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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-09-2009

Poner fin a la guerra contra el intercambio

Richard Stallman

Traducido para Rebelin por S. Segu


Cuando las compaas discogrficas arman un escndalo por el peligro que encierra la piratera, no estn hablando de ataques violentos a buques. De lo que se quejan es del intercambio de copias de msica, una actividad en la que millones de personas participan en un espritu de cooperacin. El trmino piratera lo utilizan las compaas discogrficas para demonizar el intercambio y la cooperacin, al equipararlos al secuestro, el asesinato y el robo.

Los derechos de autor surgieron despus de que la imprenta hiciera de la reproduccin una cuestin de produccin en serie, generalmente con fines comerciales. Los derechos de autor eran aceptables en este contexto tecnolgico, ya que funcionaban como una regulacin de la actividad industrial, sin que supusieran un impedimento para los lectores o (ms tarde) los oyentes de msica.

En la dcada de 1890, las compaas discogrficas empezaron a vender grabaciones musicales producidas en serie. Estas grabaciones facilitaban el disfrute de la msica, y no eran un impedimento para escuchar la msica. Los derechos de autor aplicados a estas grabaciones musicales fueron comnmente aceptados, en la medida en que nicamente afectaban a las empresas discogrficas y no a los oyentes de la msica.

Hoy en da, la tecnologa digital permite a cualquiera hacer y compartir copias. Las compaas discogrficas pretenden ahora utilizar la ley de derechos de autor para negarnos el uso de este avance tcnico. La ley, que era aceptable cuando se limitaba a las editoriales, es ahora una injusticia en la medida en que prohibe la cooperacin entre los ciudadanos.

Impedir que la gente comparta va en contra de la naturaleza humana, y la propaganda orwelliana que afirma que "compartir es un robo", generalmente cae en saco roto. Por lo que, aparentemente, la nica manera de impedir que la gente comparta es librar contra ella una dura Guerra al Intercambio. As, las compaas discogrficas, mediante las armas legales de que disponen, como la RIAA, demandan a los adolescentes por cientos de miles de dlares por compartir msica. Mientras tanto, conspiraciones empresariales para restringir el acceso del pblico a la tecnologa han desarrollado sistemas de Gestin de Restricciones Digitales diseados para maniatar a los usuarios e imposibilitar las copias. Los ejemplos incluyen iTunes, as como los DVD y discos BlueRay. (Vase DefectiveByDesign.org para ms informacin.) A pesar de que estas conspiraciones suponen una limitacin del comercio, los gobiernos renuncian sistemticamente a cualquier accin penal.

A pesar de estas medidas, se sigue compartiendo: la tendencia humana a la cooperacin es fuerte. Por lo tanto, las compaas de discos y otros editores exigen nuevas medidas, cada vez ms drsticas para castigar a quienes intercambian. EE UU aprob una ley en octubre de 2008 que permite incautarse de los ordenadores utilizados para compartir. La Unin Europea est estudiando una directiva para desconectar de los servicios de Internet a aquellas personas que han sido acusadas (no condenadas) de compartir. (Si el lector desea oponerse a esta medida consulte laquadrature.net.) En 2008, Nueva Zelanda adopt ya una ley de estas caractersticas.

En una reciente conferencia de la industria cinematogrfica a la que asist, un participante propuso exigir que las personas acrediten su identidad antes de acceder a Internet. Una vigilancia de este tipo tambin contribuira a suprimir la contestacin y la democracia. China ha anunciado que aplicar una poltica similar en sus cibercafs. Ser la Unin Europea la siguiente? Un parlamentario britnico ha propuesto penas de crcel de diez aos para los acusados de compartir. La medida no ha sido aprobada an. Mientras tanto, en Mxico se est incitando a los nios a informar sobre sus propios padres, al estilo sovitico, cuando stos realicen copias no autorizadas. Parece que hay no hay lmite a la crueldad que la industria de los derechos de autor manifiesta en su Guerra contra el Intercambio.

