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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-08-2009

El Amo post-fascista contemporneo, o el humorismo berlusconiano

Luis Felip Lpez-Espinosa
Rebelin


1. El supery freudiano y la pulsin de muerte

En el lenguaje de la tpica freudiana, se suele decir que el Supery, como introyeccin de la funcin paterna, constituye para el Yo alguna suerte de instancia moral. Nada ms lejos de la realidad. Qu es el padre, en tanto funcin psquica (y nunca como individuo de carne y hueso, no es de tal cosa de lo que se trata aqu) sino todo lo contrario de una instancia moral? Tal como Freud lo conceba en Totem y tab, la funcin paterna es la de cierto padre mtico, el lder de la horda, el amo absoluto que prohiba el acceso al objeto sexual femenino, el cual se reservaba para s mismo.

Si el Supery freudiano es muy distinto de una instancia moral, es en la medida en que no solamente ordena la prohibicin de los impulsos del Ello, sino que al mismo tiempo los prescribe. Esta es la forma real en que el Supery funciona como una instancia interdictora: no en cuanto que moralmente censure las pulsiones (es decir en cuanto que, por decirlo en lacans, prohba un goce) sino en cuanto que al mismo tiempo lo prohbe y lo prescribe. En otros trminos: su capacidad de interdiccin no reside en el hecho de censurar moralmente, sino en el hecho de operar por medio de rdenes contradictorias, que confunden al Yo.

Freud haba pensado el Supery como introyeccin de la prohibicin paterna tras el pasaje a travs del complejo de Edipo. La introyeccin, en lenguaje freudiano, es uno de los posibles destinos de la pulsin. En el texto Las pulsiones y sus destinos, Freud estableca el modo en que el sujeto traza los lmites entre sujeto (Yo) y objeto (el mundo exterior), como una oposicin simtrica a la oposicin entre placer y displacer, de modo que todo aquello que es motivo de displacer para el sujeto es proyectado hacia el exterior, y todo aquello que es placentero es introyectado, asimilado, al Yo. Pues bien, el supery es el resultado de una introyeccin, de la introyeccin de una pulsin (hemos dicho bien: no de una prohibicin moral, sino de una pulsin). El sujeto experimenta la prohibicin paterna como un trauma, pero al mismo tiempo extrae de ella un excedente de goce. En otras palabras: la ley paterna es experimentada al mismo tiempo como una interdiccin traumtica (prohibicin de la madre como objeto de deseo, pues ella es reservada al padre) y como una promesa de goce (sin embargo, podrs tener a otras mujeres igual que yo tengo a tu madre). [i] Pero esta dualidad entre goce y dolor, tiene un nombre en la experiencia freudiana: pulsin de muerte. Y esta pulsin de muerte, es la que el sujeto introyecta en el Yo, de tal manera que se convierte en una confusin de rdenes locas y contradictorias, de mandamientos que cuanto ms obedecemos ms culpables nos hacen sentir, y que esconden un reverso de goce obsceno.

Esta conexin profunda del Supery con la pulsin de muerte, se puede ilustrar con un ejemplo cinematogrfico: la casa de la madre de Norman en Pycho (Psicosis; Alfred Hitcock, 1960). Este paralelismo lo expone iek en el documental The perverts guide to cinema (Sophie Fiennes, 2006). [ii] En primer lugar, lo ms interesante es observar la propia disposicin de la casa: en ella, todos los acontecimientos tienen lugar en tres niveles distintos (planta baja, primer piso, stano). Pues bien, cada uno de dichos espacios se corresponde con uno de los niveles de la tpica freudiana: Yo, Supery, Ello. En la planta baja, Norman se comporta como un hijo normal (Yo). El primer piso, donde habita la madre muerta como figura autoritaria, es el Supery. Y el stano es el Ello, el lugar donde se esconden los impulsos prohibidos. Ahora bien, hay una escena hacia la segunda mitad de la pelcula en la cual Norman traslada el cuerpo de la madre desde el primer piso al stano; ese momento representa el traspaso de la madre, en su propio aparato psquico, desde el Supery al Ello. En esa escena, la madre emite una serie de rdenes autoritarias (no me esconder otra vez en esa oscura y fra bodega, esta es mi habitacin), pero al mismo tiempo se vuelve obscena: le insulta, se burla de l. Lo que aparece aqu es el reverso obsceno del Supery: el Supery es ese cadver que alterna rdenes confusas, prescripciones absurdas y contradictorias, para rerse de nosotros y humillarnos cada vez ms. Y esa paradjica contradiccin es de hecho el corazn mismo de la ley paterna: la ley paterna es absurda y sin sentido, pero en su estupidez esconde el secreto de su goce excesivo.

