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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-12-2004

Los siete captulos editados en DVD por el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematogrfica (ICAIC) sobre uno de los episodios ms apasionantes y controvertidos de la historia contempornea: la Revolucin cubana.
Resea: Cuba en el corazn. Captulo 2.- Antes del 59

Manuel Talens
Rebelin





Viv en el monstruo y le conozco las entraas; y mi honda es la de David.

Jos Mart


El 28 de abril de 1823 John Quincy Adams, que dos aos ms tarde se convertira en presidente de los Estados Unidos, le dio estas instrucciones a su embajador en Espaa: Cuba y Puerto Rico, por su posicin local, son apndices naturales del continente norteamericano y una de ellas, la isla de Cuba, casi a la vista de nuestras costas, ha venido a ser por multitud de razones de trascendental importancia para los intereses polticos y comerciales de nuestra Unin. Cuando se echa una mirada hacia el curso que tomarn probablemente los acontecimientos en los prximos cincuenta aos, casi es imposible resistir la conviccin de que la anexin de Cuba a nuestra repblica federal ser indispensable para la continuacin de la Unin y el mantenimiento de su integridad. Con aquellas inequvocas palabras se iniciaba para el pueblo cubano una pesadilla que, casi dos siglos despus, todava perdura.

El DVD que hoy comento, Antes del 59, trata de esa pesadilla, sin la cual resulta imposible entender los pormenores del nacimiento de Cuba como nacin soberana al principio del siglo XX y de su ineludible destino revolucionario. Consta de cuatro documentales que se complementan entre s: el que da ttulo al segundo captulo, dirigido por Rebeca Chvez, se inicia con imgenes de finales de 1958, cuando ya est a punto de terminar la guerra de guerrillas, y tras una emocionada lectura en la que la voz de Fidel Castro desgrana las palabras martianas puestas en exergo al principio de esta resea, salta en un flashback hasta el conocidsimo episodio del Maine, que cambi el signo de la guerra de independencia y sumi a la isla en cincuenta y siete aos de neoesclavitud, tras lo cual la narracin avanza en sentido cronolgico; los extras son La primera intervencin, realizado por un colectivo de directores, en donde se pulverizan sin contemplaciones los argumentos heroicos con que la maquinaria propagandstica estadounidense dio su particular versin de lo que haba sucedido en esta primera guerra imperialista; Crnica de una infamia, de Miguel Torres, plasma los detalles de un chusco episodio de 1949, al que me referir ms adelante, que deja a las claras hasta qu punto el imperialismo menosprecia a sus servidores y, por ltimo, Viva la Repblica, de Pastor Vega, contiene interesantsimos datos estadsticos que completan, por as decirlo, las informaciones de los otros tres documentales. Sin duda alguna, tras el visionado de este DVD, el espectador cubano o no cubano terminar con una idea muy certera y cabal de por qu, cmo y cundo sucedieron los hechos que desembocaron en el triunfo de la Revolucin. Las lneas que siguen slo pretenden ser un comentario de las imgenes, que hablan por s mismas, al filo de la historia.

En el ocaso del siglo XIX el Estado espaol era ya un cadver ambulante y su podero colonial estaba a punto de sucumbir en Amrica a manos del ejrcito mamb. Todo habra podido desarrollarse de acuerdo con el guin de no haber sido por el prematuro fallecimiento en 1895 de Jos Mart el idelogo, el delegado, el maestro, el presidente, lo llamaban y por la ambicin neocolonialista del coloso del norte, que no haba olvidado las palabras de Adams setenta y cinco aos atrs. En efecto, los Estados Unidos, tras haberse apoderado a lo largo del siglo XIX de todo el territorio continental que ahora ocupa, necesitaban nuevas fuentes de materias primas, mano de obra barata y reas de inversin para sus capitales sobrantes. Como por casualidad, Cuba cumpla con las premisas econmicas de tales ambiciones y, adems, estaba situada en el camino hacia un canal, el de Panam, cuyo objetivo primordial iba a consistir en facilitar el paso de los barcos del incipiente imperio desde el Atlntico al Pacfico. Para el espectador occidental, acostumbrado a que en el cine hegemnico le cuenten fbulas inverosmiles de hroes yanquis que ayudan a sus semejantes por el mero gusto de hacer el bien, el impecable anlisis materialista que aqu se hace de aquellos hechos puramente monetarios de la historia resulta sencillamente irresistible, y ello incluso si el soporte flmico ahora digitalizado es de baja calidad, en blanco y negro y carece de la maravillosa realidad virtual de las modernas imgenes sintetizadas al ordenador. A lo largo de estos cuatro documentales, los unos mejores que los otros, la historia prerrevolucionaria del pueblo cubano fluye con esa sensacin reivindicativa de las verdades que se escupen con insolencia y que, por una vez bendita vez, no surgen desde las cmaras desinformadoras del monstruo Goliat, sino desde un pas que cuenta sin miedo su versin y contrarresta con argumentos irrebatibles las mentiras del imperialismo. S, la honda de Cuba es la de David.

