Portada :: Cultura :: Cuba en el corazn
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-01-2005

Los siete captulos editados en DVD por el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematogrfica (ICAIC) sobre uno de los episodios ms apasionantes y controvertidos de la historia contempornea: la Revolucin cubana
Resea: Cuba en el corazn. Captulo 3.- Los 4 aos que estremecieron al mundo

Manuel Talens
Rebelin






Desaparezca la filosofa del despojo y habr desaparecido la filosofa de la guerra.

Fidel Castro


El tercer captulo de la serie Cuba: caminos de  revolucin consta del documental Los 4 aos que estremecieron al mundo ms tres extras del abundante archivo del ICAIC y todos ellos se ocupan de los terribles pormenores que hubo de soportar la recin nacida Revolucin cubana entre 1959 y 1962.

Los 4 aos que estremecieron al mundo, dirigido por Daniel Daz Torres, no solamente narra los hechos con material de archivo, sino que tiene el aliciente aadido de dar un salto temporal cuando ya est todo a punto de terminar para ofrecernos la visin retrospectiva de los principales protagonistas. Las imgenes iniciales del film le recuerdan al espectador que en La Habana sola haber un monumento con un guila estadounidense, cnicamente erigido en honor a las vctimas del Maine, asesinadas por su propio gobierno. Dicho monumento fue derribado por un cicln en 1956 y reconstruido antes de que los revolucionarios entrasen triunfantes en la capital. Tras esto, la voz narradora pasa entonces a contar que, ya desde los primeros das del nuevo gobierno, la prensa de los Estados Unidos empez su campaa contra Cuba. Vemos luego los juicios revolucionarios a los torturadores del batistato, en los que la justicia prevaleci sobre la venganza, pues slo se conden a la pena capital a aquellos culpables de crmenes probados y la mayor parte de los acusados fueron puestos en libertad. Las primeras medidas del gobierno tuvieron que ver con el abaratamiento de la vivienda y las medicinas, as como con el inicio de la reforma agraria, que reparti la tierra entre los campesinos tras haber indemnizado a los antiguos propietarios. Ya entonces el presidente Eisenhower puso mala cara y pocos meses despus, en abril de 1959, no recibi a Fidel Castro cuando ste viaj a los Estados Unidos en visita amistosa.

Pronto empezaron las agresiones directas. Es de sealar que un documento del Departamento de Estado estadounidense clasificado de TOP SECRET con fecha del 1 de julio de 1959, ya deca textualmente que El gobierno de Castro no es del tipo que merezca salvarse. La cosa empezaba mal. En octubre de aquel ao, un B25 proveniente de los Estados Unidos bombarde La Habana causando 47 muertos. Al mismo tiempo, los caaverales eran incendiados en actos de sabotaje y las presiones econmicas iban en aumento, por lo que Cuba se vio en la obligacin de buscar mercados ajenos a los Estados Unidos su mercado natural, dada la proximidad geogrfica y firm un acuerdo comercial con la URSS. El nuevo paso del imperio ante dicha respuesta fue tratar de asfixiar la isla desde el punto de vista energtico, para lo cual las compaas Shell, Texaco y Esso se negaron a refinar el crudo cubano adquirido en la Unin Sovitica. Esto, a su vez, condujo a la radicalizacin del gobierno revolucionario, que nacionaliz las sucursales de dichas multinacionales en la isla.

1960, el Ao de la reforma agraria, se inici en aquel ambiente de escalada y en marzo tuvo lugar en el puerto de La Habana un enorme atentado con explosivos que caus 101 muertos y ms de 200 heridos. En el sepelio de aquellas vctimas naci el clebre lema de la revolucin: Patria o muerte. Luego, siguieron mltiples actos terroristas en centros de trabajo, tiendas, lugares pblicos, escuelas, etc., todo ello como parte del programa de accin encubierta contra el rgimen de Castro, emanado desde el Consejo Nacional de Seguridad de los Estados Unidos. En agosto, el gobierno cubano nacionaliz todas las compaas estadounidenses de la isla, pero los Estados Unidos no aceptaron la indemnizacin. Lleg el mes de septiembre y Castro viaj por segunda vez a Nueva York, sta para hablar ante la Asamblea General de las Naciones Unidas. Por presiones polticas no le permitieron que se alojase en Manhattan y lo hizo en un hotel del barrio negro de Harlem. Ya en la ONU, no se mordi la lengua: En este hemisferio todo el mundo sabe que el gobierno de los Estados Unidos siempre impuso su ley, la ley del ms fuerte. Desaparezca la filosofa del despojo y habr desaparecido la filosofa de la guerra. No es de extraar que su prestigio ante el pueblo cubano creciese como la espuma tras haber escuchado que su lder mximo no le tena miedo al gigante y osaba desafiarlo en su propio territorio. Pero continuaron los sabotajes e incluso se inici una guerrilla contrarrevolucionaria en la Sierra del Escambray, de tal manera que 1960 concluy con el peligro inminente de una agresin militar directa desde el exterior.

