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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-08-2009

Por qu la Iglesia catlica discrimina a homosexuales, bisexuales y transexuales?
Las races ideolgicas de la homofobia eclesial [I]

Antoni Jess Aguil
Rebelin y Tlaxcala


Planteamiento del problema

La Iglesia catlica es una de las instituciones sociales internacionales que en ms ocasiones se ha manifestado pblicamente sobre la homosexualidad. La mayora de las veces, por no decir todas, los juicios doctrinales emitidos por la jerarqua en este campo adoptan una actitud condenatoria hacia comportamientos sexuales no relacionados con la reproduccin, como la masturbacin, la contracepcin, las actividades pornogrficas o las relaciones afectivas y sexuales entre personas del mismo sexo. Las enseanzas de la Iglesia oficial descalifican y condenan tales prcticas, vinculndolas al pecado, la culpa o la enfermedad. Consideraciones anlogas reciben prcticas denostadas como el divorcio civil, el aborto voluntario o las parejas de hecho. Particular relevancia adquiri en los ltimos aos el caso de la sociedad espaola. La Conferencia Episcopal Espaola (cee) en bloque, respaldada por organizaciones catlicas y partidos polticos conservadores, dej or su voz antes y despus de que el Congreso de los Diputados aprobara mayoritariamente en junio de 2005 la ley que reconoce el matrimonio civil entre personas del mismo sexo, haciendo del matrimonio homosexual y los ataques a la familia nuclear uno de los principales caballos de batalla del debate social, poltico, jurdico, educativo y religioso de la legislatura. Lejos de contribuir a la apertura de un debate sereno, los obispos espaoles adoptaron un tono agresivo y un lenguaje aguerrido. El portavoz de la cee, Juan Antonio Martnez Camino, lleg a calificar a los matrimonios homosexuales como un virus para la sociedad y moneda falsa (Bedoya, 2004).

Ms recientemente, en diciembre de 2008, el Estado del Vaticano se opuso a la propuesta de despenalizacin mundial de la homosexualidad [2] presentada por Francia en sede de la Organizacin Naciones Unidas (onu) alegando que esta iniciativa, al incorporar nuevas categoras de personas protegidas en los organismos internacionales de vigilancia de los derechos humanos, creara nuevas discriminaciones.

Desde sus orgenes milenarios y hasta nuestros das, la Iglesia catlica, utilizando una fuente de legitimacin teolgica, ha venido consolidando un cuerpo de creencias, valores y prcticas lo que se conoce modernamente como Doctrina Social de la Iglesia que regula la esfera del pensamiento y condiciona la accin de quienes profesan la fe catlica. Estos patrones de comportamiento inculcados a los creyentes no se limitan a un conjunto de orientaciones de tipo espiritual, sino que se extienden tambin a los diferentes mbitos en los que se construye la identidad personal y se desenvuelven las relaciones humanas: desde la familia, el mundo del trabajo, la poltica y la educacin hasta aspectos concernientes a las esferas de la salud y la sexualidad.

Teniendo en cuenta estas premisas introductorias, el objetivo principal de este artculo es el de analizar crticamente los planteamientos y la toma de posicin oficial de la Iglesia catlica oficial respecto al tema de la sexualidad en general y ante la homosexualidad en particular. Para ello se establece como punto de partida la hiptesis segn la cual la causa de fondo que hay en la actitud represiva de la Iglesia hacia la sexualidad, y en concreto su aversin hacia las relaciones sexuales homosexuales, es fundamentalmente ideolgica. As, sostengo que tras las argumentaciones doctrinales de la Iglesia en materia de sexualidad y homosexualidad puede detectarse un sistema de pensamiento que proyecta lneas abismales y discriminatorias fundadas en una epistemologa estigmatizadora del cuerpo y una moral sexual restrictiva repleta de presupuestos sexistas, androcntricos y homfobos. La moral sexual del catolicismo oficial no slo atenta contra el valor de la diversidad sexual y coarta la autonoma de las personas homosexuales, sino que adems viola el rgimen internacional de los derechos humanos, que progresivamente ha venido reconociendo los derechos sexuales y reproductivos de mujeres y hombres como derechos humanos.

Por homofobia entiendo un fenmeno social y cultural que consiste en un conjunto persistente de actitudes y sentimientos irracionales de rechazo, miedo psicolgico y social, hostilidad, vergenza, intolerancia, odio y desprecio, entre otras percepciones negativas, de las personas homosexuales por el mero hecho de serlo. La homofobia, al igual que el racismo, el machismo o el clasismo social, se expresa a travs de discursos, prcticas y relaciones sociales de opresin y dominacin de unos grupos sobre otros. Estas relaciones, que pueden ir desde la violencia fsica hasta la violencia simblica humillacin verbal, discriminacin legal o ausencia de reconocimiento social, entre otras formas, limitan la capacidad de las personas afectadas para desarrollar y expresar en contextos pblicos determinados sentimientos, experiencias y pensamientos, habilidad necesaria para un autodesarrollo psicosocial satisfactorio. Su objetivo ltimo, por tanto, es el de anular socialmente y destrozar psicolgica e incluso fsicamente a quienes las sufren.

La homofobia eclesial, de acuerdo con la definicin anterior, es una manifestacin especfica e institucionalizada de homofobia practicada principalmente en mbitos religiosos y teolgicos cristianos. En este artculo me limitar al tratamiento de la homofobia catlica institucional. Est especialmente promovida, aunque no exclusivamente, por la jerarqua eclesistica cardenales, obispos, sacerdotes y diconos y sus medios de comunicacin. Consiste en una actitud que construye la heterosexualidad reproductiva como voluntad divina, sospecha y reprueba todo lo que cuestiona el orden patriarcal y heterosexista hegemnico e infunde miedo y preocupacin entre la poblacin, incitndola, por tanto, al odio, el rechazo y la discriminacin de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales (lgtb). La homofobia eclesial acta como un guante de seda que enmascara un puo de hierro: utilizando la retrica la misericordia y el amor al prjimo, la jerarqua catlica aparentemente acepta y acoge a las personas homosexuales, sin embargo, sus actuaciones, sus comportamientos y discursos cotidianos muestran la insensibilidad y el desprecio que siente por ellas.

Pensamiento abismal, razn indolente y diferenciacin desigual

Las causas que explican la homofobia de la Iglesia catlica oficial son mltiples y diversas. Junto a las razones de tipo ideolgico, tratadas a continuacin, pueden aducirse otras razones complementarias. La primera es una lectura fundamentalista de determinados pasajes bblicos relativos a la sexualidad y la homosexualidad [3]. El fundamentalismo es una actitud que se refiere no tanto a la profesin de unas determinadas ideas como a la forma en que stas se viven, caracterizada, normalmente, por su asuncin literal, sin poner en prctica una reflexin crticohermenutica que tenga en cuenta su insercin en un determinado contexto sociocultural, hecho que obliga a reinterpretar y actualizar las doctrinas, que de lo contrario se anquilosan, convirtindose en dogmas absolutos y universales. Como advierte el telogo Juan Jos Tamayo (2004: 17), los diferentes fundamentalismos comparten, en trminos generales, unas seas de identidad claras: otorgan valor absoluto a lo que es relativo, generalizan lo particular, universalizan lo local, simplifican y reducen lo complejo y convierten en dogma indiscutible y eterno lo que tiene un carcter opinable, contingente y temporal.