Ahora bien, hay un ejemplo menos dramtico de la figura del Supery. Como iek comenta en el mismo lugar, esta trada entre los distintos niveles de la casa de la madre de Norman, se encuentra tambin en la figura de los tres hermanos Marx: Chico (Yo: calculador, siempre preparando maas y tretas), Groucho (Supery: charlatn, con sus ocurrencias alocadas y contradictorias) y Harpo (Ello: el mudo, con su brutal inocencia animal).

Lo que intentamos apresar ahora es la faceta cmica, humorstica, del supery.

 

 

2. Always look at the bright side of life

En un artculo de 1927 titulado El humor, Freud se pregunta fundamentalmente por el modo en que el humorista, el narrador de un chiste, consigue transmitir una situacin posiblemente ominosa, eludiendo sin embargo cualquier carga emocional. El ejemplo (dudosamente) humorstico del que parte es el de un preso que siendo conducido un lunes por la maana al lugar de su ejecucin exclamara: menuda manera de empezar la semana!. Pero en general, cualquier otro chiste sobre las pequeas frustraciones cotidianas, segn el modelo norteamericano tipo club de la comedia, podra servir para el caso.

Segn afirma Freud, en el curso de sus reflexiones al respecto, el humor no slo tiene () algo de liberante, como el chiste y lo cmico, sino tambin algo grandioso y exaltante. [iii] Y esa grandiosidad considera Freud que se encuentra en el triunfo del narcisismo, en la afirmacin que lleva a cabo de la invencibilidad del Yo. Nada puede daarlo: incluso el condenado a muerte es capaz de elevarse sobre su desdicha y emitir un ltimo chascarrillo (como diran los Monty Python, always look at the bright side of life). El humor no es resignado, sino rebelde: no slo significa el triunfo del yo, sino tambin del principio del placer, que en humor logra triunfar sobre la adversidad. [iv] El humor en otras palabras, forma parte de aquellos mecanismos defensivos que levanta el aparato psquico contra el dolor (desde los narcticos, a la neurosis).

Pero la pregunta que en el texto mencionado se hace Freud, es: en qu consiste este mecanismo, el del sano sentido del humor (sano por oposicin a otros procesos como los ya mencionados), que permite eludir el dolor, afirmar la invulnerabilidad del Yo, y el triunfo del principio del placer?

Segn Freud, un rasgo puede advertirse en el humorista, sobre todo cuando se burla de otros que no son l: que l se comporta ante el otro como un adulto se comporta respecto de un nio. El humorista, segn Freud, se estara identificando en cierta manera con el padre (con la posicin paterna) y reduciendo a los dems al papel de nios. [v] Pero el caso es que en la actitud humorstica simple (que Freud califica de quiz ms primitiva e importante), la de aqul que se re de s mismo, deberamos decir que el sujeto se trata a s mismo como a un nio, y al mismo tiempo desde la posicin de un adulto?

Pues bien, Freud contesta afirmativamente porque en efecto, esta estructura ya se nos ha mostrado en otro lugar. Ya hemos visto que el Yo no es una instancia simple y homognea, sino que acoge dentro de s una instancia (el Supery) con la que a veces se confunde indistintamente, y que en otras ocasiones se le opone con virulencia. Y el Supery, como sucede igualmente en el caso del humor, es tambin heredero de la funcin paterna, tratando al Yo como un padre tratara a su hijo. De modo que se puede decir del humorista que ha magnificado su Supery respecto del Yo, cuyas necesidades le resultan nfimas y menospreciables.

El artculo de Freud resulta interesante por la reflexin final a la que le empuja. Como afirma Freud, se suele tener del Supery la imagen de un Amo severo, riguroso, y nunca se tiene en cuenta la posibilidad de que proporcione al Yo este tipo de goce placentero [vi] que suscita la formacin humorstica.

 

 

3. El Amo post-fascista

Este texto de Freud, no nos aproxima a una idea inquietante (unheimliche: demasiado extraa y al mismo tiempo demasiado familiar)? En efecto, da cuenta de un fenmeno social de nuestro momento presente: el modo en que la autoridad, detentada por las lites polticas y econmicas, se ha vuelto poco a poco ms bromista, irnica (al mismo tiempo que obscena). En efecto, el humorismo marca el pasaje del Amo tradicional al Amo contemporneo (desde Putin a Berlusconi), que como una especie de simptico Groucho Marx puede ser un mujeriego, o meterse constantemente en los con la justicia, que puede ser un charlatn y un embaucador mientras impulsa una ley ultrarreaccionaria para contemplar la inmigracin clandestina en el cdigo penal o bombardea impunemente a los terroristas chechenos. La actitud irnica, humorstica, es la que marca el necesario distanciamiento respecto de las estructuras ms desagradables de la dominacin social.

