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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-08-2009

Vacaciones en internamiento

Carlos Fernndez Liria
Pblico


Bajo el sol de agosto, unos cuantos signos extremos anuncian nubarrones. Algunos siglos de rapia y terrorismo colonial han desembocado en un mundo en el que la mitad de la poblacin mundial sobrevive con menos de dos dlares diarios, al tiempo que las 84 mayores fortunas personales superan el Producto Interior Bruto de China y sus 1.200 millones de habitantes. El presidente del BBVA cobra 4,37 millones de euros (unos dos millones de pesetas diarias ) y tiene una indemnizacin por despido de 93,7 millones de euros; mientras tanto, la patronal ha exigido a Zapatero el despido gratis (el libre ya existe) y el PP se ha rasgado las vestiduras ante la intransigente negativa del Ejecutivo. Camps, en Valencia, va a habilitar un registro para dar identidad a los fetos y embriones; Berlusconi, en Italia, legisla para considerar delincuentes a los sin papeles y a todo el que les ayude, por ejemplo, alquilndoles una casa.

Este verano, los turistas han viajado a los hoteles de Senegal o el Caribe; mientras tanto, los senegaleses y los caribeos que visitan Espaa pueden pasar el verano en un Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE). Sea como sea que hayamos desembocado en estas polaridades surrealistas, el hecho es que este planeta se ha convertido, para la mayor parte de su poblacin, en una trampa mortal. Centenares de millones de refugiados y desplazados viven en campos de concentracin. Y la crisis est convirtiendo el sistema econmico internacional en una nueva solucin final para gran parte de la poblacin mundial. Ahora que ese concepto ya queda lejos, no se entiende cmo la poblacin alemana pudo durante tanto tiempo mirar hacia otra parte teniendo Auschwitz delante de sus narices. Pero Auschwitz no estaba ms cerca que los CIE de Aluche, en Madrid, o de Mlaga. Por supuesto, es verdad que los CIE no son campos de exterminio, pero son los sntomas terribles de un mundo que para millones de personas se ha convertido en un campo de exterminio. La decisin de Berlusconi de criminalizar la existencia de los pobres es, sin duda, fascista. Pero la situacin en Espaa no es tan distinta: aqu el inmigrante ilegal tiene derecho a existir, pero no a buscarse la vida. Y el artculo 318 bis de nuestro Cdigo Penal tambin castiga con prisin cualquier gnero de colaboracin con la inmigracin ilegal. Por su misma situacin de ilegalidad, el inmigrante es sujeto de una infraccin administrativa (prevista en la Ley Orgnica de Derechos y Libertades de los Extranjeros en Espaa) que conlleva como sancin la expulsin de nuestro pas. Incluso para garantizar que dicha expulsin se pueda llevar a cabo, puede ser internado durante 60 das en un CIE, aunque penalmente no exista nada contra l. En Italia son considerados criminales y se les interna, aqu se les interna aunque no lo sean. Esta es la lgica europea.

Podemos mirar hacia otro lado, pero la realidad sigue ah. Los inmigrantes internados en los CIE aseguran no haber recibido la asistencia de abogados de oficios. Esto sera una negligencia del aparato de justicia que acaba con la idea misma del Estado de Derecho. En general, son detenidos sin intrprete. Muchos han sido apaleados e insultados. Hay historias terribles en las que a veces se ha detenido y repatriado a inmigrantes separndoles de su familia. Algunas mujeres han pasado semanas en un CIE teniendo que dejar a sus hijos en la guardera. En estos centros, los inmigrantes aguardan como los turistas de un vuelo chrter a ser suficiente nmero para llenar un avin que les repatre. Y en no pocos casos se les repatra a un pas que no es el suyo, en el que aterrizan sin dinero ni recurso vital alguno. Es como si queriendo viajar a Londres uno se encontrara que le han dejado en Kabul, desnudo y sin ninguna posibilidad de demostrar su identidad. Las condiciones higinicas de los CIE son peores que las de las crceles. Muchos inmigrantes tienen que hacer sus necesidades en los patios; por la noche, en el lavabo de las celdas, porque permanecen cerradas hasta las ocho de la maana. Estamos hablando de centenares de personas apiadas, muchas de ellas enfermas, con dolencias que van desde el sida a la gastronteritis. No se ha habilitado ninguna plantilla de asistentes sociales. Se ha denegado la entrada a las ONG, incluso a Cruz Roja (que hasta ahora haba entrado hasta en los campos nazis). ACNUR (Agencia de la ONU para los Refugiados) y CEAR (Comit espaol de ayuda al refugiado) han tenido muy difcil cumplir con su papel. El motivo es que los inmigrantes no son fcilmente clasificados como refugiados. Todos ellos son, sin duda, refugiados de este mundo que se ha convertido en un matadero, pero no siempre cumplen con el protocolo del refugiado poltico que maneja la Cruz Roja. Aunque la verdad salta a la vista: esa gente no hace otra cosa que huir de un campo de concentracin. Esto es lo que el capitalismo y el neoliberalismo han hecho de sus pases. Cuando un campo de concentracin es tan grande como un pas, como un continente, incluso como un hemisferio, es fcil sucumbir a ciertos espejismos.

Nuestras leyes de extranjera han convertido Europa en un Auschwitz invertido en el que los verdugos nos rodeamos de alambradas para protegernos del exterminio generalizado. Es chocante que haya filsofos que llamen a esta realidad nada menos que patria constitucional. Los nazis celebraron los privilegios genticos de su raza aria. Nosotros celebramos nuestros privilegios histricos genocidas y los confundimos con obras del Derecho Constitucional. As acabamos creyendo que tenemos derecho a ellos. El resultado, por ahora, no est siendo muy distinto. Pero puede empeorar.

Carlos Fernndez Liria es Profesor titular de Filosofa en la Universidad Complutense de Madrid

Fuente original y comentarios: http://blogs.publico.es/dominiopublico/1471/vacaciones-en-internamiento/



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