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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-09-2009

Cloacas mediterrneas en la economa hispana

Carlos X. Blanco
Rebelin

Su condicin de puerta de frica, de Frontera Sur de Europa con la explotacin y abuso que ello implica, incontestada estratificacin de la mano de obra, cloaca de esclavismo y xenofoba


Hay varias formas de perpetuar la dictadura del capital sobre los pueblos, al menos en este Reino mediterrneo que se llama Espaa. Una de ellas consiste en mantener a toda cosa una estructura clasista desigual en la que una parte de la sociedad, explotadora y rentista, pueda vivir a costa de otra , sensiblemente ms amplia, sometida a explotacin y tratamiento desigual (inferioridad de derechos, acceso limitado a servicios y recursos, etc.).

El economicismo ms clsico de los autores marxistas sola entender la Totalidad social como un sistema dual, bipolar. De un lado los burgueses que viven de la explotacin del trabajo ajeno. De otro, los proletarios, esto es, una clase social que solamente puede subsistir dejndose explotar. En medio se situaran unos sectores sociales (tenderos, abogados, maestros) prestadores de servicios improductivos, que seran relativamente inertes en la dinmica de lucha de clases y que pueden oscilar, como en un partido de tenis, ora engrosando las filas de los burgueses ora proletarizndose.

Hoy en da este modelo de sociedad dual no se sostiene.

El capitalismo avanzado ha emborronado los dos polos de la lucha de clases. Muchos capitalistas son prcticamente mileuristas auto-empleados que gozan de unos niveles de renta a menudo inferiores a los de un trabajador asalariado. Muchos trabajadores asalariados (proletarios) gozan de un estatus social y un nivel de renta parejo al de un funcionario bien remunerado, gozan de estabilidad y derechos, y no tienen nada que ver (salvo en los aspectos formales) en su situacin socioeconmica con los trabajadores del mercado negro, los emigrantes ultra-explotados o los jvenes buscadores de primer empleo, por ejemplo.

La burguesa realmente rectora en la economa es cada da ms escasa a nivel demogrfico, se encuentra ms diseminada por el planeta, restando protagonismo a las burguesas indgenas (mundializacin, globalizacin) y no posee rostros tan identificables. Hace tiempo que vivimos en un mundo de sociedades annimas, transnacionales, etc. Es raro encontrar ya en la escena pblica al empresario identificable, salvo en casos circenses o productos de crnica rosa (Ruiz Mateos).

Frente a esto, y especialmente en el Reino de Espaa, hay una serie de lneas de discriminacin que son el abec de la Economa poltica en el rea mediterrnea.

La estratificacin del proletariado es universal en la actualidad. Ya Marx la conoci en sus tiempos, por supuesto. Obreros de primera cooptados o comprados por la burguesa, sobornados o privilegiados con el fin de disciplinar mejor a los infra-obreros, los ultra-explotados. stos ltimos se subcategorizan segn varios criterios (gnero, color de piel, procedencia, titulacin).

Los grandes sindicatos europeos son ya, desde su legalizacin y progresiva incorporacin al Aparato del Estado, instrumentos colonialistas: reivindican derechos pero negocian privilegios laborales y sociales de una pequea parte de los trabajadores, los de Europa, mientras que en las periferias la clase obrera y el campesinado son esclavizados, masacrados, ultraexplotados, Esto, que ocurre a escala planetaria, se reproduce de forma transparente en las economas mediterrneas: se basan en una fuerte e incontestada estratificacin de la mano de obra.

De una parte, los sindicatos verticales, CCOO y UGT, dicen representar a los trabajadores, pero cuentan con una escasa militancia y adoptan los modos y las maneras de agencias estatales de reparto de fondos, fondos millonarios prestos a ser malgastados en cursillos, viajes, vacaciones, revistas, bolgrafos, mecheros.

De otro lado, se acumulan masas de trabajadores ultra-explotados, carentes de sindicacin e incluso visibilidad pero que son el sustento econmico de provincias enteras. Para ellos, para los ultraexplotados, la existencia de grandes agencias burocrticas para la defensa de los trabajadores es como la existencia de los ngeles o los extraterrestres. Algo lejano, algo que aparece en el cielo raso como un meteoro y despus se va.

No hace mucho, en un suplemento dominical, se hablaba sin el menor tapujo del milagro almeriense, de la locomotora econmica andaluza. Al pblico ms desinformado se le haca saber, que con gran esfuerzo esta poblacin haba salido adelante por encima de su clima desrtico y de la dureza de las dems condiciones de partida de la regin. Haba retos pendientes, desde luego, como las carencias en niveles de educacin en un lugar donde florecen bancos en cada esquina. Para nada se haca referencia ya a los brotes de violencia xenfoba que se haban sucedido tras el boom econmico de Almera. Desde que, aos ha, la televisin pblica emitiera un esplndido reportaje revelando a Espaa la cloaca de esclavismo y xenofoba que exista en El Ejido (y que levant ampollas), se impuso en este Reino una semi-censura de lo ms chocante.

Ha llegado a convertirse en un tema tab el hacer referencias explcitas al racismo econmico y al esclavismo mediterrneo que en la, ya superada, etapa de las vacas flacas, haca del Reino de Espaa la novena potencia econmica mundial. Adems, por arte de demagogia y de birlibirloque, los grupos econmicos poderosos que se asientan en ese capitalismo basura y de frontera (de frontera con el Sur hambriento, con frica y con el Tercer Mundo) emplean toda su artillera meditica contra los que pongan su dedo en la llaga. Como si de un boomerang se tratase, tachan de racista a quienes hacemos referencia a un capitalismo mediterrneo caracterizado por una agricultura intensiva altamente explotadora de una mano de obra cuya condicin raya en el esclavismo.

Un sistema que, unido a la alta corrupcin administrativa de esas latitudes (municipios, diputaciones, Junta) y la orga tpicamente espaola del ladrillo, han convertido este Reino en un Reino de mierda, incapaz de aprender del pasado y que no sabe modernizar sus estructuras productivas como no sea explotando a fondo su condicin de puerta de frica, de Frontera Sur de Europa con la explotacin y abuso que ello implica.

No es de extraar que ya desde los lejanos aos del felipismo, el diseo econmico del Estado espaol haya quedado perfectamente claro, al apostar por este modelo sureo. El norte y el occidente de la pennsula (excluyendo la tradicional prosperidad vasco-navarra) quedan marginados de este mapa desarrollista. Un corredor de progreso que parte de la frontera francesa, al norte, y recorre todo el arco mediterrneo hasta el sur, como arco de comps que pincha su aguja en un centro, Madrid: ese es el diagrama desarrollista que ahora se ve que es un fracaso. Supone una subordinacin de territorios y una estratificacin del obrero. El obrero que, para el Capital, no tiene color , nacionalidad ni religin (como el dinero no tiene olor, aunque proceda de la droga o de la prostitucin) salvo cuando es factible explotarle ms y mejor, al no formar parte de una casta de privilegiados.



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