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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-08-2009

Crisis y derecha

Pedro Chaves
Pblico


La memoria ha sido cosa siempre de los y las de abajo. Los de arriba se dedican a reescribir la historia. Los comunes hemos aprendido a desconfiar de las palabras de los poderosos, aun cuando nos interesa saber en cada momento qu piensan, o mejor, que dicen que piensan. Por eso a los pueblos se les invita y estimula a tener una frgil memoria. Viene a cuento este excurso a propsito del debate y, hasta ahora, desacuerdo sobre un gran pacto social que surta los efectos que se esperan de este tipo de iniciativas: que ofrezca confianza a los mercados, que estabilice la situacin en el mbito laboral y productivo y que incremente la competitividad de nuestra economa, entendiendo, en este ltimo caso, que los caminos para esta mejora de nuestras perfomances econmicas son varias y diversas.

La dureza con la que se est mostrando la patronal ha puesto de relieve algo que comenzaba a ser una evidencia: la gravedad de la crisis y sus devastadoras consecuencias sociales no les ha hecho modificar un pice su programa de mximos desde hace dos dcadas. Es decir, el Estado es el problema y no la solucin, o la eficacia es ciencia, la igualdad ideologa, o hay que conseguir que el mercado deje de ser slo el regulador de la economa y pase a ser el articulador de la sociedad.

Parecen haber sido olvidadas las palabras del actual presidente de la patronal, Gerardo Daz Ferrn, del 17 de septiembre de 2008 en las que afirmaba: Creo en la libertad de mercado, pero en la vida hay coyunturas excepcionales. Se puede hacer un parntesis en la economa de mercado. Aquello sonaba a disimulado epitafio de la lgica neoliberal y as pareci ser durante unos meses. Fueron momentos que se prometieron dulces para los que defienden el viejo diagnstico marxista y keynesiano de que el mercado es incapaz, por s mismo, de solucionar algunos de los problemas que genera. La obligada intervencin econmica de los poderes pblicos pareci tan necesaria como conveniente y algunos especularon con los rditos polticos que este giro histrico podra producir. La derecha neocon expiraba. Pero no dur mucho aquel encantamiento. En lo que hace a la patronal espaola, desde entonces y hasta ahora, no han dejado de explicitar su programa de mximos que sigue afirmado en las obsesiones mercadocntricas de hace aos. El problema no remite slo a intentar dar una vuelta de tuerca ms en la precarizacin del mercado laboral a travs de esa figura siniestra del contrato de crisis. La cuestin es darle continuidad a la poltica econmica que ha sido dominante en las estrategias de todos los gobiernos desde el comienzo de la dcada de los noventa: bajada de impuestos, reforma del mercado laboral, reduccin del gasto pblico y liberalizacin estratgica para mejorar la competitividad de las empresas.

Naturalmente, en la actual coyuntura pesan tambin cuestiones de ndole poltica y partidaria. Es obvio el acuerdo entre el PP y la patronal para impedir o dificultar al mximo la foto del presidente Zapatero firmando un acuerdo con los agentes sociales en perodo de crisis. Y mucho menos cuando el partido de la oposicin vive en la agona, atrapado por el lodo de la corrupcin y su dificultad para gestionar internamente un conflicto que afecta a la lnea de flotacin de la legitimidad de cualquier fuerza poltica.

Engarzados as estos elementos, no debera sorprendernos la voluntad de intervencin poltica de la patronal. Esto es lo propio de todos los actores pblicamente relevantes. Lo significativo es la coherencia programtica y poltica de esa intervencin. En primer lugar, el bloque social y poltico que ha dominado el escenario, las agendas y el discurso durante estas dos ltimas dcadas no se ha quebrado ni cuarteado. Aquella sonrojante complicidad de Bush con los multimillonarios, puesta en evidencia por Michel Moore en Fahrenheit 9/11, es similar a la que con tonos castizos, eso s expres el presidente de la patronal cuando fuera de micrfonos declar, refirindose a la presidenta de la comunidad de Madrid, que es cojonuda, cojonuda, cojonuda. Su connivencia es estratgica, de calado, con voluntad de seguir hegemonizando nuestras sociedades en los aos venideros. Les ha ayudado en su autoestima, sin duda, comprobar las enormes dificultades de la izquierda para construir una mayora social desde presupuestos claramente alternativos. Y les ha animado an ms observar el temor de las poblaciones ante una situacin de tanta incertidumbre. Un temor que ha paralizado cualquier posibilidad de castigo electoral a las polticas responsables de la inquietante situacin. En segundo lugar, el debate sobre cmo salir de la crisis debe, desde la izquierda, adquirir una dimensin diferente. Es un debate de modelo econmico y las medidas parciales deben ser consideradas como la gestin de una transicin hacia otro modelo productivo. Debera ser un debate global. Continuar en el formato actual nos llevar, antes o despus, a medidas similares a las que la patronal defiende con una preocupante indiferencia respecto a sus consecuencias sociales y polticas. Es decir, si no hay un cambio de escenario y de agendas, la perspectiva es la berlusconizacin de nuestra poltica. En tercer lugar, la dimensin ecolgica, el debate sobre la sostenibilidad de nuestras economas, la necesaria reconversin ecolgica de nuestras sociedad industrial etc. debe estar en el centro de una alternativa programtica creble para recuperar una mayora de izquierdas. En este sentido, el Gobierno ha malogrado una vez ms la ocasin de aprovechar la prxima Ley sobre economa sostenible para propiciar un debate social, global y poltico sobre este cambio de modelo.

Necesitamos elevar la mirada sobre la casustica de la coyuntura para darnos cuenta de que lo que nos jugamos no son slo las condiciones de trabajo en nuestras sociedades, nos jugamos, en un damero maldito, el tipo de sociedad que tendremos en los prximos aos.

Pedro Chaves es Profesor de Ciencia Poltica de la Universidad Carlos III de Madrid



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