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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-08-2009

El presidente colombiano cede al Pentgono el usufructo de siete bases areas y martimas
Uribe sella el pacto militar con EEUU

Antonio Albiana
Pblico


Tras varias rondas de conversaciones secretas iniciadas el pasado febrero, se cerr en Washington ayer el acuerdo entre los gobiernos colombiano y estadounidense para el uso de siete bases areas y martimas en Colombia. La filtracin del pacto militar provoc en las ltimas semanas una tormenta en toda Amrica Latina e interrumpi en la prctica el proceso de alianza UNASUR, que impulsa el presidente brasileo, Lula da Silva.

La oposicin a Uribe exige que el texto sea debatido en el Congreso, mientras que l sostiene que, para no alterar sustancialmente los pactos vigentes con EEUU, slo debe pasar por el Consejo de Estado en un trmite no vinculante.

La autonoma de los estadounidenses en suelo colombiano se negociar en secreto

Segn filtraciones publicadas por la revista Cambio, que dirige el ex canciller Rodrigo Pardo, algunos de los aspectos polmicos, como la autonoma del Ejrcito estadounidense en suelo colombiano, seran objeto de un posterior "acuerdo de aplicacin" a negociar reservadamente por "agentes ejecutivos de los dos gobiernos" .

Tanto el Gobierno colombiano, como el propio presidente Barack Obama, han subrayado que EEUU no instalar bases propiamente dichas en Colombia , sino que se ubicar en las que ya estn operativas en este pas.

Sin embargo, en declaraciones a Pblico, la analista internacional estadounidense y profesora de la Universidad de los Andes Arlene Tichner, considera que esa precisin es una "cortina de humo" , puesto que "no tener bases fijas es la estrategia actual de Washington, especialmente tras el 11-S.

Ahora se trata de contar con mltiples puntos, llamados en la jerga militar flores de loto, entre los que poder saltar de manera rpida y gil, lo que permite una mayor interrelacin y articulacin entre los distintos comandos que tiene el Pentgono".

Segn un informe elaborado en abril por el Comando Areo de Movilidad para la Fuerza Area de EEUU, las antiguas bases de la Guerra Fra han pasado a denominarse "Ubicaciones de Cooperacin en Seguridad" (CSL por sus siglas en ingls).

Los pases vecinos temen la capacidad operativa de EEUU fuera de Colombia

El proceso para que el Pentgono empiece a instalarse o refuerce su posicin en Malambo, Palanquero, Apiay, Tolemaida, Larandia, Baha Mlaga y Cartagena, se inici cuando el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, anunci en su campaa electoral que no renovara el contrato para el Puesto Militar de Operaciones Avanzadas situado en Manta, la nica base militar de EEUU en Suramrica.

La base de Manta permita al Pentgono la vigilancia del Pacfico, desde Per hasta Amrica Central. La decisin de Correa se reafirm ante la certeza de que desde Manta se intervino en la invasin del Ejrcito colombiano en Angostura para bombardear un campamento de las FARC el 1 de marzo de 2008, tras lo que se produjo la ruptura de relaciones entre Ecuadory Colombia.

Aviones AWACS y C-17

El punto ms conflictivo del acuerdo, el que ms ha despertado el recelo de los vecinos de Colombia, desde Venezuela a Brasil, es de la previsible "extraterritorialidad" de la intervencin estadounidense, tanto desde el punto operativo, como de inteligencia.

El Gobierno colombiano ha insistido en que EEUU slo operar en el interior del pas para luchar contra el narcotrfico, lo que no es congruente con la ubicacin prevista en las bases de aviones AWACS, que pueden sobrevolar varios pases del continente sin ser detectados por los radares, y de los gigantes C-17, destinados al transporte masivo de tropas, para los que se acondicionar la base de Palanquero.

Otro aspecto polmico en Colombia es el de la inmunidad del personal civil y militar estadounidense, que el acuerdo firmado equipara al de la Embajada de EEUU. En Ecuador han quedado impunes ms de 3OO delitos, incluidos robos, asesinatos y violaciones cometidos por el personal estadounidense de la base de Manta.

