo: un peso, una carga, una maldicin, cmo llegar a hacer evidente que l es nuestra realizacin como humanos? Cmo lograr que el trabajo sea nuestra fuente de felicidad y no una atadura?

Estas breves palabras introductorias pretenden mostrar que lo que est en juego es algo ms mucho ms que una cuestin puramente economtrica. Es una cuestin tica, por tanto poltica. Se trata del proyecto social (filosfico, en ltima instancia) que est detrs de todo esto: qu somos? Cmo queremos ser?

Definitivamente es un mito mantenido desde interesadas posiciones ideolgicas aquello de la eficiencia de la empresa privada. La misma es eficiente en su misin ltima, es decir: lucrar. En eso no falla. No importa el costo a que lo logre, la obtencin de ganancia la mueve con fuerza ciclnica, lo cual le permite justificar cualquier cosa: explotacin inmisericorde del recurso humano que maneja, trabajo infantil, degradacin ambiental, espionaje industrial, creacin de necesidades superfluas para vender y vender sin lmites, obsolescencia programada de los productos que ofrece para no detener el ciclo de la ganancia, guerras por materias primas y mercados, invasiones, muerte y dolor de las mayoras para no mermar el beneficio de los propietarios La lista es tan larga como pattica y sangrienta, todo lo cual lleva a pensar que es muy discutible llamar a eso eficiencia. Descaro, en todo caso; impunidad, manipulacin, tergiversacin de los hechos., pero por qu eficiencia? Si por la misma entendemos la capacidad para conseguir un efecto determinado, sin dudas es eficiente. Pero la definicin en abstracto sin considerar las circunstancias del caso (explotacin del hombre por el hombre, desastre ecolgico concomitante) pone en duda la definicin misma. Si no, estaramos asintiendo que el fin justifica los medios. Y no es ese el caso, definitivamente. Si por eficiencia entendemos la exclusin de buena parte de los interesados, hay algn error en la concepcin.

Incluso si medimos el comportamiento de la empresa privada con estos parmetros del xito, de la eficiencia y el triunfalismo tan tpicos de la cultura capitalista, dista mucho de ser eficiente. En infinidad de casos ofrece bienes y servicios altamente deficientes, perniciosos, contrarios a la salud y la tica de los consumidores, desproporcionadamente caros y en muchos casos inservibles, pero no hay mayor espacio para adversarle. El mito en juego, repetido hasta el hartazgo a punto que ya pareciera algo natural, es que la empresa privada produce sin desmayo y logra sus metas, en tanto el mbito pblico es lento, perezoso, holgazn. Lo privado gana dinero sin cesar mientras que lo pblico no es rentable.

Por supuesto, todas estas son patraas ideolgicas; puros mitos y no realidades. Aunque si consideramos el rendimiento de uno y otro modelo, vemos que hay fenmenos que debemos considerar: por qu en el Estado suceden ciertas acomodaciones y constatamos, como generalidad, una actitud laboral complaciente, relajada, suavecita? Ah est la necesidad de abrir la crtica al respecto, crtica con conceptos socialistas, crtica implacable en bsqueda de la verdad para proponer alternativas superadoras. Con esto, que puede sonar a abogado del diablo, no queremos sino descartar el mito capitalista de la eficiencia para abrir un debate serio sobre la alternativa a la que aspiramos: un mundo de productores libres asociados donde el trabajo es la fuente de dicha y no una carga.

La empresa privada produce incansablemente ganancias, slo ganancias. Ganancias, lo sabemos, que son propiedad privada de sus propietarios. No hay idea de bien colectivo. Para mantener y reproducir eso afina su eficiencia logrando grados increblemente sutiles (o despiadados) de explotacin: se controla a nivel de segundos cunto demora cada trabajador en la lnea de montaje, se piensa hasta en el ms mnimo detalle que pueda favorecer la loca carrera por la acumulacin buscando reducir costos de produccin, se despliegan las ms refinadas polticas de mercadeo auxilindose de todas las tecnologas disponibles. En definitiva: se explota, se enajena la vida de inmensas masas, se fuerza a grandes mayoras a trabajar en condiciones alienadas y a consumir vorazmente cosas prescindibles. En este circuito la empresa privada se asegura no perder; si pierde, quiebra, por lo que su hambre voraz de lucro es inherente a su sobrevivencia misma. El sistema capitalista, en definitiva, se sostiene de esa irracionalidad: no se produce para llenar necesidades sino para ganar dinero. Crculo vicioso que no tiene salida. Si se rompe, se detiene todo el sistema. Patticamente, sus crisis peridicas lo dejan ver con claridad: no es la escasez lo que lo traba sino su sobreproduccin. Por todo eso es absolutamente conservador: la empresa privada no puede ser solidaria por principios. En funcin de ello eficientiza sus procedimientos para seguir reproducindose y abomina (con sangre si es preciso) cualquier intento de transformacin, de repartir ganancias, de horizontalizarse. Es en esa lgica que fuerza a los trabajadores a trabajar sin desmayo, siempre, continuamente, porque si no, se niega a s misma como empresa lucrativa. Quien no cumple con los requerimientos de la empresa, va a la calle. La cuestin es: por qu llamar a eso eficiencia?

