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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-09-2009

Los Cylons y la Ilustracin

Luis Felip Lpez-Espinosa
Rebelin



1

Battlestar Galactica (nos referimos aqu al remake de 2003) es una serie de ciencia ficcin que narra la destruccin de una civilizacin humana (las Doce Colonias) en un ataque Cylon y las desventuras de los supervivientes de la humanidad a travs del espacio en busca de un mtico planeta Tierra.

Los Cylons son robots dotados de una avanzada inteligencia artificial y que se han rebelado contra los humanos. Derrotados, fueron expulsados a los ms lejanos rincones de la Galaxia. Sin embargo, han regresado. Tras un ataque por sorpresa que aniquila la prctica totalidad de la humanidad, sobreviven algunos pequeos reductos y entre ellos la nave espacial Battlestar Galactica, una antigualla que estaba a punto de pasar por el desguace y que sobrevive al ataque debido a que sus sistemas informticos off-line estaban preparados para resistir virus informticos Cylons.

Pero a su regreso, los Cylons han evolucionado. Ahora algunos tienen forma humana, son organismos biolgicos, clones en masa sobre un nmero determinado de modelos que comparten la misma apariencia y una inteligencia comn. Esto significa que pueden infiltrarse entre los humanos, comportndose como ellos y sin saber siquiera que ellos mismos son Cylons, debido a un bloqueo que les hace actuar normalmente hasta el momento en que su programacin se activa.

Lo interesante de estos Cylons, es que son perfectamente humanos en todos los aspectos. De hecho son ms humanos que los verdaderos humanos. Conforme transcurren los distintos episodios, vemos cmo los protagonistas principales de la serie, todos aquellos que brillan por sus cualidades, por su inteligencia, por su pasin ante la vida o ante otros seres humanos, son infiltrados Cylons o cuando menos muy sospechosos de serlo.

Galactica, con su pintura apocalptica de un universo en el que una nave militar obsoleta tecnolgicamente vaga sin rumbo como ltimo reducto de la vieja y verdadera humanidad, es un smbolo del temor contemporneo a saber demasiado, a llegar demasiado lejos con nuestro conocimiento. Est bien, tenemos toda clase de gadgets y de inventos, tenemos Internet y videojuegos, tenemos naves espaciales nos bastara con esto. No queremos llegar ms all. Pero es que en ltimo trmino, ni siquiera queremos seguir conociendo cosas sobre la realidad ni sobre nosotros mismos. Es suficiente con cierto primitivismo, ya que en ltimo trmino no queremos convertirnos en los Cylons, en esos seres ultraevolucionados, inmortales, clnicos, apasionados y demasiado vivos que son el ltimo y definitivo logro de la humanidad (definitivo porque estos hijos mentales, como dira Moravec, no tienen otra razn de ser ms que aniquilar a los humanos).

Galactica es el smbolo del miedo de llevar la Ilustracin demasiado lejos. De llegar demasiado lejos en el saber, en la innovacin, en el progreso. Y es que realmente, el progreso es el horror supremo, pues no solamente conduce a disyuntivas morales o a peligros inciertos (dilemas como los que suscitan la clonacin o las clulas madre; riesgos como el uso de la energa nuclear, el agotamiento de los recursos naturales o el calentamiento global) sino que tambin conduce a un replanteamiento de lo propiamente humano. A una alienacin en un sentido totalmente anti-frankfurtiano del trmino: en el sentido de que simplemente los hombres se vuelven aliengenas, la humanidad misma se transforma en algo demasiado extrao, demasiado confuso y por tanto terrible.

Ante cualquier producto de ciencia-ficcin, uno no puede evitar la sensacin de que esos futuros magnficos y fantsticos no encuentran el freno nicamente en una imposibilidad material sino ms an en el miedo humano a tocar algo demasiado traumtico que no simplemente afecte nuestra existencia (los riesgos acostumbrados) sino ms an que afecte nuestra esencia que transforme el ser mismo de lo que habamos llamado lo humano. Lo deca Lacan, que del optimismo de Freud no conservaba gran cosa: por poco que la ciencia ponga de su parte, lo real se extender, y la religin tendr entonces muchos ms motivos an para apaciguar los corazones. [i] Por qu es tan horrible el saber? Pues porque confronta con verdades incmodas, imposibles. Pensar que la luz pueda curvarse por efecto de un campo gravitacional, por ejemplo, pensarlo de verdad, no puede dejar a nadie indiferente.