Perfil

El mayordomo de los superpoderosos

Nadie de los que frecuentaron a aquel rebelde estudiante de Derecho en la Universidad de Medelln, lvaro Uribe Vlez (Medelln, 1952), enamoradizo y pendenciero, incontrolable y agresivo en el trago, buen representante del espritu paisa para los negocios, intuy que un da sera el poltico ms popular de Colombia. Dos veces presidente por carisma personal, sin el apoyo de una estructura partidista seria, aunque aupado por la oligarqua antioquea, que coincidi con la de Bogot en la necesidad de encontrar a alguien que aplicara mano dura en el orden pblico y liberalismo ilimitado para sus negocios.

Su vinculacin con los poderosos naci durante su gestin como gobernador de Antioquia. El socilogo y escritor Alfredo Molano le conoci all cuando ejerca como gestor de paz. "Tuve una reunin con l y con otros personajes. El que manejaba todo era Fabio Rico, el magnate del azcar; l le dictaba las medidas Lo que tiene Uribe es que es una especie de mayordomo de los superpoderosos; interpreta muy bien su lgica y los ha sabido utilizar para su ambicin poltica y para su fortuna econmica".

En 1982, la familia Uribe compra en Crdoba (la zona ms importante del paramilitarismo) una finca de ms de 2.000 hectreas, El Ubrrimo. El padre, Alberto Uribe Sierra, asesinado por la guerrilla durante un intento de secuestro, se dedicaba a la compra y venta de fincas, y es ntimo amigo de Fabio Ochoa, patriarca de una de las primeras familias de narcos, cuyos hijos fueron extraditados a EEUU. Uribe siempre ha sostenido que sus vinculaciones con gente tan dudosa tuvieron su origen en la aficin por los caballos. l mismo es un buen jinete y su nmero preferido es el trote con montura de paso sosteniendo una taza llena de caf sin que se derrame una gota. As alterna su tiempo entre una frentica actividad poltica todos le reconocen una gran capacidad de trabajo con la vida de terrateniente.

Los prximos das sern decisivos para que Uribe, retorcindole una vez ms el pescuezo a la Constitucin y las leyes colombianas, se promueva para un tercer mandato, que tendra ganado de antemano ante la desunin de la oposicin poltica. Fro y habilidoso, suele faltar a su palabra cuando lo considera necesario. Un importante poltico que visit a Chvez en medio de la crisis de las bases estadounidenses, subraya que el mayor reproche que le hace a Uribe el mandatario venezolano es el de ser un mentiroso. En esto coincide Antonio Caballero, el periodista ms influyente de Colombia: "Miente como respira. Casi todos los polticos mienten, pero ste lo hace de una manera casi patolgica".

Empez a mentir casi al comienzo de su primer mandato, cuando asegur que no se prestara a una reeleccin. Tras un montaje turbio de compra de votos, que tiene en la crcel a dos parlamentarios por cohecho, abri la posibilidad para un segundo mandato, que gan en las urnas frente a Carlos Gaviria, quien, sin embargo, obtuvo la mayor votacin de la izquierda en la historia colombiana.

Perpetuarse en el poder

Ante las crticas generalizadas por sus maniobras, Uribe acude a su popularidad en las encuestas, que no ha bajado nunca del 50%, especialmente entre las clases bajas, y habla del "estado de opinin" por encima de las formas democrticas. "Es un populista", afirma Caballero. "Mediante los consejos comunales (concejos abiertos donde amonesta pblicamente a sus ministros y reparte cheques y ayudas) abri paso a esa idea del estado de opinin, que es una preparacin para un posible autogolpe de Estado. Si no le va bien con las normas vigentes, buscara frmulas para perpetuarse en el poder con apariencias de legalidad o sin ellas. A lo Fujimori".

La clave de la ascensin de Uribe est en su programa de dureza para acabar con la guerrilla. Las FARC y el ELN han sembrado el odio y la inseguridad en los campos de Colombia, fomentando un deseo de "tranquilidad" que el presidente y los medios, casi todos afines a l, han sabido vender. sta fue una de las claves de su primera eleccin en 2002, cuando parta desde niveles muy bajos de conocimiento popular y las dos TV privadas, Caracol y RCN, se coligaron para apoyarlo y ridiculizar a su adversario, el veterano liberal Serpa. Cuando la victoria era dudosa y se presuma que perdera si haca falta una segunda vuelta, dos falsos atentados montados por los servicios secretos (el tenebroso DAS) elevaron la popularidad de Uribe el 10% que necesitaba.

