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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-08-2009

Una idea cada vez ms vigente en Francia
El decrecimiento ya no parece una locura

Eric Dupin
Informe-Dipl

Traduccin: Luca Vera


La crisis ecolgica impuso poco a poco la necesidad de definir el progreso humano de un modo distinto al que imponen el productivismo y la confianza ciega en el avance de las ciencias y las tcnicas. En Francia, crecen los adeptos al decrecimiento, tanto cerca de los partidos de la derecha antiliberal como entre el gran pblico.

Haba que ver el aire desconcertado de Franois Fillon, ese 14 de octubre de 2008, en que Yves Cochet defenda la tesis del decrecimiento desde lo alto de la tribuna de la Asamblea Nacional de Francia. Al diagnosticar una crisis antropolgica, el diputado Verde de Pars afirmaba, en medio de las exclamaciones de la derecha, que ahora la bsqueda del crecimiento resulta antieconmica, antisocial y antiecolgica. Su llamado a una sociedad sobria no tena posibilidad alguna de ganar la adhesin del hemiciclo. Sin embargo, la provocadora idea del decrecimiento logr dar inicio al debate pblico.

La recesin tambin entr en ese debate. Seguramente el decrecimiento no tiene nada que ver con la inversa aritmtica del crecimiento, como lo seala Cochet (1), el nico poltico francs de envergadura que defiende esta idea. De todas maneras, el cuestionamiento del crecimiento aparece como una consecuencia lgica de la doble crisis econmica y ecolgica que sacude al planeta. Sbitamente, se escucha a los pensadores del decrecimiento de manera ms atenta. Soy mucho ms solicitado, se regocija Serge Latouche, uno de los pioneros. Las salas estn llenas en nuestros debates, dice tambin Paul Aris, otro intelectual de referencia de esta corriente de pensamiento.

La propia palabra decrecimiento es cada vez ms utilizada, incluso fuera de los restringidos crculos de la ecologa radical. En un momento en que los adeptos al decrecimiento ven que sus argumentos son apoyados por la realidad, existe acaso una alternativa entre el decrecimiento sbito o implcito, como es la recesin actual, y el decrecimiento conducido?, se interrogaba durante la campaa europea Nicolas Hulot, quien, sin embargo, es usualmente calificado de ecotartufo por los objetores del crecimiento (2). En su carcter de puntal de Europe Ecologie, el animador declaraba dudar del crecimiento verde y pensaba ms bien en un crecimiento selectivo acompaado de un decrecimiento elegido. Slo el decrecimiento salvar al planeta, expres el fotgrafo Yann Arthus-Bertrand, cuya pelcula Home, ampliamente financiada por el grupo de productos de lujo Pinault Printemps Redoute (PPR), parece haber contribuido al xito electoral primaveral de los ecologistas (3).

Algunos partidarios del decrecimiento estn convencidos de que la crisis actual constituye una formidable oportunidad para su causa. Que la crisis se agrave!, exclam Latouche, retomando el ttulo de una obra del banquero arrepentido Franois Partant. Es una buena noticia: la crisis finalmente lleg y es una ocasin para que la humanidad pueda recuperarse, explicaba ese partidario de la pedagoga de las catstrofes, desarrollada en otro tiempo por el escritor Denis de Rougemont (4).

Sin llegar tan lejos, Cochet piensa tambin que slo al chocar con los lmites de la biosfera la humanidad se ver obligada a volverse razonable. Ya no habr ms crecimiento por razones objetivas. El decrecimiento es nuestro destino obligado, previene el diputado ecologista, gelogo poltico y un profundo materialista. Entonces no queda ms que esperar que la crisis acelere la toma de conciencia y preparar un decrecimiento que sea democrtico y equitativo.

Pero este punto de vista optimista est lejos de ser compartido por todos. No estamos para nada de acuerdo con esta pedagoga de las catstrofes, se diferencia Vincent Cheynet. El jefe de Redaccin del diario La Dcroissance piensa que, si bien la crisis ofrece una oportunidad de interrogarse y cuestionarse, tambin hay riesgos de que engendre crispaciones y fenmenos de miedo. Una crisis importante sera la peor de las situaciones, piensa Cheynet. La crisis es una ocasin para recordar que el crecimiento ya no es posible; pero en esos perodos las personas tienden a replegarse sobre sus intereses particulares, observa Jean-Luc Pasquines, animador del Movimiento de los Objetores del Crecimiento (MOC). Aris seala, adems, la ambivalencia de la crisis: Por un lado, lleva el sentimiento de urgencia ecolgica cada vez ms lejos, ya que el momento se presta para la defensa del poder de compra y de los empleos. () Pero tambin muestra que vivimos sobre mentiras desde hace dcadas (5). La inquietud le disputa un lugar a la esperanza entre aquellos que dudan que la recesin pavimente el camino hacia el decrecimiento.

