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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-08-2009

Unasur: halcones, timoratos/as y revolucionarios

Carlos Aznrez
Rebelin


Realmente es un gran avance esto de poder ver en directo las grandes cumbres de nuestros presidentes latinoamericanos. Permite observarlos tal cual son, expuestos, con sus grandezas, que las hay, y sus defecciones, que no sobran.

Lo visto y odo en la Cumbre de Unasur en Bariloche es un indudable ejemplo de ello.

Los bloques perfectamente delimitados dentro de lo que se muestra (y en algunos aspectos lo es, por lo menos en su gran mayora), como la unidad de los que gobiernan en el sur del continente.

All est el discurso autoritario de Uribe Vlez, el hombre de la parapolitica, el generador del militarismo ilegal que proviene desde la poca en que fundara las Convivir, semilla de lo que luego fueron (y an son) las Autodefensas de Colombia, que tanto terror y muerte sembraron en el pas. Se queja Uribe en Bariloche de que los dems presidentes no lo comprenden en su lucha contra el narcotrfico y el terrorismo. Precisamente l, que pact con los grandes carteles colombianos, la inclusin de gobernadores, alcaldes, diputados y concejales que responden directamente a las indicaciones de los narcos. Gimotea Uribe compasin a sus colegas de Unasur, dicindoles que las bases gringas son necesarias para terminar con ese flagelo y el de la guerrilla, y como si fuera un mago de circo de pueblo, advierte muy suelto de cuerpo: necesitamos ese apoyo para terminar con quienes nos han asesinado lderes sindicales. Lo dice sin pestaar, sabiendo mejor que nadie que esos dirigentes del pueblo fueron ejecutados por su propio ejrcito, legal o ilegal, qu mas da.

Con esta situacin de inestabilidad, producto de los asesinatos de los terroristas, los que ms sufren son los pobres, dice el mandams, apuntalado por su canciller Bermudez (otro que debe el cargo a la parapoltica), y no explica por qu son los pobres de toda Colombia los que le reclaman a gritos que no insista con su poltica de hambre y terror, por qu son los indgenas de los cuatro puntos del pas que marchan una y otra vez en mingas de resistencia exigiendo paz sin cementerios, sin desforestacin, sin trasnacionales que les arrasan sus tierras ancestrales, sin motosierras ni pelotones de fusilamientos.

Pero es lgico, Uribe fue a Bariloche a jugar un rol y lo cumpli desde la A a la Z, ayudado por otro genocida regional, obeso e insolente. Tambin se dio el lujo de que lo escuchen reivindicar las bases injerencistas de EEUU y sus ironas contra el discurso demoledor pronunciado por Hugo Chvez en el mismo recinto. Garca tiene a su cuenta las masacres de los penales de Lurigancho, del Frontn y recientemente la del Bagua amaznico, pero como es un demcrata (palabra mentirosa que se usa ltimamente para disfrazar las peores atrocidades contra los pueblos), tiene luz verde y la usa a discrecin. Sin embargo, como todo energmeno que lleva una camisa negra debajo de su traje de alpaca, se pasa de la raya y quiere quedar tan bien con el amo y con los patrones del amo, que pisa el cordn del ridculo al querer convencer al auditorio de que Uribe es un gran patriota latinoamericano, de la talla de Santander.

En esas dos intervenciones del tandem Uribe-Garca qued graficado el bloque de los halcones, de quienes rinden pleitesa a Washington y sus directrices, pero tambin a sus propias oligarquas criollas, que cada tanto, cuando no actan con la ferocidad que les piden, les propinan un buen tirn de orejas y les amenazan con reemplazarlos por otros como ellos pero menos desgastados.

En realidad, estos halcones eran lo ms usual en aos anteriores, cuando no exista Unasur ni la Cumbre de Ro, pero sobraba con la OEA que un da lejano expuls de su seno a la Isla de la dignidad y en cuyo recinto, discursos como los de los presidentes de Colombia y Per, eran moneda corriente.