Lo que tenemos que entender es que ni el Supery, ni el Amo contemporneo que como un Padre mtico ocupa su posicin en la colectividad social, son instancias represivas, sino instancias que con la condicin de que les rindamos obediencia, al mismo tiempo nos dan el regalo de un goce suplementario.

En un video hecho pblico por una de las prostitutas que afirmaron haber mantenido relaciones con el Primer Ministro italiano Silvio Berlusconi, y grabado la misma noche de la eleccin de Obama como presidente de los EEUU, escuchamos un fragmento de conversacin: Yo me doy una ducha y luego me esperas en la camaza si terminas primero t? Qu camaza? La de Putin? S, la de Putin. [vii] Si escuchamos las grabaciones, [viii] oiremos que mientras esta conversacin tiene lugar suena de fondo un disco: la cancin es un hit de Sal da Vinci, al parecer muy popular en los ambientes de la Camorra napolitana, que se titula Zoccole Zoccole (zoccole en italiano, sin ser lo mismo que puttana, viene a significar lo que en espaol puta pero en sentido figurado).

Como un burdo y grosero showman, el Amo contemporneo va ms lejos que el Amo fascista tradicional (cuyo imperativo no era el de la simple represin, sino el del acceso a un goce irrestricto, prohibido para aquellos que siguen las decadentes convenciones pequeoburguesas, pero permitido e incluso prescrito a quienes le obedecen: bajo el mando del Amo fascista, todo vale, la realidad externa en la forma de lmites y fronteras opuestas al Yo, queda abolida). El Amo contemporneo no se limita a dejarse llevar y a gozar (prescribiendo a sus siervos un goce anlogo), ni se limita a legislar contra inmigrantes, gitanos o dems excludos, o a remendar las leyes a su propia conveniencia; adems de todo esto, el Amo post-fascista contemporneo presupone una distancia irnica en su puesta en escena espectacular.

El amo post-fascista integra de este modo el imperativo superyoico de gozar, de dejarse llevar, pero no lo hace (solamente) por medio del recurso a la violencia, ni a la movilizacin paramilitar. Su mtodo es fundamentalmente el humorismo, de manera que mientras despliega su revolucin conservadora de las estructuras polticas de la sociedad, presenta su poltica como una humorada: una risa superyoica de s misma, el tratamiento . As es como el post-fascista, expresando su poltica como un happening festivo, como un carnaval donde todo es broma y podemos emborracharnos en la orga de la corrupcin poltica o econmica, pues hay para todos y el xito est al alcance de la mano, se comporta como si la realidad externa no constituyera para nosotros ningn obstculo, y (como Hitler a los alemanes en los aos 30) nos hace creer en la ilusin de que bajo su mando todo es posible.

Se suele decir que el humor es una de las armas ms imponentes: naturalmente, es irrefutable en la medida en que se basa ya en la distancia irnica de s mismo: como sucede con Berlusconi, a un payaso que lleva las mejillas pintadas con colorete no se le puede decir que est haciendo el payaso.

Contra el payaso que entre bromas te dice que todo es posible y la vida un juego, lo nico que cabe hacer es atreverse a ir ms all, hasta el final y elegir lo imposible .

 

 

 



Web: http://enuntrenenmarcha.googlepages.com .

 

Notas:

 

[i] Su relacin con el yo no se limita a la advertencia: As como el padre debes ser sino que comprende tambin la prohibicin: As como el padre no debes ser: no debes hacer todo lo que l hace, pues hay algo que le est exclusivamente reservado (Sigmund Freud, El yo y el ello, Madrid: Alianza, 1980, p. 26.)

[ii] Parte final del video http://www.youtube.com/watch?v=h-M2BQhaP8Q&feature=player_embedded, y primera parte del video http://www.youtube.com/watch?v=GgMFACyf2uM&feature=player_embedded.

[iii] Sigmund Freud, El humor, en Obras completas, Vol. 8, Madrid: Biblioteca Nueva, 2007, p. 2998.

[iv] Ibid.

[v] Ibid.

[vi] Ibid., p. 3000.

[vii] http://www.elpais.com/articulo/internacional/Patrizia/decia/verdad/elpepiint/20090721elpepiint_5/Tes.

[viii] http://www.elpais.com/videos/internacional/Silvio/Berlusconi/Patrizia/D/Addario/elpepuint/20090721elpepuint_1/Ves/ .



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