Y as, una vez establecido el porqu los Estados Unidos ambicionaban Cuba, asistimos con pelos y seales al crimen de guerra que los Estados Unidos se infligieron a s mismos los documentos al apoyo de dicha afirmacin fueron desclasificados no hace mucho por el Pentgono al dinamitar uno de sus barcos en la baha de La Habana (el Maine, donde murieron 266 tripulantes, carne de can de su propio gobierno) con la nica finalidad de acusar a la agnica Espaa del atentado, declararle la guerra, ganrsela y quedarse con la isla. El botn que obtuvieron no era, desde luego, el paraso terrenal para los cubanos, pues tras cuatro siglos de asentamiento en la perla de las Antillas, y para vergenza de quienes todava estudian con ojos benevolentes el antiguo estado colonial espaol, el espectador aprende aqu unas cifras estadsticas que hielan la sangre: de los 1.572.797 habitantes censados que Cuba tena en 1898, 950.000 estaban desocupados, 890.000 eran analfabetos, haba dos veces ms policas que maestros y tres veces ms policas que mdicos.

Una vez ganada fcilmente aquella guerra, a la que a ltima hora los Estados Unidos le cambiaron el nombre con su habitual desfachatez, pues de ser una dignsima guerra de independencia pas a ser conocida como hispano-norteamericana, todo les result fcil. Tras cuatro aos de ocupacin militar y una vez disuelto el ejrcito de los mambises los autnticos hroes del conflicto, el imperio instal una Repblica con leyes hechas a su medida que le permitan intervenir militarmente a su guisa, amn de asegurarse el control del tabaco, el azcar, la minera, el ferrocarril, tierras en propiedad la base de Guantnamo, la banca es decir, todo el aparato econmico. Para mayor escarnio, lo hicieron reservndose el papel de salvadores y amigos entraables del pueblo cubano.

El primer cuarto del siglo XX transcurri con presidentes fantoches que le hacan el caldo gordo al imperio mientras la miseria segua en aumento y fomentaba la insurreccin. En 1925, al calor de la reciente revolucin rusa, Julio Mella cre la Federacin Estudiantil Universitaria (la FEU, donde aos ms tarde iniciara su labor activista un jovencsimo Fidel Castro) y el Partido Comunista de Cuba, pero no tard en ser asesinado en Mxico por orden del entonces presidente cubano Gerardo Machado. Sin embargo, el mero hecho de la existencia de Mella en aquella sociedad rgidamente dividida en ricos y pobres daba a entender que la semilla libertaria de Jos Mart segua vigente. En 1933, tras grandes desrdenes callejeros y huelgas revolucionarias, cay el presidente Machado otro payaso ms de una larga lista y triunf el golpe de estado de los sargentos, que desde luego no arregl la situacin, pues entre ellos se encontraba una figura clave de la Cuba poscolonial, Fulgencio Batista, quien desde entonces, durante veinticinco aos!, pas a controlar el pas hasta el triunfo de la Revolucin, bien como jefe del ejrcito o como presidente en su ltima etapa. Bajo su mandato se acrecent la dependencia cubana con respecto a los Estados Unidos, se institucionaliz el gangsterismo (una de las escenas documentales, tomada en directo, es digna de El Padrino), la corrupcin se volvi galopante y la caza de brujas del maccarthysmo se reflej en la isla con mltiples asesinatos de izquierdistas (Antonio Guiteras y Jess Menndez fueron los ms destacados de una larga lista). Pero aquella situacin insufrible dio lugar, en contrapartida, al nacimiento de una generacin de jvenes revolucionarios, varios de ellos conscientemente marxistas, capitaneados por Fidel Castro y su hermano Ral, que tomaron en sus manos la vieja antorcha de Mart en el ao de su Centenario. El resto es de sobra conocido: el fracasado asalto al cuartel Moncada en Santiago de Cuba, que se sald con una represin brutal; el encarcelamiento de sus dirigentes y su posterior amnista; Mxico, el Che, el desembarco del Granma, la Sierra Maestra, Camilo Cienfuegos, la lucha clandestina en las ciudades, Frank Pas, Celia Snchez, los bombardeos indiscriminados de civiles por parte del ejrcito batistiano con material blico procedente de la base de Guantnamo y, por ltimo, con la ayuda impagable de la poblacin, la victoria definitiva del ejrcito rebelde pese a su inferioridad numrica y armamentista.

