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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-08-2009

Caza al menor

Miguel Riera
El Viejo Topo


Las violaciones y abusos sexuales cometidos y sufridos por menores este verano en Espaa han alarmado, y con razn, a la opinin pblica. La alarma sera mucho mayor si el espectador televisivo (pues es la televisin la fuente fundamental de este tipo de noticias) supiera que anualmente se cometen 1.500 violaciones de menores, llevndose la palma en ese aspecto las comunidades de Andaluca y Catalua.

Las gentes, repito que con razn, se escandalizan cuando se enteran de que seis criajos han violado a una chiquilla de trece aos, o que dos chavales han cosido a navajazos a un compaero de clase. E inmediatamente reaccionan pidiendo que esos mocosos que apenas se asoman a la vida adulta paguen sus graves delitos como si de hombres y mujeres, hechos y derechos, se tratara. Hay que meterlos en la crcel, modificar el cdigo penal, traspasar la responsabilidad a sus familias... Despus de todo, muerto el perro se acab la rabia, deben pensar. Pero, es eso cierto? Metiendo en la crcel a cros de 12 aos van a dejar de producirse violaciones y abusos?

Son culpables, ciertamente, y algo habr que hacer con ellos, pero son slo ellos los culpables? Algunas voces han puesto el acento en la necesidad de impulsar ms y mejor la igualdad de gnero, otras echan la culpa al sistema educativo, a la desestructuracin familiar, a la baja educacin de las familias de esos precoces delincuentes... Pero no hace falta ser ningn lince para advertir que hoy los chavales, desde su tierna infancia, se ven sometidos a una brutal alienacin que a los menos maduros los empuja a la banalizacin de lo sexual, a la violencia gratuita, a la desobediencia incvica, a su autodestruccin como personas. Y somos nosotros, los adultos, los verdaderos culpables.

Sentmonos cualquier da ante el televisor. Sentmonos, incluso, en familia. Si descartamos el ftbol, los concursos (con frecuencia estpidos) y los alienantes programas del corazn, lo que ms vemos en la tele es violencia y sexo. Sexo juvenil, por cierto, y mucho, en esas pelculas (de las que el canal plus es el rey) en las que las alumnas de institutos de enseanza media californianos tienen como mximo objetivo acostarse con el guaperas de turno. Pelculas protagonizadas por menores (aparentemente, porque el maquillaje hace milagros) y dirigidas a menores a los que incipientemente se les empiezan a alborotar las hormonas. Y hay violencia a tope en casi todas las pelculas hollywoodienses, en las series televisivas y en los telediarios. Hay sexo y violencia incluso en muchos dibujos animados. Ah, y de respetar el horario infantil, nada de nada.

Eso por no hablar de internet, de los juegos de rol, de la play station...

A los cros les metemos todo eso por los ojos; milagro es que no todos acaben siendo delincuentes.

Insisto: nosotros, los adultos, por inaccin, tenemos una buena parte de culpa en esas 1.500 violaciones anuales. Pero resulta ms cmodo salir a la caza del menor que tener que legislar en serio (o sea, enfrentarse a poderosos) para impedir la estupidizacin progresiva de nuestros chavales. Probablemente porque al sistema ya le viene bien la generalizacin de la estulticia.

Despus de todo, si algunos borregos se salen del rebao y hacen alguna trastada, con meterlos en la crcel todos contentos.

Todo lo anterior no implica que no haya que tomar medidas y establecer castigos. Pero cuidado: no slo contra el menor, quien, al fin y a la postre no es slo victimario, sino tambin vctima.

Hay que extirpar el problema de raz, y para eso hay que ir a las races, no slo cortar los tallos.



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