1961 se inici con una campaa de alfabetizacin. Pronto, los Estados Unidos rompieron las relaciones diplomticas con Cuba y el 15 de abril se inici la clebre invasin de Playa Girn, tambin llamada de Baha de Cochinos, que empez con una serie de bombardeos por sorpresa a diversos aeropuertos cubanos, tras lo cual tuvo lugar el desembarco de siete batallones venidos por mar en cinco barcos escoltados por la marina de los Estados Unidos. Sin embargo, la invasin fue neutralizada en menos de 72 horas por un ejrcito de milicianos, que hizo prisioneros a 1197 de los ms de 1500 hombres iniciales y se incaut de un enorme arsenal. Los prisioneros, integrados por ex propietarios, hijos de latifundistas y de la alta sociedad, antiguos soldados de Batista y torturadores, no fueron capaces de conservar una cabeza de playa que hubiese permitido la intervencin posterior directa de los Estados Unidos.

Hay una regla de oro en el arte narrativo cinematogrfico, maravillosamente expresada por Howard Hawks, segn la cual si en un plano de un film aparece un revlver, en el siguiente ese revlver tiene que ser disparado, lo cual equivale a decir que la economa del relato exige que toda causa tenga un efecto y toda imagen su consecuencia. Es en este momento del documental cuando Daniel Daz Torres utiliza dicha regla de manera magistral y se hace evidente por qu al principio de su pelcula nos haba contado la que pareca innecesaria historia del monumento al guila estadounidense en La Habana. Ahora, nos explica, tras la segunda agresin directa de los Estados Unidos la que sigui a la voladura del Maine fue la primera el guila de bronce cae de nuevo desde lo alto del pedestal, pero ya no derribada por un cicln, sino por el pueblo cubano levantado en armas, y el espectador asiste gozoso a su ltimo vuelo.

Los Estados Unidos asumieron pblicamente la autora de la invasin e intercambiaron los prisioneros contra sesenta y dos millones de dlares en medicinas y alimentos. Ms tarde, impasible el ademn, utilizaron la va diplomtica e intentaron expulsar a Cuba de la OEA, pero la operacin fue un fracaso, lo cual propici que la CIA iniciase una operacin secreta contra la isla, denominada Operacin Mangosta, cuyos propsitos expres claramente Robert Kennedy, el entonces fiscal general de los Estados Unidos: Mi idea es aguijonear sobre la isla con espionaje, sabotajes, desrdenes generales, empujando a los cubanos. En febrero de 1962 se inici el bloqueo total.

Y, de repente, en vez de seguir con el relato y presentarnos la crisis de los misiles que vino a continuacin, Daniel Daz Torres da un salto temporal hacia adelante y las imgenes, hasta ahora en blanco y negro, adquieren color: estamos en las sesiones de la Conferencia Tripartita de 1992 celebrada en La Habana, treinta aos despus de la crisis que mantuvo en vilo al mundo, y en ella, sentados en la misma sala, vemos a Robert MacNamara, Secretario de Defensa de John F. Kennedy en aquella poca; a Arthur M. Schlesinger, asistente especial del presidente; a William Y. Smith, general yanqui retirado; a Anatoly Gribkov, general sovitico retirado y a Fidel Castro. El intercambio entre ellos es uno de esos momentos mgicos que nadie debera perderse.