De entre las muchas imgenes impresionantes que aqu se ven, me gustara destacar dos secuencias que, a mi parecer, justifican por s solas la compra de este DVD. Ambas estn relacionadas con un episodio acaecido en 1949: durante una de las visitas amistosas de los barcos de guerra estadounidenses a La Habana, las tripulaciones aprovecharon para hacer uso del gran centro de diversin que era entonces la capital y un grupo de marines arm una gresca nocturna ante el monumento a Jos Mart que hay erigido en el Parque Central. Todo empez cuando uno de ellos, completamente borracho, se encaram hasta lo alto y se sent sobre la cabeza del prcer. La juventud cubana que andaba por all, ofendida, se les enfrent y, como era de esperar, los causantes del alboroto terminaron detenidos por la polica. Pero a la maana siguiente en gesto de buena voluntad, segn se dijo los presuntos culpables fueron entregados a las autoridades militares estadounidenses y la afrenta qued impune. La indignacin que se suscit en Cuba ante una actitud tan servil por parte de un gobierno supuestamente soberano al que le acaban de ultrajar el smbolo de su independencia fue mayscula y los radicalizados estudiantes habaneros se echaron a la calle. Pronto hubo disturbios en la Universidad e intervencin represora de las fuerzas de seguridad. Pues bien, la primera de las dos secuencias a que me refera ms arriba procede de dichos disturbios: se trata de una toma en directo, con cmara al hombro en el fuego de la accin, y en ella, con el plcido y majestuoso contrapunto del Adagio de Albinoni como nico fondo sonoro, se ve la enmudecida algaraba de los estudiantes que bajan corriendo por las escalinatas frontales del Alma Mter en lo que constituye una cita inesperada y sin duda casual de la clebre escena de las escalinatas de Odessa en El acorazado Potemkin, de S. M. Eisenstein. Los reporteros annimos que tomaron tales imgenes no pudieron ensayar con actores ni tuvieron tiempo alguno para pensar los planos como el maestro de Riga y esta filmacin de la barahnda estudiantil que baja como un ro desbocado carece de la grandeza pica inherente a la pelcula sovitica, pero deja en la retina una sensacin de dj vu que constituye en s misma un maravilloso homenaje esttico al arte del cine. En la otra secuencia, sta de carcter tico y ante la cual el espectador no sabe si rer o llorar, aparece el honorable embajador de los Estados Unidos en Cuba un tal Robert Butler, quien sin duda ante el cariz que haban tomado las protestas populares se present ante los medios y, evidentemente en ingls (faltara ms), empez a pedir disculpas al pueblo cubano por la profanacin de la estatua de de quin? El infeliz no lo saba. Por fortuna, su aturdido desconcierto se lo ve retirarse fuera de campo con el rabo entre las piernas tras no haber podido pronunciar el nombre de Jos Mart qued filmado por el implacable ojo de la cmara fija y pasar a la posteridad como uno de esos momentos cinematogrficos imprescindibles del gnero documental. La prepotencia de los autnticos amos de aquella Cuba qued as al descubierto: la isla era para ellos un inmenso negocio, no la tierra de un pueblo soberano con una cultura, una lengua, unos sentimientos propios y unos hroes venerados que como mnimo merecan el respeto de conocer su existencia. Habra entendido acaso aquel diplomtico de pacotilla si el embajador cubano en Washington, ante un caso similar, hubiese ignorado no ya la existencia, sino el mismsimo nombre de Thomas Jefferson? Es curioso que hoy en da, ms de cincuenta aos despus, las cosas no hayan cambiado mucho en la cpula del imperio, que con ensoberbecida incultura sigue sin tomarse la molestia de estudiar los smbolos de sus sbditos o de aprender el apellido de los dignatarios que les sirven de coro, como demostr el presidente George W. Bush al referirse a Jos Mara Aznar un fiel palafrenero de Washington en la guerra sucia de Irak como nsar, apelacin que en Espaa se le ha quedado pegada a la piel y que circula en centenares de chistes por el ciberespacio.

Pero toda esclavitud nunca aceptada tiene su da de libertad y, tras el triunfo de la Revolucin, en un acto multitudinario ante las masas, un festivo Fidel Castro en plena forma oratoria proclam: Esta vez, por fortuna para Cuba, la Revolucin llegar de verdad al poder, no ser como en el 95, que vinieron los americanos y se hicieron dueos de esto, que intervinieron a ltima hora y despus ni siquiera dejaron entrar a Calixto Garca, que haba peleado durante treinta aos, no lo dejaron entrar en Santiago de Cuba. No ser como en el 33, que cuando el pueblo empez a creer que una Revolucin se estaba haciendo, vino el seor Batista, traicion la Revolucin, se apoder del poder e instaur una dictadura por once aos. No ser como en el 44, ao en el que las multitudes se enardecieron creyendo que al fin el pueblo haba llegado al poder y los que llegaron al poder fueron los ladrones. Ni ladrones, ni traidores ni intervencionistas, esta vez s que es la Revolucin.

S, fue la Revolucin, el sueo de Jos Mart convertido en realidad, pero al igual que en el tango de Gardel, mientras el msculo cubano se dispona por fin a dormir tranquilo en el silencio de la noche despus de tanto sufrimiento, la ambicin del gigante norteo sigui trabajando para poner en peligro aquella patria al grito de guerra. La pesadilla no haba terminado.


Prxima resea:

Captulo 3.- Los 4 aos que estremecieron al mundo


Resea anterior:

Captulo 1.- Che Guevara, donde nunca jams se lo imaginan

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Manuel Talens es escritor espaol ( www.manueltalens.com )




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