Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-08-2009

Quererse a costa de otro

Gilad Atzmon
CounterPunch

Traducido para Rebelin por Christine Lewis Carroll


Como el hombre del sueo que no logra alcanzar al que persigue el primero no puede escaparse ni el otro adelantar. (La Ilada de Homero, XX11.)

Retorno a Grecia

En su estimable libro Looking Awry [Mirando al Sesgo], Slavoj Zizek ofrece una interpretacin lacaniana [segn Lacan] de la paradoja de Zenn Aquiles y la Tortuga (1). La economa de la libido en el caso de Aquiles y la Tortuga se hace evidente aqu: la paradoja pone en escena la relacin del sujeto con el objeto, causa de su deseo, que nunca puede alcanzarse. Siempre se escapa el objeto deseado. Nuestro objeto de deseo es siempre esquivo a pesar de nuestros esfuerzos. Aquiles nunca alcanza la tortuga, slo se le acerca.

Pesadilla

Hace unos das, en el transcurso de una reunin celebrada en Londres entre personas que pasan gran parte de su tiempo trabajando en apoyo a Palestina, una activista destacada, mujer adorable que lleva desde los aos 60 apoyando a Palestina, nos cont una pesadilla que tuvo en los aos 80. En su sueo, fue secuestrada y tomada como rehn por los paramilitares libaneses de AMAL. Mientras los combatientes de AMAL se preparaban para ejecutarla, la activista intent desesperadamente persuadirlos de que estaba de su lado, que se encontraba en el sur de Lbano para apoyar a su pueblo y a los refugiados palestinos. En su sueo, para su consternacin, sus secuestradores hicieron caso omiso de su splica. Le mataron (2).

La interpretacin de la activista de su terrible sueo fue bastante elegante, coherente y vlida. Se percat que, a los ojos de sus captores imaginarios, le estaban haciendo personalmente responsable de todos los crmenes cometidos por el hombre blanco. A los ojos de ella, haba una razn para castigarle. Hasta cierto punto, su razonamiento es similar a la interpretacin de Robert Fisk de su propia experiencia en Pakistn en 2001. Despus de haber sido agredido por una multitud (real), dijo Yo, en su lugar, tambin me habra matado (3).

En mis sueos, tambin fui rehn, e igual que en el sueo del activista, presto a declarar mi apoyo a los movimientos de liberacin y resistencia. En mi alucinacin, tambin fui ignorado o rechazado. Mientras me preparaba para encontrarme con mi creador, me despertaba sudando, y descubrir que me encontraba todava entre los vivos. Mis investigaciones sobre este tema me revelaron que el sueo del activista rehn es en realidad muy comn entre las personas que apoyan los movimientos de liberacin islmicos, rabes y palestinos, y an ms extendido entre humanistas y activistas. Tendemos a entender por qu se nos odia tanto. En ocasiones, estamos de acuerdo con ellos porque nosotros mismos estamos molestos con lo que nos asocian.

Sin embargo, despus de darle vueltas al tema un par de das, se me ocurri preguntarme por qu razn tiene lugar este tipo de pesadillas. Qu es lo que pone nuestra mente en un estado creativo tan frentico hasta el punto de especular con nuestra propia destruccin a manos del mismo objeto de nuestra solidaridad? Segn Lacan, podemos hasta preguntarnos por qu nuestra mente especula con la posibilidad de morir a manos de nuestros objetos de deseo polticos.

Interpretacin

El sueo, como lo entendemos, se halla dentro del mundo de lo inexpresable. Es dentro de nuestros sueos donde los pensamientos, deseos y temores se transforman involuntariamente en sensaciones, ideas, y emociones. Es en el sueo donde el simbolismo, los significados y la identificacin explotan en una metralla de dudas y ansiedad.

Mientras estamos despiertos, decimos muchas cosas, en las que la mayora de las veces creemos, pero otras veces fingimos y hasta mentimos. Mientras estamos despiertos, exponemos nuestras ideas, reconocemos poseer un sistema de valores morales, tambin apoyamos ideologas que apenas entendemos. Afirmamos que aceptamos culturas que nos son ms bien remotas. Muchos de nosotros apoyamos la lucha afgana, iraqu y palestina de liberacin. Algunos de nosotros apoyamos la resistencia islmica, otros los logotipos detrs de la Yihad armada. Sin embargo, mientras dormimos, nuestra mente se libera, a la deriva hacia la integridad, como una polilla que se eleva hacia la luz. En ocasiones, la mente nos insina que puede haber alguna verdad que somos reacios a reconocer o afrontar.