Ahora, las cosas han cambiado, y esto es lo que siempre hay que tener en cuenta a la hora de hacer balances, para no caer en el derrotismo y seguir embistiendo contra el enemigo principal. Hagamos memoria, y pensemos: cundo pudimos ver en un foro como el de Bariloche, a un presidente como Hugo Chvez, que sin pelos en la lengua marc a fuego a las apetencias imperiales citando precisamente un documento del propio gobierno estadounidense, ms precisamente el Libro Blanco del Comando de Movilidad Area y Estrategia Global de Bases de Apoyo. Ese paper al que no han necesitado guardar en secreto, por propia prepotencia, y en el que se explicita la estrategia militar intervencionista de tal forma, que hasta los mandatarios ms anodinos de la regin tuvieron que abrir la boca sorprendidos y aceptar que la cosa viene brava.
Palanquero, dijo Chvez y describi el rol que va a jugar esa base militar yanqui (a la que Uribe no califica de tal) para desde all amenazar la seguridad de la regin. El documento no miente, al decir que es una localidad de seguridad de cooperacin. Segn el Comando Sur, partiendo de Palanquero, aviones de gran alcance y poder destructivo (incluso con capacidad de invisibilizarse) podrn cubrir toda la regin, exceptuando algunas zonas en Chile y Argentina.

Siguiendo el hilo de lo que estaba mostrando como evidencia, Chvez sentenci, con lgica, que esta actividad imperial no va slo contra el narcotrfico (cmo podra ir si los que la amparan son los propios presidentes del narco) ni la insurgencia, sino que es parte del proyecto estadounidense para salvar su propia existencia en funcin de lo que han hecho siempre: apoderarse de las riquezas naturales de todos los pases que controlan.

Con el mismo nfasis y similar coherencia, hablaron luego Rafael Correa y Evo Morales, los que a esta altura pudieran ser calificados como los tres mosqueteros de la dignidad latinoamericana en esa reunin patagnica. Y aqu vale un parntesis: cuando se tiene claro hacia dnde se marcha en cuestiones de poltica continental, y a la vez se cuenta con la suficiente audacia y valenta para no amilanarse ante los poderosos, el resultado es un discurso como el de estos tres mandatarios. Con un Correa discutindole a Uribe en su propia cara (con luz y taqugrafos) si realmente las FARC son, como l afirma, terroristas o no. Y aclar: cuando los colombianos venan por miles, a refugiarse en mi pas, se deca que eran fuerzas insurgentes, y ahora se dice que son terroristas, contestando a la prepotencia uribista que amonestaba tanto a Chvez como a Correa el hecho de considerar a la insurgencia unafuerza beligerante.

Mencin aparte fue el discurso de Evo, que en el lenguaje llano y sencillo, con que hablan los pueblos originarios, cont al mundo lo que la presencia militar yanqui signific para los bolivianos y sobre todo para el campesinado cocalero. Dio ejemplos propios, cont actuaciones intervensionistas, explic cmo a los propios hombres y mujeres de su organizacin sindical les haban asesinado, torturado, detenido, demonizado (por rojos y comunistas) estos sujetos que para el presidente Uribe son necesarios para garantizar su gobernabilidad.

Pero como el escenario abarca mucho ms que a halcones y revolucionarios, despus la audiencia televisiva o radial tuvo que enterarse los matices del otro gran bloque regional. El de los que no son ni una cosa ni otra. O mejor dicho, a veces son anodinos, otras, pisan la raya de la transgresin y hasta parece que se embanderan con los revolucionarios, y en la mayora de las ocasiones, destilan tal mediocridad en sus discursos y accionar, que se convierten en funcionales de los halcones, o mejor dicho, de los titiriteros de estos ltimos.