Pero este miedo ya estaba implcito en los orgenes de la Modernidad. Lo encontramos en la famosa moral provisional de Descartes: ahora que lo pongo todo en duda, ahora que acometo la empresa de pensarlo todo de nuevo, tengo que trazar una separacin entre esta aventura y la necesaria placidez y seguridad de mi vida cotidiana. La idea de que la moral se sigue del saber pudo convenir a Scrates o a Aristteles, pero muy distinto sera aplicar esta intuicin cuando uno se dedica a suprimir todo aquello que es dudoso y termina afirmando que la primera verdad clara y distinta es el cogito. Y cuando llega la fsica cuntica, cuando llegan las geometras no euclidianas o el teorema de Gdel qu actitud prctica se supone que hay que adoptar despus de todo eso?

La Ilustracin es la que ha creado esta separacin entre lo que s y mi vida diaria, lo que hago. Esta distancia tiende a ser cada vez mayor, y slo puede desembocar en el cinismo (formulado en los trminos de la denegacin fetichista segn Octave Mannoni: lo s muy bien y aun as텔), que como expone Sloterdijk es resultado lgico del proceso de la Ilustracin.

Es la misma Ilustracin la que nos ha llevado a esta dualidad entre el saber y el hacer. No es posible vivir realmente a partir de la ciencia y del saber contemporneos, y al cientfico ahora se le pide que piense cosas que slo remotamente incumben a su vida prctica diaria. No se puede esperar de cualquiera que siga este camino realmente inhumano.

2

El profesor Rafael Argullol ha publicado recientemente un artculo titulado Disparad contra la Ilustracin (El Pas, 07/09/2009). [ii] En l lamenta la fuga en los ltimos tiempos de numerosos profesores universitarios que se acogen a una jubilacin anticipada. Suelen aducir dos razones: el desinters creciente de los estudiantes por el saber, y el asfixiante burocratismo que se apodera cada vez ms de la Universidad. Y estos profesores son en su mayora viejos humanistas e ilustrados que creyeron en la importancia del saber y del conocimiento para cambiar la sociedad, y ahora huyen abatidos algunos y otros aparentemente aliviados ante la perspectiva de buscar refugio en opciones menos utpicas.

Siguiendo con Argullol, Los estudiantes no se diferencian mucho de la sociedad en conjunto en lo que respecta a la abulia, al desinters por cualquier tipo de saber (y tambin a la falta de vergenza ante la propia ignorancia) frente a los valores de utilidad inmediata. Para desesperacin de los viejos ilustrados. El saber cansa; no solamente cansa, sino que destruye las pequeas satisfacciones de la ignorancia. Y esta actitud es la que ha entrado en la Universidad, donde todo lo que se viene vendiendo como innovacin y transformacin no es ms que, en palabras de Argullol, la sustitucin de la vieja casta feudal por una nueva casta de tecncratas, de burcratas supuestamente eficientes que tienden ms a la Universidad gestionada al modo de una empresa privada, que al viejo ideal de la Universidad como espacio pblico para la investigacin cientfica libre y para el desarrollo cultural.

Como dice Argullol, el riesgo de una Universidad excesivamente burocratizada es el triunfo de los tramposos. El triunfo de aquellos que saben utilizar las normas para beneficiarse de ellas, el de los buenos lectores del BOE, el de los oportunistas que se abren paso en las revistas de impacto que nadie lee. Mantenerse a contracorriente de esto es casi imposible; desde luego, supone la renuncia a muchas ventajas que ofrecen la estupidez burocrtica y la corrupcin. En general, todo esto es bien sabido.

En tales condiciones, no es extrao que los que fueron ms ilustrados, ms humanistas, se frustren: saben demasiado bien que estn perdiendo el tiempo, saben que lo que hacen no sirve para nada y va en contra de aquello en lo que creen. Y aun as, lo hacen. Aunque algunos, como nos relata el artculo de Argullol, simplemente deciden dejar de hacerlo.

