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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-09-2009

Resea del libro Los psiquiatras de Franco, de Enrique Gonzlez Duro
Los rojos no estaban locos

Ramn Pedregal Casanova
Rebelin


Enrique Gonzlez Duro, psiquiatra del Hospital Gregorio Maran, de Madrid, nos ensea en su libro Los psiquiatras de Franco el pensamiento que asista a personajes psiquitricos como Vallejo Njera, Lpez Ibor, Merenciano y otros, y cmo instituyeron una psiquiatra nacional catlica; con ese pensamiento y esas prcticas que llevaron al hilo del pensamiento y prctica psiquitricos alemanes de las dcadas del 30 y 40 del siglo XX, nazis, calificaban a los defensores de la Repblica como locos. Los libros que empleaban eran traducciones del alemn y hasta los conceptos que verbalizaban eran los usados por los alemanes nazis; sin desarrollar nada propio llegaban a declarar que encontraban grandes analogas entre alemanes y espaoles. Deberemos creer que se refieren a ellos mismos: falangistas, nazis y catlicos. El pensamiento de los psiquiatras que se denominaban espaoles de raza era, por tanto, nicamente copia del nazismo, aqu con el aadido del trmino catlico.

Francisco Marco Merenciano, catlico y falangista, deca que la locura era un castigo por el pecado que por su naturaleza llevars al castigo de la imposibilidad de arrepentimiento, con lo que la locura era incurable. La solucin: convertir al loco rojo en catlico.

En otra vertiente de sus explicaciones, el psicoanlisis, la obra de Freud estaba prohibida por considerarla subversiva, liberaba las bajas pasiones, y cuando finalmente reeditaron la obra del fundador de la psiquiatra moderna, lo hicieron con una introduccin condimentada para cristianos. Vallejo Njera declaraba: el pueblo espaol profesa en su mayora el catolicismo, y es la primera de las condiciones de nuestra psiquiatra que no contradiga el dogma y la moral catlica. El mandato divino franquista era articular una psicoterapia que tuviese como objetivo la obediencia del paciente al poder establecido, psicoterapia, que la llamaban espaola, con la que pretendan hacer volver al enfermo a lo que denominaban bases antropolgicas, para arreglar el problema mental haba de disponer el alma en el camino haca Dios del que nos aleja el pecado y nos acerca la Gracia; Gonzlez Duro se pregunta ante este panorama: la psicoterapia deba quedar en manos de los mdicos o de los curas?.

Calificando como enfermo psquico a quien no obedece a los postulados catlicos y falangistas se form en las universidades a las generaciones de psiquiatras que vendran despus, de este modo, los tratamientos ms brbaros fueron posteriormente justificados. Enfermos mentales, mendigos, vagabundos y represaliados polticos que pasaban por las manos de semejantes asesinos sufran sus torturas. Aun as no dejaba de haber respuesta, Enrique Gonzlez Duro nos recuerda una de ellas: Se dio en Miraflores (hospital psiquitrico) la curiosa circunstancia de que desde 1942 a 1949 fuese su administrador el jefe del Comit Regional del Partido Comunista en la clandestinidad. Aprovechndose de su cargo, facilit la fuga de buen nmero de republicanos condenados a muerte, que haban pasado de la crcel al manicomio.

De los escritos de sta clase de psiquiatras, Gonzlez Duro nos expone los tratamientos que aplicaban, terrorficos hasta el punto de que algunos de estos verdaderos locos psiquiatras como Ramn Sarr, Sol Segarra, Marco Merenciano, Vallejo Najera, Lpez Ibor , dejaron constancia escrita de lo que aquellos a quienes trataban les rogaban a gritos llorando para que no le inyectemos Cardiazol- invocando la memoria de nuestros padres y nuestros hijos; el Cardiazol causaba tal estado que llevaba al inyectado al borde de la muerte; y si no era el Cardiazol era el electrochoque, que el doctor Gonzlez Duro denuncia que an sigue emplendose, a pesar de los avances en psicofarmacologa. Qu queda de la psiquiatra falangista y catlica en Espaa? Esta pregunta que hago me recuerda un ttulo de Enrique Gonzlez Duro: Qu queda del franquismo en Espaa? Pero los tratamientos de estos doctores asesinos no se reducan al Cardiazol y al electrochoque, sino que aplicaban tambin la provocacin del coma hipoglucmico; el choque acetilcolnico; la carbonarcosis; el bombeo espinal, , y llevaban a cabo intervenciones neuroquirrgicas (lobotoma, leucotoma, etc). Sus centros de encierro eran las casas de los horrores catlicos y falangistas, donde se llevaban a cabo prcticas empleadas por los nazis. El pecado cometido quienes sufran semejantes atropellos devena de su conducta social. El trastorno que podan sufrir algunos provocado por la guerra y sus consecuencias no figuraba entre las causas a tener en cuenta. El terror buscaba reconvertirlos en catlicos fieles al orden fascista, orden que despreciaba tanto las causas en los enfermos como el desarrollo psquico que llamaba Lpez Ibor. El nico objeto del estudio de la psicopatologa fenomenolgica que empleaban no era (para) conocer mejor al paciente, sino para diagnosticarlo mejor, declaraba el psiquiatra falangista y catlico; l mismo deca que no haba motivaciones para los sntomas psiquitricos, ni siquiera para los simples actos humanos, todo era fsico, hasta las neurosis, de ah que la intervencin se llevase a cabo fsicamente.