Claro que hay matices, y vale la pena empezar por los ms peligrosos en sus estrategias zigzagueantes. Les suena Lula?. Observaron su rostro en Bariloche, sus gestos de enfado con el presidente Correa, o bajar la vista cuando Chvez lo convocaba a unirse al pelotn de los ms airados? Escucharon sus desplantes, su impaciencia por irse de alli, porque, claro, la TV lo estaba exponiendo tal cual es, y tal cual lo sufren los campesinos sin tierra de Brasil, o quienes pelean contra la destruccin del medioambiente, o se hacinan en las favelas de la muerte agobiados por la miseria? Desde hace rato, Lula aboga compite, es la palabra justa- por ser la referencia regional que ensombrezca la gestin de un Hugo Chavez, por ejemplo (aunque por razones de Estado y necesidad de no quebrar la necesaria unidad por la que se aboga, el gobernante venezolano jams lo va a confesar), Lula hace actuar a Brasil y sus propias multinacionales como Petrobras, en innumerables oportunidades, como un subimperio, y en ese sentido, si tiene que pactar negocios con el imperio (como el de los agrocombustibles) en contra de lo que marca el sentir general de la regin, no le tiembla el pulso. Y en esta jornada de Bariloche, Lula jug mal para el concierto de unidad latinoamericana, actu ladinamente, detractando a los que quieren cambios en serio, sumando puntos a la canasta de Uribe, dejando en claro que a l le importa tres cominos lo que con tanta paciencia relat Chvez sobre el Comando Sur. Y vaya que le debera importar (y nos consta que a muchos militares brasileos s les preocupa) porque entre los territorios codiciados por Washington est nada menos que la Amazonia. Lula quiso dejar en ridculo al bloque revolucionario con sus airadas manifestaciones de fastidio, pero finalmente tuvo que incluir su firma en el manifiesto final, que no tuvo lamentablemente- el tono de radical condena a las bases que exigen las circunstancias.

Dijimos Lula, y tambin decimos Bachelet. La mujer de hierro contra los mapuches, la que manda los carabineros para asesinar a los comuneros de ese pueblo originario, la que hace encarcelar a los que luchan por sus tierras. Esa misma que hizo apalear a los estudiantes secundarios y universitarios (los famosos pinginos) o a los obreros levantiscos. Bachelet, la falsa componedora, que abog en Bariloche (como lo hace en casi todos los foros en que participa) por que los asesinos se amiguen con los que defienden a los pueblos del continente. Discurso hueco, hipcrita, y por lo tanto poco creible, y sumamente desechable.

Y luego estn los otros, suficientemente mezclados como para confundir an ms al respetable pblico: Lugo, el ex sacerdote que juraba dar la vida por el campesinado al que hoy le sigue negando la reforma agraria, y cada tanto autoriza a sus gendarmes para que los apaleen si reclaman tierra y libertad, el jefe de Estado que ha firmado pactos con Uribe para cooperacin policial en la lucha contra el narcotrfico, y con el Alba, coalicin que integra, para no quedarse fuera de juego en el reparto econmico solidario. Lugo, que tambin quiso oficiar de componedor de lo que no se puede componer, y en su afn de quedar bien con Dios y con el diablo, patin hacia la nada, desaprovechando la oportunidad de enrolarse en la fila de los que defienden la soberana de este continente sin cortapisas.

De Tabar poco y nada se puede decir. Tuvo un acierto, al mencionar Malvinas como ejemplo (algo que tambin hizo Cristina Fernndez), y en condenar las bases, pero su discurso pacifista son tan hueco y carente de realidad que, como viene ocurriendo en todo su mandato, qued sumamente expuesto como el color gris de su traje habitual. Y para colmo, cuando las papas quemaban, y el bando de los halcones arreciaba en sus ataques contra el trio Chvez-Correa-Morales, decidi marcharse anticipadamente, argumentando una excusa balad (que tena que inaugurar un instituto contra el cncer cuyos fondos provienen precisamente de la revolucin bolivariana a la que no tuvo el coraje de defender ni estas circunstancias tan lgidas). No sea que se comprometiera demasiado, l, que firm con los gringos un TLC llamado TIFA o recibi con toda pompa a mister Bush mientras los pueblos del continente y tambin el uruguayo, lo repudiaban en las calles, o le dio todo el poder a Botnia para contaminar a su gusto las aguas uruguayas y argentinas. Se fue rpido Tabar y ni siquiera se not su ausencia.

