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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-09-2009

Gauchaje transgnico

Emiliano Bertoglio
Rebelin


 En nombre de la gente de campo se justifica la expansin de un sistema de explotacin del suelo que no contempla la existencia social dentro de las infinitas latitudes de la tierra. El monocultivo de especies transgnicas, viabilizado y consolidado como modelo incuestionable de la relacin hombre-entorno, anula toda diferencia y erosiona los sustentos de la vida realmente rural que empresas, grandes terratenientes y medios de comunicacin dicen defender.

Hay en Argentina cada vez ms campo cultivado y se habla cada vez ms de el campo- y paralelamente queda cada vez menos espacio para la vida rural y sus prcticas genuinas. La vida cambia cuando se va a caballo de Monsanto, Dekalb o Bayer (lase produccin de especies genticamente modificadas).

Es ya demasiado evidente que la an irresuelta antinomia gobierno nacional / sector agropecuario-pampeano est netamente atravesada por el inters econmico de cada parte, antes que por corresponder cada posicin a paradigmas ideolgicos inconciliables entre s. Pues, tanto una como otra postura promueven y se favorecen con el modelo de explotacin de la tierra que busca maximizar las ganancias independientemente de los costos sociales y ecolgicos de ello.

Los precios internacionales de los cereales han acentuado en el pas el proceso de pampeanizacin hacia zonas hasta el momento ajenas a estos parmetros. Y en nombre de el campo se tala el monte nativo, se lo incendia y en su lugar se impone una especie gestada en laboratorios [2] .

En la estandarizacin de este modelo productivo que no considera como obstculo la modificacin violenta del entorno natural se halla la razn de la nueva oleada de desruralizacin de los cercanos veinte aos (ltimo efecto migratorio que combina xodos voluntarios y forzados); de la reciente despeonizacin del trabajo rural; de la creciente concentracin de la propiedad del espacio (formacin de pooles de siembra).

La expresin el campo se ha tornado un moderno eufemismo que menciona a la tierra no como espacio de la existencia, sino como medio de generacin de riquezas econmicas privadas. La exacerbacin de la lgica del mercado, que busca la renta ilimitada, escinde al trabajo de la vida [3] . Y as no es posible la consciencia de la materialidad que permite la realizacin de dicha vida.

Los grandes medios de comunicacin que comparten los intereses ruralistas muchos por el inestimable apoyo de la publicidad de empresas productoras y/o comercializadoras de insumos para el monocultivo de especies transgnicas- recurren a la memoria de el hombre de campo: ese sujeto forjado en el duro trabajo de la tierra, de principios nobles e incorruptibles, hoy transformado en mrtir por los siniestros designios presidenciales. La retrica de la expropiacin ilegtima, utilizada para justificar la actual oposicin al Poder Ejecutivo, se nutre de los supuestos valores telricos. Actualizados para la oportunidad por dirigentes agrarios y empresas informativas, ellos ayudan a despertar y potenciar elementos latentes en la consciencia popular.

Pero en trminos rigurosamente sociolgicos, aquel paisano es cada vez ms inexistente en trminos reales. Salvo los pocos que an viven-resisten monte o tierra adentro, lo campesino subsiste casi como tipo ideal, pues el modo actual de produccin prescinde de sus brazos y de sus saberes.

La recuperacin y promocin de folclorismos mostrados como smbolo de la vitalidad de lo criollo- simplemente ornamentan los reclamos de cientos de terratenientes que no pueden imaginar, ni por asomo, los histricos padecimientos del hombre de campo a los cuales aluden diciendo encarnar.

Lo gaucho es hoy una leyenda des-significada de sus esencias: el consumo cultural de atuendos artesanales (texturas, formas y colores repetidos industrialmente), prcticas y acordes supuestamente representativos de una forma de vida y manifestados en exposiciones rurales, micros mediticos, por el mercado en general- minimiza la identidad a manifestaciones desinterpretadas de su contexto original de produccin. A la vez, son reinterpretadas ahistricamente- como constitutivas de un mundo de dudosa existencia fctica, ya que se hallan abismalmente distantes de las propias al momento actual.

Sumada a esta retrica de la expropiacin ilegtima que multiplican peridicos y pantallas, y tambin alimentando las identidades de la gente del terruo, se da una revitalizacin de la cultura nativa quiz menos inducida que aquella, pero reducida a espectculo de acceso circunstancial. Una y otra vez, los folcloristas repiten anacrnicas canciones (y otra vez las academias tradicionalistas ponen en escena sus danzas, desprendindolas del suelo primigenio).