Con flashbacks sincopados se nos narra lo sucedido en 1962, cuando aquel clima de hostilidades constantes por parte del imperio condujo inexorablemente al acuerdo militar firmado entre Cuba y la URSS para instalar en la isla cohetes nucleares de alcance medio. Cuba, celosa de su imagen en Amrica Latina, quiso que ste fuera pblico, pero los soviticos se negaron, pues pensaban que los cohetes podran camuflarse entre las palmas. Por supuesto, los Estados Unidos no tardaron en descubrirlos en noviembre de 1962, lo cual condujo a la crisis abierta, que fue resuelta entre ambas superpotencias, a espaldas de Cuba. En la conferencia de 1992 el tro estadounidense, ya fuera de la vida poltica o militar activa, no tiene empacho en admitir que las acciones de su gobierno en aquel entonces fueron de una absoluta insensatez y el general sovitico asume los errores de la URSS y comprende que Fidel Castro se hubiese sentido traicionado. Y, como siempre, el viejo Fidel se lleva el gato al agua de la dialctica con la claridad de ideas que lo caracteriza y esa oratoria maravillosa suya fruto de un cerebro bien amueblado que para s quisieran muchos polticos profesionales de las democracias burguesas de Occidente. Helo aqu: No nos gustaban los cohetes, porque podran daar la imagen de la revolucin La presencia de los cohetes nos converta, de hecho, en una base militar sovitica y eso tena un costo poltico alto. Ante la amenaza inminente de los Estados Unidos, Cuba se puso en alarma de combate mximo, sus bateras antiareas derribaron un avin de reconocimiento estadounidense que volaba sobre el espacio areo cubano y el mundo crey que llegaba el holocausto nuclear. Y, de repente, yanquis y soviticos llegaron a un acuerdo enormemente desfavorable para Cuba. He aqu la sntesis de Castro: El 28 nos enteramos del arreglo La simple solucin de que se retiran los proyectiles porque los Estados Unidos dan su palabra de que no nos van a agredir es incongruente con todos los pasos que se haban dado, y es incongruente con la existencia de una situacin en nuestro pas que tena que ser superada, porque bastaba que Nikita hubiera dicho: estamos de acuerdo con retirar los proyectiles si se dan garantas satisfactorias para Cuba. Cuba no estaba en esa participacin. Cuba hubiera ayudado, pero hubiera dicho, bueno, las garantas mnimas que nosotros queremos son stas, no la garanta de no invadirnos. A la gente le habra parecido razonable buscar un acuerdo sobre bases que tuvieran que ver con Cuba, porque si realmente el motivo de los cohetes era Cuba, tena que haberse pensado en Cuba y no en los cohetes de Turqua. A lo cual Gribkov, dndole la razn con treinta aos de retraso, apostilla: Cuando se decidi traer los cohetes a Cuba se consult a Fidel Castro y cuando se trat de sacar los cohetes de Cuba, entonces a espaldas de Castro se decidi. De esta manera, en falso, la crisis de los misiles termin para el mundo, pero la isla sigui bloqueada. El amigo sovitico la haba sacrificado al juego de la poltica entre grandes potencias.

Paso ahora a resear los tres extras que contiene este DVD. El primero de ellos, Muerte al invasor, es un noticiero especial producido en su momento por el ICAIC para resumir los salvajes bombardeos de aeropuertos cubanos el 15 de abril de 1961, que precedieron en dos das el desembarco de los mercenarios en Playa Girn. Tal como haba advertido Fidel Castro, si vienen, quedan, y as fue. A mi parecer, Muerte al invasor es la pieza ms floja del conjunto, pues con ojos actuales se le nota demasiado que fue un ejercicio de patriotismo complaciente aunque justificado, dada la absoluta proximidad entre aquellos hechos tan dolorosos y su montaje como artefacto narrativo destinado a reforzar la moral del pueblo cubano tras haberle infligido ste al imperialismo, en menos de 72 horas, su primera derrota en Amrica Latina.