La no acomodacin de la Iglesia catlica al moderno Estado laico u aconfesional, secularizado, en todo caso, y con una pluralidad de valores y concepciones del mundo, constituye el segundo de los motivos que explican su rechazo al amor homosexual. La tendencia a considerar los valores propios como definitivos y universalmente vlidos, ms all de los cuales se aduce que todo es relativo y no hay verdad posible, revela una fuerte resistencia de la jerarqua eclesistica a reconocer y aceptar la existencia de una tica laica, no fundada ni revelada teolgicamente, vlida para el conjunto de la ciudadana. Este hecho supone el desarrollo de una monocultura de valores que pone en peligro el principio democrtico de la pluralidad ideolgica y religiosa. Conforme a esta rigidez axiolgica, todos aquellas iniciativas sociales, legislativas, cientficas y culturales que puedan colisionar con los planteamientos de la jerarqua resultan sospechosas de socavar los cimientos de la sociedad o de querer invertir el invocado orden natural de las cosas. As ocurre cuando se abordan cuestiones como la interrupcin voluntaria del embarazo, la eutanasia, la educacin religiosa y moral, la experimentacin con clulas madre con fines teraputicos, la aceleracin de los trmites del divorcio o el reconocimiento del derecho de adopcin por parte de matrimonios homosexuales.

A pesar de esta variedad de razones, en este trabajo me ocupar exclusivamente de analizar las bases ideolgicas de la homofobia eclesistica desde los parmetros de interpretacin de lo que el socilogo portugus Boaventura de Sousa Santos (2007; 2008: 106) llama pensamiento abismal, que en el epgrafe siguiente aplicar al mbito de la epistemologa del cuerpo y a la construccin social de la homosexualidad como pecado, desvo o anormalidad. Se trata de mostrar cmo el pensamiento homfobo eclesial se sostiene sobre dos creencias todava muy arraigadas en la cultura occidental y en las enseanzas transmitidas por la Iglesia catlica. Estas creencias legitiman divisiones abismales entre la diversidad antropolgica de sexualidades y son causa directa del comportamiento represor y despreciativo de la Iglesia hacia las relaciones afectivas y sexuales entre personas del mismo sexo. La primera de ellas es la creencia que sostiene la inferioridad de un elemento material y corruptible, el cuerpo, con respecto a una substancia considerada superior, sutil e inmaterial, el alma. La segunda es la conviccin segn la cual la sexualidad y todo lo relativo a ella guarda relacin con el mal, el pecado, la tentacin o la perdicin humana, reduciendo, en el mejor de los casos, el ejercicio de la sexualidad humana al acto sexual reproductivo practicado en el seno del matrimonio.

Para Santos, el pensamiento hegemnico en la modernidad occidental es un pensamiento fracturante formado por lneas abismales. Las lneas abismales se caracterizan bsicamente por dividir metafricamente la realidad en dos regiones distintas y contrapuestas: la regin de este lado de la lnea y la regin de el otro lado de la lnea. Entre ambos territorios se extiende una lnea fronteriza que establece una separacin total entre los dos abismos. Como seala Santos (2007: 4), la caracterstica fundamental del pensamiento abismal es la imposibilidad de la copresencia de ambos lados de la lnea. La consecuencia de esta divisin es tan fuerte que lo que queda en este lado de la lnea prevalece como lo relevante, lo visible, lo existente, mientras que lo que se encuentra en el otro lado resulta expulsado de la realidad, su presencia es rechazada y es declarado, en consecuencia, como algo diferente, inferior, extrao y socialmente inexistente. De esta manera, la zona que se halla en el otro lado de la lnea abismal constituye una terra ignota, un espacio salvaje donde habita lo inhumano y radicalmente excluido, un territorio que es preciso conquistar y civilizar mediante la lgica de la apropiacin, que funciona a travs de mecanismos de incorporacin, asimilacin e inclusin subordinada, y la lgica de la violencia, que se refiere a situaciones de eliminacin y destruccin fsica y/o cultural del otro.

Tanto la ciencia como el derecho moderno son, segn Santos, dos poderosos instrumentos de la modernidad occidental productores de lneas abismales que instituyen distinciones radicales. La ciencia moderna, al proclamarse poseedora del criterio universal de demarcacin entre conocimiento verdadero y conocimiento falso, traza una lnea epistemolgica abismal que clasifica los conocimientos y prcticas situadas en los territorios del otro lado de la lnea como meros saberes folclricos, opiniones infundadas y creencias obscurantistas alejadas de la racionalidad cientfica occidental. El derecho moderno, por su parte, lejos de reconocer en pie de igualdad los diferentes rdenes legislativos vigentes que hay en el otro lado de la lnea, declara esta regin reino de la alegalidad, estado de naturaleza en el que impera el desorden.

Para Santos, el pensamiento abismal, que a da de hoy permanece incrustado en determinados tipos de estructuras mentales, reproduce los esquemas del antiguo proyecto de dominacin colonial basado en el establecimiento de relaciones sociales desiguales entre los habitantes de la metrpoli y los de la colonia. La colonia, para Santos (2007), representa fundamentalmente un espacio de exclusin radical, un territorio de nadie o no territorio jurdico y poltico, una periferia poblada por seres indeseables situados fuera del marco civilizatorio. Las relaciones sociales coloniales estn basadas en la instrumentalizacin del otro, es decir, en su transformacin en un objeto de uso y abuso. Como afirma el socilogo, colonialismo son todos los trueques, los intercambios, las relaciones, donde una parte ms dbil es expropiada de su humanidad (Santos, 2006: 50). O en otros trminos: El colonialismo es la concepcin que ve al otro como objeto, no como sujeto (Santos, 2005: 106).

La teora del pensamiento abismal de Boaventura de Sousa Santos es un complemento terico reciente de algunas de las posturas asumidas en la Crtica de la razn indolente (2003). En esta obra, Santos sostiene que la racionalidad dominante desde el advenimiento de la modernidad occidental es una razn indolente, arrogante, metonmica y olvidadiza. Indolente porque es perezosa y adopta la misma vara de medir para todas las culturas, reconociendo nicamente sus propios valores, que considera vlidos universalmente; arrogante porque al sentirse total e incondicionalmente libre se vuelve una razn aptica consigo misma, no plantendose la necesidad de ejercitarse y contrastarse con otras racionalidades, por lo que demuestra un carcter autoritario; es metonmica porque tomando selectivamente la parte por el todo se reivindica como la nica forma de racionalidad legtima y completa, no valora ms experiencias que las occidentales, transforma sus intereses en hegemnicos y su comprensin del mundo se reduce a la comprensin occidental del mundo; es, por ltimo, olvidadiza porque produce innumerables silencios, exclusiones y ausencias que borran de la memoria el sufrimiento de las vctimas y los vencidos de la historia, provocando el desperdicio masivo de experiencia humana y el empobrecimiento de la realidad, destruyendo la diversidad de formas de vivir, conocer, producir, amar, pensar y actuar.

Una de las formas de relacin social asimtrica privilegiada la razn indolente y el pensamiento abismal es la diferenciacin desigual (Santos, 1998: 414) de las personas en virtud de su gnero u orientacin sexual, entre otras categoras de clasificacin social. La diferenciacin desigual consiste en una relacin de poder a travs de la cual se construye la alteridad mediante la atribucin de caractersticas que conforman la identidad y la diferencia. En esta relacin una de las partes es considerada superior, mientras que la otra es juzgada inferior por naturaleza. As, las diferencias epistmicas, sociales, tnicas, de clase, orientacin sexual o de cualquier otra ndole existentes entre ambas partes, ms que como una oportunidad para el (re)conocimiento recproco, son observadas, por el contrario, como signo de inferioridad. Los sujetos dominantes establecen, de este modo, diferencias inferiorizantes segn las cuales ser diferente significa ser inferior. Esta red de diferencias desiguales es aprovechada por determinados agentes socializadores para naturalizar relaciones jerrquicas y legitimar la dominacin de mujeres, homosexuales, inmigrantes, indgenas, ancianos y otros colectivos vulnerables, pues la diferenciacin desigual suele implicar lo que en trminos sociolgicos se conoce como proceso de socializacin diferencial. A travs de l, a determinados grupos se les asignan identidades diferenciadas, normas, espacios sociales, laborales y econmicos, actitudes y conductas que afectan a muchos y diferentes aspectos de su vida cotidiana definiendo, por ejemplo, su posicin en la sociedad, en la familia, en las relaciones sociales de produccin, de pareja, de propiedad, entre otras dimensiones. Detrs de estas relaciones de poder, el socilogo detecta la produccin y reproduccin de un sistema de clasificacin social jerrquica que es productor activo de inferioridad y organizador de relaciones sociales desiguales. Es la llamada monocultura de la naturalizacin de las diferencias (Santos, 2005: 161), aquella que distribuye a la poblacin por medio de categoras de agrupacin social que naturalizan jerarquas y abren diferencias abismales entre grupos humanos.

