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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-08-2009

Cuba,te queremos

Manuel Cabieses Donoso
Casa de las Amricas

(Publicado en revista Casa de las Amricas, N 254, enero-marzo 2009)


Para m los rasgos ms importantes de la Revolucin Cubana son la dignidad y su inagotable capacidad de solidarizar con el sufrimiento y las necesidades de otros pueblos.

Esa dignidad, fruto del coraje y patriotismo del pueblo y de sus dirigentes, se ha demostrado en forma serena y resuelta en cada una de las muchas circunstancias duras y riesgosas que le ha tocado enfrentar en su primer medio siglo.

Por otra parte, la solidaridad generosa e incondicional de Cuba con otros pueblos es, quizs, el fruto ms hermoso de una revolucin que ha puesto el acento en la transformacin tica de la sociedad. Es muy difcil encontrar a otro pueblo que sea capaz, como el cubano, de renunciar a su propio pan para aliviar el hambre y la necesidad de sus hermanos en lejanas tierras. Tiene mucho que ver con el hombre nuevo que ha ido formndose en Cuba.

Los chilenos tenemos el deber -que no siempre hemos cumplido- de dar testimonio de gratitud por esa solidaridad. Cuba nos entreg todo sin pedir nada, sin esperar retribucin o agradecimiento alguno. Por eso nuestra deuda es tan grande.

Miles de chilenos encontramos refugio en la isla durante la dictadura militar que martiriz a nuestra patria. Pero an antes la solidaridad cubana estuvo presente, cuando la tenaza norteamericana convirti en realidad la amenaza de Nixon de hacer chillar la economa del proyecto socialista de Salvador Allende.

La solidaridad que Cuba entreg a Chile es imposible de medir en trminos materiales. Porque tuvo un significado moral muy importante. Se trat de aquella solidaridad que se entrega a costa del propio sacrificio. Era la mano tendida de un pueblo capaz de entregar hasta su vida en defensa de la libertad y los derechos de la nacin chilena. Los cargamentos de azcar llegaron cuando el pas sufra el boicot del Imperio y el cobre -el sueldo de Chile, como lo llam Allende- era embargado en los puertos europeos. Se pretenda asfixiar la economa para provocar la ingobernabilidad que necesitaba el golpe militar.

Pero adems, despus del golpe de 1973, vino la enorme solidaridad con los perseguidos por la dictadura.

No fuimos los nicos a los que Cuba brind refugio en esa poca tenebrosa de Amrica Latina. Estaban tambin las familias argentinas, uruguayas, bolivianas, peruanas, nicaragenses, salvadoreas, haitianas, colombianas, hondureas, que huan del terror, la prisin y la muerte en sus pases. Eramos miles de latinoamericanos refugiados en la isla mientras Cuba enfrentaba los rigores del bloqueo norteamericano. Pero tambin estaban los becados africanos que se preparaban como profesores, mdicos e ingenieros. Y los nios de Chernobyl recuperndose de las horribles quemaduras del accidente nuclear. Y los heridos y mutilados angoleos, sudafricanos y congoleos rehabilitndose en hospitales y sanatorios cubanos. Los camaradas de Giap, los compaeros de Mandela, los herederos de Lumumba, los seguidores del Che de todas partes del mundo.

Los chilenos, pues, no ramos los nicos, ni siquiera los ms numerosos. Sin embargo, en la isla nos hacan sentir que no haba nada ms importante que la resistencia en Chile. Los actos y mtines, las reuniones en centros de trabajo, escuelas, universidades y Comits de Defensa de la Revolucin, CDR, se sucedan a diario. Lo que ocurra en nuestro pas lo conoca la poblacin a travs de charlas y de la informacin en la prensa, radio y televisin. Ser chileno era casi un privilegio que nos haca sentir rodeados de amistad y cario, jams solos o abandonados a nuestra suerte.