Dice Caballero: "ste es un pas muy de derechas. Est muy difundido algo parecido a lo que en Espaa se llamaba franquismo sociolgico y, mientras la izquierda armada ejerce un militarismo muy facha, la reaccin ha sido siempre partidaria de las soluciones de fuerza".

Los smiles con la derecha espaola ms reaccionaria pueden establecerse entre Uribe y Aznar como siervos voluntarios del imperio estadounidense. Los dos trataron de engrandecer su corta estatura del bracete de Bush: no en vano Colombia fue el nico pas de Latinoamrica en apoyar la invasin de Irak. En toda su trayectoria, Uribe ha privilegiado la sumisin a EEUU a las buenas relaciones con sus vecinos, a los que siempre ha desdeado. Cuando pens que los nuevos vientos que anunciaba Obama le iban a apartar del favor de la primera potencia, se apresur a ofrecer el territorio de Colombia para sustituir a la base de Manta en Ecuador, cuyo cierre anunci Rafael Correa. La secuencia no pudo ser ms grotesca: mientras el Pentgono se fij en tres puntos de Colombia para establecer su fuerza, Uribe ofreci dos ms y luego otras dos zonas navales hasta siete bases!, ante el estupor de casi toda Latinoamrica.

El flanco ms dbil de Uribe reside en las zonas del paramilitarismo y el narcotrfico que ensangrentan Colombia desde hace decenios. Nada se le ha podido probar en este orden, pero nadie duda de su proximidad y parentesco con gente peligrosa. Su primo, Mario Uribe, que le hizo de escudero en su ascenso a la Presidencia, est procesado por sus vnculos con los paras, como la totalidad de su movimiento Colombia Democrtica. Las amistades peligrosas de Alvaro Uribe han sido abundantes. Como muchas de sus actuaciones. Una de las ms sonadas fue el homenaje de "desagravio" al general Rito Alejo del Ro, procesado por espantosas masacres. Para el abogado Ivn Cepeda, dirigente de la Asociacin de Vctimas de Crmenes de Estado: "Uribe est implicado en un conjunto de hechos sin esclarecer, mientras varios de los que se ofrecieron como testigos estn siendo asesinados y los dirigentes ms importantes del paramilitarismo fueron extraditados a EEUU para que no hablaran aqu".

El mimado doberman del imperio americano

Carlos Enrique Bayo

Orgulloso portaestandarte de la oligarqua colombiana, vinculado a las familias de notorios narcotraficantes y relacionado polticamente con los paramilitares, de lvaro Uribe slo sorprende que sea el nio mimado de los gobiernos occidentales. Presidente de una nacin devastada por secuestros y asesinatos polticos, reino de los negocios de la droga y de los abusos policiales, todas sus arbitrariedades incluidas sus maniobras para perpetuarse en el poder son contempladas con benevolencia por los mismos que condenan vehementemente los excesos populistas de Chvez, Correa y Morales.

Pero ms notable an que esa hipocresa internacional es la escalada militar que vive Latinoamrica desde que lleg a la Casa Blanca el pacifista Barack Obama. Por primera vez en decenios, se ha perpetrado un golpe de Estado (en la Honduras que fuera sede de la odiosa Escuela de las Amricas y que todava hoy alberga una estratgica base de EEUU) y ahora el Pentgono se dispone a desplegar sus tropas por toda Colombia.

Est claro que Obama no poda dejar en el olvido su patio trasero que Bush desde mientras giraba a la izquierda como reaccin a los desmanes dictatoriales que foment el To Sam, y que Washington siente la imperiosa necesidad de recuperar parte del terreno perdido. Pero los pocos escrpulos de la nueva ofensiva diplomtica estadounidense hacia el Sur, confiada a Hillary Clinton, nos recuerdan que los virreyes de EEUU en Amrica Latina siguen siendo hoy los mismos que design la anterior Administracin neocon.

Obama les est dejando hacer. Y esos creyentes en la guerra preventiva le pueden precipitar en un nuevo conflicto blico por el exceso de celo de su doberman Uribe.



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