La homofobia eclesial y sus lneas abismales

Algunas de las lneas abismales ms activas de nuestro tiempo atraviesan las prcticas y discursos relativos a la sexualidad humana, en el que estn implicados aspectos tan importantes del ser humano como la vida afectiva, comunicativa y sexual, la bsqueda del placer, los lazos de unin con el prjimo y el significado y uso del propio cuerpo. Estas lneas de fractura establecen una clasificacin jerrquica entre, por un lado, sexualidades hegemnicas, las ms visibles, normalizadas y estadsticamente mayoritarias dentro del canon sexual patriarcal y heterosexista imperante: sexualidades heterosexuales, reproductivas, mongamas y matrimoniales; y por el otro, aquello que el filsofo francs Michel Foucault (2002: 51) llama sexualidades perifricas: sexualidades oprimidas, consideradas desviadas, anormales y carentes de fines reproductivos. Hoy en da, en la gran mayora de pases del mundo, las sexualidades perifricas se encuentran en un humillante estado de indignidad: su identidad es negada y perseguida, su libertad reprimida, sus derechos olvidados, una situacin auspiciada por las leyes, la religin y la tradicin, entre otros factores legitimadores de la discriminacin.

El caso de la moral sexual desarrollada por el catolicismo institucional es ejemplar para observar cmo la diferenciacin desigual y la socializacin diferencial son aplicadas al mbito de las diferencias de gnero y orientacin sexual. El resultado es un tipo de relacin de poder que puede llamarse diferenciacin sexual desigual, que en el caso de la moral sexual del catolicismo oficial asume como natural y divina la jerarqua basada en la superioridad natural de la heterosexualidad masculina y la subordinacin de mujeres y personas lgtb. As, la diferenciacin sexual desigual consiste en sealar a todos lo que estn fuera del orden sexual aprobado, a todos los sexualmente diferentes de la heterosexualidad normativa, como sujetos anormales o inferiores de cara a su exclusin o condena. En el caso de personas homosexuales, la socializacin diferencial asocia la heterosexualidad con la masculinidad, con lo normal, mientras que la homosexualidad es vinculada muchas veces con lo femenino, lo prohibido, la culpa, la enfermedad, el delito, el pecado, por eso el destino de gays y lesbianas ha sido histricamente amargo: enviados a la prisin como delincuentes, internados en el psiquitrico como enfermos o condenados al infierno como pecadores. En el cdigo de valores que establece la moral catlica oficial, gays, lesbianas, bisexuales y transexuales, en virtud de la diferenciacin desigual operativa, se consideran personas anormales, desviados sexuales, mientras a que la mujer heterosexual se le reserva una posicin de subordinacin respecto al varn heterosexual.

Las lneas de pensamiento abismal subyacentes a la homofobia y la misoginia eclesial estn fundadas sobre las dos creencias [4] anteriormente enunciadas. A continuacin, examinar por separado cada de una de ellas tratando de apuntar algunas pautas para la construccin de un pensamiento postabismal capaz de transformar en clave emancipadora la situacin abismal de desigualdad que padecen mujeres y personas lgtb dentro y fuera de la Iglesia catlica.

Pensamiento abismal y desprecio epistmico del cuerpo

La creencia en la superioridad del alma y en la inferioridad ontolgica y epistemolgica del cuerpo constituye uno de los principales factores explicativos de la homofobia eclesial y su menosprecio generalizado de lo ertico. Esta creencia parte de un presupuesto implcito: la estructura dual de la realidad. El dualismo consiste bsicamente en una forma de estructurar la realidad que distingue dos elementos o categoras en constante oposicin: alma/cuerpo, razn/sentimiento, espritu/materia, hombre/mujer, por citar algunas.

Los orgenes del dualismo antropolgico entre cuerpo y alma y el consecuente desprecio del cuerpo humano como fuente vlida de conocimiento no hay que buscarlos en la tradicin religiosa judeocristiana, que asume como principio el monismo antropolgico, sino en uno de los pilares intelectuales del pensamiento occidental: el platonismo. En algunos de sus dilogos, Platn radicaliza de manera clara la diferencia abismal entre psych el alma y sma el cuerpo, elementos que remiten a componentes antropolgicos diferentes y enfrentados. El alma, en trminos esquemticos, se identifica con la esencia del ser humano, con el principio del conocimiento racional, es inmortal y separable del cuerpo; su aspiracin bsica es la liberacin total de la corporeidad para regresar a su verdadera morada: el mundo inteligible de las formas. El cuerpo, por su parte, es concebido en la epistemologa platnica como prisin (Crtilo, 400c) o tumba del alma, [6] obstculo, lastre e impedimento para alcanzar el conocimiento verdadero, una especie de presidio temporal relacionado con la mortalidad, los bajos instintos, las apariencias, las necesidades biolgicas, las emociones y, en definitiva, con el mundo de lo sensible:

En tanto tengamos el cuerpo y nuestra alma est contaminada por la ruindad de ste, jams conseguiremos suficientemente aquello que deseamos. Afirmamos desear lo que es verdad. Pues el cuerpo nos procura mil preocupaciones por la alimentacin necesaria; y, adems, si nos afligen algunas enfermedades, nos impide la caza de la verdad. Nos colma de amores y deseos, de miedos y de fantasmas de todo tipo, y de una enorme trivialidad, de modo que cun verdadero es el dicho de que en realidad con l no nos es posible meditar nunca nada! Porque, en efecto, guerras, revueltas y batallas ningn otro las origina sino el cuerpo y los deseos de ste (Fedn, 66bc).

La idea de fondo que impregna la antropologa dualista e intelectualista platnica es que el ser humano no es cuerpo, sino que accidental y transitoriamente posee un cuerpo. Se trata de una antropologa fundada en una racionalidad abstracta como instrumento hegemnico de conocimiento que no tiene en consideracin la materialidad y sensibilidad de la vida humana. Esta epistemologa intelectualista ser reforzada en la modernidad occidental por la filosofa cartesiana al plantear una racionalidad descarnada y territorialmente descontextualizada representada por el ego cogito, un sujeto metafsico, abstracto, estable, ahistrico, descaracterizado de sus particularidades histricas, personales y culturales. Para Platn, el cuerpo y sus menesteres son poca cosa frente a una meta intelectiva considerada noble y superior: el conocimiento del mundo de las ideas. El amante de la sabidura y la verdad, el filsofo, debe llevar un rgimen de vida austero, asctico, caracterizado por la negacin de los impulsos corporales, la purificacin (ktharsis) del alma, la entrega a la vida contemplativa y el goce de los placeres intelectuales o puros. Segn el filsofo griego, la experiencia de liberacin total de los sentidos y sus engaos slo es posible con la muerte biolgica del cuerpo:

Mientras vivimos, como ahora, segn parece, estaremos ms cerca del saber en la medida en que no tratemos ni nos asociemos con el cuerpo, a no ser en la estricta necesidad, y no nos contaminemos de la naturaleza suya, sino que nos purifiquemos de l, hasta que la divinidad misma nos libere (Fedn, 67a).