 

Tmida entrada a la poltica

 

El nuevo impacto del tema contrasta con la gran debilidad de las fuerzas polticas que lo invocan. El Partido por el Decrecimiento (PPLD) fue creado en 2006 por Cheynet, ex publicitario y fundador de la asociacin Casseurs du pub para que la urgencia fuera a la conquista de las instituciones. Sin embargo, los conflictos entre las personas le impidieron existir realmente. Crear un partido poltico es muy difcil en ambientes bastante anrquicos, suspira Cheynet, que no se lleva demasiado bien con todos los partidarios del decrecimiento. Nuevos equipos intentaron relanzar recientemente el PPLD. Al mismo tiempo que afirma que el partido atrae a personas ms jvenes que vienen del mundo asociativo, su portavoz, Vincent Liegey, reconoce estamos tanteando un poco. El PPLD se niega a reivindicar alguna cantidad de adherentes. No queremos convertirnos en un partido masivo, no buscamos ni adherentes ni electores, dice curiosamente Rmy Cardinal, otro portavoz de este micropartido.

El Movimiento de los Objetores del Crecimiento se lanz en 2007. Rene a unas doscientas personas y a una decena de representantes electos locales en una red muy descentralizada. Como agrupa a militantes experimentados, como Pasquines, quien fue vocero del PPLD, o Christian Stunt, ex miembro de los Amigos de la Tierra y de los Verdes, el movimiento se felicita, segn dice Stunt, por la adhesin de muchas mujeres y jvenes sus filas.

Al crear juntos la Asociacin de Objetores del Crecimiento (ADOC-Francia), el MOC y el PPLD han emprendido un proceso de acercamiento. Ambos movimientos se presentaron en las ltimas elecciones europeas bajo el lema Europe Dcroissance (Por el decrecimiento de Europa). Por no disponer de ningn recurso y al querer hacer poltica de otra manera, no presentaron boletas para la votacin sino que le pidieron a sus electores que las imprimieran ellos mismos, desde de su sitio de Internet. El resultado era previsible: Pasquines, cabeza de lista en la Regin Parisina, obtuvo el 0,04% de los votos computados.

Las ideas del decrecimiento tienen un eco sin parangn con estas cifras. Estoy contra la creacin de un partido, en cualquier caso es prematuro, afirma Latouche. La cantidad de lectores del mensual La Dcroissance, fundado por Cheynet en 2004, revela el impacto de esta corriente. Se difunden 20.000 ejemplares 13.000 de ellos en kioscos y hace uso de un tono polmico cuyas principales vctimas son los ecotartufos del capitalismo verde y el desarrollo sostenible, sometidos a fuertes burlas. Cheynet lo asume: Estamos en una lgica de disenso que participa en la vivificacin de la democracia.

La revista ecologista Silence, que difunde 6.000 ejemplares desde 1982, public en 1993, sin ningn xito, un primer dossier sobre el decrecimiento, que contena extractos del libro fundador del inventor del concepto, Nicholas Georgescu-Roegen. Las cosas fueron distintas en el segundo intento, en 2002, cuando surgi el concepto en un coloquio realizado en la Organizacin de las Naciones Unidas para la Educacin, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) por la asociacin Lnea de HorizonteLos amigos de Franois Partant, y en el que participaron 700 personas, entre las cuales estuvieron Jos Bov, Ivan Illitch y Latouche. El nmero tuvo un gran xito; Silence dedic luego varias entregas a los distintos aspectos de ese proyecto. El decrecimiento es, tal vez, el tema del siglo XXI, pero no s nada sobre eso, atempera Michel Bernard, uno de los animadores de la revista, con base en Lyon, al igual que La Dcroissance.

Desde 2008, esta corriente de pensamiento dispone tambin de una publicacin intelectual bien elaborada: Entropa. Dirigida por Jean-Claude Besson-Girard, esta revista terica y poltica del decrecimiento, explora con una loable apertura de espritu los numerosos problemas que plantea la perspectiva del decrecimiento (6).