En contra de Freud tambin asumieron estos psiquiatras terroristas el existencialismo germnico, que era segn Sarr un retorno a la tradicin secular en la teora del hombre, con ello se recoga la concepcin pesimista de la existencia, de pie metafsico y sin conflicto con la realidad, pero en este caso se recurra a la subjetividad como solucin ante el desastre de la posguerra, con lo que los anlisis, apartados de la realidad, llegaban a conclusiones abstractas, a especulaciones tericas y meras exposiciones retricas. Toda su accin estaba dirigida contra quienes eran calificados de psicpatas antisociales para luego ser separados en campos de trabajo hasta lograr su readaptacin social: Y sobre todo procuraremos por todos los medios a nuestro alcance una regeneracin fundamental de la Raza Regeneracin que debe ser somtica y mental. A la Raza no puede exponrsela a que degenere por no ejercerse sobre el medio ambiente social de la posguerra una purificacin fsica a fondo.

A todo esto, la iglesia catlica tena hambre de figuracin y mientras los internos se moran de hambre fsica y enfermedades curables sin tratar, por ejemplo en el manicomio de Salt (Gerona) el obispo se llevaba el dinero para la reconstruccin de la capilla donde quera oficiar las misas; mencin aparte se merece el que en su objetivo de reeducacin para hacer retroceder al mundo caba una prctica ms: volver a las corporaciones de beneficiencia del siglo XVIII.

Pero volviendo al estado social que implantaron los falangistas y catlicos, nos encontramos con que dio como consecuencia la multiplicacin del nmero de ingresos psiquiatricos, y la teora del virus marxista se hundi, fueron dejando de propagarlo de tan inverosmil como resultaba. Ante el aumento constante e imparable de los ingresos de presos polticos, mendigos, vagabundos, familias sin casa ni porvenir, y gentes que se trastornaban a consecuencia del estado al que dieron lugar, crearon el consultorio privado, abandonando a quienes por desgracia caan en los manicomios pblicos; las eminencias falangistas y catlicas hicieron un negocio con la locura que surga en las familias pudientes, dando a esos enfermos un trato ms considerado en base a su postulado catlico: All donde falta la fe, donde hay una ausencia de Gracia, no puede haber solucin; es decir, conformidad y consuelo. Desde tal principio negaban toda responsabilidad y se burlaban de los avances de la psiquiatra en Francia o Inglaterra entre otras cosas con la vida fuera del psiquiatrico, declarando, como Lpez Ibor en 1955, que aqu la familia (?) asista a los enfermos y por tanto esos casos estaban resueltos.

Antes de concluir es necesario que seale cmo a lo largo del libro, dedicado en una primera parte al anlisis de las circunstancias histricas de las y los defensores de la Repblica tras el golpe de Estado y en el desarrollo de la guerra, Gonzlez Duro explica, y hace aportaciones muy significativas, algunos conceptos utilizados por los asesinos de Lesa Humanidad como aquel con el que tildaban a los republicanos: rebeldes; cul es la operacin mental que emplean en ello, su posicionamiento histrico y el por qu de la llamada reeducacin del pueblo bajo los preceptos que ya se han expuesto.

Finalmente, Gonzlez Duro homenajea a los republicanos que padecieron y murieron bajo el franquismo a manos de estos criminales, y nos recuerda la importancia, para la Historia y la Memoria Democrtica, de la recuperacin de todos los datos posibles de ese periodo nefasto para liberar la inteligencia, y cmo, slo as romperemos el silencio hecho de miedo e ignorancia bajo el que catlicos y falangistas, han enterrado los Derechos Humanos, y afirma que con ello crecer la perspectiva republicana.

Un libro impactante, magnfico, que impulsa la necesaria ampliacin de la conciencia social del lector.


Los psiquiatras de Franco. Los rojos no estaban locos.
de Enrique Gonzlez Duro
Ediciones Pennsula (Barcelona 2008)






Ramn Pedregal Casanova es autor de Siete Novelas de la Memoria Histrica. Posfacios, editado por Asociacin Foro por la Memoria y Fundacin Domingo Malagn.



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