Fue sobre todo a partir de las elaboraciones tericas de Pablo de Tarso y Agustn de Hipona cuando en la Iglesia catlica primitiva se impuso un discurso hostil hacia el cuerpo y la sexualidad, cuyos rasgos esenciales perduran en la institucin a lo largo de su historia multisecular. Estos autores elaboraron una tica sexual androcntrica, homfoba y patriarcal caracterizada por transmitir una imagen negativa del cuerpo sobre todo de los genitales y de los sentidos, infundir sentimientos de miedo, vergenza y culpabilidad en lo relacionado con el placer carnal smbolo por antonomasia del pecado, la imposicin de la sexualidad reproductiva y la exaltacin de la abstinencia sexual como la mayor de las virtudes morales, conducta que, dicho sea de paso, es totalmente intil de cara a la procreacin y la conservacin de la familia y la vida, cuya proteccin tanto preocupa a la Iglesia.

En las enseanzas sobre el cuerpo que Pablo de Tarso dirigi en sus epstolas a las primeras comunidades cristianas, puede observarse una visin negativa de los placeres de la carne, por los que el moralista cristiano siente una profunda desconfianza, pues no hacen sino esclavizar el espritu y volverlo prisionero de sus apetitos. Por esta razn, Pablo invita a los fieles a mantener el propio cuerpo en santidad y honor (1 Tes 4, 4), les anima a luchar contra el deseo pecaminoso, alaba la virtud de la castidad y, como mal menor, recomienda las relaciones sexuales con finalidad procreadora dentro el matrimonio, porque siempre es mejor casarse que quemarse (1 Cor 7, 9). De la misma forma, el apstol, que tena que ejercer su misin evangelizadora en un ambiente pagano en el que la homosexualidad y la bisexualidad eran prcticas frecuentes y socialmente aceptadas, desaprueba el sexo homosexual, juzgado un crimen contra la naturaleza (Rom 1, 26-27) y sanciona la prostitucin, la promiscuidad y la fornicacin fuera del matrimonio. Todos estos comportamientos sexuales son considerados vicios execrables que obnubilan al ser humano y lo alejan del ideal paulino de perfeccin o pureza de corazn.

Este conjunto de creencias sexuales basadas en lneas abismales fue heredado en los siglos iv y v de la primitiva era cristiana por los Padres de la Iglesia, destacando especialmente Agustn de Hipona, que las complement con una visin pesimista de la condicin humana. La antropologa patrstica recogi la divisin radical entre alma y cuerpo estableciendo adems un vnculo entre castidad y salvacin individual. Los primeros Padres del cristianismo exhortaron al gobierno de la razn y al dominio de las pasiones mediante la repulsin de las experiencias erticas y el desprecio del cuerpo, visto como un nido de corrupcin y fuente de desorden espiritual.

Agustn de Hipona, que en su juventud haba saboreado las mieles de los cuerpos femeninos, incluso prestando lealtad durante trece aos a su amante y concubina, a la que dej encinta, adopt posteriormente un rgimen de vida sexofbico basado en la disciplina de la continencia sexual permanente. El contacto con el neoplatonismo, la influencia del pensamiento maniqueo, profundamente dualista y dicotmico y la lectura de las cartas de Pablo le ayudaron a elaborar una educacin circunscrita a unos patrones morales reguladores propios de santos. Sus principales componentes eran el cultivo de los hbitos intelectuales y religiosos soledad, recogimiento, penitencia, observacin interior y oracin, la tendencia a moderar las pasiones, reprimir los instintos y deseos sexuales y la concepcin del sexo como instrumento de procreacin. El obispo de Hipona, adems, contribuy decisivamente a conformar la naturalizacin de la creencia en la inferioridad moral y ontolgica de la mujer y su subordinacin respecto al hombre. En su explosiva Historia sexual del cristianismo, el historiador alemn Karlheinz Deschner (1993: 179) afirma que Agustn declara a la mujer como un ser inferior que no fue hecho por Dios a su imagen y semejanza mulier non est facta ad imaginem Dei. En cuanto al cuerpo femenino, Agustn dibuj un retrato negativo del mismo. Si el cuerpo humano era ya de por s va de corrupcin y pecado, el cuerpo de las mujeres representaba el mal de los males, amenaza impura, sensualidad demonaca y cada humana, tal y como puede observarse en el relato bblico del Gnesis. Este libro coloca a Eva en una posicin de sujecin y dependencia respecto a Adn, siendo creada a partir de una de sus costillas y legitima la dominacin del sexo masculino como mandato divino (cf. Gn 3, 16).

Toms de Aquino, por ltimo, mximo exponente del cristianismo bajomedieval y nervio de la teologa catlica, se encarg de matizar y ampliar la moral sexual represora heredada. Siguiendo los planteamientos de los Padres de la Iglesia y los moralistas precedentes, en la Summa Theologiae (II, 1-2, q. 31, a. 6) el telogo concibi la lujuria como pecado capital y declar vicios contrarios a la naturaleza humana prcticas sexuales como la masturbacin, la homosexualidad o la zoofilia.

El resultado de estos planteamientos fue la elaboracin por parte de la Iglesia catlica de una poltica sexual de carcter coercitivo y culpabilizante dirigida no slo al control y la dominacin de las almas, sino tambin, y especialmente, de los cuerpos. Se establecieron las bases ideolgicas, en otros trminos, de una tica sexual conservadora, puritana y autoritaria. Conservadora porque defiende y reproduce el orden sexual vigente: el matrimonio mongamo heterosexual, la familia nuclear, los vnculos matrimoniales irrompibles, la proteccin absoluta de la vida, entre otros aspectos, oponiendo resistencia a los cambios que implican relaciones afectivas y sexuales situadas fuera del esquema matrimoniofamilia tradicional, a los que acusan de provocar desorden y derruir los cimientos de la sociedad; es puritana porque aborrece el placer sexual como fin en s mismo al considerar que aleja al ser humano de la esencia divina, por ello evala negativamente el cuerpo sobre todo el de las mujeres y prescribe un cmulo de prohibiciones sexuales: no al libre uso y disfrute del cuerpo, no al placer sexual como fin en s mismo, no a los mtodos anticonceptivos, no a la libre asociacin sexual, no a la igualdad entre sexos, exaltacin de la virginidad como valor moral y mximo smbolo de pureza, no al amor homosexual e intolerancia con el ejercicio de las diversas formas de sexualidad perifricas, vistas como socialmente peligrosas, moralmente desviadas y religiosamente pecaminosas; y es autoritaria porque se presenta como una moral arrogante y concluyente que debe ser impuesta al Estado y al comn de la sociedad.

Creced y multiplicaos

La segunda creencia en la que se basa la discriminacin y opresin hacia personas lgtb por parte de la Iglesia catlica es aquella segn la cual el sexo tiene eminentemente una funcin: la reproductiva. Esta conviccin, inspirada en el mandato divino del Gnesis (1, 28), tiene consecuencias atrofiantes para el libre ejercicio de la sexualidad: la condena implacable del sexo fuera del matrimonio mongamo, la supervaloracin de la castidad y la virginidad, la reprobacin de los mtodos anticonceptivos y la suspensin de aquellos hbitos sexuales que no son biolgicamente eficaces para tener descendencia, como la masturbacin o las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo.