Este grupo mantiene vnculos ms o menos informales con toda una serie de organizaciones, como las redes ant-inucleares o anti-OGM (Organismos Genticamente Modificados), el movimiento internacional Slow Food (7) o Slow Cities y, por supuesto, con todas las asociaciones antipublicitarias: los militantes del decrecimiento prefieren con frecuencia la accin asociativa concreta. La revista Silence privilegia el relato de experiencias que prefiguran la sociedad a construir. Las ganas de cambiar las cosas pasan por la realizacin de alternativas, seala Guillaume Gamblin, uno de sus animadores.

Stunt encarna bien esa militancia anclada en lo concreto. Viejo militante de la ecologa poltica, hoy adhiere al MOC. Pero este guardia forestal jubilado, cuyos hijos producen cereales al estilo antiguo, sigue trabajando sobre el tema del bosque campesino de proximidad. Practica el decrecimiento: vive en una casa que l mismo ha construido con materiales locales, sin conexin a la red elctrica, pero que funciona con energa solar. Stunt se siente como en casa en la regin francesa de las Cvennes, donde centenas de personas viven de esa misma manera. Miembro de la asociacin de Habitantes de Viviendas Efmeras o Mviles (Halem), Stunt relata cmo, en abril pasado, una manifestacin bloque la alcalda de Saint-Jean-du-Gard que haba desmontado una tienda de tipo mongol instalada sin autorizacin. As nos hacemos cargo de la defensa de personas que viven en casas rodantes despus de haber sido expulsadas, y que son, frecuentemente, jvenes de la regin parisina, agrega. La asociacin Derecho a la Vivienda (DAL) le ha propuesto a su asociacin integrar el Consejo de Administracin.

 

Anticapitalismo y antiproductivismo

 

Las ideas sobre el decrecimiento no son de ayer. Estuvieron incluso ms extendidas en los aos 1970 que hoy. Podemos recordar el cmic alegremente antiproductivista de Gb LAn 01 (El ao 01), publicado desde los 70 en Politique Hebdo (8). Y de su consigna un tanto subversiva: Paramos todo. El mensual La Gueule Ouverte (La boca abierta) (1972-1980), que anunciaba muy simplemente el fin del mundo, destilaba durante esa dcada una reflexin anticipada sobre el decrecimiento.

Hace unos treinta aos, el cuestionamiento al productivismo estaba limitado a un espacio ideolgico cerrado. No penetraba en la izquierda, dominada todava por el Partido Comunista (PC) y por un marxismo ingenuamente progresista. Aunque hoy esta corriente es ms marginal, tambin dialoga con facilidad con una izquierda que ha perdido sus certidumbres. Con la crisis medioambiental y el cuestionamiento del valor trabajo, la idea de un casamiento entre anticapitalismo y antiproductivismo avanza.

El decrecimiento expresa, con un vocabulario nuevo, viejas cuestiones planteadas al movimiento obrero sostiene Paul Aris, quien fue comunista en su juventud. Yo mismo he llegado aqu por la crtica de la alienacin. El derecho a la pereza, vivir y trabajar en la misma regin: la izquierda no siempre tom el camino del productivismo!

La evolucin de Jean-Luc Mlenchon es sintomtica de la influencia que adquirieron las ideas del decrecimiento en el seno de la izquierda. El fundador del Partido de Izquierda (PG), proveniente de una estricta tradicin marxista, que fue en primer lugar militante trotskista lambertista, y despus socialista, saluda hoy la potencia de interrogacin de los partidarios del decrecimiento. Hay que pensar nuestro modo de vida de otra manera y preguntarse, por ejemplo, si debemos ir cada vez ms rpido, afirma, antes de criticar el productivismo que insina la idea de que todo lo que es deseable debe volverse necesario. A l se uni Franck Pupunat, animador del pequeo grupo Utopa, cercano a algunas tesis del decrecimiento, y que agrupa adherentes de varios partidos de izquierda. Aris tambin acaba de sumarse a ellos.

El Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) tambin dialoga con los partidarios del decrecimiento. Algunas negociaciones, que finalmente fracasaron, haban estudiado la posibilidad de confiar a un militante del decrecimiento el primer lugar en la lista presentada por el NPA y el PG en las elecciones europeas de la regin sudeste, donde esta corriente est ms consolidada. Representantes de ambos partidos participaron en la Contre-Grenelle de lenvironnement (Contra-consulta sobre el medioambiente), que tuvo lugar en Lyon, en mayo pasado, para denunciar las ilusiones del desarrollo sostenible.

