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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-08-2009

Qu se dirime en Bariloche

Luis Bilbao
Rebelin


Los presidentes de las 12 naciones suramericanas se reunirn en pocas horas ms en Bariloche. Una porcin nfima de la ciudadana conoce la trascendencia del tema a debatir en esta reunin de emergencia.

Hay motivos para la ignorancia. La historia registrar la conducta en esta coyuntura de polticos, analistas y medios de comunicacin, como un caso sobresaliente de irresponsabilidad y enajenacin. Arrastrados por intereses inmediatos, el grueso de ellos o bien ha guardado silencio, o bien se ha prestado a burdas maniobras diversionistas que ocultan la magnitud del problema: Estados Unidos avanza por el camino de la guerra en Amrica Latina y el Caribe.

Ya no es un mandatario brutal quien habita la Casa Blanca. Ya no gobierna en Estados Unidos el partido identificado pblicamente con el complejo militar-industrial. Pero Washington amenaza sistemtica, inexorablemente, con la guerra en nuestros pases. Eso es la reactivacin de la IV Flota de la US Navy en las aguas del Caribe. Eso es el golpe de Estado en Honduras. Eso es la instalacin de siete bases militares en Colombia. De modo que queda claro: la dinmica belicista en la que Estados Unidos ha embarcado al mundo en los ltimos aos, con aceleracin irracional desde fines de 2001, no tiene como motor a tal o cual presidente, sino a la crisis estructural del sistema, que les estall en las manos un ao atrs. Queda claro que el capitalismo imperialista nos lleva a la guerra.

De esto se discutir en Bariloche. El resultado depender de la posicin que adopten gobernantes hasta ahora indefinidos, ambiguos. Los gobiernos de Venezuela, Bolivia y Ecuador ya se han expedido sin rodeos exigiendo que Unasur se pronuncie contra la intalacin de las bases en Colombia. Los de Per y, naturalmente, Colombia, siguen el dictado de Washington. Los restantes navegan en el estrecho espacio de la complicidad, la perplejidad y el temor. Excepto en los tres primeros pases mencionados, la ciudadana no ha sido informada por sus gobernantes; tanto menos convocada a analizar y debatir tamaa encrucijada histrica. se ya es un dato por dems elocuente acerca de convicciones y metodologas de quienes ocupan los ms altos cargos. Dicho sea de paso, la eleccin de una pequea ciudad del extremo austral argentino, repite la tctica de otras cumbres que huyen de lugares poblados y de fcil acceso para impedir la participacin
ciudadana. Cabe temer que las sesiones de debate no sean televisadas siquiera para los periodistas acreditados. Si as ocurriera, el escamoteo sera total. Y el crimen perfecto.

Por eso cobra especial relevancia una propuesta lanzada como piedra de David por el presidente boliviano Evo Morales: por qu no ir a un referendo en Suramrica?, propuso ante una concentracin de pobladores de Coipasa, en el sur andino boliviano. El argumento es llano: que los pueblos digan s o no; que el pueblo decida y no que el imperio imponga sobre las bases militares.

Se trata de una reivindicacin estrictamente democrtica, que nadie comprometido con el republicanismo y los propsitos de Unasur podra negar: cmo en una Unin de Naciones se podra admitir que un gobierno ceda el territorio de su pas para la instalacin de bases militares extranjeras, tanto menos estadounidenses? cmo oponerse a una resolucin democrtica de la ciudadana involucrada?

Una de las incgnitas que quedar aclarada en Bariloche, por tanto, es si los participantes de esa gran conquista histrica que es Unasur conciben efectivamente una unin suramericana. La otra, dir acerca del compromiso de cada quin con la democracia all donde sta cuenta.

Quedar dirimido igualmente, positiva o negativamente, un tercer aspecto clave de la coyuntura histrica: el alineamiento geopoltico y estratgico de cada gobierno. Los tiempos de la demagogia y la prestidigitacin se han agotado. Nadie podr hablar de paz, crecimiento, democracia, soberana y justicia, si no suma su voz a la de quienes condenan las bases en Colombia, el golpe de Estado en Honduras y la descontrolada agresividad meditica del imperialismo con todo su dispositivo hemisfrico, pero adems de condenar verbalmente, toma medidas efectivas para impedir esta carrera hacia el abismo.

Los y las presidentes de Unasur deben asumir una responsabilidad que no admite dilacin ni subterfugios. Pero all no acaban las exigencias de la hora: partidos, sindicatos, organizaciones sociales de todo gnero y dimensin, periodistas, intelectuales, estudiantes, trabajadores, tenemos la obligacin de observar con lupa lo que ocurra en Bariloche, transmitirlo a cientos de millones de compatriotas, acompaar a los gobiernos que salgan en defensa de sus pueblos y, desde las races mismas de la sociedad, con la participacin de todos, llevar a cabo la gran tarea de unin suramericana, con prescindencia de los gobiernos que defeccionen en esta hora crucial.


Luis Bilbao es Director de Amrica XXI.


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