Siguiendo a Ral Lugo (2006: 114), la idea que vincula sexualidad y reproduccin es de origen pagano. Proviene de la filosofa estoica, cuyas enseanzas morales, centradas en los ideales ticos de autrkeia autosuficiencia y aptheia impasibilidad situaban la actividad intelectual por encima de pasiones y emociones, entre las que se encontraban el amor y el placer sexual. Este planteamiento, entre otros presupuestos del estoicismo, fue incorporado posteriormente por la Iglesia catlica de los primeros siglos cristianos. Agustn de Hipona y los primeros Padres de la Iglesia se fijaron nicamente en la finalidad procreadora del matrimonio, excluyendo otras dimensiones. En sus tratados sobre la continencia, el obispo de Hipona destaca que la bondad de la relacin matrimonial est precisamente en el hecho de unir en acto procreativo a hombre y mujer honesta copulatio, originando una serie de bienes, como la prole, la fidelidad entre los cnyuges y la generacin de un vnculo irrompible. En este sentido, copular dentro del matrimonio sin intencin reproductiva constituye un pecado venial, es decir, aquel que no supone una falta muy grave, aunque ofende a Dios y debilita la relacin con l.

Consideraciones semejantes pueden hacerse por lo que respecta a Toms de Aquino, cuyas doctrinas sirven para regular y clasificar el uso del cuerpo y los placeres desde un punto de vista teolgico. Para el telogo catlico, el sexo, ms que una experiencia liberadora de conocimiento del prjimo y disfrute de la vida, es una actividad exclusivamente heterosexual cuyo propsito especfico es la reproduccin. Desde esta perspectiva, en la Summa Theologiae (II-II, q. 153) el dominico aborda el vicio de la luxuria y sus especies: fornicacin simple, adulterio, incesto, violacin, rapto y pecados contra naturam (cf. Summa Theol., II-II, q. 154), entre los que se encuentran la masturbacin molicie, el coito con animales no humanos bestialidad y las relaciones sexuales homosexuales, el llamado vicio sodomita. Estos vicios sexuales chocan contra el orden de la recta razn, suponen una violacin de la ley divina y la subversin del orden natural del que forma parte el ser humano.

Con el paso del tiempo el magisterio de la Iglesia catlica ha ido reconociendo, adems de su significado procreativo, el valor unitivo del acto sexual matrimonial y la inseparabilidad de ambas dimensiones. No obstante, la reproduccin sigue considerndose la finalidad primordial del acto matrimonial. La idea que subyace a esta creencia es que privar al matrimonio de sus posibilidades generativas por cualquier medio de contracepcin significa atentar, en trminos aristotlicos, contra su causa formal y final, amn de producirse una grave degradacin de la misin conyugal. Llama la atencin, a este respecto, que el Cdigo de Derecho Cannico (1983) impida contraer matrimonio a las personas que padezcan impotencia sexual de carcter perpetua e incurable y detectada previamente al enlace matrimonial (cf. n. 1084).

Benedicto xvi: recrudecimiento de la homofobia y exclusin sacerdotal 

Las creencias puristas de Pablo de Tarso, Agustn de Hipona y Toms de Aquino sobre la sexualidad, la homosexualidad y el matrimonio no han perdido un pice de relevancia, sino que estn de mxima actualidad dentro y fuera de los muros de la Iglesia. El Catecismo de la Iglesia Catlica (1992), documento reelaborado bajo la autoridad de Juan Pablo ii que expone la doctrina oficial de la fe catlica, proclama la indisolubilidad del nico matrimonio posible, el mongamo y heterosexual (n. 1601), hace una defensa en trminos absolutos de la vida humana (n. 2270) y ensalza la finalidad reproductiva de la institucin matrimonial, as como el modelo de la familia forjada en el seno del matrimonio catlico (n. 1652, 2207 y ss.).

A lo largo de sus ms de veinticinco aos de pontificado (1978-2005), Juan Pablo ii traz una poltica estratgica de alianzas con gobiernos neoconservadores Reagan, Thatcher y Pinochet, promocion a grupos catlicos de fuerte rigidez dogmtica, como el Opus Dei o los Legionarios de Cristo y coloc a sus hombres de confianza en instituciones clave de la Santa Sede, destacando el cardenal Joseph Ratzinger, en aquella poca Prefecto de la Congregacin para la Doctrina de la Fe, el antiguo Tribunal de la Inquisicin. El conservadurismo teolgico y moral de Juan Pablo ii obstaculiz, al menos de puertas para adentro, asimilar valores de la modernidad occidental como los derechos humanos o la democracia, cuestiones que inspiraron la celebracin del Concilio Vaticano ii (1962-65). El perfil ideolgico del pontfice se reflej, entre otros aspectos, en la consolidacin de una moral sexual ultraconservadora que pona nfasis en las opciones negativas: no al divorcio ni a la comunin eucarstica de quienes se han divorciado, no a las relaciones sexuales prematrimoniales, no a la masturbacin, no al acceso de las mujeres al sacerdocio ministerial, no a las relaciones sexuales homosexuales, no al aborto y condena firme de los mtodos anticonceptivos. No es de extraar, en este contexto, que una de las caractersticas ms notables de este papado fuera la persecucin, censura e inhabilitacin acadmica de las voces disidentes que abordaban desde una perspectiva crtica las cuestiones prohibidas del Vaticano.

Benedicto xvi, sucesor y guionista en la sombra de Juan Pablo ii, hasta el momento no se ha apartado ni un milmetro de la rgida moral sexual establecida por su predecesor. Ya en los ltimos aos de su etapa cardenalicia, Ratzinger elabor las Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales (Congregacin para la Doctrina de la Fe, 2003) en el que mediante argumentos de tipo biolgico, antropolgico, moral y jurdico instaba a los polticos catlicos de todo el mundo a vetar los proyectos de ley que defendieran el reconocimiento legal de las uniones homosexuales. Durante sus primeros aos de pontificado, la mxima autoridad de la Iglesia catlica endureci an ms la postura abismal de la institucin ante los homosexuales. En agosto de 2005, Benedicto xvi aprobaba la polmica Instruccin llamada Sobre los criterios de discernimiento vocacional concernientes a las personas con tendencias homosexuales en vistas a su admisin al seminario y a las rdenes Sagradas, redactada por la Congregacin para la Educacin Catlica. Las declaraciones del documento, firmadas por el cardenal Zenon Grocholewski, no pueden ser ms reveladoras sobre la postura oficial de la curia romana ante la homosexualidad, determinando la inadmisibilidad del acceso al sacerdocio por parte de varones con tendencias homosexuales permanentes:

La Iglesia [] no puede admitir al Seminario y a las rdenes Sagradas a quienes practican la homosexualidad, presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas o sostienen la as llamada cultura gay (Congregacin para la Educacin Catlica, 2005).

La propia Instruccin aclara que el documento es fruto de las circunstancias actuales, refirindose, probablemente, a la oleada de escndalos y crmenes sexuales cometidos por el clero y que en los ltimos aos han sacudido la imagen pblica de la institucin. Se trata de delitos protagonizados por sacerdotes acusados en muchos casos de abusar sexualmente de menores de edad. Como han puesto de manifiesto los investigadores Jason Berry y Gerald Renner (2006: 32), gran parte de estos abusos fueron perpetrados bajo el papado de Juan Pablo II motivados, en gran parte, por los problemas en materia de sexualidad que el Concilio Vaticano II dej sin resolver, de modo particular las cuestiones de la anticoncepcin y el celibato opcional. As, amparndose en tales circunstancias, la Instruccin quiere ser presentada ante la opinin pblica como una simple exposicin de los criterios para la adecuada seleccin del personal eclesistico y no como expresin de una forma de diferenciacin desigual por motivo de orientacin sexual.

El documento contiene tres secciones complementarias en las que se exponen los motivos por los cuales las conductas homosexuales se consideran un grave impedimento para el ejercicio del sacerdocio. La primera est dedicada a la Madurez afectiva y paternidad espiritual que deben poseer los aspirantes a sacerdotes. La segunda reflexiona sobre La homosexualidad y el ministerio ordenado y en la tercera el objeto de examen son los criterios sobre El discernimiento de la idoneidad de los candidatos por parte de la Iglesia.