Los nombres de nuestros hroes y mrtires los adoptaron las organizaciones del pueblo cubano. Abundaban los Comits de Defensa de la Revolucin Salvador Allende, Miguel Enrquez, Augusto Olivares, Carlos Lorca, Arnoldo Cam, Vctor Jara, Marta Ugarte, Vctor Daz, Juan Alsina, Augusto Carmona Sus rostros y biografas, poemas y recortes de peridicos estaban en los murales de los CDR y centros de trabajo.

Una avenida importante de La Habana recibi el nombre de Salvador Allende y lo mismo calles y parques en otras ciudades de la isla. Los hospitales Salvador Allende y Miguel Enrquez atendan -y atienden- a sectores populosos de La Habana. Numerosas escuelas, cooperativas y brigadas de trabajo llevan nombres de hroes chilenos que todava son casi desconocidos en su patria. Se hacan homenajes, se escriba y se hablaba de ellos. He visto, por ejemplo, a un grupo de teatro de hijos de trabajadores del Hospital Miguel Enrquez representar la vida de ese revolucionario chileno con una sinceridad que hizo llorar a los padres de Miguel, presentes en ese acto.

Mi familia y yo vivamos en el corazn del exilio chileno, al este de La Habana. Exactamente en el departamento N 11, tercer piso del edificio D-2, Zona 7 de Alamar. Eran dos bloques de departamentos de cinco pisos cada uno que fueron entregados completamente equipados a familias chilenas -entre ellas varias mujeres solas con sus hijos-. A la vuelta de la esquina estaban los uruguayos y ms all los argentinos y bolivianos Los edificios de Alamar -que empezaba a ser una ciudad satlite de La Habana- los construyeron brigadas de trabajo voluntario de cubanos que carecan de viviendas. Sin embargo, fueron ellos los que resolvieron, en asambleas, entregar varios edificios a los exiliados que buscbamos refugio en Cuba. El nuestro fue inaugurado por Laura Allende, la hermana del presidente heroico, que tiempo despus se quitara la vida, enferma de cncer y desesperada por la prohibicin de la dictadura que le impeda ir a morir en Chile.

Alamar fue nuestro pequeo mundo mientras permanecimos en la isla. Ayudados por los vecinos cubanos, en su mayora obreros, recuperamos la confianza en nosotros mismos. Su amistad y aliento nos hizo reencontrar la esperanza. Su alegra nos permiti salir de la amargura de la derrota. Los cubanos nos ensearon el valor de las cosas sencillas. Nos regocijbamos con ellos por cada nueva victoria sobre el bloqueo norteamericano. Compartimos su vida de cada da, hicimos guardia en el CDR, trabajo voluntario limpiando escombros y basuras, cuidando jardines, preocupndonos por ahorrar agua y electricidad. Recolectamos potes de vidrio de uso infinito. Mantuvimos limpias las escaleras del edificio, hicimos cola en la bodega y nos encargamos de las compras de los ms ancianos. Acompaamos a nuestros enfermos en el hospital y nos turnamos para llevar a los nios a la beca.

La sociedad cubana nos reeduc, aprendimos a compartir.

En la escuela Solidaridad con Chile, en Miramar, estaban becados los nios de nuestra comunidad. Muchos eran hijos de chilenos asesinados, o que estaban en las crceles de la dictadura o que luchaban en la clandestinidad. Los nios permanecan en la beca de lunes a viernes, reciban alimentacin, ropa, tiles escolares y atencin mdica, como cualquier hijo de cubano. Los chilenitos tambin fueron pioneros por el comunismo y juraron ser como el Che. Solemnes y erguidos, junto con sus compaeros cubanos formaban cada maana luciendo las paoletas rojas que acreditaban su condicin de pioneros de la revolucin.

Nunca como en Cuba he visto nios ms hermosos, tan bien plantados y fuertes. Caritas limpias llenas de sol, extrovertidos y con una alegra que parece no consumirse nunca. Se adivina en ellos a los futuros maestros, soldados y obreros de una patria libre.