Paradjicamente, las ideas sobre decrecimiento ya no se encuentran entre los Verdes. Cochet se siente muy aislado dentro de su partido. Sin embargo, algunas de sus posiciones no lo ayudan a ser escuchado. El diputado ecologista de Pars provoc un escndalo, en abril de 2009, al proponer una disminucin del monto de las prestaciones familiares a partir del tercer nio, a causa de que un nuevo recin nacido tendra un costo ecolgico comparable a 620 trayectos Pars-Nueva York. l se considera un neo-malthusiano, aun cuando admite que su razonamiento es tal vez demasiado cientfico.

 

Vivir mejor con menos

 

La sed de respetabilidad de los Verdes y el peso de sus representantes electos los han alejado de la tesis de formacin ecologista que temen que puedan asustar a los electores. Dominique Voynet habra pensado incluso en cambiar el nombre de su partido por el de Partido del desarrollo sostenible. En diciembre de 2008, por primera vez, la mocin del congreso del partido hizo referencia al decrecimiento, pero limitndolo al de la huella ecolgica. El programa de las listas de Europe Ecologie retom la misma frmula, pero agregndole la disminucin del consumo cuantitativo de carne. En cuanto al Partido Socialista (PS), la ausencia de curiosidad intelectual de sus dirigentes parece protegerlo de cualquier contacto con estas ideas.

El decrecimiento es algo ms que un eslogan? Aris habla de palabra-obs destinada a quebrantar el productivismo, y Cheynet alaba la capacidad de ese vocablo para interpelar a la sociedad. Pero la gran debilidad de este estandarte consiste en no decir nada sobre el futuro deseado. Ningn objetor del crecimiento preconiza una simple disminucin de la produccin en una sociedad con equilibrios que no han cambiado, disminucin que podra agravar la pobreza. Latouche concede que los menos favorecidos, especialmente en frica, necesitan elevar su nivel de vida material, aun cuando no deberan imitar el modo de vida occidental.

Antes que nada, este espacio se debate entre profundas divergencias filosficas. Cheynet tiene posiciones republicanas y universalistas, mientras que el africanista Latouche es un declarado relativista cultural. Mi perspectiva es claramente republicana, democrtica y humanista, declara el dueo de La Dcroissance, que estuvo comprometido con el Centro en su juventud. El Estado-nacin est superado y tampoco es deseable, replica Latouche, a quien no le gusta la palabra universal. Aris se ubica del lado de las posiciones republicanas, al tiempo que trabaja con los catlicos de izquierda de la revista Golias. Pierre Rabhi, una figura del decrecimiento que intent ser candidato en la eleccin presidencial de 2002, representa, por su parte, una corriente espiritualista.

Aunque este espacio est mayoritariamente inclinado hacia la izquierda, su crtica radical al productivismo puede alimentar interpretaciones de inspiraciones muy diferentes. Polticamente, como lo reconoce Cheynet, van desde la extrema derecha a la extrema izquierda. As, el pensador de la Nueva Derecha, Alain de Benoist, public en 2007 una obra titulada Demain, la dcroissance! Penser lecologie jusquau bout (Maana, el decrecimiento! Pensar la ecologa a fondo).

La relacin con la democracia tambin lo divide. Se oponen a quienes quieren dedicarse a las instituciones y presentarse a elecciones, como Cheynet, y quienes privilegian la democracia directa o el mandato imperativo. La desconfianza en relacin a la democracia representativa es muy fuerte en estos ambientes, observa el investigador Fabrice Flipo. Se requiere un refuerzo de la democracia directa, pero tambin de la democracia representativa, matiza Aris. Latouche expresa esta ambigedad de otro modo: Creo ser profundamente democrtico, afirma antes de agregar inmediatamente: Pero no s muy bien qu es la democracia.

