Portada :: Amrica Latina y Caribe :: Golpe militar y resistencia popular en Honduras
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-08-2009

Golpe de Estado en Honduras
La Hoguerra de Mster George Obama

Milson Salgado
Rebelin


Estados Unidos es Estados Unidos y la Doctrina Monroe y el Big Stick Policy no son un mecanismo internacional de extorsin de finales de siglo XIX ni de principios del XX, sino ms bien la refundacin torpemente sutil y claramente burda de su propia esencia expansionista en el propio siglo XXI, mal denominado posmoderno y globalizado.

El derrumbe de la economa mundial provocada por el juego digital de los especuladores de Wall Street precisaba un mesas con un perfil diferente al cowboy de Texas, que disparaba balas hasta en sus taimadas palabras de luterano del Mayflower. Pero las caras blancas, negras, amarillas, rojas, azules que llegaran a la presidencia de Estados Unidos no cambiaran en nada las lneas estructurales de la poltica exterior de un imperio que est vido de mercados, territorios, colonias, bases militares, petrleo, msticas neoliberales y presidentes de frac bien educados que agachen la cabeza como los monjes budistas.

Nadie poda imaginarse que las encrucijadas del seor OBbama en sus primeros meses de mandato tras su apabullante popularidad se iban a cifrar en una provincia de Centroamrica. Esta Honduras insignificante -en sus jergas cosmopolitas- con sus hombres del paleoltico como golpistas por un lado y con una resistencia de hombres y mujeres heroicas por el otro, han desnudado los hilos polticos del poder en Washington, la verdad irrefutable de que el presidente de Estados Unidos es el encargado de la poltica interior y que la poltica exterior no se toca ni con el ptalo de una flor, a no ser para desestabilizar procesos populares.

Las declaraciones desafortunadas del presidente Obama en el sentido de calificar de hipcritas las peticiones para que Estados Unidos intervenga en la crisis poltica de Honduras, cuando quienes piden esto se quejaban en el pasado de su intervencionismo desmedido en la regin, estn provistas de una ceguera ingenua o de una pragmtica discursiva pedida al crdito a los seores republicanos. Y lo afirmo as porque no es una intervencin militar la que pedimos, nicamente urgimos de una explicacin coherente y efectiva para determinar si Estados Unidos estuvo o no involucrado en el golpe de Estado en Honduras, y la toma de medidas fuertes nos podran persuadir de lo contrario. Pero, por otra parte, la puesta en prctica de la maquinaria del Pentgono, del Departamento de Estado y el mantenimiento de Robert Gates como Secretario de Defensa de Estados Unidos, quien adems fue subdirector de la CIA en la poca en que Honduras era la base de operaciones de la Contra y la tolerancia en los movimientos impunes de los halcones, nos clarifican la manida y vulgarizada verdad geopoltica de que el seor presidente es una pattica postal de memoriales y Thanksgiving Day y que nicamente puede sentar a un polica blanco y a un maestro negro en su jardn de la Casa Blanca y beberse sus cervecitas para disipar los eternos prejuicios raciales, pero sus palabras pueden ser inadvertidas y pasar a la coleccin de lo risible para cerrar Guantnamo o quitarle la cooperacin militar al ejercito sanguinario de Honduras.

Uno espera una respuesta contundente de Estados Unidos, porque fueron ellos los que adiestraron a estos generales en las prcticas de torturas y de la irracionalidad de sus paranoias ideolgicas en la Escuela de las Amricas, y tienen los calmantes para librarlos de sus fanatismos falsamente elaborados de salvar al mundo occidental asesinando a su propio pueblo. Adems, es lo menos que uno le pide a Estados Unidos, porque son ellos los que proclaman como la trascendencia del sistema mundial la bonanza de la democracia electoral, y si ofrecen una actitud pasiva de tolerar la violacin de sus propias reglas republicanas es porque la democracia se vuelve una comedia coyuntural a la que se recurre con la condicin de que los pobres voten y sean botados en el eterno sistema de exclusiones. Y, por ultimo, uno pide mnimamente su involucramiento responsable, porque en resumidas cuentas quien enciende un fuego tiene el deber moral de apagarlo, si no las llamas llegarn incluso a los nebulosos y navideos vientos del norte.

Milson Salgado es Fiscal contra la Corrupcin y escritor hondureo.



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