Los muchachos mayores, entre ellos mis hijos, fueron a la universidad y al trabajo en el campo, a la cosecha del tabaco, los ctricos y el caf. Se convirtieron en mdicos, ingenieros, economistas y cientficos. Aunque regresaron a Chile hace aos algunos no han perdido el acento cubano ni las costumbres y gustos que aprendieron en la isla. Es divertido hoy orlos cuando se renen y gozan recordando esa etapa de sus vidas.

Cada maana en la guagua 215 -el autobs Alamar-La Habana- nos encontrbamos con vecinos del exilio, cada uno a lo suyo. Mario Benedetti a Casa de las Amricas, yo a tareas de apoyo a la resistencia o camino a alguna reunin en el comit chileno que funcionaba en el Vedado. A veces intercambibamos un guio de complicidad con jvenes chilenos que vestan el uniforme verde olivo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Eran los futuros combatientes internacionalistas en Nicaragua y El Salvador. Muchos alcanzaron tambin su objetivo de retornar clandestinamente a Chile para combatir por la libertad de su patria. Eran jvenes por cuyas venas corra sangre de hroes, sencillos y claros como los del Moncada. Algunos cayeron combatiendo o asesinados en la tortura, leales a la formacin revolucionaria que recibieron en la isla. Entre ellos Mario Amigo Carrillo, un joven proletario de Coronel, un pueblo de mineros en el sur de Chile. Mario, convertido por la clandestinidad en obrero de una empresa forestal, muri en Los Angeles destrozado por un bomba. Fue el padre de dos de mis nietos, Javier y Fernando.

Cuba nos dio todo lo que pedamos para luchar contra la tirana. Ayud por igual a los que creamos legtimo y necesario empuar las armas como a los que optaron por la lucha poltica. Cuba jams pretendi decirnos lo que tenamos que hacer. Su ayuda fue siempre incondicional y respetuosa de las diferencias ideolgicas. Lo que hicimos, mal o bien, lo hicimos por iniciativa propia, pensando que cumplamos nuestro deber de patriotas y de revolucionarios.

La solidaridad cubana comparti nuestro dolor y se hizo parte de nuestra esperanza. Seramos unos mal nacidos si no retribuyramos hoy con nuestra propia solidaridad aquella que nos brind Cuba.

Por eso nos sentimos parte del pueblo cubano y admiramos su valor, su espritu revolucionario y su internacionalismo.

Queremos a Cuba y respetamos ese herosmo que causa asombro en el mundo al desafiar a pie firme las agresiones armadas, el sabotaje y las penurias de un bloqueo inhumano condenado por casi todas las naciones del mundo, excepto el propio verdugo y un par de cmplices a sueldo.

La Revolucin Cubana nos ense que nada importante se obtiene sin luchar, que slo luchando se puede ser libre y que slo hombres libres pueden sentirse hermanos.

Cuba nos mostr la dimensin humana de la accin poltica y con su revolucin aprendimos a descubrir la grandeza en lo ms humilde y pequeo.

Por eso queremos a Cuba y le declaramos nuestro amor a viva voz.

Nos preguntamos qu pasar con la Revolucin Cubana en los prximos cincuenta aos. No somos pitonisos pero hay hechos que permiten aproximarse al futuro. Cuba ya no est sola en Amrica Latina. Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Paraguay, Argentina y Brasil se abren camino al socialismo o a sistemas de mayor justicia social. La humanidad no tiene otra variable de supervivencia que no sea el socialismo.

En medio siglo ms Cuba ser la ms antigua y respetada de las repblicas socialistas de Amrica Latina y el Caribe.

Entonces se habr cumplido el sueo liberador de Fidel.

Manuel Cabieses Donoso. Director de la revista Punto Final - Chile



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