Pero deberamos ser ms severos con esos profesores que se hunden en la desesperacin y que no hacen otra cosa que lamentar el deplorable desinters de sus alumnos o la burocratizacin de la vida acadmica. Deberamos ser ms severos, porque ambos problemas son la contracara del buenismo ilustrado. Esto significa que aquel amor por el saber, aquel herosmo intelectual que habra pretendido cuestionarlo todo, es incompatible con una vida plcida y feliz. La separacin de la vida terica y la vida prctica, en un nivel de civilizacin avanzado, es demasiado grande: saber ms no nos va a hacer necesariamente mejores ni ms felices ms bien todo lo contrario. En palabras de Argullol, el pensamiento ilustrado no ha demostrado que proporcionara la felicidad. Y esto se paga.

Los estudiantes no slo son indiferentes al saber: tambin le tienen miedo. Muchos buenos estudiantes terminan la carrera y abandonan simplemente la investigacin porque en efecto ellos tambin la sienten demasiado burocratizada, pero tambin porque no se ven con fuerzas para afrontar la tarea de pensar por ellos mismos algo nuevo, ms all de lo sabido. Prefieren no abrir la caja de Pandora, pues no saben qu podran hacer a continuacin. En la aventura del intelecto, preciso es decirlo, existen vacilaciones continuas y temores. Vivir es eso, pero nunca faltaron quienes prefirieron la muerte o una vida mnima, como de tapadillo, antes que afrontar los escndalos y los riesgos a los que vivirla plenamente podra conducirles.

Pero en eso, muchos profesores no estn dando ejemplo. Se estn rindiendo. Esta fuga que seala Argullol en su artculo, como la de muchos otros profesores que simplemente vegetan serenos en sus despachos, esta renuncia a sus viejos ideales en el caso de que los hubieran tenido y su refugio en la vida privada en realidad no pueden sentirlo ms que como una derrota y como el ltimo paso de alguien que ha perdido todo amor propio.

Como dice Alain Badiou, slo hay un imperativo tico: continuar. En otras palabras, la frmula del cinismo tiene que ser llevada a sus ltimas consecuencias: lo s muy bien y aun as contino hacia adelante.

El saber no da la felicidad, seguir luchando en medio de las estructuras para poder ser intelectuales honrados es lo ms difcil del mundo. En estas condiciones donde los procesos de seleccin premian a los lectores del BOE, a los burcratas acomodaticios, a los imbciles, a los corruptos ser honrados es lo ms difcil. Pero a eso se debera ensear en las universidades pblicas: a ser buenos intelectuales, honrados y libres. Y la primera norma de la tica intelectual es que no es de bienes, de satisfaccin cotidiana, de lo que se trata.

En su libro Ethics of the real, Alenka Zupančič describe la tica kantiana no como un progresivo distanciamiento (una purificacin) frente al inters, frente a los mviles patolgicos sino como un salto, una ruptura por medio de la cual el sujeto simplemente deja de tomarlos en cuenta como motivos para su accin. El punto aqu es que el sujeto patolgico tiene miedo a la posicin tica por cuanto que teme perder algo. La respuesta de Kant es que el sujeto tico simplemente ya no experimentar aquello como una prdida. No lo contemplar en modo alguno. Pues bien, lo que queda en lugar de esta prdida, la voluntad sin ningn mvil concreto ms que ella misma, marca la verdadera posicin de quien acta ticamente.

La Ilustracin no nos trae la felicidad, de hecho ella en s misma no nos trae nada; pero nos hace mejores. Eso es lo que diferencia la honradez de quien decide llegar al final de su propia va, frente al oportunismo de quien busca en esto una satisfaccin de sus motivos privados y patolgicos.

Y esta es la tica intelectual que los buenos ilustrados deberan ensear y aplicarse: continuar, sin temor alguno, sin dejarse esclavizar por el cmputo de los bienes.



web: http://enuntrenenmarcha.googlepages.com

 

[i] Jacques Lacan, El triunfo de la religin, en El triunfo de la religin. Precedido de Discurso a los catlicos, Buenos Aires: Paids, 2005, p. 79.

[ii] http://www.elpais.com/articulo/opinion/Disparad/Ilustracion/elpepiopi/20090907elpepiopi_4/Tes/.



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