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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-09-2009

La corrupcin como propaganda electoral

Santiago Alba Rico
Atlntica XXII n 4


En una pelcula de Comencini de los aos setenta, Buenas noches, seoras y seores, un periodista de televisin aborda a un poltico corrupto, con el que sostiene cito de memoria- el siguiente dilogo: Va usted a dimitir?, De ninguna manera; sin mi cargo no podra comprar a los jueces, Y los votantes?, Dimitir sera traicionarlos; me han votado para mentir, prevaricar, malversar fondos y no voy a desilusionarlos.

La stira de Comencini resume muy bien lo que el juez Scarpinato, discpulo de Falcone y Borsellino y autor de un libro titulado El retorno del Prncipe, ha llamado la anomala italiana: una sociedad hasta tal punto estructurada en la sombra que, por sus procedimientos polticos y sus consecuencias morales, por sus medios y sus vctimas, slo puede compararse a las dictaduras latinoamericanas de los aos 80. Argentina de Europa, Colombia de la UE, en Italia no hace falta ser comunista para ser perseguido, silenciado o asesinado: basta con ser honesto. Ergo, la honestidad se convierte en un obstculo para las ambiciones polticas, pero tambin para la ms simple y desnuda supervivencia, de manera que todos de las instituciones a los medios de comunicacin, de los pequeos funcionarios a los pequeos comerciantes- acaban cerrando los ojos a -o colaborando con- la corrupcin general.

La anomala italiana, tal y como la describe Scarpinato, no es otra cosa que la ausencia de Estado que ha caracterizado a Italia desde su fundacin y que evidencia, en realidad, el comportamiento del capitalismo en su versin ms pura. La corrupcin y la mafia, como demuestran en la actualidad Rusia y China, son instrumentos fundamentales de la acumulacin originaria, sin olvidar que han constituido desde siempre la normalidad financiera y empresarial de los pases de la periferia. Slo en Europa y slo durante unas pocas dcadas (y por eso puede hablarse de anomala italiana) ha habido Estado al mismo tiempo que capitalismo, y lo ha habido por dos motivos circunstanciales: porque slo all el capitalismo se poda permitir el Estado y porque, an ms, slo all, en el marco propagandstico de la Guerra Fra , era funcional y necesario. Pero como la acumulacin originaria no acaba nunca, incluso en los mejores aos de la postguerra y en los pases ms estatalizados la corrupcin estuvo siempre presente; y como las crisis (de beneficios) entraan desregularizacin de la economa y sobre-explotacin del trabajo y activan nuevos procesos de acumulacin originaria, retoan hoy con particular vigor, en todos los rincones del mundo, la corrupcin y la mafia. La anomalia italiana es en realidad el laboratorio local del capitalismo internacional.

El adagio popular que pretende que el poder corrompe induce la despolitizacin y el fatalismo porque llama la atencin sobre el poder y no sobre los medios para alcanzarlo, los cuales son los medios- los verdaderamente corruptores. No es verdad que el poder corrompa; mucho ms cierto es que la corrupcin, bajo ciertas condiciones, proporciona poder, y que en consecuencia, bajo esas condiciones, de derechas o de izquierdas, Obama o Bush, Zapatero o Rajoy, slo se puede alcanzar el poder si uno se ha previamente corrompido.

A la espera de inventar un cuarto procedimiento o de aplicar de verdad el tercero, la humanidad slo conoce tres medios de alcanzar el poder: la conquista, el derecho divino y la democracia. Lo que nos narran las tradiciones populares de los cuentos infantiles, elaboradas en la Edad Media, son los peligros de un poder absoluto adquirido mediante la guerra o el linaje y la esperanza y la excepcionalidad- de un rey bueno capaz de resistir la tentacin. En la teora democrtica, al contrario, uno slo alcanza el poder porque es el ms bueno o el ms justo o el ms sensato. Pero eso es slo la teora. En realidad, bajo el capitalismo (es decir, bajo un proceso de acumulacin originaria siempre incompleto) los procedimientos para acceder al poder combinan los males de la conquista y los de la realeza: explotacin econmica, endogamia de clase o de partido, componendas en la oscuridad. Cuando uno llega arriba, abajo se han quedado, como los posos del caf, los escrpulos, los principios y el compromiso. El rey que heredaba el trono an poda ser bueno precisamente porque su poder era absoluto; el poltico capitalista que se lo trabaja no puede serlo porque su poder es slo relativo.

Digamos que, sin verdadera democracia, es siempre menos corruptor un poder absoluto que un poder relativo. Por eso, el verdadero peligro comienza cuando no es la clase poltica la que se corrompe sino tambin como en la stira de Comencini- sus votantes. En Espaa, como en Italia, ya est ocurriendo: lo que penan las leyes y castigan los tribunales, lo absuelve en las urnas el poder soberano. En medio de tanta corrupcin normalizada, despolitizados y fatalistas, no acabaremos reclamando un poder absoluto para un rey justo o un conquistador bueno? No acabaremos votando en Europa no estamos votando ya- precisamente eso?



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