Mientras dormimos, nuestra mente est dispuesta a confesar (o al menos confesarse) que por mucho que queramos apoyar, aprobar y constatar, el objeto de nuestra solidaridad, es decir los oprimidos, nos es escurridizo. Los oprimidos son extranjeros y por razones obvias: su lengua, sus especias y sus sonidos. Su sistema de valores parece lejano. A veces, es la creencia religiosa lo que se opone a nuestro precepto modernista, racional, laico y humanista. En otras ocasiones, es la conciencia de que nuestro objeto de deseo poltico no es tan amable con las mujeres como nosotros decimos que somos. Y como si esto no fuera suficiente, los camaradas de nuestros sueos no parecen valorar la vida tanto como nosotros. De alguna manera experimentamos una total disonancia cognitiva cuando nos obligan a admitir que nuestro objeto de deseo poltico posee suficiente chutzpah [audacia] para rechazar los logros intelectuales occidentales. Nuestra camaradera no logra ver la luz en nuestro individualismo iluminado tan elogiado. Ni siquiera aprueban nuestros logros tecnolgicos. Por lo menos, en el sueo, estamos dispuestos a confesar que el objeto de solidaridad no se deja impresionar por nosotros, ni siquiera con nuestra solidaridad. De hecho, por mucho que queramos dar, hay muy poco que l o ella quiera aceptar.

Desafiar el amor a uno mismo

Para Lacan (4), hacer el amor se puede interpretar como quererse a travs del otro. En textos anteriores, he escrito que el activismo solidario es quererse a costa del otro. Bsicamente, nos estamos queriendo a costa de los palestinos y los iraques. De la misma manera, el sueo del rehn puede interpretarse como un estallido inconsciente de auto-aborrecimiento a travs del otro. La inconsciencia es el discurso del otro, segn Lacan. Y de hecho, es en el sueo del rehn donde estamos dispuestos a reconocer que nuestro objeto de deseo poltico (el otro) logra adivinar lo que de verdad pensamos. El sueo desafa nuestro orden simblico (5) al amenazar nuestra existencia fsica. La inconsciencia, en ese sentido, funciona aqu como el deseo de reconocer que el otro pueda conocer nuestros secretos ms profundos y ocultos. Conoce lo que nos esforzamos en ocultar, hasta de nosotros mismos. El otro, que amenaza con asesinarnos, es un reflejo de nuestra culpa. Y sin embargo, debemos recordar que el otro asesino es imaginario. l o ella es un producto de nuestra mente. En el sueo, es nuestra propia mente (inconsciencia) la que intenta desesperadamente combatir nuestras discrepancias polticas, intelectuales y ticas; lo hacemos todo a travs de nuestro objeto de deseo poltico.

El sueo del rehn resalta una dualidad devastadora dentro de la psicosis de la Izquierda. Confronta el discurso simblico, que es abrumadoramente consciente, con el miedo inocente que nuestro proyecto poltico vital es en vano. En el sueo, yuxtaponemos nuestra racionalidad digital de solipsismo con el otro desconcertante y misterioso, aunque anlogo. Mientras estamos despiertos, nos saturamos de simbolismo: insignias, pancartas, pauelos, banderas, textos, pensadores y declaraciones, pero cuando cerramos los ojos, nuestro propio sentido de la tica y la verdad nos enva un mensaje devastador a travs del otro imaginario: cuanto ms simblicos somos, menos autnticos somos. Cuanto ms identificamos, menos sentimos.

El sueo del rehn es la reaccin a nuestra incapacidad continua de conseguir un verdadero vnculo con el sujeto de nuestra solidaridad. Como Aquiles, que se acerca a la tortuga pero nunca la alcanza, el activista solidario, al menos en el sueo, se enfrenta a su incapacidad predestinada de conseguir este vnculo con su objeto de deseo poltico. Cuantos ms lazos de empata establecemos, cuanto ms sacrificamos y damos, ms grande es el abismo que amenaza con tragarnos mientras dormimos.

El sueo del rehn debe interpretarse como una autntica llama a la integridad. Es un momento de despertar moral. Es la mente la que exige que sustituyamos nuestro simbolismo vaco con la consciencia tica.

El sueo del rehn es un rayo de luz; est all con el fin de sugerirnos que quiz nunca entendamos nada. Esto probablemente sea el autntico significado de la verdadera solidaridad, la aceptacin del otro como un misterio.

  1. A Zenn de Elea (circa 450 a.c.) se le atribuyen varias paradojas, siendo la ms famosa la de Aquiles y la Tortuga.
  1. Sera conveniente en este punto distinguir entre el sueo del rehn activista y el sueo del rehn comn. Mientras que en el primero, el rehn es tomado por el objeto de su solidaridad (el objeto de deseo poltico), en el segundo, es el llamado terrorista quien toma el rehn, lo que suscita sensaciones de ser vctima.
  2. http://news.bbc.co.uk/2/hi/south_asia/1699708.stm
  3. Jacques Lacan http://www.lacan.org/
  4. El Orden Simblico (Lacan). El mundo social de comunicacin lingstica, relaciones entre sujetos, conocimiento de convenciones ideolgicas, y aceptacin de la ley.

Gilad Atzmon es escritor y msico de jazz, residente en Londres. Su ltimo cd es In Loving Memory of America.

http://www.counterpunch.org/atzmon08212009.html



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