Ahora bien: desde la ideologa dominante se ha construido el mito que alimenta esa pretendida super eficiencia a prueba de todo de la libre empresa y la ineficiencia como consustancial al sector pblico. Mito, solamente mito ideolgico-cultural mantenido desde una situacin de poder. Lo pblico, lo estatal, puede ser tan eficiente como lo privado. Es slo cuestin de voluntad poltica, del proyecto en juego. Cuando la empresa privada hace agua, ms all de su tradicional prdica neoliberal antiestatista, es el Estado el que sale a rescatarla. La crisis financiera que estamos viviendo lo evidencia: ante la cada de los grandes bancos privados o de la General Motors, por ejemplo, es el ineficiente, burocrtico y corrupto Estado el que se hace cargo de su salvataje. Dnde queda entonces la cantinela de la ineficiencia estatal? Lo pblico estatal puede ser tan eficiente como la ms privada de las corporaciones; el asunto radica en el proyecto poltico que lo alienta. El punto mximo del desarrollo cientfico-tcnico de la super potencia dominante del mundo en este inicio de milenio, encargada de la investigacin ms avanzada, a la vanguardia en infinidad de sectores, es un emprendimiento pblico: la NASA. Y nadie, absolutamente nadie osara decir que la NASA es ineficiente. Por qu y desde dnde se mantiene el mito entonces?

Pero an sabiendo que el mito en juego es producto de una ideologa que necesita ensalzar el individualismo como valor supremo en detrimento de lo colectivo, el mbito de lo pblico no deja de plantearnos interrogantes, a veces inquietantes, que deben ser abordados con honestidad. La Unin Sovitica no cay slo por la Guerra Fra que la someti a una carrera sin salida donde se dilapidaban recursos; tambin haba un atraso comparativo en la productividad de su poblacin trabajadora. De dnde surge el prejuicio de que el ojo del amo engorda el ganado? Qu anclaje con la realidad tiene? Es puro mito, o debe ser repensado crticamente? Lo cual no quiere decir justificarlo; quiere decir, en todo caso, entender la dinmica real que se juega ah, porque no es mentira que no se trabaja de la misma manera en una empresa privada que en un puesto estatal.

No es ninguna novedad para nadie que en los puestos pblicos es bastante comn trabajar suavecito. Ahora bien: en qu medida es eso un error del sistema? Acaso el hecho de no tener encima un ojo controlador del amo que supervisa casi militarmente el proceso de trabajo fomenta esa suavidad, esa cierta tranquilidad excesiva? Hasta qu punto es fatalmente cierto que slo esa dialctica de amo controlador, ltigo en mano, sobre el esclavo encadenado, permite una alta productividad? Estamos condenados a ese ciclo? La invocacin a una nueva tica, y por tanto, nueva productividad socialista: dnde quedan entonces? En qu medida y de qu manera son posibles crear el hombre nuevo que pueda saltar sobre esos moldes del trabajo esclavizado que se realiza porque no queda otra alternativa, siempre pesado, molesto, fatigoso? Ah se inscriben los planteamientos de incentivos materiales que surgen en la economa socialista, los que dise la Perestroika sovitica, los que actualmente se diagraman en Cuba. Es un lmite infranqueable esto de la necesidad de estmulos materiales, ms all de una vocacin militante, de una mstica que pareciera no surgir tan espontneamente como quisiramos? Tiene eso que ver con el peso de una historia milenaria basada en la propiedad privada y el individualismo que nos marca un camino muy difcil de torcer? (es ms fcil desintegrar un tomo que un prejuicio).