La mercantilizacin de todas estas expresiones permite la sobreexistencia nicamente de aquello que no cuestiona al sistema productivo y sus lgicas de explotacin del sujeto y de dominacin del medio natural.

Queda cada vez menos flora y fauna autctonas, pero no se puede concebir que un paisano hijo de esta buena tierra no tenga su mesa de algarrobo o su alfombra de piel. No hay micro radial de cotizacin de cereales mercado de Chicago- que no est acompaado por los sonidos de zambas y chacareras que rememoran paradjicamente- al monte y sus animaladas, hoy minorizados para ceder ms espacios a la oleaginosa de oro devenida en motor del progreso en la nueva Argentina granero del mundo. La tierra est cada vez ms concentrada en menos manos (incluso, extranjeras), necesita cada vez de menos mano de obra y, sin embargo, el campo es promocionado como factor de empleo y desarrollo nacional.

Por otra parte, se puede hoy cantar o escuchar- un poema que se precie de reflejar las vivencias de la tierra sin denunciar al sistema que a travs de la homogeneizacin inherente a su lgica atenta contra lo verdaderamente autctono?

Y as, cmo comprender estas contradicciones entre el modelo de trabajo impuesto como hegemnico y la recuperacin de supuestos valores de la ruralidad (opuestos a l) que habran de representarlo?

El espacio y la forma de intervenir sobre l se internalizan. El sustento de la existencia, mutado, muta las identidades. ste es el gauchaje transgnico del siglo XXI: reducida la tierra a espacio de produccin material, se allana toda diferencia con ello (termina de desaparecer de esta manera lo campesino, lo gaucho, e incluso, lo indio).

Cuestionar los agronegocios el cultivo con fines netamente comerciales de especies transgnicas destinadas a alimentar automviles y animales faenados para el sobreconsumo- no implica necesariamente proponer una regresin cavernaria a los primeros momentos del hombre. Pues quienes habitan un contexto ya fuertemente modificado por las lgicas de la siembra industrial deben reconocer que An hoy la mitad de la poblacin mundial cultiva la tierra, y en sus tres cuartas partes lo hace a mano [4] . Complementariamente, el 75 por ciento de las tierras argentinas se volvieron ridas. Y cada vez se degradan ms y ms [] Slo el 25 por ciento es la pampa hmeda [5] . Contrariamente a lo que parece acontecer en el pas, adems, el ncleo de las polticas antiimperialistas actuales [] se encuentra en los campos de la periferia [6] .

Sustituir la mirada canbal del crecimiento ilimitado e inmediato que vitaliza el dinero pero que mata la vida por la ancestral sabidura de la paciencia, de la sobriedad en el consumo, de la percepcin y la necesidad de la multiplicidad: acaso sea sta la clave ms ineludible y urgente en este pequeo lugar del Universo, en este frgil momento de la existencia humana.



 

[2] En las ltimas dcadas, las peculiaridades de la conformacin del sistema agro-alimentario global consolidaron fuertemente al sur del mundo como productor de materias primas, que en el mercado aumentaron su dependencia y desarrollo respecto de otras naciones. La periferia, adems, fue subordinada a las lgicas comerciales de las grandes empresas privadas productoras de semillas de alta tecnologa, productos qumicos y equipos para la agricultura. Sam Moyo y Paris Yeros, El resurgimiento de los movimientos rurales bajo el neoliberalismo. En Recuperando la tierra, de Moyo y Yeros (coordinadores) (Ed. CLACSO. Buenos Aires, 2008).

[3] Ana Esther Cecea (coordinadora). De los saberes de la emancipacin y de la dominacin (Ed. CLACSO. Buenos Aires, 2008). Un antecedente fundamental de este planteo es el desarrollado por Karl Marx en Formaciones econmicas precapitalistas (Ed. Cuaderno de Pasado y Presente. Crdoba, 1971).

[4] Adolfo Coronato, Canto a la naturaleza perdida (nota escrita a propsito del video documental Home, dirigida por Yann-Arthus Bertrand). En Le Monde diplomatique Edicin Cono Sur. N 122. Agosto 2009. pp. 42 43.

[5] Patricia Blanco Fernndez, Mucho peor de lo pensado. En revista El Federal. N 275. 13 de agosto 2009. pp. 32 33.

[6] Moyo y Yeros (op. cit.). p. 21.



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