El primer apartado recuerda que, segn la Tradicin de la Iglesia, la ordenacin sacerdotal est reservada exclusivamente al bautizado de sexo masculino, que una vez ordenado representa sacramentalmente a Cristo. Aade despus que en virtud de ello la vida del sacerdote debe estar motivada por la entrega al servicio de la Iglesia y la caridad pastoral. A tal efecto se requiere como condicin necesaria que el candidato alcance un grado de madurez afectiva que le permita mantener relaciones sociales correctas con hombres y mujeres, al tiempo que desarrolla un sentido de paternidad espiritual respecto a la comunidad de fieles que le ser confiada.

Las ideas nucleares de la Instruccin normativa estn concentradas en el segundo apartado. Siguiendo las directrices del Catecismo y de diversos documentos doctrinales de la Congregacin para la Doctrina de la Fe, [8] entre los que cabe destacar la carta Homosexualitatis problema (1986) del cardenal Ratzinger a los obispos de la Iglesia catlica, dedicada a la cuestin de la atencin pastoral a las personas homosexuales, el este apartado recuerda la distincin entre tendencias homosexuales profundamente arraigadas y actos homosexuales. Las tendencias homosexuales fuertemente radicadas en hombres y mujeres no constituyen en s mismas un pecado, aunque de ello no se desprende que sean buenas, ni siquiera inocuas, pues segn la Instruccin se trata de orientaciones objetivamente desordenadas. De hecho, ya en 1986 el cardenal Ratzinger, en su etapa como guardin de la ortodoxia al frente de la Congregacin para la Doctrina de la Fe, adverta en la citada Carta que:

Es necesario precisar, por el contrario, que la particular inclinacin de la persona homosexual, aunque en s no sea pecado, constituye sin embargo una tendencia, ms o menos fuerte, hacia un comportamiento intrnsecamente malo desde el punto de vista moral. Por este motivo la inclinacin misma debe ser considerada como objetivamente desordenada.

Quienes se encuentran en esta condicin deberan, por tanto, ser objeto de una particular solicitud pastoral, para que no lleguen a creer que la realizacin concreta de tal tendencia en las relaciones homosexuales es una opcin moralmente aceptable (Congregacin para la Doctrina de la Fe, 1986, n. 3).

Respecto a los actos homosexuales, la condena de la Instruccin es firme y severa. Las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo no pueden ser aceptadas bajo ninguna circunstancia como buenas. Son consecuencia de una condicin desordenada y constituyen comportamientos torcidos, irracionales, antinaturales e inmorales. El documento declara que para la Sagrada Escritura estos actos son pecados graves, que la Tradicin los ha considerado siempre intrnsecamente inmorales y que adems son profundamente opuestos a la ley natural divina.

La conclusin no poda ser otra: la homosexualidad, a todas luces, es una fuente de problemas. Se establece que los candidatos a sacerdotes con tendencias homosexuales profundamente arraigadas no tienen derecho alguno a ordenarse, pues no estn en condiciones de relacionarse saludablemente con hombres ni mujeres. En cambio, aquellos cuyas inclinaciones tengan un carcter pasajero, expresin de un problema transitorio, como, por ejemplo, el de una adolescencia todava no terminada (Congregacin para la Educacin Catlica, 2005) slo podrn hacerlo si se verifica no especifica cmo que dichas tendencias han sido totalmente superadas al menos tres aos antes de su ordenacin diaconal.

La tercera y ltima parte seala que es competencia y responsabilidad de la Iglesia discernir, a travs del formador, la madurez afectiva del candidato, admitiendo slo a quienes renan las condiciones exigidas por la Iglesia. El director espiritual, por tanto, contrae el deber de evaluar tampoco indica con qu metodologa, las capacidades del aspirante asegurndose que no presenta desorden sexual alguno y disuadindolo en caso de detectarlo. Para garantizar la entrada de sacerdotes idneos, la Iglesia, en sntesis, no admitir a seminaristas homosexuales en activo, a quienes presenten tendencias homosexuales profundamente arraigadas ni tampoco a los defensores de la llamada cultura gay.

El primer motivo de exclusin no constituye ninguna novedad en la doctrina de la Iglesia. sta, al fin y al cabo, de acuerdo con sus enseanzas morales, tampoco admite en su comunidad a seminaristas heterosexuales con una vida sexual activa. Ahora bien, el segundo y tercer caso son ms delicados, pudiendo ser calificados de agravio comparativo ya que colocan a los varones homosexuales en una situacin real de desigualdad y discriminacin respecto a los heterosexuales.

La negacin del acceso al sacerdocio a las personas que, segn la terminologa de rigor, presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas, significa adoptar una medida preventiva y discriminatoria que no se toma en el caso de los aspirantes heterosexuales. Mientras que de stos se presupone que son personas sensatas, que saben reprimir o sublimar su energa sexual, soportando la presin del celibato y llevar una vida sexual conforme a los dictados del magisterio eclesial, los candidatos homosexuales, en cambio, son concebidos de antemano como pecadores en potencia, personas poco o nada fiables, fcilmente corruptibles, vulnerables ante las tentaciones e incapaces de someterse a las normas impuestas por la jerarqua catlica. Esta medida cautelar, ms que en la realidad, parece estar fundada en un fuerte prejuicio antihomosexual. Sin embargo, como ha puesto de manifiesto el investigador Pepe Rodrguez (1995), gran parte de la actividad sexual del clero catlico es heterosexual. Segn este autor, no son pocos los sacerdotes que mantienen relaciones afectivas y/o sexuales con mujeres solteras o casadas, los que alivian sus tensiones personales recurriendo a servicios de prostitucin masculina o femenina o, en el peor de los casos, pueden llegar a cometer abusos sexuales contra adultos y menores, desde caricias no consentidas en determinadas zonas del cuerpo hasta prcticas sexuales intimidatorias. Sorprende, adems, que la Iglesia no exija el mismo grado de idoneidad y rectitud a la hora de aceptar casar a autnticos maltratadores de mujeres, a personas de dudosa moralidad u olvide para consigo misma los deberes morales cuando se trata de apoyar incondicionalmente a regmenes polticos dictatoriales o guardar un silencio cmplice ante verdaderas atrocidades.

Por ltimo, la condena de quienes prestan apoyo a la llamada cultura gay se mueve en el terreno de una ambigedad susceptible de recibir mltiples y variadas interpretaciones. Por esta razn no vendra mal aclarar si con la expresin cultura gay la Congregacin para la Educacin Catlica est haciendo referencia a los movimientos sociales, colectivos o grupos de presin que luchan por el reconocimiento legal de los derechos sociales de las personas lgtb; si dicho trmino incluye el hecho de que en los centros de enseanza se imparta una educacin para la igualdad de oportunidades, respetuosa con las diferentes formas de vivir la sexualidad; si engloba o no el rechazo de las personas seminaristas y sacerdotes incluidos que frecuentan lugares de ocio dirigidos a pblico homosexual; o si la cultura gay abarca el placer de la literatura y de otras manifestaciones estticas realizadas por autores con tendencias homosexuales como Platn, Shakespeare, Caravaggio o Marguerite Yourcenar.

Probablemente, detrs de tan vaga expresin se oculta la condena de aquello que Benedicto xvi denomina la dictadura del relativismo, que en su homila de la misa pro eligendo pontfice, pronunciada a pocos das de ser proclamado Papa, defini como el dejarse llevar a la deriva por cualquier viento de doctrina, una actitud que no reconoce nada como definitivo y que deja como ltima medida slo el propio yo y sus antojos (Ratzinger, 2005). Se trata sta de una cuestin de la que Benedicto xvi ha hecho el problema central de nuestro tiempo, convencido como est de que la mentalidad relativista se ha convertido en la religin propia y verdadera del hombre moderno (Ratzinger, 2003: 87). Desde esta ptica, la cultura gay, al igual que la aparicin de la vindicacin feminista, no sera ms que una ideologa de moda, efmera y laicista, de signo materialista, que niega la existencia de una verdad universal, permanente y transcendente.

