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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-08-2009

Represin en Per
Historia del etnocidio en Amrica Latina

Marcos Roitman Rosenmann
La Jornada


El siglo XXI depara sorpresas insospechadas, los travestismos polticos pueden acabar con la dignidad y transformar, otrora antimperialistas y nacionalistas, en defensores de las trasnacionales. Es el caso de Alan Garca y su gobierno.

Sin grandes diferencias, los mtodos para consolidar el poder de estos conglomerados guardan semejanza con los utilizados en el periodo post-independencia para solventar la reforma liberal. Concesiones para ferrocarriles, puentes, represas, carreteras. Dinero y corrupcin para contentar la elite poltica y bases militares para reducir el peligro de golpes de Estado nacionalistas. Era la manera de conseguir los objetivos: el control poltico, econmico y militar de un pas. El Estado peruano corrobora hoy estas estrategias ejercitando la represin sobre sus pueblos originarios. Si en el siglo XIX se lleva a cabo la expulsin de los territorios pertenecientes a los pueblos indgenas para satisfacer las ansias de acumulacin de las oligarquas criollas y el imperialismo decimonnico, representado por Estados Unidos y Gran Bretaa, hoy se enajenan sus propiedades para beneficio de las trasnacionales y las nuevas oligarquas.

Sin embargo, nunca fue una tarea fcil para las clases dominantes poner en prctica estas decisiones. Son ya quinientos aos de resistencia. Pero la contrapartida ha sido utilizar los ejrcitos como arma disuasoria. Las primeras campaas de las fuerzas armadas profesionales en Argentina, Chile, Mxico, Per, Colombia, Paraguay, entre otros pases, tuvieron enfrente a los araucanos, pehuenches, quechuas, aymaras, patagones, chichimecas o pampeos. Fueron los primeros enemigos internos. Las matanzas han pasado a la historia. Las oligarquas se ufanaron de tales estrategias para esquilmar las riquezas de sus pueblos originarios. Asimismo, la escasez de mano de obra llev a los pueblos indgenas a una explotacin en condiciones de cuasi esclavitud, causa coadyuvante de un exterminio lento pero continuo. El cuadro se generaliz en toda Amrica Latina. Brasil, Mxico, Guatemala vieron disminuir sus poblaciones aborgenes con la misma celeridad que lo haban hecho durante la conquista. A sus idelogos y promotores no se les arrug su conciencia al adjetivar dichas prcticas como una diatriba entre civilizacin o barbarie. Hoy Alan Garca habla de la batalla por el progreso. Ampliar el coto de las haciendas y hacer de sus dueos flamantes terratenientes fue una y la misma cosa. Las leyes contra vagos y maleantes fueron el argumento para retener en los latifundios a la poblacin indgena. Durante estos dos siglos de independencia se han establecido legislaciones draconianas contra los derechos de los pueblos indgenas. So pretexto de ofrecerles un mundo mejor, se les obliga a vender sus tierras, desplazarse o renegar de los derechos de propiedad en beneficio del libre mercado. Si son obedientes y sumisos, a cambio de ceder tierras, se les reubica en parcelas o transforma en cooperativistas, a cambio se les promete construir un dispensario de salud abierto dos horas al da, una escuela sin medios, gozar de electricidad a precios de usura y comprar semillas transgnicas. Toda una demostracin de la discriminacin tnica y del engao. Se les considera pueblos sin futuro, superados por la historia. Slo se admite su perfil folclrico para beneplcito de las empresas tursticas. Indios para la exportacin.

En la actualidad, las oligarquas criollas, en connivencia con las transnacionales proyectan una segunda gran revolucin. Consolidado el orden excluyente y la reforma del Estado en sus aspectos bsicos: privatizacin, descentralizacin, desregulacin, flexibilidad del mercado laboral, ahora se dan a la tarea de apoderarse de las selvas semitropicales, las aguas, el subsuelo, etctera. Son los nuevos megaproyectos donde participan empresas de energa, farmacolgicas, automotrices, de alimentacin, constructoras. Es la unin del capitalismo trasnacional y los cipayos para aduearse de los ltimos reductos del planeta sin explotar. Todo est diseado, desde las formas de gobierno, al gobernanza, hasta las redes para capitalizar la inversin. Un nuevo imperialismo se dibuja en las entraas de Amrica Latina. La democracia representativa se reduce a un cascarn vaco. El control sobre la poblacin obliga a constreir los derechos polticos a su mnima expresin: el voto. No cabe la diferencia, la dignidad, la justicia social, menos an los pueblos indgenas, acusados de ser los responsables del subdesarrollo.

Lo sucedido en Per no es una excepcin, se repite con intensidad variable en otros pases. En Mxico, por ejemplo, no podemos soslayar la resistencia del EZLN por salvaguardar la Selva Lacandona y las formas de autonoma en las Juntas de Buen Gobierno y los caracoles. En Chile la represin sobre la poblacin mapuche, aplicando las leyes antiterroristas de la dictadura, tiene como objetivo desplazar la poblacin ms al sur y construir represas. Los gobiernos socialdemcratas de la Concertacin no dudan en mantener encarcelados a ms de 500 mapuches y asesinar a dirigentes en supuestos enfrentamientos con las fuerzas de orden. En Colombia se les dispara bajo el pretexto de la doctrina de la seguridad democrtica. De esta manera se restablece el orden. Acusados de terroristas y antipatriotas, se les aplican leyes ad-hoc para exonerar a quienes disparan y asesinan practicando el etnocidio. En estos caso, como suele ocurrir, el sentimiento de impunidad cubre los hechos al interpretarse las acciones de las fuerzas armadas como actos perpetrados en legtima defensa.

Alan Garca y su gobierno estn convencidos de no haber cometido crmenes de lesa humanidad, ni etnocidio. Por el contrario, estn seguro que actan dentro de la legalidad vigente al hacer cumplir la ley, evitando un atentado contra la propiedad privada y los derechos de las trasnacionales. Su nombre no debemos olvidarlo, entra de lleno en la historia de la ignominia y la traicin contra los pueblos indgenas cometida por los socialdemcratas en nombre del progreso.



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