El principal argumento de las compaas discogrficas para prohibir el intercambio es que provoca la prdida de puestos de trabajo. Esta afirmacin resulta ser una mera conjetura. Pero aunque fuera cierta, no justificara la guerra contra el intercambio. Hay que prohibir a la gente a limpiar sus propias casas para evitar la "prdida" de puestos de trabajo de limpieza? Prohibir que la gente se cocine, o prohibir el intercambio de recetas, para evitar la "prdida" de puestos de trabajo en los restaurantes? Estos argumentos son absurdos, porque la cura resulta ser mucho peor que la enfermedad.

Las compaas discogrficas tambin afirman que el intercambio de msica sustrae dinero a los msicos. Se trata del tipo de verdad a medias que es peor que una mentira, adems de que el nivel de verdad que encierra es muy inferior a la mitad.

Incluso si aceptamos la suposicin de que usted habra comprado una copia de la misma msica por lo general falsa, pero de vez en cuando cierta slo los msicos que son superestrellas desde hace tiempo recibiran dinero de su compra. Las compaas discogrficas imponen a sus msicos en el inicio de sus carreras unos contratos leoninos que los obligan a producir cinco o siete lbumes. Resulta casi inaudito que un disco publicado en el mbito de aplicacin de estos contratos venda un nmero de copias suficiente para que los msicos reciban un solo cntimo de las ventas. Aparte de las superestrellas bien establecidas, el intercambio slo reduce los fondos que las empresas discogrficas utilizan para demandar a los amantes de la msica.

En cuanto a los pocos msicos que no sufren contratos explotadores, es decir, las superestrellas establecidas, que sean un poco menos ricos no plantea ningn problema ni a la sociedad ni a la msica. No hay ninguna justificacin para la Guerra contra el Intercambio. Nosotros, el pblico, deberamos poner fin a la misma.

Hay quien dice que las compaas discogrficas nunca conseguirn que la gente deje de compartir, que es imposible. Dada la disparidad de fuerzas entre los grupos de presin de la industria y los amantes de la msica, desconfo de las predicciones sobre quin va a ganar en esta guerra; en cualquier caso, subestimar al enemigo es una locura. Debemos tener en cuenta que cualquiera de las dos partes puede ganar, y que el resultado depende de nosotros.

Adems, incluso si las compaas discogrficas no llegan a tener xito en el aplastamiento de la cooperacin humana, causan muchas desgracias slo con intentarlo, y tienen la intencin de seguir causndolas. En lugar de permitir que prosigan la guerra contra el intercambio hasta que admitan su inutilidad, hay que pararlas lo antes posible. Debemos legalizar el intercambio.

Hay quien afirma que la sociedad en red ya no es de utilidad para las compaas discogrficas. No comparto esta posicin. Nunca pagar por una descarga de msica hasta el da en que pueda hacerlo de forma annima; deseo poder comprar ceds de forma annima en una tienda de discos. No propongo la supresin de las empresas discogrficas en general, pero no voy a renunciar a mi libertad para que sigan en funcionamiento.

El propsito de los derechos de autor en las grabaciones musicales, o cualquier otra cosa es sencillo: fomentar la escritura y el arte. Ese es un objetivo deseable, pero no hay lmites a lo que puede justificar. Impedir que la gente intercambie con fines no comerciales es simplemente demasiado. Si queremos promover la msica en la era de las redes de computadoras, tenemos que elegir los mtodos que encajen con lo que queramos hacer con la msica, y esto incluye el compartir.

He aqu varias sugerencias de posibles acciones:

Quizs tengis otras buenas ideas. Apoyemos a los msicos y legalicemos el intercambio.

Copyright 2009 Richard Stallman

Artculo original publicado con arreglo a la licencia Creative Commons Attribution Noderivs, versin 3.0.

http://stallman.org/end-war-on-sharing.html



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