Pocos partidarios del decrecimiento se arriesgan a precisar a qu se parecera la sociedad a la que aspiran. Sin embargo, en 2002 Cheynet intent ese ejercicio (9). En una economa sana (...) el transporte areo y los vehculos con motor de explosin estaran condenados a desaparecer (...), reemplazados por barcos a vela, la bicicleta, el tren y la traccin animal. Se buscara tambin el final de los grandes supermercados, en beneficio de los comercios de proximidad y de los mercados; el final de los productos manufacturados poco caros, en beneficio de objetos producidos localmente. Aunque la relocalizacin de las producciones es una idea compartida por todas las corrientes del decrecimiento, muchas de las cuales incluso presentan la idea de instituir monedas locales, no todo el mundo est de acuerdo en llegar tan lejos. Por otra parte, resulta difcil ver cmo semejante programa podra convencer a una mayora de electores. Latouche prefiere insistir con el mtodo de elaboracin de una sociedad autnoma donde rijan las ocho R: Revaluar, Reconceptualizar, Reestructurar, Redistribuir, Relocalizar, Reducir, Reutilizar, Reciclar (10). Al mismo tiempo que suea con una sociedad de pequeas ciudades federadas, aboga en favor de arbitrajes: El compromiso que debe encontrarse entre la autonoma, casi total pero muy frugal, entre el cazador-recolector y la tecno-alienacin, tambin casi total de nuestros contemporneos, es un problema poltico. Algunos objetores del crecimiento evitan estas delicadas cuestiones refugindose en acciones individuales de sobriedad voluntaria. Otros creen en las virtudes ejemplares de las iniciativas locales, como la de las Ciudades en transicin, que agrupan a cerca de ciento treinta comunas mayoritariamente en Gran Bretaa comprometidas con el decrecimiento energtico y la relocalizacin. Pero al decrecimiento le sigue faltando una definicin poltica positiva tan movilizadora como lo fue el socialismo en su momento. Tenemos dificultades para inventar un nuevo relato para el imaginario colectivo, deplora Cochet. Qu utopa movilizadora? se interroga, para responder a la pregunta cmo vivir mejor con menos? La frmula menos bienes, ms vnculos, sin duda no basta. Ampliar la gratuidad de los bienes de los cuales hacemos un buen uso y prohibir aquellos de los que se hace un mal uso, preconiza Aris, precisando que la definicin de esos usos ser producto de una deliberacin poltica. Y agrega: El objetivo es reducir las desigualdades sociales. En realidad, el decrecimiento afectar primero e inevitablemente, a los ms ricos, tanto a nivel planetario como en cada pas. Finalmente, lo que en estos debates se transparenta como una filigrana es la cuestin filosfica de la buena vida. El desarrollo econmico dictado por la dinmica propia del progreso tcnico, debera ser sustituido por una lgica de arbitraje democrtico. El filsofo Patrick Viveret, que se interesa en los cuestionamientos fundadores del decrecimiento, aunque sin adherir a sus respuestas, rechaza la prohibicin de plantear la felicidad como una cuestin poltica, con el pretexto de que eso fue lo que los totalitarismos se arriesgaron a hacer: Si rechazamos plantear democrticamente la cuestin de un mejor bienestar, en nombre de qu fundar un pensamiento crtico del modo de desarrollo actual? Liberales o socialistas, los progresistas tienen en comn la bsqueda del aumento de las riquezas materiales, reduciendo la cuestin de la felicidad a un asunto privado. Si la finalidad de la organizacin de las sociedades humanas, confrontadas a los lmites fsicos de la naturaleza, escapara a ese presupuesto materialista, se abrira un vertiginoso espacio de indeterminacin poltica.

 

1 Las citas sin referencias provienen de entrevistas con el autor.

2 Nicolas Hulot, Lenjeu crucial des lections europennes, Le Monde, Pars, 15-5-09.

3 Michel Guerrin y Nathaniel Herzberg, Arthus-Bertrand, limage de marque, Le Monde, Pars, 4-6-09.

4 Serge Latouche, Que la crise saggrave!, Politis, Pars, 13-11-08.

5 Laure Nouhalat, Rendre la dcroissance dsirable, entrevista de Paul Aris, Libration, Pars, 2-5-09.

6 Para una crtica radical de esta corriente de pensamiento, vase especialmente los Cahiers marxistes, N 235, Bruselas, mayo-junio de 2007 y La dcroissance, un point de vue parfaitement ractionnaire, Lutte de classe, N 121, Pars, julio de 2009.

7 Vase Carlo Petrini, Por una gastronoma militante, Le Monde diplomatique, ed. Cono Sur, Buenos Aires, agosto de 2006.

8 Gb, LAn 01, cmic reeditado por la Association, Pars, 2004, y film epnimo (con Jacques Doillon), MK2, 2006.

9 Bruno Clmentin y Vincent Cheynet, La dcroissance soutenable, Silence, Lyon, febrero de 2002.

10 Serge Latouche, Pour une socit autonome, Entropia , n 5, Malaucne, otoo boreal de 2008.



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