Mucho mejor, por otras razones, me ha parecido el documental titulado La crisis de los misiles, constituido por dos noticieros de 1962. Su visionado no dejar de provocar una ambivalente e irnica sonrisa en el espectador espaol de cierta edad, y ello debido a las indiscutibles similitudes de formato entre estos vetustos noticieros y nuestro No-Do, que cubanos y espaoles de aquel entonces debamos soportar estoicamente como aperitivo obligado de la pelcula elegida cada vez que bamos al cine. Dicho lo cual, preciso es aadir que aquellos artefactos audiovisuales producidos desde el poder para consumo y aleccionamiento de las masas (en este caso comparativo por regmenes totalmente opuestos) proceden de una poca anterior a la actual sociedad de la informacin, en la que primero el televisor y despus Internet los hizo obsoletos. En aquel tiempo se justificaban como una manera de tener al pblico informado en los asuntos de importancia y, pese a los inconvenientes doctrinarios de que sin duda adolecan, cumplieron una funcin cultural nada despreciable y, al igual que hoy el No-Do es en Espaa una fuente ilimitada de material histrico para estudiosos capaces de saltarse los aspectos ideolgicos y propagandsticos, aquellas Actualidades cubanas e internacionales del ICAIC, de las que el DVD ofrece un par de muestras retro, son una delicia para la mirada y una prueba ms de que en la Cuba del siglo XXI nadie busca reescribir la historia ni ocultar sus aspectos ms ingenuos, sino que stos se asumen como parte de un pasado en el que las cosas se hacan y se vean de otra forma (a este respecto, bsteme citar aqu las palabras del propio Fidel Castro, el pasado 5 de diciembre, en su discurso del VIII Congreso de la Unin de Jvenes Comunistas al referirse a sus comienzos revolucionarios: Yo lo definira todo como un largo aprendizaje en el que la propia ignorancia con que iniciamos aquel indito camino nos asombra). As, junto a banalidades como las de esos trabajadores sonrientes que laboran felices en fbricas autogestionadas, o las de esas mujeres solidarias que se desplazan a la Sierra Maestra para reunirse con sus congneres campesinas y ayudarlas en la recoleccin de la yuca, o los aplausos fervorosos al presidente Dortics tras algn discurso protocolario de ste o, por ltimo, el wishful thinking de una voz en off que se atreve a afirmar as, por las buenas que el pueblo de Brasil mantiene su lucha por la libertad... junto a todo esto, digo, el espectador tiene acceso en La crisis de los misiles a una descripcin absolutamente perfecta de los mtodos de acoso y derribo que los Estados Unidos han utilizado desde el principio contra la Revolucin cubana. Veamos lo que dice el narrador Julio Batista una suerte de Matas Prats caribeo, de voz inconfundible para varias generaciones tras recordarle al espectador que el nazismo justific su invasin de Polonia como una defensa frente a la agresin de este pas: Igual que [Hitler] en 1939, invocando peligros, el fascismo internacional, encabezado por los crculos guerreristas de los Estados Unidos y por el hipcrita Mr. Kennedy, despus de realizar contra nuestro pas una campaa de difamacin y sabotaje, la invasin de Playa Girn y las constantes violaciones de nuestro territorio, pretende presentar a Cuba como un peligro para encubrir sus planes de agresin directa. El lector de estas lneas slo debe ahora recordar que los republicanos espaoles fueron juzgados/fusilados/exiliados por Franco, en el colmo del sarcasmo, por apoyo a la sublevacin, o bien que, en fechas muy recientes, el imperio ha destruido Irak en una guerra preventiva a causa de unas armas imaginarias o, por qu no, que Israel utiliza en su poltica de exterminio el desternillante argumento de que los palestinos amenazan con lanzar al mar a los judos y as podr comprobar que la metodologa de hacer pasar al agredido por agresor es una viejsima tomadura de pelo, pero funciona de maravilla. Y, como colofn, el documental ofrece las imgenes de un Fidel Castro siempre convincente, que en aquellos das de casi holocausto no se arredr frente a las amenazas y afirm ante los suyos: Nosotros sabemos lo que hacemos y sabemos cmo debemos defender nuestra integridad y nuestra soberana.

El tercer extra, entre la ficcin y el documental, es Girn, de Manuel Herrera (con un jovencsimo Fernando Prez Valds como asistente de direccin, aos antes de que nos deleitara con Clandestinos o con la inolvidable Suite Habana), en donde se mezclan con suma habilidad las entrevistas de combatientes reales, que dejaron su huella de valenta en la resistencia a la invasin, con el juego de actores, y todo ello para lograr un producto muy eficaz limitado, eso s, por la pobreza de medios tcnicos de la poca en su calidad de pelcula de guerra con final feliz en la que ganan los buenos y pierden los malos, tal como establecen los cnones de este gnero cinematogrfico (sin menoscabo de que, en este caso, es la absoluta verdad). Para mi gusto, el film se sostiene todava merced a las declaraciones de algunos de los hroes, que hablan con palabras vacilantes, se equivocan, a veces balbucean, pero ofrecen revelaciones inolvidables de lo que sintieron en el fragor de la batalla, ya fuese la rabia de un piloto tras ver desaparecer en el mar a otro compaero abatido, lo cual le hizo enrabietarse y atacar sin ningn tipo de precauciones pero con xito a los barcos invasores, o bien ese conmovedor testimonio de un joven militar que, segn cuenta, vio en Girn la oportunidad de su vida para probarse como soldado y no tiene empacho alguno en hablar del miedo que senta, somatizado por unos tremendos deseos de orinar. Lo cual, aado yo, debe ser verdad, pues sus palabras me hicieron recordar las sensaciones que contaba Bernal Daz del Castillo antes de las batallas contra los aztecas en esa esplndida novela de caballeras Alejo Carpentier dixit que es La verdadera historia de la conquista de Nueva Espaa: Y, esto he dicho porque antes de entrar a las batallas se me pona una como grima y tristeza en el corazn, y orinaba una vez o dos, y encomendbame a Dios y a su bendita madre nuestra seora, y entrar en las batallas, todo era uno, y luego se me quitaba aquel temor. En otra ocasin, uno de los combatientes dice que en la oscuridad de la noche reconoci que los mercenarios eran mercenarios porque se dirigan a sus jefes llamndoles seor, lo cual, por oposicin al ejrcito rebelde, es una muestra ms del alto grado de compaerismo que la Revolucin cubana ya haba conseguido introducir entre la ciudadana, en una isla antes esclava, durante slo tres aos de existencia.


Prxima resea:

Captulo 4.- Una isla en la corriente


Reseas anteriores:

Captulo 1.- Che Guevara, donde nunca jams se lo imaginan

Captulo 2.- Antes del 5



Manuel Talens es escritor espaol ( www.manueltalens.com )



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