Cristina Fernndez es un captulo aparte, o un cuarto bloque si se quiere. Lo es la poltica exterior argentina, que est llena de luces y sombras. Un da, abrazos con Chvez, Correa y Evo, lo que es de aplaudir, y otro, alianza con el discurso imperial en condenar a Irn (por ostensible presin sionista) o reivindicar (otra vez) el retorno al seno del FMI. Y en politica interna, acaba de enviar al Parlamento una ley imprescindible para recuperar el espacio radiolctrico y ponerlo al servicio de la sociedad civil y no de los holdings empresarios como actualmente ocurre.
Con el tema Colombia, Argentina, el gobierno argentino ha jugado correctamente en cuanto a respaldar las gestiones de Piedad Crdoba durante los contactos con las FARC por el intercambio de rehenes, pero desbarranca en igualar, repetidamente en sus discursos, a los asesinos del paramilitarismo con los revolucionarios insurgentes. En Bariloche, Cristina empez con buen pie, y se sum al discurso condenatorio de las bases, incluso dando por oficial y creble el documento del Comando Sur, ante la bravata de un Alan Garca que lo minimizaba para atacar por elevacin a Chvez. Sin embargo, al final, se sum al sermn bachelista de tratar de componer lo incomponible, ms preocupada por los tonos de voz y las palabras que se cruzaban los mandatarios, que por el contenido de la discusin. No obstante, de todas y todos los que podramos encuadrar en el tercer bloque, la presidenta argentina mantuvo el discurso menos hipcrita, lo que no es poco en estas circunstancias, y por eso la colocamos al margen de los tres grupos anteriores.

En fin, Unasur mostr lo que son todos y cada uno de quienes gobiernan este territorio que hoy es tan apetecible a los generales del Pentgono. A diferencia de lo que ocurra hasta ahora, se pudo ver lo que antes se ocultaba y manipulaba. Ese es, un importante avance, sobre todo porque nos permite evaluar posiciones y no esperar que nos la cuente la patria meditica manipuladora.

El resultado de la reunin es un tibio manifiesto, que muestra que la unidad se salva pero que no tiene la consistencia que necesita la difcil hora que vive el continente, en que como bien dice Hugo Chvez, estn soplando vientos de guerra, mientras Fidel, el sabio y combatiente, advierte el peligros de las ambiciones desenfrenadas del imperialismo.

Para muchos presidentes y presidentas de la regin, el problema no parece tan importante, hay una actitud irritante de finalmente esto no va con nosotros, son cosas de Chvez. De alli, que la prensa y el establishment uribista (el de Colombia o el de Argentina, qu mas da) festeje el resultado final de la contienda de Bariloche y en algn articulo se insine que esto le permitir ser reelegido al actual habitante del Palacio Nario.

Para los pueblos, para quienes pelean a diario contra la prepotencia econmica de las trasnacionales y la militarizacin de la regin por parte de EEUU o sus cmplices locales, qued claro lo que pas en Bariloche y no tienen dudas en qu lugar de la foto colocarse: bien, pero bien lejos de los halcones y los timoratos. Si se quiere cambiar en serio, el nico camino es el de quienes les plantan cara al imperialismo, aunque las consecuencias de ese digno gesto cause sacrificios y no pocos dolores en el cuerpo y en el alma. La resistencia del pueblo hondureo, que ya cumpli dos meses de acciones contra el golpismo, es un ejemplo de esto mismo.


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