Dentro de los estrechos moldes del capitalismo no podemos esperar un cambio de actitudes realmente genuino: se trabaja en el marco de la esclavitud asalariada, y ello, por principios, no puede ser edificante. El trabajador (manual o intelectual, no calificado o altamente calificado, para el caso es lo mismo) es un engranaje ms de la cadena productiva, y el producto que elabora no le pertenece. Por tanto, ms all de las engaosas tcnicas motivacionales que intentan hacerlo sentir parte de una gran familia que sera la empresa privada a la que pertenece, jams puede tomar como propio lo producido, aunque lo llenen de halagos y lo nombren empleado del mes. Cuando la empresa empieza a hacer agua, no duda en despedirlo si la situacin econmica no le es favorable. En ese marco, entonces, con esos condicionantes, se explica y es absolutamente funcional aquello del ojo del amo como garanta de la productividad. En esa lgica, igualmente, dentro del mbito pblico donde ese ojo del amo est ms relajado, cobra sentido aquella suavidad, aquella cierta indolencia que podemos ver en los puestos pblicos; all no hay patrn, por tanto, nadie controla. Y nadie puede negar que, hoy por hoy, las empresas pblicas muestran una actitud laboral en sus trabajadores que muchas veces est reida con una tica de la productividad a prueba de balas. Se saca la tarea, pero de ah a dar la vida por el trabajo, un mundo.

Ese es el reto abierto para concebir una nueva sociedad: cmo generar una nueva tica del trabajo? Cmo trabajar en funcin de un proyecto superior de ndole colectiva y no desde la mezquina perspectiva que si me supervisan, lo hago; si no, me hago el loco? Las experiencias socialistas habidas hasta la fecha son un punto de partida. Todo demuestra que construir y realmente solidificar esa nueva tica no es en absoluto fcil. Los trabajadores que podramos hacer parte de una nueva experiencia de sociedad, de un nuevo proyecto socialista, venimos arrastrando una cultura ancestral en la que el trabajo es carga pesada, y no ms que eso (trabajo alienado, trabajo para la propia sobrevivencia y para engordar al patrn). Romper ese ciclo es dursimo. Cambiar moldes culturales, cambiar por dentro cada uno de los sujetos que mantienen la sociedad es ms duro, ms difcil, ms cuesta arriba que el cambio poltico de una administracin. Lejos de ser un marxista convencido, el financista multimillonario George Soros lo expres con agudeza entendiendo a cabalidad el fenmeno en juego: [no importa el candidato de turno porque] a la larga gobiernan los mercados, que son quienes votan todos los das. Lamentablemente: sabias palabras. El mercado capitalista manda, y crea modelos culturales que repetimos da a da. Los moldes culturales que portamos nos tienen absolutamente condicionados, y el ojo del amo que nos controla ya est incorporado como modo de vida. Si falta, si no est presente, cobra sentido y se hace evidente el refrn: cuando el gato no est, los ratones hacen fiesta.

Pero quin dijo que estamos inexorablemente condenados a repetir ese ciclo? O acaso est en nuestra gentica esta necesidad de amo controlador? Observando una oficina pblica de cualquier pas latinoamericano podramos estar tentados de decir que s, entre ritmos excesivamente suaves de trabajo, empleadas que se pintan las uas en horas laborales y aprovechados de toda laya que hacen trabajitos extras en horario oficial de atencin al pblico. Se soluciona esto colocando un capataz con cara de perro? Es connatural a la empresa pblica esta laxitud y, por el contrario, connatural a la empresa privada su alto rendimiento, su productividad casi de robot? Repitmoslo una vez ms: todo depende del proyecto poltico en juego. Y proyecto poltico significa, en definitiva, proyecto de vida. Trabajar bajo un ltigo (hoy da los ltigos son mucho ms sutiles que aquellos esgrimidos por los caporales: la precariedad laboral es quiz el ms evidente y efectivo de esos ltigos) no significa eficiencia; significa simplemente lo que es: explotacin. La contracara de eso es el puesto pblico, mal necesario para la lgica del capital. Desde esta cultura de la eficiencia desarrollada por la empresa privada, el Estado, en tanto mal necesario segn esa cosmovisin, no apunta a la eficiencia ni a la calidad, por lo que se permite su caracterstica flojedad. Pero cuando los emprendimientos pblicos tienen que ser eficientes las fuerzas armadas, por ejemplo lo son. Latinoamrica tristemente lo pudo constatar en las pasadas dcadas. O alguien en su sano juicio podra negarlo?

El desafo que se abre es ver cmo en las nuevas sociedades que se aspira construir, en las utopas posibles, podremos ir edificando una nueva tica del trabajo. Si hasta ahora las experiencias socialistas lograron resultados parciales en ello (porque todava persisten ineficiencias reales, derroche de recursos, falta de compromiso y actitudes perezosas y acomodaticias entre otras cosas, y esto hay que afrontarlo con actitud crtica), eso no es resultado directo de la prctica estatal y del ideario socialista: es herencia de una cultura de la pura sobrevivencia en un mundo de clases sociales tajantemente diferenciadas donde se trabaja slo para ganar un salario. De momento, la idea de que el trabajo nos hace libres (Arbeit macht frei) no pas de ser un morboso chiste de humor negro colocado por los nazis en el campo de concentracin de Auschwitz. El desafo es ver cmo eso se puede tornar realidad.



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