En una conferencia que lleva por ttulo Europa, sus fundamentos espirituales ayer, hoy y maana, pronunciada en mayo de 2004 en la biblioteca del Senado italiano por el entonces cardenal Ratzinger, el pontfice afirmaba que el matrimonio mongamo y la familia nuclear son una clula esencial de la identidad cultural y moral europea que el cristianismo ha contribuido a forjar, siendo ste uno de los principales fundamentos espirituales del continente. La lgica oculta tras este razonamiento es al mismo tiempo sencilla y peligrosa: si Europa cede antes a las presiones de cambio de las ideologas en boga, perder sus races y su identidad cristiana. En este sentido, el diagnstico del Papa sobre el estado actual de Europa no es precisamente optimista al pintar una situacin de acoso a la familia y descomposicin del matrimonio:

Todos sabemos cun amenazados estn el matrimonio y la familia tanto mediante el vaciamiento de su indisolubilidad a travs de formas cada vez ms fciles de divorcio, como por un nuevo comportamiento que va difundindose cada vez ms: la convivencia de hombre y mujer sin la forma jurdica del matrimonio. En notable contraste con todo esto, existe la peticin de comunin de vida de los homosexuales, quienes ahora, paradjicamente, exigen una forma jurdica, que debe equipararse ms o menos al matrimonio.

Con esta tendencia se sale del complejo de la historia moral de la humanidad, que a pesar de toda la diversidad de formas jurdicas del matrimonio, saba siempre que ste, segn su esencia, es la particular comunin de hombre y mujer, que se abre a los hijos y as a la familia. No se trata de discriminacin, sino de la pregunta sobre qu es la persona humana en cuanto hombre y mujer y cmo la convivencia de hombre y mujer puede formalizarse jurdicamente. Si, por una parte, su convivencia se separa cada vez ms de las formas jurdicas, si, por otra parte, se ve la unin homosexual como participante del mismo rango del matrimonio, entonces estamos ante una disolucin de la imagen del hombre, cuyas consecuencias slo pueden ser extremadamente graves (Ratzinger, 2004: 69-70).

A pesar de la condicin objetivamente desordenada e inmoral que para la jerarqua catlica es la homosexualidad, el Vaticano cree que la salvacin de las personas homosexuales es posible. En la nota nmero doce de su Carta sobre la atencin pastoral a las personas homosexuales, Ratzinger exige a gays y lesbianas que dominen sus pasiones, controlen los bajos instintos y renuncien a sus deseos ms primarios. Es una apuesta por la continencia sexual absoluta en oposicin al vicio, una invitacin a cargar sobre las espaldas la cruz cristiana del sufrimiento redentor, nica va de salvacin capaz de aproximar a estas personas al sacrificio de Cristo en la cruz.

Una revolucin sexual emancipadora

Uno de los retos ms urgentes en la agenda de la Iglesia catlica es la revisin integral de la tica relativa a la sexualidad y la reproduccin. Durante siglos, la Iglesia catlica ha venido codificando y difundiendo entre sus fieles un conjunto de prcticas y discursos normas, doctrinas, preceptos religiosos y morales, entre otras disposiciones que funcionan como instrumentos de regulacin de las diversas actividades humanas. En lo relativo al campo de la sexualidad, este conjunto de dispositivos de control ha configurado una estructura mental rgida basada en un uso represivo del cuerpo y la condena de todas aquellas prcticas sexuales cuya finalidad no sea la reproduccin.

La segregacin sexual y el prejuicio antihomosexual impregnan todo el proceso formativo de seminaristas diocesanos, novicias, monjas y sacerdotes en el seno de una organizacin que funciona a la manera de lo que Michel Foucault (1992) llam institucin total o de secuestro. Se trata de instituciones sociales que controlan y administran formalmente la dimensin temporal de los internos, estableciendo, al mismo tiempo, un rgimen disciplinario: un conjunto de tcnicas y mtodos de vigilancia y control sobre los movimientos del cuerpo. A ste se lo adiestra, se le imponen reglas, restricciones y obligaciones.

Aunque dentro del pensamiento cristiano existen diferentes posiciones ante el cuerpo y la homosexualidad, el magisterio eclesistico se inscribe en la lnea ms dura y represora. La asuncin en conciencia del discurso oficial de la Iglesia catlica puede provocar en religiosos y creyentes laicos una doble situacin. Por un lado, sacerdotes, diconos, monjas, seminaristas y otras personas que desempean funciones en la Iglesia experimentan muy a menudo una situacin de hipocresa sexual capaz de provocar serios desequilibrios emocionales. Todo un sufrimiento personal que se traduce en sentimientos de inseguridad, culpabilidad y angustia, adems de la dificultad para establecer relaciones normalizadas con personas de otro o el mismo sexo. Algunos, especialmente quienes han hecho voto de castidad, incapaces de soportar la soledad y soltera forzada que impone la institucin, acaban comiendo de la fruta prohibida y se ven obligados a llevar una doble vida o abandonar la Iglesia.

Adems, las reglas establecidas por la Iglesia oficial inducen al personal eclesistico y a los laicos creyentes a desarrollar lo que el psiquiatra Francis M. Mondimore (1998: 196) llama homofobia internalizada, el prejuicio adquirido contra los homosexuales fuertemente naturalizado y reproducido cotidianamente a travs de actitudes, discursos y prcticas. Todava hoy los documentos oficiales ms recientes siguen considerando la homosexualidad como un desorden objetivo y las personas homosexuales son acusadas de subvertir el orden natural al cometer pecados contra natura. Al vincular la homosexualidad con el pecado, el desorden, la desviacin y lo antinatural se est inculcando a la comunidad de fieles un profundo sentimiento de hostilidad, rechazo, aversin y miedo hacia personas lgtb. Mientras que disciplinas como la medicina o el derecho se han mostrado ms comprensivas con gays y lesbianas, quitndoles la condicin de enfermos o delincuentes, respectivamente, la Iglesia catlica no parece a da de hoy querer liberarlos del infierno, ms an cuando Benedicto xvi insiste en que existe y es eterno.

Esta situacin de exclusin y discriminacin persistir mientras que en la institucin eclesial no se produzca una autntica revolucin en materia sexual tendente a promover la emancipacin poltica, social y personal de mujeres, homosexuales, bisexuales y transexuales. La base de esta transformacin pasa previamente por la construccin de un pensamiento postabismal capaz de enfrentar los autoritarismos, las imposiciones, la represin y los silenciamientos que diariamente se producen en el campo de la sexualidad, impulsando la posibilidad de crear relaciones ms democrticas y solidarias entre la pluralidad de sexualidades humanas. Es lo que conceptualmente de Sousa Santos (2005: 165) llama ecologa de los reconocimientos, un conjunto de interacciones sociales que, ejercidas en al mbito de la sexualidad, tratan de convertir las diferencias desiguales que establece la lgica de la clasificacin social jerrquica en diferencias iguales a partir de reconocimientos recprocos.

Aplicado a la superacin de la homofobia eclesial, el pensamiento postabismal se traduce en la elaboracin de una epistemologa capaz de borrar las lneas abismales que marcan la diferencia entre sexualidades normales y sexualidades peligrosas, que reivindique la importancia del cuerpo excluido en el proceso epistmico, elimine las jerarquas ontolgicas y epistmicas que separan cuerpo y alma, as como en la adopcin de una tica sexual menos rgida y prohibitiva que apueste por la convivencia pacfica de personas sexualmente diversas.

En contraste con la vigilancia y el control sexual ejercidos por la moral catlica vigente, el marco de referencia de esta epistemologa y tica sexual postabismal se centra en los siguientes aspectos. En primer lugar, concebir el amor como una construccin social y cultural cuyo significado y vnculos con el matrimonio y el sexo han cambiado y pueden cambiar histricamente: durante la Edad Media, a ttulo de ejemplo, muchos de los matrimonios bendecidos por la Iglesia no estaban basados en el amor romntico ni en la reproduccin, sino en la conveniencia social y econmica. En segundo lugar, la valoracin positiva del cuerpo, de su cuidado y libre uso. En tercer lugar, la invitacin a disfrutar sin complejos del amor y del sexo con la persona a quien se ama, celebrando la sexualidad en sus diversas formas y expresiones. En cuarto lugar, la desculpabilizacin del placer sexual a travs del reconocimiento del sexo no slo en su vertiente biolgica y reproductora, sino tambin como importante va de maduracin, placer y conocimiento (inter)personal. En quinto y ltimo lugar, la despatriarcalizacin de la Iglesia con medidas como el celibato opcional, la ordenacin sacerdotal de mujeres y personas no heterosexuales y la elaboracin de una teologa emancipadora e inclusiva para con las mujeres y personas lgtb (Stuart, 2005), segn la cual el pecado a combatir no es la existencia de personas con tendencias y actos homosexuales, sino la de personas que cometen actos discriminadores y homfobos y utilizan la religin para marginar y discriminar. Se trata, en sntesis, de respetar los derechos sexuales y reproductivos de las personas, que forman parte irrenunciable de los derechos humanos. La realizacin radical de los derechos humanos y la democracia exige romper con las nociones patriarcales y heterosexistas del cuerpo, el amor, el sexo y la familia, cuestionar los patrones socioculturalmente construidos que definen qu significa ser hombre y ser mujer y promover la solidaridad entre los dos sexos y entre la diversidad antropolgica de sexualidades.

El actual contexto ideolgico de la Iglesia catlica es inquietante y parece estar lejos de alcanzar estas conquistas. Sin embargo, mientras el derecho a la libre disposicin del cuerpo siga formando parte de los derechos fundamentales de los seres humanos, la lucha a favor de la libertad sexual y los derechos sexuales podr seguir adelante.

Notas

[1] La versin original de este artculo puede encontrarse en Nmadas. Revista Crtica de Ciencias Sociales y Jurdicas, nm. 23 (2/1), 2009. Disponible en:

<http://www.ucm.es/info/nomadas/23/antoniaguilo.pdf>

[2] Segn un informe reciente (cf. Ottosson, 2009: 5) de la Asociacin Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex (ilga), de los 192 pases que reconoce la onu, en alrededor de 80 la homosexualidad est perseguida, multada y castigada, considerada como un acto delictivo a reprimir con torturas fsicas, penas de crcel e incluso, en una decena de ellos Arabia Saud, Sudn, Pakistn, Mauritania, Yemen, Emiratos Arabes Unidos, Irn y algunas zonas de Somalia y Nigeria, est penada con ejecuciones.

[3] Los fragmentos que con ms frecuencia han sido utilizados para condenar la homosexualidad son: el episodio de Sodoma y Gomorra (Gn. 19, 1-29), ciertas prescripciones del Levtico (18,22 y 20,13) y determinados textos paulinos (Rom 1, 26-27, 1 Cor 6, 9-10 y 1 Tim 1, 9-10).

[4] Entiendo el sentido de creencia a la manera de Ortega y Gasset (1968:19) cuando afirma que estas ideas elementales: Constituyen el continente de nuestra vida y, por ello, no tienen el carcter de contenidos particulares dentro de sta. Cabe decir que no son ideas que tenemos, sino ideas que somos. Ms an: precisamente porque son creencias radicalsimas, se confunden para nosotros con la realidad misma son nuestro mundo y nuestro ser, pierden, por tanto, el carcter de ideas, de pensamientos nuestros que podan muy bien no habrsenos ocurrido. Poco despus, el filsofo matiza ms la diferencia de grado entre ideasocurrencias y creencias: [...] De las ideasocurrencias y conste que incluyo en ellas las verdades ms rigorosas de la ciencia podemos decir que las producimos, las sostenemos, las discutimos, las propagamos, combatimos en su pro y hasta somos capaces de morir por ellas. Lo que no podemos es... vivir de ellas. Son obra nuestra y, por lo mismo, suponen ya nuestra vida, la cual se asienta en ideascreencias que no producimos nosotros, que, en general, ni siquiera nos formulamos y que, claro est, no discutimos ni propagamos ni sostenemos. Con las creencias propiamente no hacemos nada, sino que simplemente estamos en ellas.

[5] El monismo antropolgico judo del Antiguo Testamento concibe al ser humano como un todo inseparable. Los rabinos ensean, siguiendo al telogo protestante alemn Walter Eichrodt (1975: 138 ss.), que el ser humano fue creado por Dios a partir de dos componentes complementarios: uno material, la tierra, con la que se form el cuerpo, y el espritu o aliento divino vital, que anima al cuerpo. De hecho, y en rigor, no existe en la literatura veterotestamentaria un trmino hebreo equivalente a la nocin griega de cuerpo como elemento distinto, superior y contrapuesto al alma. Para la religin juda, el ser humano es una unidad indisociable en la que se combinan el elemento material, la carne (basar) y el elemento espiritual o fuerza divina (ruaj). La unidad antropolgica humana se expresa a travs del termino nefesh, frecuentemente traducido por alma, aunque significa ms bien sede de vida, suspiro, el aliento vital que reside en el cuerpo y se extingue con la muerte biolgica. Finalmente, el ltimo elemento que constituye esta unidad antropolgica hebrea es el corazn (leb), rgano que se identifica con los pensamientos, la voluntad y los sentimientos y, por extensin, con el mbito de la toma de decisiones y la responsabilidad.

[6] El tema del cuerpo como tumba lo presenta Platn en el Crtilo (400c) como un juego de palabras entre sma (cuerpo) y sma (tumba, pero tambin seal, signo), en el Gorgias (473a), donde compara el cuerpo con un sepulcro, en el Fedro (250c) y en el Fedn (82e).

[7] Boswell (1997: 361 ss.) da cuenta de la existencia de un debate acadmico sobre el sentido y alcance de los trminos griegos usados por el apstol a la hora de referirse a las relaciones homosexuales. La investigacin filolgica bblica ha revelado la existencia de dos trminos distintos para referirse a ellas. Por un lado, la expresin malakoi (1 Cor 6, 9) significa blando, suave, de lo que se extrae la connotacin de afeminado, pasivo y, por extensin, aquel que se deja penetrar. Por su parte, el vocablo arsenokoitai (1 Cor 6, 9) se compone de dos races de uso comn, arseno, que significa varn, y koite, cama. Su traduccin literal sera varonescama, refirindose, probablemente, a los prostitutos masculinos que vivan de acostarse y penetrar a otros hombres. La discusin gira alrededor de si las relaciones que critica Pablo se limitan a la penetracin anal entre varones, condenando, por tanto, a quien penetra y es penetrado, o si por el contrario incluyen cualquier tipo de comportamiento sexual homosexual, tales como los besos, la masturbacin recproca, el sexo oral o el coito interfemoral.

[8] Para un tratamiento histrico y detallado de la cuestin vanse: Declaracin acerca de ciertas cuestiones de tica sexual Persona humana (1975) y Algunas consideraciones concernientes a la Respuesta a propuestas de ley sobre la no discriminacin de las personas homosexuales (1992).

Referencias bibliogrficas

Ortega y Gasset, J. (1968), Ideas y creencias, Espasa-Calpe, coleccin Austral, Madrid.

* Antoni Jess Aguil es Licenciado en Filosofa, miembro de Rebelin y Tlaxcala y fundador de la Alianza de Sexualidades. Este artculo se puede reproducir libremente, a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor y fuente.



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